Ayer les comentaba que unos cuantos de entre los youtubers más exitosos se han instalado en Andorra para salvaguardar sus ingresos. Yo ya conocía a algunos, como Alfredo Diaz o Jaime Altozano o Ter, que considero hacen un trabajo realmente notable y, supongo, ganarán sus buenos dineritos, aunque no tengo noticia de que por el momento ninguno de los tres haya decidido trasladar su residencia. Pero de los que se han trasladado nunca había tenido el gusto, como el Rubius, o Invicthor, y tenía curiosidad por ver lo que hacen porque, entre otras cosas, he escuchado a Oscar Vara, uno de mis economistas de cabecera, decir cosas buenas de ellos. Así que ayer pase un rato viendo vídeos de esa gente.
Pues bien, me pareció de lo más interesante y comprendí que sin conocer estas cosas se carece de elementos de juicio muy importantes para interpretar el mundo en el que vivimos. Hay que tener en cuenta que estos chicos tienen millones, muchos millones, de seguidores que se toman lo que escuchan como si fuese la palabra de dios. Y es que, si han llegado tan lejos, no es por otra cosa que por su facilidad de palabra y la coherencia de su discurso. Y son guapitos y tal, cosa también de suma importancia para gustar.
Y qué pasa cuando un tipo no para de largar desde una tribuna levantada al efecto: pues muy sencillo, que imparte doctrina. Doctrina para millones de seguidores. Y aquí es donde viene lo más interesante de todo esto que no es otra cosa que la para algunos terrible constatación de que la doctrina que imparten esos chavales es un torpedo que va directo a la línea de flotación del navío socialdemócrata. Por así decirlo, estos youtubers son la verdadera fuerza de choque de esta guerra cultural que nos traemos entre manos. El liberalismo ha encontrado en ellos, seguramente sin buscarlo, un apoyo inestimable. Porque es que de forma más o menos directa o indirecta de lo que no paran nunca es de clamar contra el estatismo opresor. Contra la oligarquía de los partidos políticos de los que no hacen distinción: todos son socialdemócratas para ellos. Se diría que estos chavales son adictos a los vídeos que emite el Juan de Mariana. Y también, juraría, a las entrevistas que concede Elon Musk, el máximo gurú, a mi juicio, de estos tiempos que corren. Porque es que Elon no para de decir a diestro y siniestro que en esta vida todo depende de ti mismo. O sea, antisocialdemocratismo en vena.
Sí, el éxito de los Invicthor y compañía viene en gran parte motivado por su moral de victoria. Parecen convencidos de ir a ganar la guerra en la que están empeñados. Son mesías crucificados a diario por sus poderosos oponentes. En el fondo no es más que la historia repitiéndose: lo viejo, que apesta ya, agarrándose como una lapa a sus inmerecidos privilegios y, lo nuevo, en lontananza, va definiendo con fuerza sus formas a la espera de dar el salto definitivo.
En resumidas cuentas, que nada de lo que extrañarse porque todas las televisiones estatales, que son todas las televisiones, hayan arremetido con saña contra los que se fueron a Andorra para impedir que el Estado les atraque. El argumento que han esgrimido es tan viejo que ya no se sostiene, la solidaridad con los pobres y demás mandangas. Pero la realidad es que lo de los pobres se la trae al pairo, pero lo de comprobar el seguimiento que tienen esos jóvenes les pone los pelos de punta. Y como siempre ha hecho el poder decadente, tratarán por todos los medios en sus manos de destruir lo que viene con fuerza sin saber que, así, lo único que están haciendo es fortalecerlo y acelerar su llegada.
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