De un tiempo a esta parte, al poner en marcha el sistema operativo del ordenador aparece de entrada un paisaje que debemos suponer es fastuoso. Pero eso no es todo, para redondear la prestación, en una esquina de la pantalla aparecen unas letras para preguntarte si te gusta lo que ves. Indefectiblemente contesto que no. Bien es verdad que lo mismo podría decir que sí, porque la realidad es que me deja indiferente, pero al decir no me parece que estoy combatiendo una de las peores plagas que nos asolan en la actualidad, la mojigatería. Me resulta insoportable esta insistencia en la pretendida búsqueda de la belleza, la perfección, el buenísimo gusto y en general lo que puede hacernos sentir sofisticados sin que para ello tengamos que pegar clavo.
Sin pegar clavo, lo principal, y a buen seguro que engrasando la industria turística, hostelera, o la que sea, que el caso es que te conviertas en combustible para la caldera del consumo. Podría decir que es escandaloso, pero nada más lejos de mi intención: soy absolutamente consciente de que el tinglado en su conjunto me beneficia y que lo único que tengo que conseguir en la medida de lo posible, lo que no es fácil, desde luego, es sortear la proximidad de esa caldera infernal... aunque, a veces, una de Benidorm tampoco viene mal.
Los diez paisajes, o lo que sea, que no te puedes perder este otoño. Bien está. ¿Y ahora qué? Pues una de dos, o te quedas extasiado y te postras de hinojos para dar gracias al Supremo Hacedor por la munificencia de sus regalos o, bien, te vas al bar o restaurante más cercano a evacuar consultas. En eso consiste todo y, nada más terminar, como no estarás cansado, ya querrás otra de lo mismo. Y así pasan los años, quizás, quizás, quizás, que cantaba Nat King Cole, de cuando mis guateques adolescentes.
En resumidas cuentas, la naturaleza salvaje con sus animalitos y todo eso, pero que no nos hagan pupa. Ni nosotros a ellos, por Dios bendito, qué barbaridad. Y la actividad, bien sure, tiene que ser sostenible. Y así es como hemos dado con la piedra filosofal, la cuadratura del círculo, la fuente de la eterna juventud, y todo ello por dos duros de nada. ¿Cómo, entonces, nos vamos a querer morir si ya se cumple el mito del eterno disfrute?
Pues bien, compañeros y compañeras, que cada uno se trague lo que se tenga que tragar cuando se descuida. A mí donde esté Benidorm para unas cosas y Tierra de Campos para otras, que se quite todo lo demás.

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