Tal día como hoy, el Vicecónsul del Reino Unido en Cuernavaca hizo lo único que sabía hacer con convicción: beber con furia. Desde la terraza del hotel, donde vestido de tenista satisfacía sin contemplaciones su necesidad imperiosa, veía a lo lejos a las multitudes hormigueando entre las sepulturas. Entre la contemplación de esa costumbre bárbara y los vapores del alcohol impregnando todas las células de su ser se formaba una mezcolanza con todos los ingredientes de una somnolencia hiperrealista. O hiperlúcida si mejor les parece. A partir de ahí sobrevienen lo que para mí son las veinticuatro horas más intensas de la literatura universal.
Leyendo esa novela, "Bajo el volcán", uno se da cuenta de lo aterradoramente larga que es la vida cuando uno no se puede salir de estar todo el rato pendiente de sí mismo. Veinticuatro horas, entonces, dan para cuatrocientas páginas de no parar de estar sufriendo por falta de plenitud. Y entonces, la búsqueda desesperada de paliativos. Una pasión elevada a la categoría de arte.
El arte de los muertos vivientes. Lo nunca visto, ¡hasta en Palencia! Ayer al atardecer salí a cumplir con ciertas obligaciones y me tope con la sorpresa de que las calles estaban llenas de adolescentes tirados por los suelos, chorreando sangre por la cara y haciéndose el muerto. Tan pronto como te les acercabas se levantaban con torpeza y te pedían ayuda lastimeramente. A la postre era dinero. Lo que han visto en el cine, claro. Quizá fuese bueno que alguien les explicase, pensé a la primera de cambio. Pero no tardé en caer en la cuenta de que lo bueno de estas cosas es que se hagan sin ninguna conciencia de lo que significan, que tiempo habrá si es que así lo tiene dispuesto el Supremo Hacedor.
La adolescencia, cuando uno empieza a tomar conciencia de que se vive muriendo y, entonces, empieza el calvario del aprendizaje del olvido, siquiera momentáneo, de la cruel realidad. Algunos, muchos acaso, tiran por el camino de en medio. Como el Vicecónsul del Reino Unido en Cuernavaca. Y dan en la vida literaria. Están muertos. Hoy es su día.
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