viernes, 18 de noviembre de 2016

Vivre a demi

Salí de casa con niebla, pero pronto levantó y a la altura de la adecuación de Grijota tuve que parar para aligerar la indumentaria. Iba por el camino del tren secundario haciendo paradas para comentar con los operarios que le están dejando niquelado. Señalizando y plantando en sus bordes todo tipo de árboles y plantas aromáticas. Pensaba que yo ya no lo veré en todo su esplendor, pero es la intención y la tendencia lo que cuenta: la voluntad expresa de un mundo mejor en el que el esfuerzo será el motor de la alegría. 

Paré en Villamartín a tomar refresco. Me senté en un banco del paseo y saqué de la mochila un librito de la colección Mille Et Une Nuits titulado "De l´expérience". De Montaigne. Hace muchos años que le tengo y no sé las vueltas que le habré dado, pero sin duda unas cuantas. Es de lo más reconfortante que te recuerden obviedades que nunca paras de olvidar por pura desidia. 

"Ce n´est rien que faiblesse particulière qui nous fait nous contenter de ce que d´autres ou que nous-mêmes avons trouvé en cette chasse de connaissance; un plus habile ne s´en contentera pas. Il y a toujours place pour un suivant, oui et pour nous-mêmes, et route par ailleurs. Il n´y a point de fin en nos inquisitions; notre fin est en l´autre monde. C´est signe de raccourcissement d´esprit quand il se contente, ou de la lasitude. Nul esprit généreux ne s´arrête en soi: il pretend toujours, et va outre ses forces; il a des élans au-delá de ses effets; s´il ne s´avance et ne se presse et ne s´accule et no se choque, il n´est vif qu´a demi: ses poursuites sont sans terme, et sans forme; son aliment cést admiration, chasse, ambiguité."

Lo de siempre, en fin, la agonía como único método. Todos los demás, que nadie se engañe, n´est que vivre a demi. Aunque, tengo que reconocer que para muchos, la inmensa mayoría quizá, a demi les basta y aún les sobra. En el espíritu de cada uno está la medida. 

En Mazariegos abandono el camino del tren secundario y tiro hacia Fuentes. Sigo por la carretera plana, recta e impoluta y, a la derecha, veo la laguna repleta de bichos. Diría que son patos. En realidad me trae al pairo lo que sean. No veo en ello más que un ciclo que se repite por enésima vez. Los pájaros van y vienen lo mismo que yo tiro pedos. No comprendo, la verdad, toda la infraestructura que han puesto por allí para observarlos. De hecho, nadie la usa. Nunca vi a nadie por allí. Quizá de vez en cuando lleven a los niños de un colegio. Para fumarse las clases más que nada.

Sigo adelante con mis reflexiones y siempre con la referencia, al frente, de la fastuosa torre de la iglesia. Llego por fin y me dirijo al Refugio. La puerta esta cerrada, empujo y cede. Entro y en aquel reducido espacio están los de siempre, media docena o así de payeses, meditabuntos ante la copa de orujo. Pese a la bonanza del día, parece que para ellos ya comenzó el invierno. Saludo y me responde una salva de gruñidos. Bueno, en realidad yo allí iba por lo del pincho de tortilla que sé que es de calidad diez. Lo pido, me lo zampo, me despido, otra salva de gruñidos y con la misma voy a sentarme al sol en la placita que hay allí al lado.  

Sigo leyendo: 

"Il y a plus de affaire à interpréter les interprétations qu´à interpréter les choses, et plus de livres sur les livres qui sur outre sujet: nous ne faisont que nous entregloser. Tout fourmille de commentaires; d´auteurs, il en est grand cherté. 

Le principal et plus fameux savoir de nos siècles n´est-ce pas de savoir entendre les savants? N´est-ce pas la fin comune et dernière de toute étude?

Nos opinions se entent les unes sur les outres. La premier sort de tige à la seconde, la seconde à la tierce. Nous échellons ainsi de degré en degré. Et il advient de là que le plus haut monté a souvent plus d´honneur que de mérite; car il n´est monté que d´un grain sur les épaules du pénultième." 

Nada de particular, en fin, salvo por la insistencia en lo penoso y lento de la ascensión hacia una cima inexistente. Sólo hitos en el camino. Paro en Mazariegos con la intención de echar una cabezada en un banco de la desierta Plaza Mayor. Cuando empiezo a modorrear un puto ratonero aparece por una puerta dispuesto a echarme de allí. No me hago de rogar y sigo mi camino. En el poco rato que estuve tumbado se levantó un viento del oeste que me vino como de molde para rematar los últimos kilómetros sin apenas sufrimiento. Es lo que tiene la suerte, que lo que quita por un lado te lo da por otro. Y por eso nunca conviene desesperar. Porque es inútil además.  

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