Por lo que he podido informarme a lo largo de la vida creo que no ha habido mantra más repetido a lo largo de la historia que el de la famosa perdida de valores morales de la generación presente con respecto a la anterior. Como muestra baste aquella famosa proclama de D. Quijote: "Yo soy aquel que por el querer de los dioses ha venido a esta Edad de Hierro a restaurar en ella aquella famosa Edad de Oro...". La dichosa Edad de Oro que está siempre presente en las cabezas de los que no saben conjugar la memoria con el entendimiento. O la experiencia con el juicio. Algo infinitamente más común de lo que a primera vista pudiera parecer. Supongo que algo, aunque quizá no mucho, tendrá que ver en ello aquello que apuntaba Damborenea en la dedicatoria de su libro sobre la lógica. Decía: "A Iker, Asier, Edurne, Aitor, Ander, Ainhoa, etc., que nadie les enseñó de estas cosas en la escuela ni en la universidad."
Tengo mis dudas de que se pueda hacer mucho con un sistema operativo que viene limitado de fábrica. Sin embargo, debo hacer de tripas corazón y pensar que nada merece más la pena que dedicar todos los esfuerzos a ampliar esos límites. Porque estoy convencido de que una simple pulgada que se gane ya hace el mundo mucho mejor. Y de hecho, pulgada a pulgada ganada, vivimos en un mundo que sólo el cerebro aguado de los viejos y los locos, puede pensar que es peor que el de los antiguos superhéroes.
Lo cual no quita para que, como todo en la naturaleza, las relaciones humanas sufran sus sobresaltos con sus correspondientes regresiones a la noche de los tiempos. Cuando uno ve las imágenes de cien, ochenta años atrás, se diría que son de la edad de piedra. Todas aquellas matanzas por un quítame allá esas pajas. Qué pudo ser lo que llevó a la humanidad a aquel monstruoso sin sentido. Sólo lo explica el delirio colectivo. Quizá algún gas alucinógeno que los dioses desparramaron por la tierra como castigo por tanto pecado de soberbia. Ya le pasó a Prometeo. Y también a Faetón.
Porque está en la lógica de la cosas que de todos los pecados es el de soberbia el que más preocupa a los dioses que se vaya de rositas. Y por eso no se va nunca. El que la hace la paga. Y en tanto no satisface su deuda el águila imperial no deja de roerle las entrañas. Esa es la justicia divina, y por eso el mundo es cada vez mejor digan lo que digan los que ya se les averió el sistema operativo.
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