Los socialdemócratas quieren dar un escarmiento a Trump. Digamos que es su guinda del pastel. Se diría que ninguno de ellos ha leído un libro de historia en su vida. Ni de historia ni de nada. Hacen como si Trump fuese una casualidad, que estuviese ahí por accidente, como una anomalía histórica que muerto el perro se acabó la rabia. Porque mira que hay que ser necio para no saber que cualquier humillación al derrotado no hará sino engrandecer la idea que representa. Para hacer un mesías es preciso pasarle por la cruz. Ya saben, al tercer día resucitó. Pero la socialdemocracia lleva tanto tiempo teniendo razón en todo que ya no le queda una sola neurona para ver cualquier realidad que no se adapte a sus deseos. Es la corrupción total del espíritu, la típica de los hijos de papá que como lo heredaron todo no saben lo que es luchar. Resisten porque la inercia es poderosa, pero siempre acaba por llegar el viento en contra y entonces se desgastan a toda mecha. Y Trump es ese viento en contra. Como una especie de precusor que ya va teniendo eco por numerosos rincones del planeta. Y puede ser que todo quede en nada, pero me parece más probable que los tiempos que vienen sean los del no te metas en mi vida si no quieres que me cague en tus muertos. Porque es que se palpa el hartazgo de intromisión en las intimidades ajenas... que no en otra cosa se ha convertido la socialdemocracia.
Bueno, perdonen estos rollos, pero es que me consuela soltarlos. Aunque sepa que son puro whisfull thinking, no quita para que tengan cierta base en la propia experiencia y también en las múltiples conversaciones que mantuve con los muertos más ilustres. Pretender adivinar el futuro es cosa de iluminados, pero intuir las tendencias es el ejercicio de la ilustración... porque, si no, para qué otra cosa íbamos a querer ilustrarnos. El arte de la prudencia se hace de previsión, y ésta de estudio y observación... que no es que lo diga yo, que lo he sacado del Oráculo Manual.
En resumidas cuentas: que nunca hay nada nuevo bajo el cielo. Todo se repite. O retorna. Incluso Hitler y Stalin, no lo duden. Todo es cuestión de confluencia de circunstancias. Así que, ¡recemos!
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