Lo que más gracia me hace son los chistes que cuenta Putin. Recuerdo los que contaba Reagan sobre los soviéticos, que no estaban mal, pero es que estos de Putin, generalmente sobre espías, un tema que sin duda domina, son descacharrantes... sobre todo si juzgamos por cómo se ríe el selecto público que le escucha. Pues sí, ya saben, el club de la comedia. Netflix y todo eso.
El caso es que, de una temporada aquí, si abres el portal YouTube tienes Putin hasta en la sopa. Putin cantando, Putin tocando el piano, contando chistes, pescando, jugando hokey, haciendo de interprete... un tío la mar de humano, para que se enteren. En definitiva, que el mundo vuelve por donde solía, aunque, nuevos tiempos, nuevos procedimientos. Ni te digo como les debe de caer a los franceses que han podido comprobar en múltiples vídeos que es íntimo de su gloria nacional por antonomasia, Monsieur Depardieu. Así que, van, cogen, agarran y hacen una encuesta en Francia sobre el sistema político que prefiere la ciudadanía y, ¡oh, sorpresa!, un setenta por ciento se decanta por la dictadura. Y para que nadie se confunda al respecto, ahí están, en YouTube, sí, todos esos videos sobre Peten, ese hombre al que tan injustamente han tratado los historiadores. ¡Pa mear y no echar gota!
Sí, todo parece indicar que vienen tiempos de "ese hombre" que lo mismo plancha un huevo que fríe una corbata. ¡Anda que no sabemos los viejos de este país de esas cosas! Y, sobre todo, de cómo le iba la marcha al pópulus. Hoy seiscientos, mañana 1400, pasado apartamento en la costa. Y nada de lo que preocuparse porque "ese hombre" lo mismo te curaba si te ponías enfermo, que daba estudios a tus hijos, que fusilaba al que quería cargarse el tinglado porque estaba amargado.
En fin, que, como señaló el filósofo, la tendencia natural del hombre respecto del pasado es recordar lo bueno y olvidarse de lo malo, mientras que del presente es magnificar los males y dar por naturales los bienes. Y por eso es que nada nos pueda extrañar que estén surgiendo por todas las partes esos hombres providenciales que van a poner fin a la dolorosa orfandad que nosotros mismos nos hemos labrado por habernos creído todo aquello tan progre de que uno consigue más matando al padre que estudiando. Por cierto, que hablando de chistes, ayer escuche uno muy bueno sobre progres de boca de un político: iba el tal político por la calle y cual no sería el frío que hacía que pudo ver a dos progres que llevaban sus manos metidas en sus propios bolsillos. ¡Ay, qué vida ésta!
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