sábado, 2 de enero de 2021

Por providencia y delecto

Sostiene el Oráculo: "Saber repartir la vida a lo discreto, no como se vienen las ocasiones, sino por providencia y delecto. Es penosa sin descansos, como jornada larga sin mesones. Házela dichosa la variedad erudita. Gástese la primera estancia del bello vivir en hablar con los muertos. Nacemos para saber y sabernos, y los libros con fidelidad nos hacen personas. La segunda jornada se emplee con los vivos: ver y registrar todo lo bueno del mundo. No todas las cosas se hallan en una; repartió los dotes el Padre universal y a veces enriqueció más la fea. La tercera jornada sea para sí: última felicidad, el filosofar". 

En uno de sus sonetos, apunta Quevedo: "Retirado en la paz de estos desiertos, / con pocos, pero doctos libros juntos, / vivo en conversación con los difuntos, / y escucho con mis ojos a los muertos."

Sino por providencia y delecto. Delecto, que viene a ser discernimiento, ya no se usa. Y nada, en principio, que yo sepa, tiene que ver con dilecto, que como bien saben los melgarfernamentalinos quiere decir querido o amado. De hecho, en la Plaza Mayor de su pueblo tienen dedicada una estatua a un payo al que le achacan las cualidades de esclarecido y dilecto. Pues bien, esclarecido vendría a ser como delecto, pero hubiese quedado cacofónico haber puesto delecto y dilecto. De todas formas, en Melgar también hay, como en su día les dije, buenos mesones para que no se nos haga penosa la jornada si nos acercamos por allí, al poder ser en bicicleta.  

Los libros con fidelidad nos hacen personas: eh aquí una afirmación que precisaría de cierto esclarecimiento, porque uno ha visto y experimentado de casi todo esta vida y ni por asomo establecería a estas alturas una correlación de causa/efecto entre ser un lletraferit, que dicen los catalanes, y ser persona. ¡Anda que no he conocido gente adicta a los libros y que a la vez eran unos auténticos malparits! No, más bien me adhiero a lo de Cervantes, que para llegar a persona son necesarias "dos en la vida y una en los libros". Por supuesto que cuando dice en la vida se está refiriendo a los batacazos que es lo único que realmente nos madura. 

En cualquier caso, diría yo, los libros son, sobre todo entretenimiento. Entretenimiento que, en llegando a un cierto grado de adicción, se convierte en suavemente placentero. Lo que pasa es que no es adicción al estilo de las que caen del cielo; esta es de las que requieren sobre todo en sus inicios ciertas dosis de voluntad y, en su madurez, de un esclarecido entendimiento, dos cualidades que no siempre vienen en el mismo paquete. Mucho de una y poco de la otra es lo mismo que vivir en la higuera, como esos hijos a los que los padres tratan de dignificar achacándoles una inteligencia que compensa la vaguería. En fin, muy complicado todo esto, que no por otra causa será que haya tan pocos adictos a los libros y tantos a lo que sea que esté de moda, lo que es tanto como decir el consuelo de los tontos, porque no se engañen, la moda siempre es un mal. Pero, ésta es otra historia. 

Repartir la vida por providencia y delecto. ¿Pero es que puede haber alguien que en habiendo llegado a viejo pueda pensar que eso es posible? No, aquí todo es esperar a cómo se vienen las ocasiones y ponerse de modo que te hagan el menor daño posible cuando te pasan por encima. 

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