Ayer hizo un día 10. Subí a los alcores y, desde allí, parecía que pudiese abarcar el mundo infinito. Tal era la sutileza del aire. Su transparencia. Llegué relajado a La Casa de la Pradera, que así llaman al kan de Dueñas. Como era pronto, pedí un verdejo y salí a beberlo bajo el sol en la recoleta terraza. Saqué el libro que llevaba en la mochila y me puse a leer. Curiosamente es un libro que trata mayormente de dueñas. De las relaciones de un arcipreste con las dueñas en concreto. Se le resistían al hombre, pero él insistía:
"En amor de una dueña, fui un tiempo cogido,
y de su amor entonces no estuve arrepentido;
buenas palabra daba; pensaba ser querido,
mas nada hizo por mí ni hubiese consentido."
Bueno, si ayer les decía que el Libro de la Almohada es el libro de "La Mujer", hoy les digo que el Libro del Buen Amor es el libro de "El Hombre". Siempre pensando en lo mismo:
"Como dice Aristóteles -y es cosa verdadera-,
el hombre por dos cosas trabaja: la primera,
por tener mantenencia, y la otra cosa era
por poderse juntar con hembra placentera."
Y en esas estando, apareció en aquel mundo de hombres una dueña echando sonrisas a diestro y siniestro. Subieron al instante los decibelios. La tirana naturaleza que no perdona. Para el hombre siempre es tiempo de berrea.
Pasé dentro a comer. Aquello estaba animado. Y eso que, si uno se fija, puede comprobar la que es quizá la mayor revolución de los últimos años: la clase mecánica no bebe vino en las comidas. Yo como soy clase pasiva, sí. Tan pronto me senté eché mano a la frasca de tintorro que había sobre la mesa cabe el pan. Pan y vino mientras llegaban las judías pintas. Después manos de cerdo. Yo, como el Abad de Lábraz, ya de niño quería ser cerdo para comerme las manos. ¡Cómo estaban, Dios mío! ¡Qué fiesta de los sentidos! Culminé con cuajada y salí a la terraza a tomar el café.
Seguí con el Arcipreste:
"No sé de astrología, ni soy de ella maestro,
ni sé del astrolabio más que buey de cabestro;
más, porque cada día veo pasar aquesto,
por eso yo os lo digo, y veo también esto:
muchos nacen en Venus, y lo más de su vida
es amar mujeres, nunca se les olvida;
trabajan y se afanan sin ninguna medida,
y los más no consiguen la cosa más querida.
en este signo tal creo que yo nací;
siempre luché en servir dueñas que conocí;
el bien que ellas me hicieron siempre lo agradecí;
a muchas serví mucho y nada conseguí.
Puesto que ya he probado que este mi signo es tal,
en servir a las dueñas sólo quiero pugnar,
pues, aunque no se pruebe la pera del peral,
el estar a la sombra es placer comunal."
Y con esto y un poco más, di por concluida la comedia y salí pitando en busca de una adecuación para echar una sonata.
En fin, espero que nadie me ponga cual digan dueñas por estas cosas que les cuento
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