domingo, 10 de enero de 2021

Siento tus pasos en los bordes de mi cuerpo

Por lo que me he podido enterar los gobiernos europeos se gastaron unos cuantos miles de millones en comprar un medicamento antiviral que al poco de ser usado demostró ser, no solo ineficaz, sino perjudicial, como por otra parte, en mi inmodesta opinión, lo son la mayoría de los medicamentos. Pienso que quizá no lleguen ni a cien los que sirven para algo. De hecho, en mi larga experiencia he podido constatar que la calidad de un hospital se puede medir, entre otras variables, por la cantidad de medicamentos que se usan: cuantos menos medicamentos mejor hospital. Pero este es otro asunto. Lo que quiero subrayar hoy es que, por lo visto, nadie ha pedido cuentas a quienes tiraron ese dineral por el retrete. De hecho, dicen las malas lenguas, el asunto ni siquiera se ha mencionado en los medios de comunicación al uso. ¡Pelillos a la mar!

Y ahora viene lo de la que dicen vacuna y es terapia génica. No tengo ni idea de qué es eso de terapia génica, pero según la Dra. Roxana Bruno, que se ha pasado la vida estudiando la cosa por universidades prestigiosas de todo el mundo, convendría ser prudentes porque no hay experiencia suficiente como para ponerse a utilizarla alegremente. De hecho, según la misma doctora, se han dado algunos resultados inquietantes que la industria farmacéutica en connivencia con el poder político se han apresurado a desmentir. Para mí que, estos conniventes que les digo, están tan seguros de su poder que ya no siente la menor necesidad de tomar precauciones. 

Pero que se fíen de la Virgen y no corran. Torres mucho más altas hemos visto caer de la noche a la mañana. Anoche precisamente estuvimos viendo "Historia de dos ciudades" que trata de cómo la necedad de la clase dirigente la conduce inevitablemente a la guillotina. Y es que no hay evidencia que se haya repetido más veces a lo largo de la historia. La necedad es la antípoda de la prudencia que, a su vez, es la madre de todas las ciencias. 

Bueno, como se suele decir con ciertos tintes de hipocresía: ¡Dios no lo quiera! Porque como salte la chispa de algún efecto perverso de la vacuna, cosa no solo posible sino, incluso, probable, se puede armar la mundial... porque hay mucha leña acumulada junto al fuego. No sé, ya digo, Dios no lo quiera. En cualquier caso, yo, de momento, no me la pongo. Porque es que, además, ¿cuál es la necesidad? La mortalidad en personas sanas, sean de la edad que sean, de la enfermedad que se pretende neutralizar con la terapia génica es de 0, y poner ceros detrás de la coma hasta cansarse. Y es que, además, si pillo la enfermedad y las cosas se complican y la palmo, ¿qué? No me queda nada por ver ni mi ayuda es imprescindible para nadie. Sería, entonces, que ya tocaba: muerte, siento tus pasos en los bordes de mi cuerpo... que dijo el poeta.  

En fin, que qué tiempos más raros. Aunque después lo piensas y ¿cuáles no lo han sido?  

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