Lo único que me gustaría saber ahora es si la hija de la señora a la que cortaron la luz y se murió tiene perro y le saca todos los días a husmear ojetes y mear en las esquinas. Apuesto a que sí.
Indudablemente si esa hija se hubiese ocupado de su madre a los de Podemos les hubiesen fastidiado la parranda de una tarde. Y eso es lo que nadie está dispuesto ni a admitir ni a permitir. Porque los hijos tienen su vida y el Estado y sus Empresas sus obligaciones. Incluso la de limpiarnos el culo.
Ayer, por circunstancias de la vida, me vi forzado a ver un programa de la televisión estatal sobre los deberes escolares. De verdadera traca. Ni uno sólo de los intervinientes se atrevió a sugerir que de las puertas de su casa para adentro cada cual es muy libre de organizarse como quiera. Que no de otra cosa que de esa organización es de donde sale ese famoso ascensor social del que tanto se habla ahora y que, conviene recordar, no sólo sube sino que también baja. Pues no, como en aquella famosa canción, la chusma pide "que se la den entera". O sea, la vida completamente organizada, como para poder meterse ya en la tumba a esperar a que llegue el día de la ascensión a los cielos.
Pues bien, después de ese maravilloso trabajo de investigación institucionalizada, tuve la suerte de ver una gran película. La bicicleta verde. Trata de la vida de una niña inteligente en una sociedad de zoquetes. La de Arabia Saudí en concreto. La parábola es clara, cuando alguien es inteligente ama la libertad; cuando no lo es quiere que le pastoreen. Miren a su alrededor sin complejos y verán como la fórmula no falla. Sí, la falta de inteligencia es la capacidad absoluta para organizar lo más fácil de todo, es decir, el mal absoluto, la muerte en vida, el saudismo, el podemismo, el socialdemocratismo, ect., ya saben a qué me refiero.
En fin, para resumir, o cuidas de tus viejos o paseas el perro. Tu eliges.
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