He leído el discurso que hizo el otro día el alcalde aberzale de Rentería con motivo de un homenaje recuerdo a tres víctimas del terrorismo nacionalista vasco. Desde luego que más sentido y apropiado no pudo ser y nos demuestra una vez más, por si no hubiésemos tenido ya bastante con el amor infinito que Hitler sentía por sus perros, que los nazis también suelen tener su corazoncito. ¡Cacho cabrón, si tanto lo sientes porque sigues en tus trece! ¿O es que acaso el origen del mal no está en tu equivocada forma de pensar? O de sentir, porque dudo que esta gente tenga capacidad para llegar más allá de lo que el instinto gregario les dicta. Y ahora la moda manda entonar mea culpa, pero sin devolver lo robado, bien sure.
Todo esto me recuerda a un primo mío que murió trágicamente por fortuna en el momento apropiado dada la merdé que tenía montada por su mala cabeza. Era el típico nazi de izquierdas de los de dar pel davant y tomar pel darrera. Lo quería todo el pobre desgraciado, que en eso consiste la esencia de los nazis en ser más buenos que nadie pero sin tener que privarse de ninguno de los caprichos que se les pasa por la cabeza.
En cualquier caso, el consuelo de esta exacerbación del mal primigenio de la naturaleza humana es que, por lo general, siempre acaba autodestruyéndose en forma de tragedia. Solo hay que darles tiempo. Porque la razón del mundo es la libertad del individuo hacia la que se avanza inexorablemente aunque el camino sea tortuoso a más no poder.
En resumidas cuentas, que no me vengan con historias de Walt Disney y se limiten a dejar de comer berzas que ya está bien de producir gases pestilentes de los que envenenan la convivencia de los normales.
viernes, 30 de junio de 2017
jueves, 29 de junio de 2017
Razón suficiente
Una famosilla de tres al cuarto -ni idea de a qué se dedica- ha dicho que lo del orgullo gay es una horterada y todos los periódicos importantes del país se han apresurado a resaltarlo en su primera página. Para que luego digan que estamos en la era de la postverdad. Ni mucho menos, son las verdades como puños las que parten el bacalao como nunca lo hicieron quizá por la aureola de heroicidad que conllevan.
En realidad siempre ha sido lo mismo. El mecanismo más poderoso de acumulación de capital siempre ha consistido en alienar a las masas con un supuesto tan falso como agradable a primera vista. Por eso, atreverse a desvelar el engaño es asegurarse la enemiga no solo de las masas alienadas que suplen sus carencias individuales con fantasías morunas sino, sobre todo, del cúmulo de empresarios del ramo que ven peligrar su chiringuito de mierda. Así es que cualquiera que vaya y diga que el rey va desnudo se la está jugando a base de bien porque por un lado está desmontando las fantasías morunas que son el sustento de la autoestima de los iletrados y por otro porque es un torpedo en la línea de flotación de una parte sustancial del PIB.
Lo que pasa es que todas esas fantasías morunas, u horteradas para ser más precisos, no son neutras en lo que hace a la convivencia. Generalmente se sustancian en la imposición de los alienados sobre los libres. De los del orgullo gay sobre los ciudadanos de bien sean o no sean maricones, que de todo hay y a nadie le tiene por qué importar lo más mínimo por donde le gusta meterla a cada cual siempre y cuando no quiera dar tres cuartos al pregonero que es la cosa de peor gusto que existe.
Sí, la pobre gente iletrada se lo traga todo porque también tiene su corazoncito y como cualquier hijo de vecino también quiere ser alguien. Así, si lo que se lleva es ser una loca, pues me hago la loca. Si es tener perro, pues me agencio uno y sostengo que me encanta recoger caquitas del suelo. Si hay que tatuarse, hasta en el prepucio si hace falta para destacar. Si hay que ir en bicicleta, pues que no me falte detalle para parecer Bahamontes. Lo que sea con tal de no reconocer la propia desnudez, no vaya a ser que me de por ponerme a estudiar y me quede más solo que la una.
Así que de postverdad nada, señores. Nunca el mundo letrado fue tan consciente de que ni dios, ni patria ni rey. Lo que pasa es que también sabe que para tener la fiesta en paz hay que dejar que corran las fantasías morunas, u horteradas, entre los desfavorecidos por la diosa Atenea. Ya dice la canción que hay que querer al tonto del pueblo. Por caridad, pero también por razón suficiente.
En realidad siempre ha sido lo mismo. El mecanismo más poderoso de acumulación de capital siempre ha consistido en alienar a las masas con un supuesto tan falso como agradable a primera vista. Por eso, atreverse a desvelar el engaño es asegurarse la enemiga no solo de las masas alienadas que suplen sus carencias individuales con fantasías morunas sino, sobre todo, del cúmulo de empresarios del ramo que ven peligrar su chiringuito de mierda. Así es que cualquiera que vaya y diga que el rey va desnudo se la está jugando a base de bien porque por un lado está desmontando las fantasías morunas que son el sustento de la autoestima de los iletrados y por otro porque es un torpedo en la línea de flotación de una parte sustancial del PIB.
Lo que pasa es que todas esas fantasías morunas, u horteradas para ser más precisos, no son neutras en lo que hace a la convivencia. Generalmente se sustancian en la imposición de los alienados sobre los libres. De los del orgullo gay sobre los ciudadanos de bien sean o no sean maricones, que de todo hay y a nadie le tiene por qué importar lo más mínimo por donde le gusta meterla a cada cual siempre y cuando no quiera dar tres cuartos al pregonero que es la cosa de peor gusto que existe.
Sí, la pobre gente iletrada se lo traga todo porque también tiene su corazoncito y como cualquier hijo de vecino también quiere ser alguien. Así, si lo que se lleva es ser una loca, pues me hago la loca. Si es tener perro, pues me agencio uno y sostengo que me encanta recoger caquitas del suelo. Si hay que tatuarse, hasta en el prepucio si hace falta para destacar. Si hay que ir en bicicleta, pues que no me falte detalle para parecer Bahamontes. Lo que sea con tal de no reconocer la propia desnudez, no vaya a ser que me de por ponerme a estudiar y me quede más solo que la una.
Así que de postverdad nada, señores. Nunca el mundo letrado fue tan consciente de que ni dios, ni patria ni rey. Lo que pasa es que también sabe que para tener la fiesta en paz hay que dejar que corran las fantasías morunas, u horteradas, entre los desfavorecidos por la diosa Atenea. Ya dice la canción que hay que querer al tonto del pueblo. Por caridad, pero también por razón suficiente.
miércoles, 28 de junio de 2017
Al menos una vez
¿Por qué deberías ir a las Seychelles al menos una vez en la vida? Pues muy sencillo, porque hay tortugas gigantes, hoteles imponentes y, sobre todo, playas vírgenes. Y para rematar, porque es donde van Zidane, Guardiola, y gente por el estilo.
Según tengo entendido las Seychelles son un montón de islitas que entre todas juntas no llegan al tamaño de Ibiza, o sea, la décima parte de la provincia de Santander, como el valle del Miera o así. Dado lo cual no quiero ni imaginarme lo que pasaría con esas playas vírgenes que dicen si fuésemos todos allí aunque sólo fuese un rato. El coño de la Bernarda iba a parecer el cáliz de la consagración comparado con aquello.
En realidad tampoco hay que tomárselo muy en serio porque solo se trata de un artículo que so capa de información periodística esconde propaganda dirigida a iletrados. En realidad los periódicos van quedando en eso, en las diez chuminadas que no te puedes perder por nada del mundo aunque te estén torturando las hemorroides. El buenísimo gusto, la sensibilidad exquisita... el distinguirse de los demás por medio de la cartera en definitiva.
A mí me parece, desde mi óptica de mero aficionado al desvelamiento de realidades opacas, que todo esto no es más que la esquizofrenia inherente a la sociedad libre de mercado, y que dios nos la conserve. Si pones a la chusma en danza generas cantidades ingentes de dinero con las que luego puedes pagar las pensiones y todo eso, pero a cambio los pensionistas se tienen que habituar a que los turistas les pongan el jardín como un bebedero de patos. Es el toma y daca inherente a la existencia, y cuando más toma quieres más daca tienes que soportar.
Hoy, por cierto, se explaya el amigo Sostres, con la clarividencia que le caracteriza, sobre el rechazo que empiezan a mostrar los barceloninos hacia los turistas que les dan de comer. Claro, si Barcelona fuese Seatle o Boston podría poner tasa y medida a la invasión, pero resulta que en vez del MIT o Microsoft las joyas de Barcelona son el Bagdad y Can Punyetes. Así que, como avisa Sostres, un respeto señores no sea que vayamos a acabar teniendo que comernos los mocos.
En fin, al menos una vez hay que probar de todo para que la
nave vaya y en eso consiste toda la ciencia de la creación. Y, además, después siempre nos queda el recurso de entonar un réquiem por la virginidad perdida de la playas.
Según tengo entendido las Seychelles son un montón de islitas que entre todas juntas no llegan al tamaño de Ibiza, o sea, la décima parte de la provincia de Santander, como el valle del Miera o así. Dado lo cual no quiero ni imaginarme lo que pasaría con esas playas vírgenes que dicen si fuésemos todos allí aunque sólo fuese un rato. El coño de la Bernarda iba a parecer el cáliz de la consagración comparado con aquello.
En realidad tampoco hay que tomárselo muy en serio porque solo se trata de un artículo que so capa de información periodística esconde propaganda dirigida a iletrados. En realidad los periódicos van quedando en eso, en las diez chuminadas que no te puedes perder por nada del mundo aunque te estén torturando las hemorroides. El buenísimo gusto, la sensibilidad exquisita... el distinguirse de los demás por medio de la cartera en definitiva.
A mí me parece, desde mi óptica de mero aficionado al desvelamiento de realidades opacas, que todo esto no es más que la esquizofrenia inherente a la sociedad libre de mercado, y que dios nos la conserve. Si pones a la chusma en danza generas cantidades ingentes de dinero con las que luego puedes pagar las pensiones y todo eso, pero a cambio los pensionistas se tienen que habituar a que los turistas les pongan el jardín como un bebedero de patos. Es el toma y daca inherente a la existencia, y cuando más toma quieres más daca tienes que soportar.
Hoy, por cierto, se explaya el amigo Sostres, con la clarividencia que le caracteriza, sobre el rechazo que empiezan a mostrar los barceloninos hacia los turistas que les dan de comer. Claro, si Barcelona fuese Seatle o Boston podría poner tasa y medida a la invasión, pero resulta que en vez del MIT o Microsoft las joyas de Barcelona son el Bagdad y Can Punyetes. Así que, como avisa Sostres, un respeto señores no sea que vayamos a acabar teniendo que comernos los mocos.
En fin, al menos una vez hay que probar de todo para que la
nave vaya y en eso consiste toda la ciencia de la creación. Y, además, después siempre nos queda el recurso de entonar un réquiem por la virginidad perdida de la playas.
martes, 27 de junio de 2017
Como niños
Está todo el mundo muy escandalizado por las declaraciones que ha hecho un alcalde charnego de Cataluña vengo de servir al rey. Y digo yo que también son ganas. De escandalizarse digo, no de hacer declaraciones. Que los catalanes son superiores al resto de los españoles en todo tipo de cualidades positivas es algo que nunca paré de escuchar durante todo el tiempo que viví en aquella comunidad autónoma que se las quiere dar de nación. Ellos sabrán porque no se pueden apear de ese cante, pero la verdad es que en lógica freudiana salen muy mal parados los pobres. ¿O es que ustedes han conocido a alguien trufado de verdaderos méritos que se dedique a presumir de ellos? Imposible, ya que hasta la sabiduría más popular reconoce que los humanos solo presumimos de lo que carecemos y en eso si que hay que reconocer que los catalanes son de primera página de libro. De no ser así sería inexplicable la deriva suicida en la que andan metidos.
Les voy a decir algo que les va a sonar raro pero que sin duda puede estar en el origen de todo este pandemoniun: en Cataluña se vive de puta pena. He vivido allí casi veinte años y también en otras muchas partes de la península y sé lo que me digo. Barcelona es una ciudad disfuncional a más no poder. Prácticamente sin parques y las calles concebidas para que sean autopistas. Resulta de un amontonamiento insoportable al que ahora, por lo visto, se le añaden sesenta millones de turistas que vienen a desfogarse. Y si a eso se le añaden los veinte millones de chones que se crían en sus alrededores, justo en donde los barceloninos tienen sus torres de ocio, ya me dirán cual va a ser el humor predominante entre aquella población. Son demasiados, mal organizados y viviendo la mayoría de una economía de ínfimo valor añadido.
Así es que tanto por experiencia personal como por afición a la historia sé de sobra que la gente sólo se mete en líos macabros cuando le va mal en la vida. Y a los catalanes se lo puedo asegurar les va y siempre les ha ido fatal. Han tenido a toda lo largo de la historia una querencia por las pestes que nunca hubo una que pasase por allí que no se quedase colgada. Ahora con la del turismo y los purines van servidos. Y es que si en algún sitio hacen oídos sordos y ojos ciegos a que la avaricia rompe el saco ese es Cataluña. Tenin de tot i a mes a mes tenin, es la música celestial con la que Jorge Poyuelo sedujo a las masas depauperadas de los guetos. Todo aquello, en fin, es un puro despropósito que viene de largo seguramente por la falta del poso cultural que madura a las sociedades. A la postre, lo que pasa es que son como niños: cualquiera les encandila con cualquier cosa.
¿Se imaginan a un castellano presumiendo de ser superior al resto de los españoles? Y anda que no podrían echar mano de un montón de maravillas para apabullar. Pero ahí está el quid de la cuestión que el saberse herederos de un patrimonio cultural privilegiado dota no solo de discreción sino también de una infinita paciencia con los niños poco educados.
Les voy a decir algo que les va a sonar raro pero que sin duda puede estar en el origen de todo este pandemoniun: en Cataluña se vive de puta pena. He vivido allí casi veinte años y también en otras muchas partes de la península y sé lo que me digo. Barcelona es una ciudad disfuncional a más no poder. Prácticamente sin parques y las calles concebidas para que sean autopistas. Resulta de un amontonamiento insoportable al que ahora, por lo visto, se le añaden sesenta millones de turistas que vienen a desfogarse. Y si a eso se le añaden los veinte millones de chones que se crían en sus alrededores, justo en donde los barceloninos tienen sus torres de ocio, ya me dirán cual va a ser el humor predominante entre aquella población. Son demasiados, mal organizados y viviendo la mayoría de una economía de ínfimo valor añadido.
Así es que tanto por experiencia personal como por afición a la historia sé de sobra que la gente sólo se mete en líos macabros cuando le va mal en la vida. Y a los catalanes se lo puedo asegurar les va y siempre les ha ido fatal. Han tenido a toda lo largo de la historia una querencia por las pestes que nunca hubo una que pasase por allí que no se quedase colgada. Ahora con la del turismo y los purines van servidos. Y es que si en algún sitio hacen oídos sordos y ojos ciegos a que la avaricia rompe el saco ese es Cataluña. Tenin de tot i a mes a mes tenin, es la música celestial con la que Jorge Poyuelo sedujo a las masas depauperadas de los guetos. Todo aquello, en fin, es un puro despropósito que viene de largo seguramente por la falta del poso cultural que madura a las sociedades. A la postre, lo que pasa es que son como niños: cualquiera les encandila con cualquier cosa.
¿Se imaginan a un castellano presumiendo de ser superior al resto de los españoles? Y anda que no podrían echar mano de un montón de maravillas para apabullar. Pero ahí está el quid de la cuestión que el saberse herederos de un patrimonio cultural privilegiado dota no solo de discreción sino también de una infinita paciencia con los niños poco educados.
lunes, 26 de junio de 2017
Forolandia
La famosa frase atribuida a Sartre de que el infierno son los otros nunca había tenido tanta confirmación de veracidad como desde que existen los foros de internet. Podríamos pensar que con la práctica de los años esos sentimientos de rencor, odio, mala educación o, simplemente, pequeñez mental que se exhiben en tales foros se debieran haber ido diluyendo en un debate razonable y sosegado que aportase alguna luz a los problemas que escuecen a la sociedad, pero nada más lejos de la realidad: el enconamiento crece como la espuma y la filosofía del invento se reduce a dar la impresión de que el que más empuja más la mete.
Hace mucho que suelo pasar de fijarme en tales foros, salvo cuando hacen referencia a un par de temas que por motivos radicalmente diversos me afectan. Por un lado no soporto el uso que se hace de los perros y la infinita tolerancia social hacia el cúmulo de inmundicias que dejan en las calles y, sobre todo, en las mentes de sus mejores amigos, o amigas. Pero, en fin, voy a dejar de lado este asunto porque argumentar contra Hitler y su representante en la tierra, el Sr. Walt Disney, es dar testimonio de enajenación demoníaca.
Así que vayamos con el otro asunto: la bicicleta. El otro día estaba abriendo la puerta del garaje, ya de regreso de mi habitual gira matutina, cuando se me acercó una señora muy peripuesta y empezó a hacerme recomendaciones de todo tipo para que no me pasase nada en la carretera. Al final me dijo que era vecina mía y sentiría mucho que tuviese un percance, supongo que mortal. Claro, la cuestión estriba en que, en cierta medida, la muerte de un ciclista, tan mitificada por el cine en este país, está, a la hora de crear la tan rentable exacerbación emocional colectiva, robando protagonismo en los medios a lo que se conoce como violencia de género en los ambientes conservadores o machista en los socialdemócratas. En fin, digamos que la gente se cansa de unos fantasmas y hay que crear otros para que tomen el relevo, porque lo que no puede ser de ninguna manera es dejar a la gente a palo seco en la cosa de las emociones. Podrían ponerse a pensar entonces e imagínense el cataclismo que se pudiera producir.
El caso es que la convivencia en las calles y carreteras de las bicicletas y los coches es tensa a más no poder por razones de velocidad. Las unas frenan a los otros y eso a los otros les resulta insoportable. Son demasiados años ya señoreando el medio sin contrapartidas como para que no se haya producido una mutación neuronal en el sentido de aquí mando yo por derecho cuasi divino. Así, la mala leche que la sola visión de un ciclista produce en los conductores tiene mucho más que ver con el instinto animal que no con la razón humana. Difícil ecuación por tanto para ser resuelta con la simple buena voluntad de las almas cándidas. Yo, la verdad, siempre suelo pedalear en solitario y apurando los arcenes hasta la extenuación, pero observo y veo la fatuidad con la que van los ciclistas cada vez más numerosos en pelotones que ocupan toda la media calzada como si fuesen un peso pesado a velocidad de tortuga. Un coche que se les tope por delante en una carretera transitada o con curvas se ve condenado a ir a treinta kilómetros/hora como mucho hasta sabe dios dónde. Una verdadera tortura, desde luego, para alguien que no puede dejar de sentir que le han robado algo parecido a la libertad. Y, precisamente, todo eso es lo que rezuma en los foros. Y menos mal que existe tal válvula de escape porque si no...
Bueno, no veo yo que esto vaya a tener otra solución que la del desgaste emocional. Ésta de la bicicleta en manada, como la de los perros, son modas que pasarán. Y volverán por sus fueros los llaneros solitarios. Y en las ciudades ya se están poniendo medidas para la inevitable convivencia de los unos y las otras. Y el mundo entonces ya habrá encontrado otros leitmotivs para la imprescindible exarcerbación emocional de las masas iletradas.
Hace mucho que suelo pasar de fijarme en tales foros, salvo cuando hacen referencia a un par de temas que por motivos radicalmente diversos me afectan. Por un lado no soporto el uso que se hace de los perros y la infinita tolerancia social hacia el cúmulo de inmundicias que dejan en las calles y, sobre todo, en las mentes de sus mejores amigos, o amigas. Pero, en fin, voy a dejar de lado este asunto porque argumentar contra Hitler y su representante en la tierra, el Sr. Walt Disney, es dar testimonio de enajenación demoníaca.
Así que vayamos con el otro asunto: la bicicleta. El otro día estaba abriendo la puerta del garaje, ya de regreso de mi habitual gira matutina, cuando se me acercó una señora muy peripuesta y empezó a hacerme recomendaciones de todo tipo para que no me pasase nada en la carretera. Al final me dijo que era vecina mía y sentiría mucho que tuviese un percance, supongo que mortal. Claro, la cuestión estriba en que, en cierta medida, la muerte de un ciclista, tan mitificada por el cine en este país, está, a la hora de crear la tan rentable exacerbación emocional colectiva, robando protagonismo en los medios a lo que se conoce como violencia de género en los ambientes conservadores o machista en los socialdemócratas. En fin, digamos que la gente se cansa de unos fantasmas y hay que crear otros para que tomen el relevo, porque lo que no puede ser de ninguna manera es dejar a la gente a palo seco en la cosa de las emociones. Podrían ponerse a pensar entonces e imagínense el cataclismo que se pudiera producir.
El caso es que la convivencia en las calles y carreteras de las bicicletas y los coches es tensa a más no poder por razones de velocidad. Las unas frenan a los otros y eso a los otros les resulta insoportable. Son demasiados años ya señoreando el medio sin contrapartidas como para que no se haya producido una mutación neuronal en el sentido de aquí mando yo por derecho cuasi divino. Así, la mala leche que la sola visión de un ciclista produce en los conductores tiene mucho más que ver con el instinto animal que no con la razón humana. Difícil ecuación por tanto para ser resuelta con la simple buena voluntad de las almas cándidas. Yo, la verdad, siempre suelo pedalear en solitario y apurando los arcenes hasta la extenuación, pero observo y veo la fatuidad con la que van los ciclistas cada vez más numerosos en pelotones que ocupan toda la media calzada como si fuesen un peso pesado a velocidad de tortuga. Un coche que se les tope por delante en una carretera transitada o con curvas se ve condenado a ir a treinta kilómetros/hora como mucho hasta sabe dios dónde. Una verdadera tortura, desde luego, para alguien que no puede dejar de sentir que le han robado algo parecido a la libertad. Y, precisamente, todo eso es lo que rezuma en los foros. Y menos mal que existe tal válvula de escape porque si no...
Bueno, no veo yo que esto vaya a tener otra solución que la del desgaste emocional. Ésta de la bicicleta en manada, como la de los perros, son modas que pasarán. Y volverán por sus fueros los llaneros solitarios. Y en las ciudades ya se están poniendo medidas para la inevitable convivencia de los unos y las otras. Y el mundo entonces ya habrá encontrado otros leitmotivs para la imprescindible exarcerbación emocional de las masas iletradas.
domingo, 25 de junio de 2017
El peor de todos
Cuando Arcadi Espada escribe sobre "la pasada reunión de jóvenes tan estudiosos y bien preparados que lideró", el socialisto Sánchez, a mi modesto entender sobre lo que está ironizando es sobre la pertinencia de seguir asignando a la democracia valores taumatúrgicos, es decir, con la facultad de realizar prodigios. Porque no es difícil imaginar que esos jóvenes tan estudiosos y bien preparados que han llevado a Sánchez al liderazgo de los socialistos son precisamente lo mejor de cada casa. Lo que pasa es que nadie se lo suele reconocer y por eso andan tan mosqueados que ya sabemos que este es el país de la envidia.
La cuestión es que la democracia puede llevar al poder a una Merkel, un Macron o, incluso, y pido mil perdones, a un Rajoy, pero, también, no digo ya a un psicópata como Hitler sino simplemente a un tonto el culo como Cámeron o un narcisista descontrolado como Trump. Y no por nada sino porque los jóvenes tan estudiosos y bien preparados son imprevisibles y pueden, pero también no pueden, ir a votar con lo cual convertimos al mejor sistema de todos los conocidos en una especie de ruleta rusa.
Sin duda, lo mejor que he oído al respecto es lo de Borges cuando sostiene que la democracia funciona donde funcionaría cualquier otra cosa. Por ejemplo en la Europa de estos momentos. Lo vimos el otro día que fue el socialisto Sánchez apestando a cancha y dijo no sé qué patochada y no habían pasado veinticuatro horas y se tuvo que desdecir, Comisión Europea mediante. Precisamente esa Comisión Europea a la que los puros tildan de antidemocrática. Ya, sí, lo que quieran, pero para mandar ahí no sirve el apestar a cancha ni ser lo mejor de cada casa. Ahí exigen algo más a la gente, como cambiar ideologías por conocimientos. Llamémoslo, entonces, despotismo ilustrado y critiquémoslo lo que queramos, sí, pero el caso es que es lo único que funciona sin ponernos los pelos de punta cada vez que vemos a un socialisto amagando con sus delirios.
En fin, qué cansino es todo esto de no querer saltarse los tópicos, porque, señores, la democracia puede ser el peor de todos los sistemas políticos conocidos si los jóvenes tan bien preparados y estudiosos consiguen llevar al poder a un socialisto que apesta a cancha, por no decir sacristía. ¡Qué le vamos a hacer!
sábado, 24 de junio de 2017
Será que no hace falta.
He salido temprano a pedalear. La temperatura no podía ser más adecuada y la brisa que soplaba de nordeste unas veces me ayudaba y otras me obligaba en función de los meandros del camino. Serían las diez o así cuando he recalado en La Behetría de Becerril. He pedido un miserable café -¡Dios, que ganas tengo de alzarme el entredicho que me tengo puesto a los pinchos de tortilla!- y he salido a la terraza a tomarlo. Mientras lo bebía, y dado que la conversación que mantenía la gente era sobre el equipo de fútbol local, me he puesto a leer un Diario Palentino que había por allí. Aparte de los inevitables folklores el periódico le dedica hoy especial atención a la sequía. El tema de los forrajes es una verdadera tragedia para esta gente. Las pocas hectáreas que se han podido malregar han bajado la producción de 4000kg a 500kg. Así la floreciente industria ganadera de la región no tiene ni para un diente y ha habido que recurrir a la importación. El típico viaje de ida y vuelta, aquí, tan acostumbrados a exportar a espuertas. Todas esas desecadoras de forraje diseminadas por la provincia, por supuesto, en el dique seco. Así, entre unas cosas y otras, las cuentas de la leche no salen y el recitado de lamentos no tiene fin. Claro, en el norte de Europa sigue lloviendo y como consecuencia de la liberación de los mercados al que dios se la da se tiene que aguantar y producir a perdidas porque en el computo general ni se nota que a ti te vaya mal. Bueno, cosas que pasan y que por supuesto no influyen en la afluencia a los bares de la comarca ni tampoco a la creciente categoría de los coches del paisanaje.
Salía ya de Becerril cuando he visto a una especie de gnomo que andaba como perdido en medio de la inmensidad. Me ha mirado de tal modo que no podido hacer otra cosa que parar a intercambiar unas palabras. Quizá tuviese cien años y no más de 1,30 de estatura. Con la gorra calada, un diente señoreando en solitario la cavidad bucal y sobre todo la mirada entre inquisitiva y desplicente. ¡Qué, aprovechando el buen día!, le he dicho. Me ha contestado con un sí seco. Hoy se puede respirar porque estos días pasados... Sí, me ha contestado, han sido unos días serios. Y no quiere llover, he continuado. Será que no hace falta, ha dicho esbozando una sonrisa burlona.
En resumidas cuentas que he seguido viaje con el viento favorable y pensando en el "será que no hace falta". Y es que nos hemos acostumbrado a que las cosas sean de una determinada manera y tendemos a creer, no pensar, que así tienen que ser a mayor gloria de nuestra codicia. Quizá la madre naturaleza esté cansada de que le echemos tantas mierdas encima y ha decidido que la única forma de pararnos es inutilizarse por medio de la sequía. No sé, porque es difícil hasta para el más sabio encajar unas cuantas piezas de este endemoniado puzzle que nos sustenta, pero, por dios, algo puede tener que ver el que tenga el cuerpo comido por las picaduras y el que este año no se hayan arrojado pesticidas en la región. En fin.
El caso es que antes vi en la tele a Swarzeneguer que ha venido a París para hablar con Macron de las cosas de la naturaleza doliente. Me ha recordado Reagan por lo bien y claro que se expresa. Ha dicho que así no se puede seguir. Que tenemos que aprender a vivir de otra manera. Etc., etc.. Seguro que al gnomo de Becerril le hubiera hecho mucha gracia de haberlo escuchado.
Salía ya de Becerril cuando he visto a una especie de gnomo que andaba como perdido en medio de la inmensidad. Me ha mirado de tal modo que no podido hacer otra cosa que parar a intercambiar unas palabras. Quizá tuviese cien años y no más de 1,30 de estatura. Con la gorra calada, un diente señoreando en solitario la cavidad bucal y sobre todo la mirada entre inquisitiva y desplicente. ¡Qué, aprovechando el buen día!, le he dicho. Me ha contestado con un sí seco. Hoy se puede respirar porque estos días pasados... Sí, me ha contestado, han sido unos días serios. Y no quiere llover, he continuado. Será que no hace falta, ha dicho esbozando una sonrisa burlona.
En resumidas cuentas que he seguido viaje con el viento favorable y pensando en el "será que no hace falta". Y es que nos hemos acostumbrado a que las cosas sean de una determinada manera y tendemos a creer, no pensar, que así tienen que ser a mayor gloria de nuestra codicia. Quizá la madre naturaleza esté cansada de que le echemos tantas mierdas encima y ha decidido que la única forma de pararnos es inutilizarse por medio de la sequía. No sé, porque es difícil hasta para el más sabio encajar unas cuantas piezas de este endemoniado puzzle que nos sustenta, pero, por dios, algo puede tener que ver el que tenga el cuerpo comido por las picaduras y el que este año no se hayan arrojado pesticidas en la región. En fin.
El caso es que antes vi en la tele a Swarzeneguer que ha venido a París para hablar con Macron de las cosas de la naturaleza doliente. Me ha recordado Reagan por lo bien y claro que se expresa. Ha dicho que así no se puede seguir. Que tenemos que aprender a vivir de otra manera. Etc., etc.. Seguro que al gnomo de Becerril le hubiera hecho mucha gracia de haberlo escuchado.
viernes, 23 de junio de 2017
Más al norte
Veo que las ciudades se preparan para vivir de otra manera. Y aquí, otra vez, se volverá a ensanchar la grieta entre el norte protestante y el sur católico. O para ser más exactos quizá debiéramos decir entre el norte apolíneo y el sur dionisíaco. El asunto, desde luego, no es banal. Y nada para avivar la conciencia de que no lo es como venir padeciendo desde hace ya no se sabe cuantos días una ola de calor abrasador. Porque el calor es como una lente de aumento selectiva para todo lo molesto. Cosas que la costumbre hace pasar desapercibidas a la mayoría a una temperatura normal tan pronto como empieza a calentarse el ambiente crece la conciencia de su radical irracionalidad. Y ahí es donde entran en danza las diferencias apolineodionisíacas, que es que los apolíneos por lo general no necesitan el calor para darse cuenta de que la costumbre no es elemento de valor para seguir sosteniendo lo que es irracional.
Así es que por estos lares estamos muy pillados con nuestras ancestrales costumbres y cuando el calor las hace insoportables tendemos a consolarnos con la queja y la esperanza de que pronto amainará. Y no hacemos nada que no sea huir hacia adelante. Me decía ayer un chaval que iba muy ufano en su coche que me subiese a la acera. Le dije que la acera es para los peatones y le podría haber añadido que la calzada por la que yo iba pedaleando tiene la velocidad limitada a veinte, más o menos a lo que yo iría, pero se ve que el chaval estaba urgido por algún tipo de necesidad de catadura dionisíaca que son las que más ansiedad generan.
En fin, el caso es que veo como van afrontando en esas ciudades del norte el asunto capital del tráfico rodado y me doy cuenta de que nos vamos quedando atrás sin remisión. Diría yo que la diferencia fundamental entre el norte y el sur hoy día es que el norte hace carriles bici quitando espacio a los coches y el sur quitándoselo a los peatones. Pienso que será algo que tiene que ver con la distancia generacional con la miseria. Cuando se la tiene muy cerca todavía no se ha tenido tiempo de asimilar que la acumulación de bienes materiales no es la riqueza. Pero, en fin, todo acaba por llegar y los nietos de los nietos de estos apegados a la molicie ya serán otra cosa más al norte.
En cualquier caso, hoy han bajado las temperaturas y mañana se espera que bajen más. Así que todos los amagos de raciocino que hubiese podido espolear la bajada a los infiernos serán rápidamente olvidados y a otra cosa mariposa.
Así es que por estos lares estamos muy pillados con nuestras ancestrales costumbres y cuando el calor las hace insoportables tendemos a consolarnos con la queja y la esperanza de que pronto amainará. Y no hacemos nada que no sea huir hacia adelante. Me decía ayer un chaval que iba muy ufano en su coche que me subiese a la acera. Le dije que la acera es para los peatones y le podría haber añadido que la calzada por la que yo iba pedaleando tiene la velocidad limitada a veinte, más o menos a lo que yo iría, pero se ve que el chaval estaba urgido por algún tipo de necesidad de catadura dionisíaca que son las que más ansiedad generan.
En fin, el caso es que veo como van afrontando en esas ciudades del norte el asunto capital del tráfico rodado y me doy cuenta de que nos vamos quedando atrás sin remisión. Diría yo que la diferencia fundamental entre el norte y el sur hoy día es que el norte hace carriles bici quitando espacio a los coches y el sur quitándoselo a los peatones. Pienso que será algo que tiene que ver con la distancia generacional con la miseria. Cuando se la tiene muy cerca todavía no se ha tenido tiempo de asimilar que la acumulación de bienes materiales no es la riqueza. Pero, en fin, todo acaba por llegar y los nietos de los nietos de estos apegados a la molicie ya serán otra cosa más al norte.
En cualquier caso, hoy han bajado las temperaturas y mañana se espera que bajen más. Así que todos los amagos de raciocino que hubiese podido espolear la bajada a los infiernos serán rápidamente olvidados y a otra cosa mariposa.
jueves, 22 de junio de 2017
Villani
Desde luego que si a alguien tengo que estar agradecido en estos últimos años de mi vida es a Sal Khan. Porque es que, en mi caso concreto, cuando empiezo notar que estoy hasta los cojones de todos nosotros no hago como Estanislao Figueras que pegó un portazo y se largo a París, a ver señoritas supongo, no, lo que yo hago es engancharme al portal de la Khan Academy y ponerme a ver una lección detrás de otra. Les parecerá una tontería pero nada me sube tanto el ánimo como comprobar que lo voy entendiendo casi todo bastante bien. Y luego los ejercicios que por lo general acierto. En definitiva es un entretenimiento de los de poner los cinco sentidos, lo cual, como bien saben, es la única forma de que el cerebro deje de dar vueltas a las obsesiones estériles que suelen configurar la sustancia de nuestras vidas ya en la fase de propina como decía mi padre.
Porque esa es la cuestión, que en semejante circunstancia, a poco que hayas vivido, te sabes de memoria como va a seguir y acabar cualquier película que por lo que sea has comenzado a observar. Así, si te cuelgas del discurso del cotidiano devenir es inevitable que lo que empieza siendo hastío termine por ser depresión y ganas de vértelas con Caronte. No, desde luego, hay que escapar por donde se pueda y el vector abstracto del discurrir nos ofrece un excelente portillo por el que saltar. Saltar a un mundo gigantesco completamente desconocido en el que por muy principiante que seas todos los días haces descubrimientos sorprendentes que te reconcilian con la humanidad. ¿Cómo ha podido ser que hayamos podido llegar a tan alto grado de sofisticación? No, desde luego, no todo es chusma en este mundo.
Por cierto que nunca me cansaré de recomendarles que vean "Comment j´ai détesté les maths". Para mí es la película definiva, con los héroes definitivos. Villani, encerrado en su piso y comiendo precocinados, se dedica a ensanchar los horizontes del mundo mientras su pequeñoburguesa familia se broncea en la playa. Así se resume toda la historia de la humanidad: pioneros y muertos vivientes. ¡De qué lado voy a querer estar!
Porque esa es la cuestión, que en semejante circunstancia, a poco que hayas vivido, te sabes de memoria como va a seguir y acabar cualquier película que por lo que sea has comenzado a observar. Así, si te cuelgas del discurso del cotidiano devenir es inevitable que lo que empieza siendo hastío termine por ser depresión y ganas de vértelas con Caronte. No, desde luego, hay que escapar por donde se pueda y el vector abstracto del discurrir nos ofrece un excelente portillo por el que saltar. Saltar a un mundo gigantesco completamente desconocido en el que por muy principiante que seas todos los días haces descubrimientos sorprendentes que te reconcilian con la humanidad. ¿Cómo ha podido ser que hayamos podido llegar a tan alto grado de sofisticación? No, desde luego, no todo es chusma en este mundo.
Por cierto que nunca me cansaré de recomendarles que vean "Comment j´ai détesté les maths". Para mí es la película definiva, con los héroes definitivos. Villani, encerrado en su piso y comiendo precocinados, se dedica a ensanchar los horizontes del mundo mientras su pequeñoburguesa familia se broncea en la playa. Así se resume toda la historia de la humanidad: pioneros y muertos vivientes. ¡De qué lado voy a querer estar!
miércoles, 21 de junio de 2017
Le lapin chaud
Me he echado a los caminos con las primeras claridades. He escogido el que va por donde iba el tren burra y he llegado hasta Baquerin. No me creerán si les digo que lo más del tiempo he ido pensando que quizá estaba en Australia. Tantos eran los conejos que cruzaban de una orilla a la otra con no sé qué finalidad. Y lo peor, que ya han comenzado el trabajo de demolición de esa maravilla que nos han regalado a los ciclistas de esta comarca. Por aquí y por allá, en los laterales todavía, se ven los boquetes de los túneles que son seña de identidad de la especie. Ya me tenía un tanto sorprendido el abuso de rapaces señoreando los cielos. Y es que claro, el ecosistema si le dejas a su aire en un par de años o siete se convierte en el Serengueti o cosa parecida.
Por cierto que hace poco leí que en Australia han optado por inocularles un virus que los mata sobre la marcha. Y es que no sé si habrán visto algún documental sobre las proporciones que alcanza la plaga allí, pero les puedo asegurar que es mucho mayor que la de perros que hay en cualquier parque de esta ciudad a la caída de la noche, lo que ya es decir. En fin, he estado hablando con unos conocidos que tengo en Mazariegos y hemos quedado en que vamos a poner unos lazos en las cunetas y luego vamos a organizar meriendas con lo que pillemos. Porque, oye, no hay mal que por bien no venga y a la sequía buena cara.
Por cierto que hace poco leí que en Australia han optado por inocularles un virus que los mata sobre la marcha. Y es que no sé si habrán visto algún documental sobre las proporciones que alcanza la plaga allí, pero les puedo asegurar que es mucho mayor que la de perros que hay en cualquier parque de esta ciudad a la caída de la noche, lo que ya es decir. En fin, he estado hablando con unos conocidos que tengo en Mazariegos y hemos quedado en que vamos a poner unos lazos en las cunetas y luego vamos a organizar meriendas con lo que pillemos. Porque, oye, no hay mal que por bien no venga y a la sequía buena cara.
lunes, 19 de junio de 2017
Cayetana
Pues desde la perspectiva de un palentino, aunque sea sobrevenido, lo del calentamiento, si no global sí por lo menos local, es una realidad incontestable. Porque no es que haga falta darse una vuelta por el campo a ver los estragos causados por Faetón, como les decía, no, es que solo hay que darse una vuelta por la Calle Mayor y comprobar con verdadero asombro como lo mas granado de la comunidad masculina ha decido cambiar el zapato cerrado y apretado por las sueltas sandalias franciscanas. Me estoy imaginando lo urgidos que se han tenido que sentir para decidirse a semejante tergiversación del protocolo. Pero, en fin, así han sido siempre las grandes conmociones en las costumbres, de la necesidad virtud, como se dice. Se empieza por las sandalias y quién sabe en lo que se puede acabar.
El caso es que en otro orden de cosas me pregunto y no encuentro respuesta a cómo puede ser que nuestro sistema jurídico permite la existencia de partidos políticos, no digo ya como Podemos, o el Animalista, que son aberraciones rayanas en en el trumpismo waltdisneyniano, no, me refiero al Partido Socialista que a juzgar por los titulares y frases sueltas que nos llegan por las ondas es la más cumplida agregación de tontos del culo con un adobe de rencor que no puede ser debido sino a un estreñimiento crónico con aparato de hemorroides rabiosas. Pero, ¡por dios!, cómo vamos a creer que la democracia es el mejor sistema político si nos obliga a escuchar a diario semejante cúmulo de tonterías que, además, al ser tan del gusto de las ingentes masas iletradas, tienen todas las probabilidades de llegar a constituirse en el armazón de nuestro cotidiano devenir. Ya te digo, nos quieren hacer pasar el día contando naciones. ¡Libertad para Trespaderne! No sé si seguirá visible la pintada en aquel inmenso farallón del río Oña.
Por lo demás, hoy pueden si quieren leer el artículo de El Mundo firmado por Cayetana Alvarez de Toledo. Desde luego que hay aristócratas que nacen, otros que se hacen y unos pocos que las dos cosas: es el caso de Cayetana. Como diría el protagonista de Nobleza Baturra: ¡Qué muherrr! De las que es difícil averiguarse con ellas, según decía el clásico, que tanta hermosura e inteligencia juntas no están hechas para ser llevadas al huerto por cualquiera. Pero, bueno, ese es otro tema. A lo que quería ir es a que sostiene Cayetana, con mi total aquiescencia, que a quoi bon suspirar en España por un Macron si ya le tenemos en el poder hace seis años o así. Lo que pasa es que lo nuestro es no darse importancia por lo que hacemos. Pero en seis años se han hecho aquí de forma sigilosa las más difíciles reformas de la historia contemporánea de Europa. La más importante, sin duda, el haberles sacado a los políticos regionales las manos de la masa: sin las Cajas, ya me dirán para qué ser político si no es para odiar a muerte al que te ha quitado el juguete. La segunda en importancia ha sido aprobar las leyes que han permitido ir chino, chano, poniendo contra las cuerdas, o tras los barrotes, las viejas y "normalizadas" prácticas de connivencia entre los distintos poderes. En fin, unos dicen que es socialdemócratra, otros que hiperliberal, otros que solo lee el Marca... para todos los gustos, pero él solo es un tipo que a los 24 años ya había ganado una oposición de las de aquí te espero y por eso sabe que para administrar bien la cosa pública hay que rodearse de gente que haya pasado con éxito por lo que él pasó. Gente sin otra ideología que el sentido común fundado en el profundo conocimiento de lo que se traen entre manos. ¡Un bombazo, desde luego!
Así que nada, todos tranquilos porque si la necesidad hizo virtud de las sandalias franciscanas, no menos la democracia lo hará del macronismo... y no digo rajoysmo porque los nombres de las filosofías, sobre todo de las políticas, quedan mucho mejor si vienen de Francia que, como dice la canción, trae sustancia.
El caso es que en otro orden de cosas me pregunto y no encuentro respuesta a cómo puede ser que nuestro sistema jurídico permite la existencia de partidos políticos, no digo ya como Podemos, o el Animalista, que son aberraciones rayanas en en el trumpismo waltdisneyniano, no, me refiero al Partido Socialista que a juzgar por los titulares y frases sueltas que nos llegan por las ondas es la más cumplida agregación de tontos del culo con un adobe de rencor que no puede ser debido sino a un estreñimiento crónico con aparato de hemorroides rabiosas. Pero, ¡por dios!, cómo vamos a creer que la democracia es el mejor sistema político si nos obliga a escuchar a diario semejante cúmulo de tonterías que, además, al ser tan del gusto de las ingentes masas iletradas, tienen todas las probabilidades de llegar a constituirse en el armazón de nuestro cotidiano devenir. Ya te digo, nos quieren hacer pasar el día contando naciones. ¡Libertad para Trespaderne! No sé si seguirá visible la pintada en aquel inmenso farallón del río Oña.
Por lo demás, hoy pueden si quieren leer el artículo de El Mundo firmado por Cayetana Alvarez de Toledo. Desde luego que hay aristócratas que nacen, otros que se hacen y unos pocos que las dos cosas: es el caso de Cayetana. Como diría el protagonista de Nobleza Baturra: ¡Qué muherrr! De las que es difícil averiguarse con ellas, según decía el clásico, que tanta hermosura e inteligencia juntas no están hechas para ser llevadas al huerto por cualquiera. Pero, bueno, ese es otro tema. A lo que quería ir es a que sostiene Cayetana, con mi total aquiescencia, que a quoi bon suspirar en España por un Macron si ya le tenemos en el poder hace seis años o así. Lo que pasa es que lo nuestro es no darse importancia por lo que hacemos. Pero en seis años se han hecho aquí de forma sigilosa las más difíciles reformas de la historia contemporánea de Europa. La más importante, sin duda, el haberles sacado a los políticos regionales las manos de la masa: sin las Cajas, ya me dirán para qué ser político si no es para odiar a muerte al que te ha quitado el juguete. La segunda en importancia ha sido aprobar las leyes que han permitido ir chino, chano, poniendo contra las cuerdas, o tras los barrotes, las viejas y "normalizadas" prácticas de connivencia entre los distintos poderes. En fin, unos dicen que es socialdemócratra, otros que hiperliberal, otros que solo lee el Marca... para todos los gustos, pero él solo es un tipo que a los 24 años ya había ganado una oposición de las de aquí te espero y por eso sabe que para administrar bien la cosa pública hay que rodearse de gente que haya pasado con éxito por lo que él pasó. Gente sin otra ideología que el sentido común fundado en el profundo conocimiento de lo que se traen entre manos. ¡Un bombazo, desde luego!
Así que nada, todos tranquilos porque si la necesidad hizo virtud de las sandalias franciscanas, no menos la democracia lo hará del macronismo... y no digo rajoysmo porque los nombres de las filosofías, sobre todo de las políticas, quedan mucho mejor si vienen de Francia que, como dice la canción, trae sustancia.
jueves, 15 de junio de 2017
miércoles, 14 de junio de 2017
Buscando en la inmensidad
Se llama el Cristo de San Felices, pero ese pórtico con frontón sugiere que lo sagrado del lugar viene de lejos, de mucho antes de que los pastores empezasen a apacentar sus rebaños. ¡Maldita metáfora! Está en la cima de una colina achatada desde la que mires hacia donde mires solo ves inmensidad cultivada. Naturaleza sometida. Civilización. Física y Química.
He aprovechado el frescor de la primera mañana para darme un garbeo. He ido por la nava hasta Becerril. Un dolor. Se diría que Helios dejó conducir por un día a Faetón el carro del Sol. A duras penas ha conseguido sobrevivir la avena que se da hasta en el infierno. Sin embargo, estas cosas al PIB se la traen al pairo. Es como si se le hubiese posado una mosca encima y poco más. Lo seguros pagarán lo que ya daban por descontado en sus balances y aquí paz y después gloria. El pobre Faetón, sin duda ya es un don nadie que no sirve ni para llamar la atención en las estanterías de Mercadona. ¡Ay, si levantase la cabeza Ovidio y viese en que han quedado los versos que le dedicó!
En Becerril he recalado en la plaza que es donde está La Behetría. He tenido que hacer poco menos que Ulises con las sirenas para no sucumbir a la tortilla que hacen allí. Porque es que de tanto pincho me está saliendo una barriguita de lo más desagradable. Así que he pedido un café y he salido a la terraza a tomarlo. A palo seco. Otro dolor. Pero bueno, el lugar lo compensa todo. La música extremada de los ocho caños de la fuente que lleva allí cuatrocientos y pico años. Los soportales, la mole catedralicia de enfrente... un conjunto que a buen seguro a Baudelaire le hubiese producido aquel spleen que le hizo famoso. Que no para todo va a haber que ir a Florencia.
Estos pueblos al norte del Duero son todos de behetría, es decir, el rey no les podía imponer señor. Y se nota, oye, que de casta le viene al galgo. Como en el lejano oeste, los colonos venidos del norte han estado durante siglos con las armas en la mano para defender sus tierras, en este caso de la morangada. Y eso, sin duda, les ha hecho especiales. Así que mientras contemplaba el abrumador entorno he estado escuchando a la joven cartera y a los orondos campesinos que le daban palique. Bueno, entre unas cosas y otras me han puesto al día de las apps para el móvil. Y luego dicen que el mundo es diverso.
El regreso lo he hecho por la carretera de Becerril a Mozón. Y entonces ha sido cuando he visto la ermita de marras en una colina a la izquierda y no me he podido contener. He ascendido sin mucho esfuerzo y me he tumbado un rato en un banco del porche. Creo que hasta me he quedado traspuesto. Luego he descendido hasta la carretera y he seguido hasta La Venta donde he girado a la izquierda para tomar la que viene de Guardo. Doce o quince kilómetros más y en casa. Que ya calentaba y cómo.
martes, 13 de junio de 2017
Edipo revisitado
Con todo esto del brexit, Trump, los catalinos y demás sofocones estamos teniendo la oportunidad de comprobar meridianamente como en estas sociedades que se dicen, porque lo son, avanzadas, cualquier veleidad de cambio súbito es de inmediato desbaratada por los entresijos del sistema. Como dijo el que bien dijo, todo está atado y bien atado y a los hechos hay que remitirse para reconocer que tenía toda la razón. A la postre lo único que va quedando es el calvario que se ven obligados a subir los que se meten en semejantes berenjenales. Como Jesucristo, que todo lo quiso cambiar prometiendo imposibles, al final se tienen que someter al veredicto de la chusma defraudada. Es lo que tiene escoger como compañeros de viaje a los peores, que sus interesados halagos te ocultan los cuchillos que preparan para cuando les des la espalda.
Los únicos cambios, diría yo, que funcionan en estas sociedades son los imperceptibles a primera vista. Y provienen de un estado mental que va cuajando en las élites pensantes con el arte como desencadenante. Así, cuando llega un Macrón al poder, no es por casualidad. Vengo observando con machacona constancia a los franceses a través de sus televisiones, periódicos y literaturas y tengo la casi certeza de que sin la camada de lo que se dio en llamar los nouveau reac, con Houellebecq a la cabeza, nada de lo que está pasando sería posible. Ellos han sido los precusores de este nuevo Edipo que ha resuelto el enigma con el que la esfinge de la democracía tenía atormentada a la sociedad francesa: no es cuestión de gauche ni de droite, les ha dicho, es simplemente sentido común. Luego ha ido, se ha casado con su madre y por el momento no parece que tenga la menor intención de volverse loco ni sacar los ojos a sus hijos.
Aquí en España tenemos a Rajoy que también puede que se haya casado con su madre. Y en Alemania, Merkel, que parece que lo hizo con su padre. Y por eso son los dos países de la comunidad europea que mejor les va porque no dejan que la ideología les ciegue la razón. Porque las cosas, en un momento dado sólo pueden ser de una manera, la del sentido común. O sea, el que tienen los padres por edad. Y de ahí que funcionen tan bien los que se casan con ellos. En fin, pena de no haberlo sabido a tiempo.
Los únicos cambios, diría yo, que funcionan en estas sociedades son los imperceptibles a primera vista. Y provienen de un estado mental que va cuajando en las élites pensantes con el arte como desencadenante. Así, cuando llega un Macrón al poder, no es por casualidad. Vengo observando con machacona constancia a los franceses a través de sus televisiones, periódicos y literaturas y tengo la casi certeza de que sin la camada de lo que se dio en llamar los nouveau reac, con Houellebecq a la cabeza, nada de lo que está pasando sería posible. Ellos han sido los precusores de este nuevo Edipo que ha resuelto el enigma con el que la esfinge de la democracía tenía atormentada a la sociedad francesa: no es cuestión de gauche ni de droite, les ha dicho, es simplemente sentido común. Luego ha ido, se ha casado con su madre y por el momento no parece que tenga la menor intención de volverse loco ni sacar los ojos a sus hijos.
Aquí en España tenemos a Rajoy que también puede que se haya casado con su madre. Y en Alemania, Merkel, que parece que lo hizo con su padre. Y por eso son los dos países de la comunidad europea que mejor les va porque no dejan que la ideología les ciegue la razón. Porque las cosas, en un momento dado sólo pueden ser de una manera, la del sentido común. O sea, el que tienen los padres por edad. Y de ahí que funcionen tan bien los que se casan con ellos. En fin, pena de no haberlo sabido a tiempo.
lunes, 12 de junio de 2017
Miserere
Tengo un vecino que es de libro. Por los ochenta, con cuarenta o cincuenta kilos de más y un discurso cataclismático. Me lo encuentro a todas horas en el portal o sentado en los bancos del bulevar, justo aquí delante. Todo es verme y empezar a largar espumarajos por la boca. Se ve a la legua que es su forma de compensar el ánimo alicaído. Yo, claro, le sigo la corriente porque buena gana de fatigarse tratando de razonar con un desesperado y, además, porque ya hace tiempo que llegué a la conclusión de que la queja es el psicotrópico más eficaz y barato para la más extendida de todas las enfermedades mentales, esa que consiste en no poder ver el mundo si no es a través del propio ombligo.
Claro, para poder ver por el propio ombligo hay que curvar tanto la columna vertebral que no es extraño que se lancen aullidos de dolor. Y no por nada sino porque al forzamiento extremo de los ligamentos intervertebrales se le añade la muy desagradable visión de lo que tenemos dentro, directamente en los intestinos, o sea, una putrefacción galopante. ¡Qué le vamos a hacer!
Y es que, como escribió el poeta, a trueco de quejarse, habían las desdichas de buscarse. Nos comemos un plato de caricos sin tomar la precaución de masticarlos pacientemente y luego vienen las insoportables flatulencias de la digestión. Y ya tenemos tema para pasar la tarde entonando el miserere, apurar cielos pretendo. La vida, sí, es una mierda a nada que uno se aparta del fragor de la batalla. De luchar a muerte contra los demonios que nos tiranizan desde dentro de nosotros mismos a nada que te distraigas. Nada nuevo, desde luego, que no nos hubiese advertido ya el padre Astete.
Sea como sea, el caso es que mi orondo vecino descarga su onerosa mercancía sobre mí o cualquier otro que se le ponga a tiro. Y es que el hombre está jodido. Ayer, cuando yo salía, trataba él de entrar cabalgando el último modelo de artilugio para inválidos. Espere, le dije, que le aguanto la puerta. No, si no es para mí, se apresuró a informarme, es para mi mujer. Jo, pensé, encima tiene una mujer inválida. No me extraña nada que lleve tan cuesta arriba la vida.
En cualquier caso, no hay cosa que más pida cada mañana a los dioses omnipotentes que el que me permitan tener siempre presente que no hay nada más detestable que el relato de lo que vemos cuando miramos a través de nuestro ombligo. Con lo elegante que es subirse a un altozano, como hizo Wellington en Arapiles, y desde allí dirigir la batalla. Como si fuese un juego.
Claro, para poder ver por el propio ombligo hay que curvar tanto la columna vertebral que no es extraño que se lancen aullidos de dolor. Y no por nada sino porque al forzamiento extremo de los ligamentos intervertebrales se le añade la muy desagradable visión de lo que tenemos dentro, directamente en los intestinos, o sea, una putrefacción galopante. ¡Qué le vamos a hacer!
Y es que, como escribió el poeta, a trueco de quejarse, habían las desdichas de buscarse. Nos comemos un plato de caricos sin tomar la precaución de masticarlos pacientemente y luego vienen las insoportables flatulencias de la digestión. Y ya tenemos tema para pasar la tarde entonando el miserere, apurar cielos pretendo. La vida, sí, es una mierda a nada que uno se aparta del fragor de la batalla. De luchar a muerte contra los demonios que nos tiranizan desde dentro de nosotros mismos a nada que te distraigas. Nada nuevo, desde luego, que no nos hubiese advertido ya el padre Astete.
Sea como sea, el caso es que mi orondo vecino descarga su onerosa mercancía sobre mí o cualquier otro que se le ponga a tiro. Y es que el hombre está jodido. Ayer, cuando yo salía, trataba él de entrar cabalgando el último modelo de artilugio para inválidos. Espere, le dije, que le aguanto la puerta. No, si no es para mí, se apresuró a informarme, es para mi mujer. Jo, pensé, encima tiene una mujer inválida. No me extraña nada que lleve tan cuesta arriba la vida.
En cualquier caso, no hay cosa que más pida cada mañana a los dioses omnipotentes que el que me permitan tener siempre presente que no hay nada más detestable que el relato de lo que vemos cuando miramos a través de nuestro ombligo. Con lo elegante que es subirse a un altozano, como hizo Wellington en Arapiles, y desde allí dirigir la batalla. Como si fuese un juego.
domingo, 11 de junio de 2017
Una niña angelical
Será por lo que sea, pero llega un soleado y caluroso domingo de junio y lo que menos me apetece es atender a la propuesta de agarrar el coche para ir a la playa. Es más, la sola idea de tener que cumplir con ese rito me horroriza. El coche, la playa, San Lorenzo en la parrilla, se me antoja la idea más aproximada del infierno. Y el caso es que me pregunto, y trato de recordar, cuando fue que empecé a darme cuenta de que era la inercia la que me empujaba hacia ese destino pulguriento. Porque de niño, e incluso de adolescente, disfrutaba lo indecible, como si estuviese en una novela de los mares del sur. Pero estoy casi seguro de que ya en la juventud un poco ajada precisaba de la mariguana para mantener la ilusión operativa. Luego, en los inicios de la madurez, peor que ir a misa. Y sin embargo, aunque ocasionalmente, seguía asistiendo a esa celebración de los muertos vivientes, que diría Poirot. Pura inercia, pienso, o seguir la corriente, o huir de peores remedios, quién sabe.
La playa digo y no sé en realidad a que me estoy refiriendo porque esa secuencia de progresiva desafección me sirve para multitud de aquellas, Fabio, en otro tiempo hermosas promesas de plenitud. Quizá no sea más que la propia vulgaridad de la vida que se va haciendo patente incluso a las mentes más abstrusas. Poco a poco el tamiz del interés se va haciendo más tupido y deja pasar menos cosas. Casi ninguna, la verdad y no es cosa de ponerse ahora a hacer recuento porque ya lo hicieron otros y está en los textos sagrados.
Así que hoy, con la primer luz del día me levanté, cerré las ventanas y bajé las persianas. De tal guisa la casa conserva todo todo el día el frescor de la madrugada y yo puedo andar por ella como si fuese un día normal de primavera. Incluso con una rebequita sobre los hombros para no estornudar demasiado que es que a estas edades cualquier aire se te lleva por delante. Un día, en definitiva, enteramente para mí a pesar de la ira de los dioses que quisieran verme seducido por su oferta de insustancialidades prometedoras. ¡Por dios, con todo el tiempo malgastado que tengo que recuperar! Más que Proust si cabe.
La playa digo y no sé en realidad a que me estoy refiriendo porque esa secuencia de progresiva desafección me sirve para multitud de aquellas, Fabio, en otro tiempo hermosas promesas de plenitud. Quizá no sea más que la propia vulgaridad de la vida que se va haciendo patente incluso a las mentes más abstrusas. Poco a poco el tamiz del interés se va haciendo más tupido y deja pasar menos cosas. Casi ninguna, la verdad y no es cosa de ponerse ahora a hacer recuento porque ya lo hicieron otros y está en los textos sagrados.
Así que hoy, con la primer luz del día me levanté, cerré las ventanas y bajé las persianas. De tal guisa la casa conserva todo todo el día el frescor de la madrugada y yo puedo andar por ella como si fuese un día normal de primavera. Incluso con una rebequita sobre los hombros para no estornudar demasiado que es que a estas edades cualquier aire se te lleva por delante. Un día, en definitiva, enteramente para mí a pesar de la ira de los dioses que quisieran verme seducido por su oferta de insustancialidades prometedoras. ¡Por dios, con todo el tiempo malgastado que tengo que recuperar! Más que Proust si cabe.
sábado, 10 de junio de 2017
La montaña de sí mismo
Allá por los años ochenta del siglo pasado cayó en mis manos un libro sobre teoría de los sentimientos de un autor mejicano. Recuerdo que le di muchísimas vueltas. Me fascinaba el lenguaje que utilizaba porque me parecía sumamente poético, lo cual, tratándose de sentimientos podríamos decir que es lo suyo. ¿Porque cómo vas a emplear un lenguaje matemático para describir una cosa tan escurridiza?
En cualquier caso, supongo, tanto la poesía como las matemáticas comparten la intuición y la precisión, pero, claro, la una no precisa de la demostración y la otra sí. Aunque, la demostración de la verdad de la poesía quizá sea su perdurabilidad en el tiempo. Así, parafraseando a Borges, podríamos decir que el lenguaje que usamos es un fósil de la poesía. En fin, teorías para las que en absoluto estoy capacitado.
Así todo, continuo con el asunto porque también tengo derecho a opinar y si me callo me aburro. Porque, en realidad, que es la literatura en su acepción más noble sino poesía. Una buena novela lo es sobre todo por la calidad de su lenguaje. El tema que trate puede tener su importancia, pero es el lenguaje que se emplea el que da verosimilitud y profundidad al tema. Hay que acertar con las palabras y hay que ser económico con ellas para describir lo que solo se percibe con el sexto sentido, el común. El menos común de los sentidos como todo el mundo sabe.
En definitiva, desvelar a golpe de dardo certero una realidad que escapa al común de los mortales por falta de sexto sentido. Eso es lo que pienso que es más o menos la poesía. Y andaba hoy con estas cosas porque he leído, otra vez, un artículo de Savater que cada vez me parece ir más al fondo de si mismo para contarnos el mundo. El mundo de sus sentimientos que parecen estar al presente señoreados por lo aquel autor mejicano que les comentaba llamaba una dulce tristura, es decir, la melancolía. Como una especie de regodeo en la propia desgracia que de no ser tratada por el poeta sería un verdadero pestiñazo. Savater, siempre por lo general tan certero, lo es ahora todavía más, cuando intenta subir la montaña de sí mismo.
En cualquier caso, supongo, tanto la poesía como las matemáticas comparten la intuición y la precisión, pero, claro, la una no precisa de la demostración y la otra sí. Aunque, la demostración de la verdad de la poesía quizá sea su perdurabilidad en el tiempo. Así, parafraseando a Borges, podríamos decir que el lenguaje que usamos es un fósil de la poesía. En fin, teorías para las que en absoluto estoy capacitado.
Así todo, continuo con el asunto porque también tengo derecho a opinar y si me callo me aburro. Porque, en realidad, que es la literatura en su acepción más noble sino poesía. Una buena novela lo es sobre todo por la calidad de su lenguaje. El tema que trate puede tener su importancia, pero es el lenguaje que se emplea el que da verosimilitud y profundidad al tema. Hay que acertar con las palabras y hay que ser económico con ellas para describir lo que solo se percibe con el sexto sentido, el común. El menos común de los sentidos como todo el mundo sabe.
En definitiva, desvelar a golpe de dardo certero una realidad que escapa al común de los mortales por falta de sexto sentido. Eso es lo que pienso que es más o menos la poesía. Y andaba hoy con estas cosas porque he leído, otra vez, un artículo de Savater que cada vez me parece ir más al fondo de si mismo para contarnos el mundo. El mundo de sus sentimientos que parecen estar al presente señoreados por lo aquel autor mejicano que les comentaba llamaba una dulce tristura, es decir, la melancolía. Como una especie de regodeo en la propia desgracia que de no ser tratada por el poeta sería un verdadero pestiñazo. Savater, siempre por lo general tan certero, lo es ahora todavía más, cuando intenta subir la montaña de sí mismo.
viernes, 9 de junio de 2017
Días malos
Yo no tengo días malos porque no soy mujer, ha dicho Mr. Putin. Que se lo digan si no a la Sra. May que ayer tuvo un día fatal. A la pobre, con su espondiloanquilopoyesis o lo que sea que parece que siempre está a punto de sacar, no le ha servido de nada el pase de modelitos con el que ha pretendido amenizarnos durante los últimos días. Es lo que tiene el género, que nunca se le va el pelo de la dehesa por muchas leyes que se dicten al respeto. Así, Mr. Putin tiene un par y la Sr. May una colección de Cocó Chanél.
Ahora bien, la naturaleza no tiene ley que no engendre sus excepciones. Así, ayer, no le salvó su enorme par a Mr. Trump de tener un día de perros. Es quizá por el inevitable contrapunto de la magnificencia, que se pierde la perspectiva de las cosas de comer. Fue un hermoso espectáculo de violencia de género en su sentido más autentico el que nos retransmitieron ayer desde Capitol Hill. Dos toros, a cada cual con su par más grande, enzarzados en una lucha de final incierto... pero yo que Trump tendría las maletas a mano.
Por lo demás que cada loco siga con su tema. Que no por eso las mujeres van a dejar nunca de usar trucos para tratar de acentuar su lordosis lumbar ni los hombres de pirriarse por esa lordosis tan sugerente. Porque ya lo dijo el filósofo: la esperanza siempre acaba venciendo a la razón. Y no importa para ello lo descabellada que sea la propuesta. Si es, como suele pasar, la única tabla que vemos en la inmensidad del océano, nos agarraremos a ella con uñas y dientes. Que la tabla esté podrida no importa para nada, que lo único que cuenta es lo que dura dura.
En fin, lo dicho, que todo día malo tiene sus vísperas, pero también sus lecciones. Y los hay que las atienden y también a quienes se la bufa. Quizá sea porque, como dicen los gitanos, lo nuestro es genético.
Ahora bien, la naturaleza no tiene ley que no engendre sus excepciones. Así, ayer, no le salvó su enorme par a Mr. Trump de tener un día de perros. Es quizá por el inevitable contrapunto de la magnificencia, que se pierde la perspectiva de las cosas de comer. Fue un hermoso espectáculo de violencia de género en su sentido más autentico el que nos retransmitieron ayer desde Capitol Hill. Dos toros, a cada cual con su par más grande, enzarzados en una lucha de final incierto... pero yo que Trump tendría las maletas a mano.
Por lo demás que cada loco siga con su tema. Que no por eso las mujeres van a dejar nunca de usar trucos para tratar de acentuar su lordosis lumbar ni los hombres de pirriarse por esa lordosis tan sugerente. Porque ya lo dijo el filósofo: la esperanza siempre acaba venciendo a la razón. Y no importa para ello lo descabellada que sea la propuesta. Si es, como suele pasar, la única tabla que vemos en la inmensidad del océano, nos agarraremos a ella con uñas y dientes. Que la tabla esté podrida no importa para nada, que lo único que cuenta es lo que dura dura.
En fin, lo dicho, que todo día malo tiene sus vísperas, pero también sus lecciones. Y los hay que las atienden y también a quienes se la bufa. Quizá sea porque, como dicen los gitanos, lo nuestro es genético.
jueves, 8 de junio de 2017
Ignacio
Uno se entera de toda esa historia del joven Ignacio Echeverría y se le revuelven las tripas. En las televisiones inglesas ni una sola referencia a él. Me supongo que hoy dirán algo para que no se les caiga la cara de vergüenza. Un chaval netamente europeo, como Erasmo. Asignarle otra nacionalidad sería rebajarle.
En el mundo hay cada vez más yihadistas y podemitas, tal para cual, como nazis y comunistas, por una sola razón: que no es otra que cada vez hay más gente como Ignacio. Y es que la gente como Ignacio es la puntilla para todos los que quieren resolver su problema cambiando a los demás. En el fondo no es más que la eterna guerra civil entre la inteligencia y la estulticia.
Una guerra que se sustancia en las infinitas batallas que se libran en el día a día. La valentía de la nobleza contra la cobardía de la ruindad. Lo que va de la academia al sindicato. Del esfuerzo a la triquiñuela. De la generosidad al rencor. Me lo sé al dedillo porque tengo memoria de mí y siento muy viva la vergüenza de haber militado tantas veces en el lado equivocado. Y por eso es que me escondo.
Pero me queda el enorme consuelo de tener la casi certeza de que los Ignacios acabarán por ganar la partida. Y además por goleada. Y los necios se volverán todos al pueblo a profundizar en sus raíces. Que ya lo dijo el clásico: "dejadles, respondió a sus gritos, que tengan raíces y creencias y rencores, ya que no pueden tener otra cosa, pero que se vayan al pueblo". En fin, ¡Gloria para Ignacio! Y sonrojo para el pueblo.
miércoles, 7 de junio de 2017
A mayor abundamiento
Uno.- Cualquier español medianamente culto sabe lo que es un hipogrifo violento que corre parejas con el viento. Lo que no estoy seguro de que sepa es lo que es el hipocampo. Pues bien, a partir de hoy ya tenemos otra espada de Damocles encima, porque todos los periódicos anuncian a bombo y platillo que si bebemos un vaso de vino al día o una caña se nos jode el hipocampo, lo cual, como que te deja medio tonto. Claro que lo que no nos cuentan es cómo te deja el no beberlo, que según como se mire te puede causar fantasías como que el cielo está lleno de huríes con tal de que mates infieles, es un decir.
Dos.- Sostiene Sostres que la literatura de Isabel Allende es para chachas, lo cual que no puedo estar más de acuerdo. Es lo que tienen los inteletuales, o las intelectualas, de izquierdas que, al final, solo convencen a las chachas, tomado este término, que se entienda, en sentido peyorativo. Porque es que además la coima en cuestión se las viene dando de aristócrata porque a su tío, un dipsomano descerebrado, lo quitaron de enmedio los americanos os recibimos con alegría. Fíjate tú si eso no es como para sentirse portador de atribuciones de diseño de un destino en lo universal. En fin, mejor lo dejamos y que cada palo aguante su vela.
Tres.- Una asociación que se autodefine como defensora de la sanidad pública, o sea, que qué gusto cuando entra justo, ha dicho que le molesta profundamente que Amancio Ortega haya donado trescientos y pico millones para renovar el aparataje obsoleto de los hospitales. No es de recibo, han señalado. Solo les ha faltado añadir lo de a mayor abundamiento. Me parece bien que haya gente que tome el testigo de denunciar las migajas del rico Epulón. Qué pague sus impuestos como hacemos los pobres y se deje de mandangas, han apostillado. De lo que nunca he oído chistar a esa asociación de hombres, y mujeres, justos, y justas, es de los tropecientos mil millones que aportan a la sanidad pública las cuotas a las mutuas privadas que hacen cada mes unos cuantos millones de españoles. Mira tú por donde, gente del común que prefiere gastar su dinero en no aguantar listas de espera que en machacársela al sol de una isla caribeña, por ejemplo. En fin, qué le vamos a hacer si siempre habrá gente que se empeñe en velar por nosotros pobrecitos desgraciados.
Cuatro.- Me voy a Mercadona que eso sí que te alegra el día.
Dos.- Sostiene Sostres que la literatura de Isabel Allende es para chachas, lo cual que no puedo estar más de acuerdo. Es lo que tienen los inteletuales, o las intelectualas, de izquierdas que, al final, solo convencen a las chachas, tomado este término, que se entienda, en sentido peyorativo. Porque es que además la coima en cuestión se las viene dando de aristócrata porque a su tío, un dipsomano descerebrado, lo quitaron de enmedio los americanos os recibimos con alegría. Fíjate tú si eso no es como para sentirse portador de atribuciones de diseño de un destino en lo universal. En fin, mejor lo dejamos y que cada palo aguante su vela.
Tres.- Una asociación que se autodefine como defensora de la sanidad pública, o sea, que qué gusto cuando entra justo, ha dicho que le molesta profundamente que Amancio Ortega haya donado trescientos y pico millones para renovar el aparataje obsoleto de los hospitales. No es de recibo, han señalado. Solo les ha faltado añadir lo de a mayor abundamiento. Me parece bien que haya gente que tome el testigo de denunciar las migajas del rico Epulón. Qué pague sus impuestos como hacemos los pobres y se deje de mandangas, han apostillado. De lo que nunca he oído chistar a esa asociación de hombres, y mujeres, justos, y justas, es de los tropecientos mil millones que aportan a la sanidad pública las cuotas a las mutuas privadas que hacen cada mes unos cuantos millones de españoles. Mira tú por donde, gente del común que prefiere gastar su dinero en no aguantar listas de espera que en machacársela al sol de una isla caribeña, por ejemplo. En fin, qué le vamos a hacer si siempre habrá gente que se empeñe en velar por nosotros pobrecitos desgraciados.
Cuatro.- Me voy a Mercadona que eso sí que te alegra el día.
martes, 6 de junio de 2017
Luz no usada
Ayer era un día tan luminoso, de luz no usada que dijo el poeta, que, a pesar de que ando un tanto lumbálgico, agarré la bicicleta y me tiré a los caminos -hoy lo estoy pagando-. Iba despacito y tarareando canciones. Somewere over the rainbow me asaltaba una y otra vez. Una perversión armónica: arranca con un salto de octava que en dos compases vuelve al origen para iniciar el tercer compás con un salto de sexta. De octava fuerte a sexta débil, una tercera menor desinflada. Ahí tenemos la treta perfecta para desencadenar la tormenta sentimental del otro día en Manchester. Se arrancó Ariana Grande frente a un público herido y apenas había sobrepasado el tercer compás cuando empezaron a manar ríos de todos los ojos. Y así es todo en este mundo de los sentimientos, pura perversión. O manipulación de la gente herida. ¡Tan fácil!
El sentimentalismo es un cáncer de la razón. Todas las desgracias del mundo vienen de ese dominio. De dejarse desconchuflar por un salto de tercera menor desinflada. Y costó muchos siglos de protestas, que aún siguen entre los más renuentes a enfrentarse consigo mismo, llegar hasta el Pierrot Lunaire. Fuera todas las viejas tretas armónicas y quédate a solas con los sonidos y tus pensamientos. Por fin, un canto a la libertad individual.
Y eso es lo que pienso, que si en vez de el último movimiento de la Novena Sinfonía, los europeos hubiesen escogido el Pierrot Lunaire como himno de la Comunidad otro gallo nos cantara. Porque se ha querido recurrir a la sentimentalidad como cemento de unión sin darse cuenta de que por definición sentimentalidad es "me vuelvo al pueblo". Y en esas estamos, dándole ideas a la gente herida para que se ponga a llorar en vez de enfrentarse desnudos a su destino.
Total, que iba pensando mientras pedaleaba que gente herida tiene que ser la que se dedica a llenar las cunetas de basura. El que está bien consigo mismo, me decía, es imposible que arroje una botella de plástico por la ventanilla porque no hay quien no sepa que eso está mal. Y si estás bien solo quieres el bien para todos y si estás herido quieres que todo el mundo te acompañe en el sufrimiento. La eterna lucha entre Apolo y Dionisos. O, por decirlo sin pedantería, entre luchar y quejarse.
El sentimentalismo es un cáncer de la razón. Todas las desgracias del mundo vienen de ese dominio. De dejarse desconchuflar por un salto de tercera menor desinflada. Y costó muchos siglos de protestas, que aún siguen entre los más renuentes a enfrentarse consigo mismo, llegar hasta el Pierrot Lunaire. Fuera todas las viejas tretas armónicas y quédate a solas con los sonidos y tus pensamientos. Por fin, un canto a la libertad individual.
Y eso es lo que pienso, que si en vez de el último movimiento de la Novena Sinfonía, los europeos hubiesen escogido el Pierrot Lunaire como himno de la Comunidad otro gallo nos cantara. Porque se ha querido recurrir a la sentimentalidad como cemento de unión sin darse cuenta de que por definición sentimentalidad es "me vuelvo al pueblo". Y en esas estamos, dándole ideas a la gente herida para que se ponga a llorar en vez de enfrentarse desnudos a su destino.
Total, que iba pensando mientras pedaleaba que gente herida tiene que ser la que se dedica a llenar las cunetas de basura. El que está bien consigo mismo, me decía, es imposible que arroje una botella de plástico por la ventanilla porque no hay quien no sepa que eso está mal. Y si estás bien solo quieres el bien para todos y si estás herido quieres que todo el mundo te acompañe en el sufrimiento. La eterna lucha entre Apolo y Dionisos. O, por decirlo sin pedantería, entre luchar y quejarse.
lunes, 5 de junio de 2017
Y sigue girando
La premier británica ha dicho con su maravillosa dicción oxforiana que enough is enough. Hemos sido excesivamente tolerantes con los extremistas. Entonces yo he pensado de inmediato: esta tipa no ha tenido hijos y, si los ha tenido, seguro que no han llegado a adolescentes. Porque, en definitiva, esas son exactamente las palabras que cualquier padre experimentado sabe de sobra que no sirven absolutamente para nada. Les quitarás la paga, les encerrarás en una habitación todo el fin de semana, incluso les enviarás internos a un colegio para niños difíciles, un reformatorio que le decían antes, y sólo conseguirás que de cada cien noventa y nueve se reconcentren más en si mismos y se vuelvan más pesadilla si cabe.
Había quedado para comer en el Bariloche. Como me sentía inapetente decidí salir a dar una vuelta a ver si con el aire fresco se me abría el apetito. Como era demasiado fresco para la estación y además chispeaba entré a ver qué había en el centro cultural que tengo justo al lado de casa. Me encontré una curiosa exposición de fotografía dedicada al amor hacia los animales.
Llegué a la conclusión de que con mi actitud rayana en la animalofobia seguramente me estoy perdiendo algo realmente bueno, porque, oye, tendrás que recoger caquitas toda la vida, pero ¡y ese amor infinito que nunca traiciona ni defrauda! Me lo tengo que pensar y, quizá, en último extremo, si es necesario, acudir a una terapia.
En el Bariloche, genial. Estos hurdanos son unos linces. Se han comido toda la hostelería del barrio. Mientras nos restaurábamos a plena satisfación veíamos pasar el desfile de modelos que hoy día supone la celebración de una primera comunión. Gente a todas luces muy humilde pero con una impresionante capacidad de emulación de lo que ellos creen que hacen las clases acomodadas. Desde luego que pocas cosas hay más cómicas que la simulación de la elegancia. Una tensión contenida que luego el vino se encargará de transformar en chabacanería desatada.
Por la noche lloré a moco tendido en cumplida comunión con todos los que escuchaban a Ariana Grande cantando Somewhere over the rainbow. Los medios de comunicación de masas habían estado todo el día calentando los motores de la sentimentalidad con lo de los atentados de la víspera en Londres. Para mí que se pasan. Y luego esta chiquilla que deja a Judy Garland pequeñita y esa canción que es una desmesurada esperanza que se inicia con un intervalo de octava. Así cualquiera.
Y el mundo, a pesar de todo, sigue girando como si tal cosa.
domingo, 4 de junio de 2017
Fuking conundrum
Anoche, cuando volvía para casa, la ciudad rebosaba de alegría. Por un lado porque estamos en fiestas, la de la cerveza y no sé cuales otras, y por si fuera poco el Real Madrid había ganado no sé que coño copa. Por El Salón el ruido era atronador. En el templete había una banda punkera y al otro extremo, en la carpa de la cerveza, otra banda haciendo contrapunto. Pensé en la infinita paciencia de los vecinos algunos de los cuales puede que hasta estuviesen enfermos, pelillos a la mar. En la Plaza de España la marea continuaba por la celebración de lo del furbo. Ondeaban banderas al frío viento de la madrugada y, sobre todo, los chinos hacían caja. Todas las cafeterías de aquel entorno están regidas por ellos y, los muy cucos, habían ideado para la ocasión unos vasos de plástico king size que, llenos de cerveza, el personal esgrimía con rara habilidad. Pensé, mientras me escabullía por una calle trasera, que tanta felicidad, por fuerza tiene que dejar resaca. Pero, en cualquier caso, en tales ocasiones, el inminente mañana es un "cuan largo me lo fiáis".
En casa ya, repanchingado en la butaca me dispuse a dar una vuelta por el mundo. De entrada, en Madrid, un tipo que me pareció bastante sandio entrevistaba a la vez a la alcaldesa y a la presidenta de la comunidad. Me pareció que la alcaldesa ganaba por goleada a la presidenta en la cosa de la inteligencia, pero como solo es una impresión no le doy más importancia. Con una multitud desaforada al fondo, la presidenta animaba a todos los madrileños a salir a la calle. Pensé de inmediato en que más negocio para los chinos y añoré el día en que por fin se hayan hecho con el poder y esto se parezca al Singapur que había estado viendo por la tarde en una cadena generalista americana.
Entonces decidí irme a la BBC para ver como se vivía en Inglaterra la victoria del Real Madrid. Y voy y me topo con la tragedia del día. Un periodista habla sin cesar en una calle vacía sobre algo oneroso que está pasando allí al fondo, donde están amontonados aquellos coches con luces intermitentes. Dicen que ha habido tiros, que una furgoneta se ha lanzado sobre los viandantes... no se sabe a ciencia cierta, pero la masacre se masca. Paso a la CNN y lo mismo, FOX igual, France 24, etc.. Pruebo en Blomberg y me encuentro a Charlie Rose entrevistando a un exdirector de la CIA. Están desmenuzando el asunto Trump. El exCIA es un prodigio de sistematización en sus intervenciones. Una mente matemática sin duda. Saco la conclusión de que el mandato Trump será recordado como el de la transparencia. Él y los que le rodean son tan inexpertos en la cosa de la política que son incapaces de entender la primera treta del trato en tales lides, o sea, ocultar disidencias y exhibir concurrencias. En la Casa Blanca, al parecer, relucen los cuchillos y HBO ya tiene trabajando a sus guionistas en la serie que triunfará el año que viene. El final, desde luego, parece más abierto que nunca.
Hoy por la mañana me entero de que lo de Londres ha sido gordo. La cosa se está poniendo peliaguda y resta saber por donde van salir los políticos, porque da la sensación de que nos estamos acercando a ese punto en el que las emociones arrasan los últimos vestigios de razón. Solucionar esto no parece que vaya a ser fácil y conformarse como hasta ahora con que San Pedro se la bendiga a quien dios se la da, parece que ya está dejando de funcionar. Al final va a haber que hacer algo con la morangada y esa va a ser otra vez la de Las Navas de Tolosa. Porque cabe recordar que el alcalde de Londres es musulmán. Es decir que, en llegando a ciertos límites, pasa a ser del bando enemigo. Y, claro, entonces hay que preguntarse por qué es alcalde un musulmán. Y caes en la cuenta de la cruda realidad: Londres es medio mulsumana. En fin, por decirlo a la inglesa: ¡what a fuking conundrum!
En casa ya, repanchingado en la butaca me dispuse a dar una vuelta por el mundo. De entrada, en Madrid, un tipo que me pareció bastante sandio entrevistaba a la vez a la alcaldesa y a la presidenta de la comunidad. Me pareció que la alcaldesa ganaba por goleada a la presidenta en la cosa de la inteligencia, pero como solo es una impresión no le doy más importancia. Con una multitud desaforada al fondo, la presidenta animaba a todos los madrileños a salir a la calle. Pensé de inmediato en que más negocio para los chinos y añoré el día en que por fin se hayan hecho con el poder y esto se parezca al Singapur que había estado viendo por la tarde en una cadena generalista americana.
Entonces decidí irme a la BBC para ver como se vivía en Inglaterra la victoria del Real Madrid. Y voy y me topo con la tragedia del día. Un periodista habla sin cesar en una calle vacía sobre algo oneroso que está pasando allí al fondo, donde están amontonados aquellos coches con luces intermitentes. Dicen que ha habido tiros, que una furgoneta se ha lanzado sobre los viandantes... no se sabe a ciencia cierta, pero la masacre se masca. Paso a la CNN y lo mismo, FOX igual, France 24, etc.. Pruebo en Blomberg y me encuentro a Charlie Rose entrevistando a un exdirector de la CIA. Están desmenuzando el asunto Trump. El exCIA es un prodigio de sistematización en sus intervenciones. Una mente matemática sin duda. Saco la conclusión de que el mandato Trump será recordado como el de la transparencia. Él y los que le rodean son tan inexpertos en la cosa de la política que son incapaces de entender la primera treta del trato en tales lides, o sea, ocultar disidencias y exhibir concurrencias. En la Casa Blanca, al parecer, relucen los cuchillos y HBO ya tiene trabajando a sus guionistas en la serie que triunfará el año que viene. El final, desde luego, parece más abierto que nunca.
Hoy por la mañana me entero de que lo de Londres ha sido gordo. La cosa se está poniendo peliaguda y resta saber por donde van salir los políticos, porque da la sensación de que nos estamos acercando a ese punto en el que las emociones arrasan los últimos vestigios de razón. Solucionar esto no parece que vaya a ser fácil y conformarse como hasta ahora con que San Pedro se la bendiga a quien dios se la da, parece que ya está dejando de funcionar. Al final va a haber que hacer algo con la morangada y esa va a ser otra vez la de Las Navas de Tolosa. Porque cabe recordar que el alcalde de Londres es musulmán. Es decir que, en llegando a ciertos límites, pasa a ser del bando enemigo. Y, claro, entonces hay que preguntarse por qué es alcalde un musulmán. Y caes en la cuenta de la cruda realidad: Londres es medio mulsumana. En fin, por decirlo a la inglesa: ¡what a fuking conundrum!
sábado, 3 de junio de 2017
Savater again
Escribe hoy Savater un bello artículo en EL PAÍS un poco en la línea de aquel anuncio que afirmaba lo bueno que sería que las vacas diesen leche con neskuit. Nos cuenta las reacciones que tenían los miembros de una tribu de Sudan del Sur que desconocían los espejos al ver las fotos que les hizo Leni Riefenstahl. Así soy yo, se maravillaban, porque al no tener espejos nunca se habían visto la cara a sí mismos. Pues bien, se lamenta el autor de que no haya una polaroid capaz de fotografiarnos la cara del alma. Así podríamos reconocernos mucho mejor en lo que de verdad somos. Es decir, la aspiración socrática por excelencia.
Conocerse a sí mismo es sin duda la más noble aspiración de la naturaleza humana. Tan noble como de muy difícil si no de imposible consecución, mucho me temo. Porque ¿cómo se hace eso? Quizá lo más aproximado sea la imagen de nosotros mismos que nos devuelven los demás. Pero ahí existen también dificultades insuperables. Empezando por la del amor propio que es una especie de filtro sutil entretejido de razones que aceptan o rechazan a gusto del consumidor.
Sin embargo, uno mira por ahí y ve vidas que se dirían más cumplidas que otras. Vidas pausadas, discretas y productivas. Y se adivina en ellas una como seguridad de origen, como si les viniese de marca el reconocimiento y aceptación de sí mismos en lo que realmente son. No han necesitado, por tanto, desperdiciar todos esos esfuerzos y tiempos en la reparación de una identidad que les hiere de continuo. El dichoso apuntalamiento de la autoestima que descalabra las más de las vidas.
Sí, cualquiera que haya andado un poco por los bosques sabe que el mayor peligro en ellos es toparse con animales heridos. Porque su instinto de supervivencia les empuja a atacar. Una vez más es lo que va del instinto a la razón que en vez de a atacar invitaría a huir. O a pedir misericordia. Pero qué le vamos a hacer si cada vez se venera más a los animales. Como si en sus comportamientos se quisiese ver un modelo para la salvación de la especie humana.
En fin, que no hay polaroid que valga cuando natura non da lo que Salamanca non presta.
Conocerse a sí mismo es sin duda la más noble aspiración de la naturaleza humana. Tan noble como de muy difícil si no de imposible consecución, mucho me temo. Porque ¿cómo se hace eso? Quizá lo más aproximado sea la imagen de nosotros mismos que nos devuelven los demás. Pero ahí existen también dificultades insuperables. Empezando por la del amor propio que es una especie de filtro sutil entretejido de razones que aceptan o rechazan a gusto del consumidor.
Sin embargo, uno mira por ahí y ve vidas que se dirían más cumplidas que otras. Vidas pausadas, discretas y productivas. Y se adivina en ellas una como seguridad de origen, como si les viniese de marca el reconocimiento y aceptación de sí mismos en lo que realmente son. No han necesitado, por tanto, desperdiciar todos esos esfuerzos y tiempos en la reparación de una identidad que les hiere de continuo. El dichoso apuntalamiento de la autoestima que descalabra las más de las vidas.
Sí, cualquiera que haya andado un poco por los bosques sabe que el mayor peligro en ellos es toparse con animales heridos. Porque su instinto de supervivencia les empuja a atacar. Una vez más es lo que va del instinto a la razón que en vez de a atacar invitaría a huir. O a pedir misericordia. Pero qué le vamos a hacer si cada vez se venera más a los animales. Como si en sus comportamientos se quisiese ver un modelo para la salvación de la especie humana.
En fin, que no hay polaroid que valga cuando natura non da lo que Salamanca non presta.
viernes, 2 de junio de 2017
Compartir
Ayer recibí un guasap de Pedro M. que decía: He disfrutado tanto que quiero compartirla contigo, por si no la conocías. Se trataba de la entrevista que Joaquin Serrano Soler le hizo a José Luis Borges en el programa "A Fondo" en el año 1976. Pues bien, estoy casi seguro de haberla visto dos o tres veces, pero revisitarla ayer y volver a la carga hoy con las luces del despertar ha sido una verdadera delicia. Dicho de forma cursi o pedantesca, al estilo Serrano Soler por cierto, ha sido como una especie de comunión con el genio. Una hipertensión del espíritu entre la emocional admiración y la severa atención. Porque en un alarde de codicia no quería que se me escapase nada. Diríamos que en semejantes trances me pasa como al Vicecónsul del Reino Unido en Cuernavaca, que agarro la botella y bebo furiosamente.
Borges, como cualquier genio supongo, es la conjunción de dos circunstancias excepcionales. La primera, una cabeza privilegiada. La segunda, una capacidad titánica para la constancia en el esfuerzo. Porque unas estancias maravillosas no dicen nada si no son convenientemente amuebladas. Sin barroquismos, como se esfuerza en recalcarnos, que es el defecto tras el cual tiende a esconder sus carencias la juventud. El arte es otra cosa. Es desvelar con precisión la realidad de lo que sentimos y pensamos con las herramientas cotidianas. Con las palabras con las que hablamos cuando hablamos para entendernos en el caso de la literatura.
La entrevista prosigue sin que el interés decaiga un ápice bajo los auspicios de un entrevistador al que la cursilería no le quita efectividad. Pasamos por los primeros años de formación, el papel de la familia, Europa y sus clásicos, Argentina y ¡cómo no! la política. La democracia es un abuso de la estadística. No creo en la democracia, dice, para Argentina. En otros lugares funciona, desde luego, pero en ellos funcionaría cualquier cosa. No tengo soluciones para nada porque nunca me he interesado por la política, pero si me dieran a elegir escogería que retrasasen las próximas elecciones unos trescientos años y que hubiese un gobierno de señores en vez de este de hampones que tenemos. O sea, digo yo, un gobierno de los mejores, aristocrático para que nos entendamos.
Me quedo colgado en lo del abuso de la estadística y en el "pero en ellos funcionaría cualquier cosa". Paro el vídeo y me pongo a pensar en la medida de mis posibilidades. Efectivamente, abuso en el sentido de retorcimiento o mal uso de la estadística. Se desechan malintencionadamente variables cuyo peso específico es incuestionable a la hora de interpretar resultados. Y, "en ellos funcionaría cualquier cosa". ¡Qué interesante! Yo también tiendo a pensar que las sociedades en llegando a cierto grado de desarrollo no necesitan para nada que no sea entretener a la chusma y darle la sensación de que cuenta para algo todo el circo político que se monta. Porque al final siempre se hace, como no puede ser de otra manera, lo que dicen los cuatro entendidos en la materia que trabajan sigilosamente en esos despachos que se hurtan al escrutinio de los medios de masas.
En fin, si quieren disfrutar con Pedro y conmigo no tienen más que ir a You Tube y poner Serrano Soler Borges. No perderán el tiempo, se lo puedo asegurar.
Borges, como cualquier genio supongo, es la conjunción de dos circunstancias excepcionales. La primera, una cabeza privilegiada. La segunda, una capacidad titánica para la constancia en el esfuerzo. Porque unas estancias maravillosas no dicen nada si no son convenientemente amuebladas. Sin barroquismos, como se esfuerza en recalcarnos, que es el defecto tras el cual tiende a esconder sus carencias la juventud. El arte es otra cosa. Es desvelar con precisión la realidad de lo que sentimos y pensamos con las herramientas cotidianas. Con las palabras con las que hablamos cuando hablamos para entendernos en el caso de la literatura.
La entrevista prosigue sin que el interés decaiga un ápice bajo los auspicios de un entrevistador al que la cursilería no le quita efectividad. Pasamos por los primeros años de formación, el papel de la familia, Europa y sus clásicos, Argentina y ¡cómo no! la política. La democracia es un abuso de la estadística. No creo en la democracia, dice, para Argentina. En otros lugares funciona, desde luego, pero en ellos funcionaría cualquier cosa. No tengo soluciones para nada porque nunca me he interesado por la política, pero si me dieran a elegir escogería que retrasasen las próximas elecciones unos trescientos años y que hubiese un gobierno de señores en vez de este de hampones que tenemos. O sea, digo yo, un gobierno de los mejores, aristocrático para que nos entendamos.
Me quedo colgado en lo del abuso de la estadística y en el "pero en ellos funcionaría cualquier cosa". Paro el vídeo y me pongo a pensar en la medida de mis posibilidades. Efectivamente, abuso en el sentido de retorcimiento o mal uso de la estadística. Se desechan malintencionadamente variables cuyo peso específico es incuestionable a la hora de interpretar resultados. Y, "en ellos funcionaría cualquier cosa". ¡Qué interesante! Yo también tiendo a pensar que las sociedades en llegando a cierto grado de desarrollo no necesitan para nada que no sea entretener a la chusma y darle la sensación de que cuenta para algo todo el circo político que se monta. Porque al final siempre se hace, como no puede ser de otra manera, lo que dicen los cuatro entendidos en la materia que trabajan sigilosamente en esos despachos que se hurtan al escrutinio de los medios de masas.
En fin, si quieren disfrutar con Pedro y conmigo no tienen más que ir a You Tube y poner Serrano Soler Borges. No perderán el tiempo, se lo puedo asegurar.
jueves, 1 de junio de 2017
Largo me lo fiáis
Que las temperaturas del planeta están subiendo parece ser una evidencia incontestable. Que al menos en parte es debido a la actividad humana no pasa de conjetura de la que será muy difícil demostrar su verosimilitud por muy plausible que parezca. Y esta es la gran cuestión: ¿que hacemos con una conjetura de este tipo? Porque es de las que entran en la categoría del más vale un porsiacaso que dos penséqué. En realidad casi toda la prevención se basa en hacer caso a conjeturas plausibles, que no por otra cosa es que tantas veces tanto esfuerzo y dinero acabe en fiasco. Pero, en cualquier caso, una mente lógica tendrá la sensación de que se hizo lo correcto.
Una mente lógica. Díganle ustedes a un habitante de una cuenca carbonífera que el SO2 residual de la combustión del carbón es cancerígeno y tengan por seguro que le desmontará la teoría con argumentos tan conjeturales como los suyos. Porque el modus vivendi es el principal armador de teorías justificatorias. Nadie, en definitiva, se quiere quedar con el culo al aire por tal de salvar el mundo. Ya se sabe que la caridad bien entendida empieza por uno mismo y, si no, que se lo digan a todos esos luchadores del clima que han encontrado en ello su bicoca particular sin tener que renunciar por contra a estar todo el día saltando de continente en continente a golpe de avión... que anda que no contamina el bichejo.
Y ahí es donde con Trump hemos topado. Que el mundo está lleno de habitantes de cuencas carboníferas provistos de argumentos tan buenos comos los de los de los que quieren salvar el mundo dejándolos con el culo al aire. Y no hay derecho, sobre todo cuando "largo me lo fiáis" el sentir las consecuencias de una u otra actitud. Así que, señores, mi impresión es que por este camino no vamos a parte alguna y mucho mejor buscarse la vida por otro lado.
Ayer les contaba lo de los cuatro jinetes del apocalipsis que cabalgan incansables. En realidad no son cuatro que son millones de gente dedicados a la investigación por todos los rincones del mundo. Es una realidad imparable de consecuencias imprevisibles. Hace unos días vi a un tipo que investigaba en el MIT enseñando unos paneles solares completamente transparentes. Según decía, dentro de unos diez años todos los cristales que se pongan en las ventanas producirán electricidad. Por ejemplo. Y a saber cuantas cosas más se inventarán que harán el mundo irreconocible de una generación para otra. Así que mi articular opinión es que todos tranquilos con Trump porque donde hay que fijar la atención para prever el futuro que nos espera, a los que espere, claro está, es en el MIT y sitios por el estilo. Todo lo demás pura palabrería chusmática.
Suscribirse a:
Comentarios (Atom)