domingo, 3 de enero de 2021

Serfdom

Contra el frío, contra el viento y temporal, gabardinas Abascal. Creo recordar que la tienda estaba en la esquina de la calle Rualasal con Lealtad, frente al cine Coliseum. La radio no paraba de anunciarlas con una tonada pegadiza. A mi hermano le compraron una y yo heredé la suya. Por cada gabardina comprada la tienda regalaba un reloj. A mi hermano le duró dos días porque se apresuró a desmontarle y montarle y, aunque siguió latiendo, sobraron piezas y la velocidad se disparó. Ahora también tenemos un Abascal que no vende gabardinas ni regala relojes, pero igualmente nos va a salvar de los fríos, vientos y temporales de la historia. Así es que hago click en YouTubre y de entre todos los vídeos que aparecen resalta uno con la imagen de Abascal sobre la que se destaca la leyenda: Abascal, un hombre ejemplar. Esto lo tengo que ver, me dije de inmediato. Y sí, nada de particular que no hubiésemos visto ya los que nos hemos pasado la mitad de la vida bajo la égida del hombre providencial. 

Se ve que es lo que toca ahora. Ya les he contado que en Francia andan igual. Por no hablar de Rusia que, allí, nunca se apearon de tal quimera. Incluso en los EEUU, lo de la elección de Trump, tuvo un indudable tufo a redención. La gente cada vez está más convencida de que el problema son los partidos políticos, y en parte puede que tenga razón, pero no nos engañemos porque la parte del león de nuestros problemas somos nosotros mismos con nuestra irrefrenable tendencia a creernos todo lo que nos resulta agradable escuchar. Y cada época histórica ha tenido sus mentiras. Y la que ahora nos está carcomiendo los hígados es la que se propagó vía cine de Holywood años cincuenta, recién concluidos los acuerdos de Breton Woods y con el keynesianismo cabalgando triunfal por todo el planeta. El consumismo como instrumento de apaciguamiento y, por lo mismo, como arma de dominación. Y así hemos llegado a éste estar sepultados bajo un cúmulo de objetos y deseos inútiles que no nos dejan ni respirar. No, no va a ser fácil despertar de esta pesadilla. Porque si algo tiene la mente del adicto es su facilidad para fabricar teorías que justifican la adicción. Si no fumo no puedo expectorar, me decían aquellos bronquíticos crónicos que lo eran precisamente por todo lo que fumaban. Ahora es: si no sigo comprando la economía se hunde, cuando precisamente está hundida por nuestra obsesión consumista. Pero vete tú a explicarle al populus semejantes evidencias. No, el populus suspira por el hombre providencial que le ve venga a salvar de la casta política que, sí, es de todo punto lamentable, pero que en cualquier caso de nada va a servir el convertirla en chivo expiatorio. 

Así que hasta que The Road To Serfdom no se convierta en la nueva Biblia y se lean sus versículos en las escuelas y se comenten desde los púlpitos no habrá nada que hacer. El camino a la servidumbre lo labramos nosotros día a día con nuestro equivocado huir de nosotros mismos a golpe de tarjeta de crédito. En fin.   

No hay comentarios:

Publicar un comentario