Azul: Hilary
Rojo: Donald
Conclusión a primera vista: la costa, grandes ciudades y zonas industriales, "progresistas" y el campo "reaccionario". Supongo que habrán captado lo de las comillas.
Lo siguiente sería preguntarse por los motivos de que esto sea así. Pues bien, echo un vistazo al periódico de cabecera de la petit provence y en tres noticias encuentro lo que pudiera ser un avance de explicación del siniestro fenómeno. Ya saben que Marx, no Groucho sino el otro que todavía era más gracioso, teorizó sobre el cretinismo de la vida rural; algo debía encontrar en los pueblos que se resistía a su famosa cuadratura del círculo.
La primera noticia, a la que he llegado mediante un link de un periódico de la capital, es que el gobierno nacionalsocialista de Cantabria ha dejado de subvencionar la cobertura de banda ancha en las zonas más apartadas de la región. Total sólo afecta a unas doscientas personas. Supongo que habrán pensado que el gasto por voto no les surt a compte. Así, que una de dos, que se muden o que se aguanten.
La segunda noticia es de tal importancia que es cabecera del periódico. La Consejería de Medio Ambiente ya tiene casi ultimado el mapa de los murciélagos de la región. Una proeza científica para la que se han presupuestado 118.ooo € del ala, nunca mejor dicho.
La tercera también va de 118.000 €, pero no del ala sino de multa, junto con dos años de cárcel que le han caído a un ganadero de la parte alta de la región que quiso proteger a sus ganados de las alimañas por los procedimientos habituales, es decir, poniendo cebos envenenados. Consecuencia de lo cual fue que murieran cuatro buitres leonados, once milanos reales, cuatro zorros, cinco perros y un gato. Gran tragedia, por tanto, de orden ecosistemático que hace que sea merecidísima la pena que ha puesto el tribunal al desaprensivo ganadero... al que por ciento también se le añade la prohibición de ejercer su oficio durante dos años. Lo iba a tener difícil estando en la cárcel.
Bueno, de buitres leonados, milanos reales, zorros y no digamos perros y gatos, yo, que conozco bien el medio, les puedo asegurar que hay para dar y tomar. Como de cigueñas, que ahora estoy viendo unas cincuenta con solo mirar por la ventana. Sí, así es, estos años de animalismo rampante han traído como consecuencia una superabundancia de alimañas en detrimento de las especies más débiles que, no es por nada, pero son las que mejor cantan.
Al final, la cosa va de que las reglas del juego las hacen los señoritos de la ciudad y los que se tragan el marrón son los cazurros del campo. Ya me dirás tú, uno de la ciudad hablándole a uno del campo de animales. De traca. Lo que va de la teoría a la práctica. Pero no sólo eso, porque el que conoce el campo actual sabe que la mayoría de los agricultores y ganaderos han pasado por los correspondientes centros de formación profesional. Ya les he contado que en las granjas se emplean las derivadas para calcular la alimentación idónea. Así que el que venga un señorito de la ciudad con milongas de murciélagos no le puede caer muy bien a un cazurro del campo que paga cuota de satélite para optimizar su cosecha.
Sí, ya lo decía Plutarco describiendo la sociedad de su tiempo, que la gente del campo necesita orden estricto para salvaguardar sus cosechas. Cosechas de las que por cierto se alimentan los de las ciudades. Así que nada de veleidades. Alimañas, de las irracionales y de las otras, las justas. ¿O sea, que voy a tener que pagar yo para que un señorito de la ciudad venga en su 4x4 oficial a contar murcielagos? ¡Anda ya! Yo voto al que diga que va acabar con toda esa mandanga. Aunque luego no haga nada. Pero por lo menos, le pongo al señorito que no distingue su culo de un agujero en el suelo por unos días.
En fin, allá cada cual, pero ojo con dárselas de superior porque sabes quien es Estravinsky porque, al final, lo quieras o no, para que lleguen esos maravillosos steak a los restaurantes del Village tiene que haber cazurros expertos en cebos envenenados y cosas por el estilo.
En resumidas cuentas, ya lo advierte la canción:
Yo soy un hombre del campo.
No entiendo ni sé de letras (bis).
Pero, pero soy de una opinión
pero soy de una opinión
que el que me busca me encuentra.