miércoles, 6 de enero de 2021

Comedia

Lo que no quieras que se sepa, no lo hagas, solía decirnos mi padre cuando nos pillaba en flagrante delito. Mi madre, en similares situaciones, nos decía que antes se coge a un mentiroso que a un cojo. Lo que nos querían inculcar con ello, supongo, era la idea de que la mentira, el engaño, tienen un recorrido muy corto. A la que llegan a la esquina ya llevan la lengua fuera. Y da risa, que no por otra causa es que la mentira se utilice tanto para hacer humor. Tapar una mentira con otra, y ésta con otra, y así sucesivamente hasta que se descubre el pastel por aburrimiento es argumento recurrente de la comedia.

Ayer, subíamos las escaleras del parking y unas micos que andarían por los veinte nos llamaron la atención porque no llevábamos puesta la mascarilla. A tal punto ha llegado la comedia del coronapollas. Digamos que a la espera del niño que grite que el rey va desnudo. Y es que imagínense por un momento que lo de la efectividad de las mascarillas fuese verdad. Entonces la tragedia estaría asegurada. Porque después de meses sin intercambiar todo tipo de virus y bacterias con nuestros semejantes nuestro sistema inmunitario se habría vuelto tan perezoso que lo íbamos a pillar todo. Nos iba a pasar como a los habitantes de San Sebastián de Garabandal cuando se apareció allí la Virgen María en carne mortal trayendo en sus pulmones el bacilo de Koch. Porque resultó que antes de que hubiese transcurrido un año de aquella feliz aparición teníamos ingresada en el pabellón antituberculoso a un cuarto de la población del pueblo. Es lo que pasa cuando uno no está bandeado por la vida que no aprende a defenderse. Una lógica elemental que parece ser que alguien, o alguienes, quieren que olvidemos. 

Así las cosas es inevitable que la comedia reviente, ya sea en risas, ya en tragedia. El cojo ve que ya le van a pillar y, en un arranque de dignidad, o de vergüenza, se arroja por el acantilado. En fin, en cualquier caso la función tiene que acabar ya porque la gente necesita con urgencia acudir a los mingitorios.  

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