Unos metros calle abajo, en el mismísimo corazón de la Biricia, una pareja de jóvenes chinos ha abierto un colmado que no hace distinción entre fiestas y laborables. Ayer pasé por delante a media tarde y pude comprobar hasta qué punto la idea ha sido un éxito: estaba hasta los topes de veinteañeros comprando todo tipo de material colocante. Supongo que por la mañana la clientela habría sido de jóvenes matrimonios que siempre suelen tener necesidades de última hora por aquello de que todavía no han aprendido a ser previsores. ¡Tanto netflix es lo que tiene, pelillos a la mar! Porque el caso es que, justo enfrente del colmado, cabe la rotonda donde en su día los de la ETA hicieron estallar una bomba, hay un bazar regentado por otra pareja de chinos. Otra buena idea a juzgar por el movimiento que tiene. Y al inicio de la calle unos peruanos han cogido en traspaso un bar restaurante que tiene toda la pinta de ir a robar mucha clientela incluso al Marcial y el Establo. Y no por nada sino porque está regido por un par de chicas muy monas. O sea que, blanco y en botella, como dicen los tertulianos. Y así, poco a poco, la sangre de la patria se va regenerando. Y la poca azul que va quedando, pues eso, directamente vinculada al vicio más obstinado: estancos y loterías. Es, por así decirlo, el orden espontaneo contra el que ninguna ingeniería social puede nada.
Por otro lado están los gitanos. Un verdadero enigma. He podido comprobar que el Salón del Reino que con tanto esmero habían adobado lleva meses en desuso. Sin embargo, como es gente que no descansa, he notado que entre sus miembros más jóvenes se ha extendido la afición a los perros que precisan de bozal. Perros que debido a su tamaño expelen por su polo posterior unos zurullos considerables. ¿Y se pueden imaginar ustedes a un joven gitano recogiendo zurullos por la calle? ¡Non sense! El resultado de todo ello se lo pueden imaginar: aquí en la Biricia está chupado tener un día de suerte a nada que te descuides. Lo digo por eso que dice la sabiduría popular de que trae suerte pisar mierda de perro. Bueno, también hay que reconocer que no es infrecuente en este barrio que salga por una ventana abierta el sonido de las palmas y guitarras a ritmo de bulería. A mí, es que no hay nada que me alegre más la vida.
Bueno, aquí detrás, justo en el interland entre la Biricia y Cazoña está Mercadona. Que también tiene su satélite chino. Así que les dejo porque tengo que ir a uno y otro a proveerme para que la vida siga sin agobios.
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