jueves, 10 de noviembre de 2016

Mi querido Arcadi

Si hay algo que me deprime de mala manera, mi querido Arcadi Espada, es ver a uno de mis referentes intelectuales preferidos lloriqueando como una señorita a la que ha dejado el novio porque Trump ha ganado las elecciones. Harías mucho mejor, pienso, revisando tus artículos a propósito del referido patán por ver si hay algo en ellos de lo que arrepentirse. Porque nadie es perfecto. Ni tú, ni yo, ni Obama el elegante, ni mucho menos el periódico en el que escribes, especializado, como todos por otra parte, en hacer publicidad de las diez mejores motos averiadas del mercado que no te puedes perder este otoño. Perros, golfes, castillos, playas, patatas bravas, lo que sea, el caso es incitar a la gente sin cesar a que tenga la cabeza en cualquier sitio que no exija pensar. De lo de que los corruptos son los otros, mejor no hablar porque en eso sois líderes. Y, bueno, a veces pienso que todo eso que a ti te gusta llamar bullshit -yo prefiero kid stuff- no es otra cosa que la madre del cordero populista. 

Si, mi querido Arcadi, te admiro con sinceridad, pero no son pocas las veces que me descorazonas cuando creo detectar en tus escritos incoherencias de parvenu. Sí, no puedo estar más de acuerdo contigo cuando dices que hablamos con nuestros hechos. ¿Recuerdas Factual? Todavía me debes 50 euros del ala. Pero te los perdono con gusto y volvería a picar si me los volvieses a pedir para otra aventura similar. Obras son amores, decía mi padre. Y, también, dime de qué presumes. Pero el que más le gustaba era el de prevención a destiempo. Se usaban mucho los refranes cuando yo era niño. Pero a lo que iba, te noto a veces un poco parvenu con lo de tus gustos exquisitos. Nada que ver con lo de Sostres. A él se le nota la cuna. Y la coherencia, por tanto. ¿Y sabes lo que pienso de todo esto?, que no hay delito de socialdemocracia más grotesco que el de un parvenu presumiendo de exquisito. 

En fin, ya lo he dicho. Espero que no te lo tomes a mal. Por lo demás, ¿qué quieres que te diga?, a mí todos esos autores de Edge me parecen de perlas. Pero ya puestos, para saber lo pasa por dentro de nuestro cerebro prefiero a Gracián que, si además, lo sazonas con un poco de Bukowski, ni te digo. Y a ver si quedamos un día para ir a tomar un bocadillo de chorizo a Gascón de Nava. Pero en bicicleta, eh. 

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