miércoles, 28 de febrero de 2018

A las puertas

"Científicos españoles en la cumbre" es el titular de uno de los editoriales de La Vanguardia de hoy. A buen seguro que a unos cuantos miles de sus habituales lectores les habrá estallado el cerebro al leerlo. Porque, de forma inédita, no diferencia entre catalanes y españoles. ¡Qué salto señores!

Ayer, o anteayer, o el día anterior, fue el día de "Un buen tío", el libro en el que Arcadi Espada da el definitivo do de pecho. Porque no es que se trate sólo de denunciar la injusticia sangrante cometida con el expresidente valenciano, no, ni mucho menos, es algo que va mucho más allá: se trata de la minuciosa deconstrucción de la más perniciosa influencia que ha tenido la bisoña democracia española, el periódico El País para que nos entendamos. Imaginen la iglesia católica de cuando el franquismo, pues lo mismo, pero en sibilino. 

Claro, ya lo dice la sabiduría popular, que no hay mal que cien años dure. Ni siquiera en Arabia Saudí, como estamos viendo estos días. Y El País ya nos iba durando demasiado. Aunque, todo hay que decirlo, en los últimos tiempos siquiera tímidamente ya iba apartando de sus órganos rectores a los catalanes de guardia. Algo es algo. Pero claro, los talibanes socialdemócratas siguen sur la brèche, porque eso es como lo de la transustanciación del padre en el hijo, que si se va al carajo hay que cambiar la cabecera. 

Son, en sustancia, señales desde la distancia de que algo nuevo se aproxima. Un cambio de paradigma que diría el cursi. Un acomodo, diría yo, a esa sociedad que ya está a las puertas con un cincuenta por ciento de titulados universitarios. A las milongas en lo sucesivo habrá que ponerlas música de Schönberg en adelante si quieren que resulten creíbles. Para lo cual, claro está, no están preparados los viejos estrategas de las ideologías clásicas. Todo eso es chatarra para el desguace. Ni socialdemocracia, ni liberalismo, sencillamente Erasmus, es decir, la facultad de pensar sin catecismos. Una orfandad de lo más gozosa, ya verán.  

martes, 27 de febrero de 2018

Sobrevalorando

Ayer les decía que a mi juicio lo salvaje, o lo que es lo mismo, la virginidad, están socialmente sobrevalorados. Son modas. O, dicho crudamente, técnicas comerciales. Tu revistes lo que sea con un halo de romanticismo y allí que corren desbocadas las masas a invertir sus ahorros. Supongo que siempre ha sido así y lo seguirá siendo por los siglos de los siglos, porque el frío que hace fuera de las modas solo se puede combatir con ejercicio neuronal, el más extenuante de todos los ejercicios. 

Ahora, ya, lo de la informática, o lo numérico como dicen los franceses en su histérico esfuerzo por diferenciarse en lo banal, queda para los antiguos, ahora, alguien medianamente puesto, sólo se referirá a los big data y su corolario la inteligencia artificial. Que si nos va a dar el puntito con precisión nanométrica, que si lo de la mierda aquella de Stanley Kubrick en "Odisea del espacio:2001", un coñazo de aquí te espero. Todo, en definitiva, para tenernos encandilados con la milonga de que es posible dar algún sentido a la vida sin agonía. Y, de paso, que salgamos corriendo a comprar la última mierda redentora. 

Y estando en esas, voy me entero de que los grandes constructores guitarras se están yendo a la quiebra. Los chavales prefieren hacer música con ordenadores que a los dos meses de empezar ya salen cosas que quedan monas. Pues no sé, la verdad, pero yo prefiero quedarme con lo antiguo. Ver que, al final, después de horas y horas de ensayo, con pesadillas nocturnas incluidas, una partitura te suena, tiene un su aquel para el que el lenguaje no tiene palabras. 

En definitiva, que a mí no me la clavan. Porque no creo que haya la menor diferencia entra las puntas de sílex de nuestros antepasados y los big data de ahora. Simples herramientas que ya se sabe que, por uso descuidado, están en el origen de la mayoría de los accidentes laborales. Así que, no las sobrevaloremos porque, la más sofisticada de todas, al lado de la que tenemos sobre los hombros siempre será una nimiedad... por más que la de sobre los hombros haya que sacarla brillo a diario so pena de que se oxide y ya sólo sirva para adaptarse a las modas. A lo sobrevalorado.  

lunes, 26 de febrero de 2018

El pan de cada día




Ayer fue un día excepcional para bicicletear. Fuimos hasta Becerril por la Nava. Entre campos que empiezan a verdear tímidamente. Sin duda van atrasados, pero si por fin se cumplen de una vez las previsiones esta semana puede ser la de la salvación definitiva. Entonces, será el momento para quedarse astonished, epoustuflado o, sencillamente, asombrado de la belleza del campo civilizado. 

En Becerril había demasiada gente para mi gusto en los alrededores del Centro Cultural San Pedro. Hacían cola para entrar a ver uno de los museos de ciencia más inteligentes de todos los que he visto que son unos cuantos. Nada que ver con el de Londres, por supuesto, que es enciclopédico, pero si, diría, que no hay ninguno tan chévere en lo que hace a la astrofísica. Y es que, claro, con esas cúpulas es muy fácil simular el firmamento. En fin, ya les conté alguna vez sobre el particular. 

En la Behetría había animación y, por tal, se habían acabado los pinchos de tortilla. Ya me dijo el camarero, la culpa la tiene usted por haberles hecho propaganda en las redes sociales. Ya me han pillado. Lo suplimos con unas rabas, croquetas y empanadillas que estaban padre. Con los cafés con leche incluidos no llegó a cinco euros. Un chollo. Al salir al sol de la plaza nos topamos con el relativo gentío que hacía el trayecto de la Misa Mayor al bar. ¡Qué a tiempo nos vamos!, pensé. 

De vuelta ya, subimos a la colina del Cristo de San Felices a sestear un poco. La vista desde allí era impresionante, con toda la cordillera nevada al fondo. Una ecuación perfectamente resuelta. Esa nieve que va a los pantanos y que, luego, cuando las circunstancias lo pidan, regarán toda esta inmensidad que nos da el pan de cada día. ¿Acaso no es todo eso mil veces más bello que la estéril diversidad de lo salvaje? 

Lo salvaje, la virginidad, tan sobrevalorados. 

domingo, 25 de febrero de 2018

¡Genial!

Me parto. "La cocina estará en los planes de estudio", reza el titular. Tampoco es de extrañar después de haber leído que la Junta de Extremadura organiza cursos para aprender a masturbarse como dios manda que, dicho sea de paso, no es tan sencillo como se pudiera pensar a simple vista. 

 Y así corre el mundo, en la creencia de que todo lo de sustancia lo resuelven unos entes que por abstractos no precisan de reconocimiento alguno. ¿Quién hace las autopistas? ¿Quién transplanta corazones? ¿Quién cuadra la contabilidad? ¿Quién etc.? Pues muy sencillo: mis derechos inalienables por la simple coincidencia de haber salido yo por la vulba de mi madre tal día como el de mi nacimiento. 

En eso consiste todo, en aumentar la autoestima por saber bordar el bacalao al pil-pil o, más sofisticado todavía, dar con precisión el puntito a las pajas. Y ya saben de lo que es capaz un ignorante con la autoestima por las nubes. Hasta de ser tertuliano de diez a doce de la noche en la televisión estatal.

Lo dice tanto Isidoro que, a veces, hasta parece cenizo, que aquí vivimos en la creencia de que ya es imposible que de nuevo volvamos a las andadas y acabemos un día a tortas. ¡Sancta Simplicitas! Insistamos en el pil-pil y las pajitas y ya verán lo que se tarda en dar la razón a Isidoro.

Y les traigo a colación esta pesimista reflexión porque un colega de los pentagramas me envía un árticulo no va más de un tal Soto Ivars sobre los viejos. Pura bazofia tipo pil-pil y pajitas, pero como no quiero tensiones que me distraigan de los pentagramas le he contestado que ¡genial! 

sábado, 24 de febrero de 2018

Colmillos


Al releer las memorias que escribí ya va para el cuarto de siglo, en ocasiones, cuando se trata de teorizaciones sobre la realidad circundante, no me queda más remedio que revolverme contra mí mismo por aquella bisoñez de la que hacía gala. Sí, sin duda veinticinco años dan bastante de sí a efectos de evolución a nada que uno se ponga a ello, es decir, a leer los Ensayos de Montaigne o Las Cartas Morales a Lucilio de Séneca o, más simplemente, a ir limando los colmillos hasta que su pequeñez sea tal que ya no te impiden verte con nitidez en todos los espejos que se te ponen delante.

En eso, pienso, consistió la evolución, en verme en los espejos sin desgarrarme por ello. Ya no necesito culpables para todo lo desagradable que me pasa. Sólo soy yo con mis limitaciones frente al mundo. Por así decirlo, ya me gané el derecho a reírme de mí mismo. Porque soy de traca.

Y en esas estamos, tratando de limar ahora las propias limitaciones, si es que ello es posible, por ver si así no tiramos por la borda lo que queda. ¡Ardua tarea! Condenada vida que no permite un respiro. 

viernes, 23 de febrero de 2018

Taigeto

Como dijo Noséquién Nosécuándo, la indignación es el mecanismo que reviste de respetabilidad a los idiotas. Por si tenía alguna duda al respecto sólo necesité ver ayer fotos de esos jubilados que se manifestaban ante el Congreso para disiparlas. Claro que también me podría poner pedante y citar aquello de Nietzche de que opinión es sinónimo de situación. O ya puestos, el vulgar dicho de que cada uno cuenta la feria según le va en ella. 

Evidentemente, lo de las pensiones es un conundrum, que diría el inglés. Se mire como se mire nunca va a tener solución al gusto de todos. Una especie de aporía en términos lógicos. La manta si la estiras tapa menos. Ni nadie preveía que íbamos a vivir tanto, ni menos que las máquinas nos iban a sustituir hasta para rascarnos el culo. Pero así y todo, en lo personal, no tengo la menor duda de que el asunto está en manos competentes. Otra cosa es que los socialistas, por estar en estos momentos en fase de poco tirar de la teta del Estado, se dediquen a azuzar a los idiotas para que exhiban indignación y, así, supuestamente desgastar a los que están ahora en el machito. Como decía el otro, todo sirve para el convento y azuzar a los idiotas es lo más parecido a llevar una puta al hombro. 

De todas formas, y aunque todos tengamos algo de ello, de verdaderos idiotas hay un porcentaje limitado. La inmensa mayoría de los jubilados que yo conozco están a lo suyo, cultivando sus particulares jardines, ayudando cuando se les demanda y procurando en lo posible pasar desapercibidos. Al fin y al cabo, la vejez, como en la infancia pero por diferentes y justificados motivos, es la edad del presente. Porque a quoi bon preocuparse por lo que, por definición, ya no se puede tener. 

No sé, ya digo, pero cualquier cosa menos indignarse por lo que sólo los dioses tienen la culpa. Por contra, si vienen mal dadas, pues hacer de tripas corazón y ponerse a tocar la guitarra en una esquina. O a vender los pepinos del huerto. O a cobrar a los hijos por los servicios prestados. O... lo que sea que no sea llorar. Antes te subes al Taigeto.   

jueves, 22 de febrero de 2018

Angelotes de Murillo

Cuando era jovencito y turisteaba algo no tardé en caer en la cuenta del camelo del invento. Llegabas a una ciudad cualquiera de medio pelo, aparcabas a placer y no tardabas en divisar un edificio moderno y llamativo en lugar destacado que era el museo de arte contemporáneo. Como, entre que no sabías como matarla hasta la hora de comer y que todavía creías algo en la cosa de la cultura, pues te metías allí y te dabas una vuelta por las salas saturadas de cuadros. Indefectiblemente había una, por donde polulaban los escasos visitantes, que estaba dedicada a Picasso. Ibas a otra ciudad y lo mismo, más Picasso. Y otra y otra y otra. ¡Leches, qué tío, los hacía como churros! 

Así que ya a muy temprana edad me la empezó a refanfiflar todo esta mitomanía camuflada tras la máscara del refinamiento cultural. Lo primero, que uno no entiende ni papa del asunto, lo cual que si hubiese algo detrás de lo que estás viendo te quedarías a uvas. Lo segundo, que ya por nacimiento sabía que el buen paño en arca se vende. Así que, algo que tanto abunda, por definición, no puede ser refinado. 

La gente dice, y seguramente tiene razón, que lo del arte es una cuestión de sensibilidad. Vas allí, lo ves, y tienes una hemorragia de satisfacción. Desde luego que qué suerte. Lo que pasa es que a ver en donde pones el listón de lo que empiezas a considerar arte. Será que quizá más que placer estético lo que te da la pista es la inquietud del descubrir una nueva realidad. Una buena artesanía te puede proporcionar lo primero, pero lo segundo no está al alcance de cualquier mindundi. Hay que saber para inquietarse. 

Ya lo decía el gran Alberto Pico, que los angelotes de Murillo, esa maravilla, donde mejor están es decorando la tapa de las latas de dulce de membrillo. En eso es a lo que viene a dar lo manido. Sin embargo, los sonetos metafísicos de Quevedo, de la misma época más o menos que los angelotes de Murillo, ahí siguen con todo su vigor inquietante. Coges, agarras y te pones a leerlos, y empiezas a reconocerte en matices en los que nunca te habías reconocido. Y a los dos o tres años repites la operación y vuelves a encontrarles una nueva veta. Supongo que es porque eso es arte. 

El caso es que todo esto viene a cuento de ese revuelo que hay armado porque han mandado retirar unas fotografías pixeladas de unos supuestos presos políticos de una feria de arte. Para empezar no sé si lo de feria de arte no suena un poco oximorónico. Pero bueno, da igual. El caso es que lo han retirado e inmediatamente ha ido un magnate catalán y lo ha comprado por noventa y tantos mil euros. ¡Que ya es pasta! Y me pregunto: ¿es eso arte? ¿O burda provocación? ¿O la guerra por otros medios? ¿O simple y llanamente una forma tortuosa de mantener entretenida a la chusma? En fin, doctores tiene la santa secta de los exquisitos que lo tienen todo claro. 

miércoles, 21 de febrero de 2018

Pecios

1º.- Al respecto de eso que se ha dado en llamar guerra de géneros, supongo que los putos socialistas y sus adláteres tendrán mucho tajo si se toman la molestia de irse a Arabia Saudí y países adyacentes, pero lo que es aquí más bien poco. Porque aquí, al menos en mi entorno, que es la mayoría de la gente, las cosas están bastante equilibradas desde hace ya dos generaciones o más. Y el que diga lo contrario miente como un bellaco. 

2º.- En lo que hace a la más que apestosa superioridad moral de los animalistas sólo habría que darse una vuelta por la biografía de Hitler para ver qué es lo que realmente se esconde tras semejantes alardes. Cuando uno es un mierda no sueña en otra cosa que en convertir la lealtad en sumisión. Un delirio en definitiva propio de quienes equiparan, e incluso ponen por encima, a las mascotas con las personas. Y así fue que pasó lo que pasó. 

3º.- Ahora que para peste lo de LGTB - las cuatro provincias catalanas que no cesan de dar por el culo-. Y es que como dijo con total acierto una actriz francesa, una tal Cate Blanchett, a quién que no sea un perfecto imbécil le puede interesar cuál es mi orientación sexual. Y ahí tienen a todas esas mariconas y bolleras yendo por la calle sin parar de dar pistas a diestro y siniestro en plan provocativo. Y luego, claro, pasa que a algún guerrillero de Cristo Rey se le va la mano y ya tienes ahí a todos los socialistas que no ganan para coser todas las vestiduras que rasgan.

4º.- Esa manía, en fin, de dar pistas al enemigo. Las moritas de Jaén, Aisa, Fátima y Mariel. ¡Qué ingenuidad! O incultura, que no sé. Siempre significándose por lo que te fue dado y nunca por lo que tú conseguiste. La famosa identidad, regalo de los dioses. Y luego a cabrearse cuando te juzgan con el tópico por las meras apariencias. ¡Qué necesidad tenías!  

5º.- Pues anda que lo de los cocineros, que quieren tener derechos de autor. Claro, desde que la Unesco declaró Patrimonio Intangible de la Humanidad a las "raciones y cazuelitas", los tipos se sienten muy crecidos. En fin, a este paso, hasta los pedos van a tener denominación de origen. 

6º.- Por lo demás, uno alucina con lo preparada que está la gente. La que va por ahí pasando desapercibida. Esta mañana conocí a uno y todavía no he salido de mi asombro. En fin, ya les contaré. 

martes, 20 de febrero de 2018

Diversidades varias

 A veces, al echar el vistazo mañanero a los periódicos digitales, uno se topa con un artículo que le alegra el día. Es lo que me ha pasado hoy con uno de Arcadi Espada sobre las lenguas que viene en El Mundo. En realidad trata de un asunto supermanido y no aporta cosa nueva de interés, pero es como con las enfermedades crónicas, que si no estás siempre sobre ellas ganan terreno y acaban por matarte.  

El apestoso asunto de las lenguas que ya va siendo hora de que entre todos pongamos en su sitio. Y es que por lo mismo que las lenguas sirven para lo más grande que tenemos como especie los humanos que es, primero desentrañar las leyes que rigen el comportamiento de la naturaleza y segundo poder comunicar ese sofisticado conocimiento los unos a los otros, también, esas lenguas, diversas por una maldición de los dioses, son utilizadas por la peor gentuza del mundo para levantar barreras infranqueables que a la postre sólo se pueden salvar a sangre y fuego. 

Efectivamente, hay que gritar a los cuatro vientos que no se deriva la menor ventaja de esa tan interesadamente alabada diversidad lingüística. Sólo inconvenientes que vamos tratando de salvar con el esfuerzo intelectual de los mejores. Unir dos idiomas por medio de un diccionario es como unir dos riveras por medio de un puente. La gente, así, salta sin dificultad de un lado al otro y comercia, se mezcla y, con el paso del tiempo, crean una lengua común. Y cada uno seguirá siendo de su padre y de su madre, pero tendrán un instrumento para dirimir sus diferencias.

Así que ya saben, en esas tenemos que estar, en guerra permanente con la peor gentuza del mundo que, por lo que nos toca, no son otros que los nacionalistas vascos y catalanes. Ellos, acompañados en su maléfico viaje por los socialdemócratas de El País, han tratado de convencernos que las lenguas vernáculas son una riqueza porque crean diversidad. Lo que nunca nos han explicado es en qué consiste esa diversidad más allá de pegar tiros en la nuca los unos, robar a manos llenas los otros y extorsionar con maestría ambos dos. 

Sí, la milonga de la diversidad. Como si no tuviésemos bastante de ella ya con lo que nos diferencia de los vecinos de escalera. Nueve mil millones de individuos, nueve mil millones de diversidades varias, eso es lo que hay.  

lunes, 19 de febrero de 2018

Turbación de placer


Nos íbamos acercando al pueblo después de una larga caminata por los cerros circundantes. Y ya hacía rato que se escuchaban de forma intermitente unos ladridos rabiosos. A la vuelta de la curva que descubre el caserío pude ver la causa de la algarabía. Había en una era vallada una perrita blanca en celo que mostraba sus preferencias por un perro negro tres veces mayor que ella frente a otro del mismo tamaño, de lanas y de color marrónamarillento. Así, cada vez que el negro iniciaba la operación de montaje el de lanas se ponía frenético a ladrar y en actitud de atacar. Obviamente hacía parar a los otros y entonces la perrita se ponía a resguardo detrás del negro cada vez que el de lanas intentaba husmearle el ojete. Como quizá hacía ya más de sesenta años que no veía cosa semejante, me puse a observar con la curiosidad infantil de cuando entonces por ver en qué terminaba el asunto. A los diez minutos ya me había cansado de mirar y seguí camino llevando la impresión de que aquello iba a terminar en match nulo. A estas alturas la dichosa biología ya le guarda pocas sorpresas a uno. 

La dichosa biología que tanto odian los amantes de la ingeniería social. Ellos quieren domesticarla, pero la otra no se deja. En llegando la hora de la verdad, que no es otra que la ocasión afianzadora del fornicio, todas las superestructuras mentales levantadas en Harvard o Oxford se desmoronan. Dice Calixto a Melibea:

"¡Oh angélica imagen; o preciosa perla ante quien el mundo es feo; o mi señora y mi gloria! Mora en mi persona tanta turbación de placer, que me hace no sentir todo el gozo que poseo!"

O sea, la turbación de placer hace perder el sentido. En eso estriba todo. Calixto, sin duda, se está viendo feo en el estanque y, en tal tesitura, no le queda más remedio que armar un estropicio morrocotudo si es preciso por tal de maquillarse. Porque podía haber ido a casa de Celestina a acostarse con Areusa por dos perras. Pero la cosa sexual en este caso es lo de menos. Lo demás es el prestigio que el desgraciado supone que le va a dar la posesión de lo más prohibido del mercado.  

Y la vida sigue y la espuma de los días cambia, pero lo que hay por debajo permanece incólume. Y por eso es que fracasen siempre las utopías, porque no incluyen en la ecuación que la perrita blanca prefiere al negro y el lanudo no lo soporta so pena de sucumbir. 

domingo, 18 de febrero de 2018

Estudios Simples

Andaba por el tránsito entre la treintena y la cuarentena y acompañaba aquel día a mi padre en su cotidiano paseo por Rosales. No era hombre de muchas palabras y por eso quizá fuera que cuando te decía algo se te quedase indeleble en la memoria. Ahora, me dijo, estás en lo mejor de la vida; todavía conservas el vigor físico y ya tienes cierta cantidad de experiencia. O sea, pensé, vigor físico y experiencia, el cóctel maravilloso. Claro, que visto ahora con la perspectiva de los años...

El caso es que por aquel entonces llevaba una vida bastante trepidante. Líos de todo tipo que iban dejando su poso. Y en llegando el cenit del verano allí que me iba con la peña a San Sebastián con motivo de un célebre festival de jazz que allí tenía lugar. Nos instalábamos en el Hotel Arana y recorríamos la zona a la caza, ya fuese del cogote, ya fueran las cocochas de la merluza. Y por la noche al concierto. El disfrute si de algo se pudiera calificar sería de homérico. 

Fue por entonces cuando decidí que quería saber cual es el misterio que se esconde detrás de la magia de la música. Algo tan elemental como una sucesión de sonidos que tiene el poder de hechizar a las masas. Desde luego que si algo se ponía de manifiesto en aquellas veladas eleusinas era el casi sobrenatural poder de quienes ostentaban el secreto de tales sucesiones. Porque, a la postre, lo que me acababa sintiendo era manipulado. 

En resumidas cuentas, que hice la del bolero: si tu me dices ven lo dejo todo. Y me puse a estudiar música en detrimento de otras responsabilidades más canónicas. Y en ello sigo. Y ahora, al margen de mis limitaciones interpretatitivas sí que puedo decir que sé de qué va el asunto. E incluso, me atrevería a presumir de saber cuando escucho una pieza la cantidad de enjundia que tiene y, también, la calidad con la que está siendo interpretada. Así, sin miedo a parecer pedante, puedo anteponer mis preferencias por los Estudios Simples de Leo Brouwer a las muy sobadas y hasta empalagosas canciones de los Beatles. Cuestión todo de evolución filogenética. ¡Y qué le vamos a hacer!

sábado, 17 de febrero de 2018

Clima

 Leía el otro día que estando una turista comprando algo en una tienda de Córdoba se puso a hablar con el dueño y éste la preguntó de dónde venía. Soy catalana, dijo ella. ¡Ah, Cataluña!, exclamó él, está bien aquella tierra, pero le falta clima. 

Nunca he escuchado un diagnóstico más preciso para explicar la matraca. Yo ya les había adelantado algo de esto con mi particular matraca sobre el asunto, pero nunca hubiese caído en esa definición magistral. Y es que todo viene de ahí, de la falta de clima. El clima que etimológicamente viene de inclinación. La del sol para ser exactos. 

Si le falta inclinación el sol te da de lleno y te torra la cabeza. Y empiezas a creerte lo que no eres y creas mal ambiente. El ambiente, otra de las acepciones de clima y quizá la más adecuada para entender la cuestión que nos ocupa. 

El mal ambiente por no saber protegerse de los excesos del sol. Nada de patios. Nada de Séneca. Nada de finos y palmas. Sólo el dichoso anem per feina, caiga la que esté cayendo. Y así no hay quién al que no se le avinagre la vida. 

Y esa es la cuestión, el avinagramiento que sólo puede encontrar consuelo en la maldad. Lo decía, con precisión andaluza también, Susana Díaz, que lo único que busca Puigdemont es hacer daño a España. Podía matar a su mujer, que también es típico de los avinagrados, o ir a una escuela a disparar, pero da la casualidad de que de pequeño le regalaron un enemigo de postín y ya nunca necesitó ninguno más. 

En fin, el clima. O el ambiente. Eso sí que es cultura. Yo para empezar haría obligatorio para todos los alumnos catalanes un par de años en escuelas y familias de cualquier otra región de España. Que aprendiesen que no todo en esta vida tiene por qué ser hacer panes de las piedras. Que hay piedras que están muy bien como están y además dan sombra y de la fresca. Buen clima en definitiva.  

viernes, 16 de febrero de 2018

Armas

La superioridad moral da mucho de sí a los humoristas gráficos. Hoy lo bordan los dos que colaboran con El Mundo a propósito de la matanza de ayer en un colegio de EEUU. Me imagino que El Roto en El País no les habrá ido a la zaga, porque es oro molido al respecto. Bueno, ya saben que aquí en España, excepción hecha de los fachas, todo el mundo está de acuerdo que la Asociación Nacional del Rifle, que en su día presidiera Charlton Heston, en realidad es una asociación de fachas. O sea, con el estigma a cuestas y sanseacabó. 

Es verdad que los estadounidenses tienen libre acceso a las armas y eso tiene sus inconvenientes como de vez en cuando comprobamos. Entonces, en caliente, se levantan voces y los más puros, pongamos que socialistas, se rasgan las vestiduras. Pero, por Dios, dicen, cómo pueden estar tan ciegos, si es algo elemental, se prohíbe la venta libre de armas y se acaban las masacres. Pero, nada, ellos ere que erre, que sin sus armas sería como ir desnudos por la calle. Claro, las tradiciones. 

Lo que pasa es que los gringos son gente de behetría. Como los castellanos al norte del Duero. Ellos llegaron a un territorio despoblado y se instalaron. Pronto cayeron en la cuenta de que despoblado no quería decir seguro, así que  tuvieron que aprender a defenderse por sí mismos. Como en Castilla en la Edad Media, en llegando el buen tiempo, llegaban también las razzias. Los apaches, los navajos, los cheyenes. Eran bastantes y, sobre todo, como eran cazadores recolectores no entendían que las cosas pudiesen tener dueño. Así que las armas se hicieron indispensables para proteger vidas y haciendas. Luego, cuando el Estado empezó a abarcar territorio y procurar seguridad lo lógico parece que hubiera sido prescindir de las armas, pero la gente ya se había acostumbrado a ellas y, por otra parte, quizá pensaron que conservándolas quitaban de la cabeza de Papa Estado cualquier veleidad autoritaria. 

Yo de armas no tengo ni idea. Nunca pegué un tiro. Pero me doy cuenta de que en EEUU llevan doscientos cincuenta años de constitución democrática y cuando los estados del sur se la quisieron saltar les dieron para el pelo. La gente armada en cualquier caso impone respeto. Y a un pueblo armado, bien lo saben los suizos, nadie le invade.

Y que conste que no es que me esté decantando a favor de las armas. No, sólo quería hacer un poco el sofista con la intención de resaltar la indigencia intelectual de esos humoristas gráficos que les decía al principio. Las costumbres arraigadas por siglos de necesidad no se pueden despachar tirando de catecismo. Y por otra parte, leches, que son trescientos y pico millones de habitantes, coges, agarras, calculas probabilidades y compruebas que hagas lo hagas no vas a poder reducir mucho más la cuota de desgracias. Y si no se lo creen, confronten estadísticas con países en donde están prohibidas las armas. Y no les voy a pedir que empiecen por Venezuela. 

jueves, 15 de febrero de 2018

Plenitud

Tengo estos días un profe de guitarra mexicano cuya dicción recuerda una barbaridad nada más ni nada menos que a la de Octavio Paz. Pero es que, además, está formado en el Berklee College of Music de Boston, lo cual, para un músico, viene a ser como el MIT para un ingeniero. En definitiva, que nunca daremos suficientes gracias a los dioses por regalarnos esta contemporaneidad que nos permite a los pringaos acceder a las sublimes delicias de, como quien dice, el Olimpo. Porque, que nadie se engañe al respecto, la única sensación de plenitud olímpica posible cuando ya estás medianamente constituido como individuo es en esos momentos en los que tomas conciencia de algo nuevo y sofisticado por medio, siempre, del esfuerzo intelectual. Aprender, en definitiva, lo único que daría sentido a la vida en caso de que lo tuviese. De ahí que un buen profesor sea lo más aproximado que conocemos a la idea que tenemos formada de los dioses. 

Aprender, me digo, quizá sea tan placentero porque es la aportación más definitiva que podemos hacer a nuestra gran, y quizá única, tarea que es la perpetuación de la especie. Más, si cabe, que el copular, desde luego, que, por sí solo, sin ciencia que lo regule, es el arma más letal que conocemos a efectos de extinción. 

Así es que sea lo que sea, el caso es que lo hagamos con cierto esfuerzo porque, de lo contrario, difícilmente tomaremos conciencia de lo aprendido. Y es que es esa conciencia la que cierra el círculo y desata la producción de serotonina que es la droga asociada a la plenitud.  

miércoles, 14 de febrero de 2018

Ratio et prudentia

Recuerdo que una vez vi una película en la que las masas ingentes de población vivían hacinadas en barrios zarrapastrosos, se alimentaban con píldoras que se fabricaban en parte con las proteínas que se extraían de los cadáveres todavía calentitos de la gente vieja que acudía a morir voluntariamente mientras escuchaba la Pastoral de Beethoven, o por el estilo, y contemplaba en una pantalla gigante paisajes fastuosos de montañas nevadas. Bueno, no es que aquello fuese para tirar cohetes, pero la realidad es que impactaba, prueba de lo cual es que, ahora, cada vez que enciendo el ordenador o el móvil lo primero que aparece es uno de esos paisajes de los que supuestamente se espera que te quiten el hipo y que por contra lo que hacen es traerme al recuerdo aquella dichosa película y con ello mi ya próximo final. Algo así como si ya me estuviesen empujando. Por cierto que en el ordenador tienen la deferencia de preguntar de vez en cuando si te gusta lo que estás viendo y yo indefectiblemente contesto que no. Entonces, lo cambian por otro que es exactamente más de lo mismo. No sé qué esperan conseguir. 

Aunque, para ser exactos, sí que lo sé: quieren hacernos la vida agradable dando la impresión de que es a cambio de nada. Algo así como la cuadratura del círculo. O sea, trampa saducea. Porque detrás de eso lo que en realidad hay es propaganda de la industria turística. Sitios a los que cualquiera que no esté enfermo querría ir. Y de hecho, van. Aunque en la foto nunca salen, y no por nada, sino porque se ha corrido la especie de que la presencia humana lo afea todo. Son las típicas contradicciones que, luego, las mentes simples resuelven pensándose viajero, o sea, yo solo ante la inmensidad, frente a la chusma turística que va en masa y deja tras sí un reguero de kleenexs con los que se secaron el chipichí. 

En fin, como si para ver cosas bonitas se necesitase ir al quinto coño. He vivido en mil sitios y todos te daban la oportunidad de pasear por sitios maravillosos a menos de una hora de casa. El domingo sin ir más lejos, fuimos a Dueñas, a un cuarto de hora en coche, y anduvimos por sus alrededores, campos cultivados y bosque de encinas y robles albares, e incluso nos perdimos un poco y nos pusimos nerviosos porque el sol ya declinaba. O sea, con su emoción y tal. 

En resumidas cuentas, si tan apegados están al buen gusto, me pregunto por qué en vez de esa vulgaridad de montañas nevadas, que ya apestan, no nos sorprenden con, por poner un ejemplo, la belleza prístina de la fórmula de la Identidad de Euler. Al fin y cabo, como dijo Nomeacuerdoquién: Ratio et prudentia curas, non locus effusi late maris arbitrer, aufer. (Es razón y sabiduría lo que disipa nuestras penas y no los lugares desde los que se divisa la extensión de los mares.)

martes, 13 de febrero de 2018

Cacareo

La primera noticia del El País Digital de hoy reza tal que así: "Las mujeres hacen el doble de trabajo gratis que los hombres". ¡Ya está! Es lo bueno de los imbéciles en general que no es sólo que tengan método para medirlo todo sino, también, para, con dicho método, obtener los resultados que mejor se acomodan a sus expectativas. Así, otra vez más, demuestran palmariamente que los hombres somos impresentables, que es de lo que se trata. 

Total que, ayer, después de una travesía gloriosa por La Nava, me hallaba yo zampando un pincho de tortilla en La Behetría de Becerril con la mejor disposición de ánimo. Lo estaba encontrando delicioso y a la vez intentaba redondear la jugada con la lectura de un artículo sobre la utilización de la energía solar para mejorar los rendimientos de la agricultura. Pero no me podía concentrar porque desde la televisión me llegaba el cacareo de unas gallinas que no paraban de poner huevos. Estaban con lo de "metoo" y curiosamente no había entre ellas ningún gallo para darles algo de contrapunto... lo que hubiese, pienso, estado bien, porque ¿qué es un corral sin gallo? El caso es que todas hablaban a la vez, y lo que suele pasar cuando tal sucede, que los decibelios se suben a la estratosfera y nadie se entera de nada. Bueno, algún cliente hizo chistes sobre el particular, pero sin perder la circunspección. Ya se sabe cómo es la gente del campo.  

Me hacía gracia todo aquello y no podía dejar de pensar en la insalvable brecha existente entre aquellas ponedoras y mi querida Cayetana de la que recién acababa de leer la entrevista que le había hecho a un psicólogo clínico canadiense llamado Peterson. ¡Vaya por Dios! Una vez más las reivindicaciones sarampionosas se topan con la realidad. Resulta que existe una cosa que se llama biología y nosotras sin enterarnos. Y para más inri nos impulsa en nuestro desnorte esa cosa que se dice "la izquierda" y que según Peterson no es más que gente que lleva treinta o cuarenta años de retraso en sus concepciones ideológicas. 

Así que acabé mi pincho, mi café con leche, y salí a la plaza bañada por un sol huidizo. Estaba desierta. Me senté en un banco para sacarme las piedrecillas que se me habían metido en los zapatos durante el tramo que había hecho por un camino agrícola. Hecho lo cual escruté la dirección del viento para elegir el camino  más adecuado para la retirada. Vine bordeando las colinas sobre las que se asienta El Cristo de San Felices. Como Perséfone ya ha comenzado a escapar del Hades la belleza tornasolada del paisaje es epoustuflante. Si los dioses no se vuelven a equivocar este año tendremos una buena cosecha. Y pensaba mientras pedaleaba en que, como decía Juanito Gener, una cosa es una cosa y otra cosa es otra cosa. Y así, una cosa es todas esas gallinas que pasan la mañana cacareando en un plató de la televisión pública y otra cosa es Cayetana con su doctorado en Oxford. Y una cosa es toda esa idea del atraso rural y otra es la realidad de un campo gestionado en su inmensa mayoría por titulados superiores. Sí, desde luego, no está mal este país, ni ni siquiera el mundo, si sabe mirar en la dirección adecuada. 

En fin, seguro que cuando El País Digital denuncia la gran cantidad de trabajo gratis de las mujeres se está refiriendo a ese cacareo mañanero ya sea en un plató de televisión, ya en la cola del pescado. Y que Dios me perdone.  

lunes, 12 de febrero de 2018

La brecha

Hablar o escribir sobre brechas da mucho de sí porque tiene asegurada la aquiescencia de, al menos, toda la resentida parte que queda del lado desfavorecido. Brecha salarial, brecha de género, brecha de la polla bendita por resumir. Pero de la que nadie suele decir ni mu, supongo que por las susceptibilidades en alto, es sobre la brecha de conocimiento, la única que a mi juicio tiene relevancia por aquello de ser la madre de todas las demás. 

Leo hoy en no sé dónde que en la población española nacida entre 1980 y 2000 hay más de un 50% de titulados universitarios. Y desde luego que se hace sentir porque vas por ahí y a poco que observes no paras de fliplar al ver en lo que se ha convertido este país. Aquí, en esta atrasada Palencia, sales a pasear y tienes la impresión de que más de la mitad del espacio está ocupado por escuelas, institutos, facultades y demás. A buen seguro que la enseñanza, privada y pública, es el mayor empleador de la ciudad. Así que sigue la racha y a poco que nos descuidemos los nacidos entre 2000 y 2020 pasarán del más de 50% al más de 60, e incluso 70, % de universitarios. 

Y en eso estriba la grieta, en que por mucho que se avance siempre quedará ese 30% que no es que se quede ignorantillo en matemáticas, no, es algo mucho peor, son las carencias estructurales que le dejan el no haberse podido someter al rodillo disciplinario que supone pasar cientos de pruebas evaluativas. Es toda esa gente que ves por ahí y no sabes si lo que necesitan es un cotolengo o un campo de trabajos forzados. Porque desde luego que se hacen notar con sus molestas extravagancias. 

Así que ya saben, brecha lo que se dice brecha es la que produce el haber pasado o no por el rodillo. Luego, lo de ganar más o menos me parece bastante irrelevante. Por no hablar de lo del género que eso ya va quedando en folklore para resentidos. Así, escuchamos con frecuencia el rasgar de vestiduras por las diferencias salariales entre los cuadros directivos y los obreros. ¿Y qué? Las necesidades básicas son las mismas para los dos y en ambos casos están cubiertas de sobra. Que el uno pueda ir a comer al Bulli y el otro sólo a Casa Manolo nada dice a efectos de buena vida. Es más, el tener que andar mirándolo es el mejor antídoto contra el horterismo del que, por cierto, no vacuna al cien por cien el rodillo. 

En fin, lo dicho, fijense en su alrededor y verán que no está la cosa para tanto quejarse sino para todo lo contrario. Y luego, brechas, desde luego que las hay y siempre las habrá. Pero miren para atrás y comparen. Las de hoy día, digamos que se tapan con un poco de aguaplast.  

domingo, 11 de febrero de 2018

Ropa vieja

Comprendo que muchas veces es prácticamente imposible llegar a dar ni por aproximación con el porqué de que pasen ciertas cosas. Y no hay que ir muy lejos, sólo hay que sincerarse con uno mismo y rápidamente darás con unas cuantas costumbres o manías que por más que te empeñes en justificar no acabarás nunca de tenerlas todas contigo de que no se deban a cierta patología mental que no controlas. A mi me pasa entre otras muchas con los perros por los que cada día que pasa tengo más aversión. Así, cada vez que salgo de casa me llevo un berrinche viendo como están todas las columnas de los soportales llenas de inmundicia. Y me digo que soy estúpido por no pasar de ello, pero no puedo. Ya ven, lo limitado que estoy. 

Y esa es la cuestión, lo limitados que somos los humanos. Así, servidor, que aunque nunca paró mucho en ningún sitio sí el tiempo necesario para darse cuenta de ciertas cosas bastante deletéreas a las que no me fue posible encontrar más justificación que la de delirio colectivo. En el País Vasco me sobró un año de residencia para desmontar la simpatía que le tenía. Sólo con observar cómo se lanzaban las masas a la hora del aperitivo sobre unos pinchos que llamaban de ropa vieja ya me di cuenta de que allí la gente era peligrosa a causa de deficiencias estructurales. Ese mal rollo con la comida es cuando menos repugnante. O quizá, mejor, animalesco. Como de escasa evolución filogenética, para ser más exactos. 

Luego, en Cataluña también noté cosas muy raras, aunque me costó más reconocerlas quizá a causa de vivir allí en una gran metrópolis donde todo se diluye. Me costó entender de que iba aquella milonga del som y serem. Esa necesidad constante de ser reconocido. De hacer una y publicitar cien. No sé, quizá una especie de complejo de inferioridad de origen telúrico. Algo, en cualquier caso que se nota que amarga la vida de aquella pobre gente que no puede vivir sin estar en un estado perpetuo de comparación con los otros.

Bueno, estuve, y estoy, en otros sitios y podría contar una y mil cosas curiosas, pero siempre intrascendentes por su carácter meramente folklórico y chisgaravís, al estilo, para que me entiendan de lo que representa Revilluca en Cantabria, de soltera Provincia de Santander. Pero lo de esas dos regiones que les he comentado no es de preocupar sino de lo siguiente. De tomárselo muy en serio y pedir ayuda a las mentes más esclarecidas del mundo mundial para que nos ayuden a dilucidar de dónde les viene a esa pobre gente ese odio visceral a ese totum revolutum que ellos hacen con Madrid, España, el Partido Popular, Franco, la conquista de América, la tauromaquia y yo qué sé qué más que se les pueda ocurrir. 

Sí, es una patología rabiosa que ya pasa de castaño oscuro. Y ya tenemos comprobado de sobra que no se alivia con cataplasmas. Sin duda necesita algo más fuerte. Como electrosocs o cosa por el estilo. En cualquier caso, como dijo el clásico, en los principios si a un mal, aunque sea leve, se descuida, fuerzas del abandono va cobrando, que el remedio después después inutilizan. Así que no hay tiempo que perder.

Por cierto que he leído que el periódico La Vanguardia, alimentador del dragón donde les hubiese durante todos estos años, ha decido contratar toda una batería de opinadores del otro lado de la barrera de odio. No sé, pero quizá sea un indicio esperanzador de que la locura empieza a revertir. 

sábado, 10 de febrero de 2018

Interconexión.

La famosa interconexión es total. Ya no tienes que esperar a que el viajero vuelva para ver las foto que hizo. Ahora las puedes ver como quien dice recién sacadas del horno. Me las envía Marga esta mañana desde Delhi y yo me regocijo viéndola tan risueña. Pero es que lo del móvil es ya por demás. Llevas de todo contigo como quien dice. Lo mismo un altímetro o una brújula que un afinador para la guitarra, un espejo, una linterna, un monedero, una enciclopedia y, last but not lest, todas las radios del mundo. 

Así es que muchos ratos muertos procuro resucitarlos un poco poniendo una radio inglesa. Y no por lo que me vaya a interesar lo que esté contando que, eso, ya sé que va a a ser más o menos más de lo mismo. No, lo único que me interesa es escuchar el idioma para no perder lo poco que me va quedando de él. Poco, desde luego, pero más que suficiente para enterarme de por dónde van los tiros. Y es que ríanse ustedes de la dichosa matraca catalana que hemos venido padeciendo aquí estos últimos tiempos. Tortas y pan pintado por comparación con la que les está cayendo a los británicos con la coña esa del brexit. Al ritmo que van, supongo que pronto empezarán los suicidios en masa. Porque nada que ver con la adolescente crisis catalana que resuelve de dos plumazos papá España. No, ésta es crisis de adulto que la tiene que resolver por sí mismo, una de dos, o lanzándose al abismo a ver qué pasa o envainándosela y volviendo al redil con el rabo entre las piernas.

Y así es, según me parece, que con todo el fair play a la británica que quieran, lo que tenemos sobre el tapete es una auténtica guerra civil del tipo carlistas y liberales que es como son todas las guerras civiles que en el mundo han sido y serán. Cerrarse o abrirse al mundo o, lo que es lo mismo, sentirse o no sentirse amenazado. Siempre es igual, una persona o una comunidad, se duerme un tiempo en los laureles, pierde fuelle y le entra la paranoia. Y a encerrarse en sí mismo como mejor defensa. La locura que todo lo distorsiona. 

En fin, a mí todo esto me interesa porque tengo a toda la descendencia viviendo allí. Y de momento no parece que les esté afectando, pero uno en estos casos siempre tiene la mosca detrás de la oreja. Por lo demás, ya digo, es lo del idioma: me apuntala la autoestima, lo que no es poco, comprobar que mal que bien lo entiendo casi todo. 

Lo que uno sabe, eso es uno. ¡Y qué le vamos a hacer! 

viernes, 9 de febrero de 2018

Fecha de caducidad

Reza un proverbio de nuestro siglo de oro que "en ocasiones los sabios se tienen que equivocar para que los necios no revienten". También había otro de mucho predicamento que ironizaba: "dejadles que tengan razón, respondió a sus gritos, ya que no pueden tener otra cosa". Y otro para terminar: "no paraban entre ellos de armarse zancadillas, cayendo todos con más daño que escarmiento". 

No es por dármelas, pero podría estar citando de tal guisa un buen rato antes de agotar mis fuentes. Y es que la adicción que tuve cuando infante a la pesca fluvial pasó a ser luego, en la juventud tardía, a las sustancias alucinógenas para convertirse, después, en los comienzos de la madurez en pasión enfermiza por la lectura de nuestros clásicos. 

Y es de esa pasión que tuve que me queda este bagaje  que me permite resumir en una sentencia cualquier situación por mucho ruido que esté haciendo. Y ya saben, resumir es entender y entender, desdramatizar. Y por eso es uno capaz de mirar ya el mundo, mas que nada, como una comedia casi siempre mala. Porque, por lo general, lo que suena y resuena, LGBT, el metoo, el animalismo, el resentimiento identitario, etc, no es más que alboroto de necios que no revientan porque tienen el permiso de los sabios para seguir adelante con sus fantasías con fecha de caducidad. 

Esa es la cuestión insoslayable, que las fantasías como todas las mamarrachadas tienen fecha de caducidad, que es justo en el momento en el que los sabios se aperciben de que será menor el coste de que los necios revienten que el de seguir manteniendo la farsa. Hoy, por ejemplo, me entero de que en cierta isla del Caribe han decidido abolir el matrimonio entre homosexuales. ¡Pues, claro, hombre, si es una completa mamarrachada que no viene a ningún cuento! Ya el propio matrimonio entre personas heterosexuales va quedando en anacronismo, pero, en fin, se le puede dar una cierta justificación por lo de salvaguardar los intereses de la prole... aunque es muy discutible que eso no se pueda conseguir igual sin el dichoso papeleo. Pero, los homosexuales, ya me dirás tú qué pintan en todo esto si no es hacer la maricona por un día. 

Y así todo, porque mientras tire más pelo de coño que soga marinera, ni los hombres en general se van a reprimir ni las mujeres se van a dejar de aprovechar de esa debilidad masculina. O es que vamos a tener que dejar de creer en la berrea. O en la rueda del pavo. Y todas esas mandangas del animalismo, que se lo digan a los cubanos, que a los seis meses de haber caído el muro de Berlín, y con ello la ayuda soviética a la isla, ya no quedaba en La Habana ni perro, ni gato, ni, ni siquiera los gallos sagrados de sus religiones ancestrales. Todo se lo habían comido. 

En fin, lo dicho, que como todo tiene fecha de caducidad no merece la pena alarmarse por nada. Porque es que, además, los sabios siempre vigilan para dar el toque en el momento oportuno. No lo duden.

jueves, 8 de febrero de 2018

Resentir

Yo no sé a ciencia cierta cómo va la cosa, pero me imagino que la secuencia más natural sería sentir algo y a continuación reflexionar sobre lo sentido para tratar de desentrañar su verdadero significado. Así es que vemos, oímos, tocamos o saboreamos algo e inmediatamente en nuestra cabeza se produce un entrecruzar de cables que da como como resultado agrados o desagrados en diferentes intensidades, desde la casi indiferencia hasta la proximidad al delirio. A partir de ahí, elegimos: uno, la vía que les decía natural de reflexionar sobre lo sentido, pensar en definitiva, o, dos, la vía patológica de recrearse en lo sentido, el resentir que le dicen.

Porque no lo duden, resentir es una patología y de las más perniciosas respecto de eso que los franceses llaman tan acertadamente joie de vivre. Porque como es inevitable que entre nuestras sensaciones las haya desagradables, si insistimos en ellas y no somos capaces de darles salida por medio de la reflexión nos encontramos a la primera de cambio con una especie de cáncer del espíritu que nos condena al fracaso vital. 

El otro día leí un artículo del mejor Félix de Azúa en el que aludía a este cáncer para veladamente diagnosticar de fascismo a las actuales ideologías que se autotildan de izquierdas. No pude estar más de acuerdo. Resentir es la esencia del vampiro. Es la ceguera ante el espejo que te impide reconocer que lo que te pasa es que eres un zote en matemáticas. Es, en definitiva, un querer vivir de la sangre de los otros sin ser consciente de ello. 

 No tengo ni idea de lo que la educación podrá conseguir a efectos de incitar a pensar en lo sentido. Supongo que bastante. Pero también pienso que desde la adolescencia, que es un puro resentir, hacia delante se va produciendo en las personas mentalmente sanas, que quizá no sean muchas, una natural propensión a repensar lo sentido antes de darle un significado. Y por eso será, siguiendo las teorías del mentado artículo de Azúa, que todavía exista gente con capacidad para votar a los partidos que se autodenominan de derechas. En fin, a la postre, puede que en eso vaya quedando toda la diferenciación política: resentir, no resentir; no pensar, pensar. 

miércoles, 7 de febrero de 2018

Memorias I

Sigo con lo de las memorias. Ando ahora por un trance personal de lo más delicado por lo difícil que me estaba resultando escapar de la trampa que por aquel entonces me aprisionaba. Así, mantenía un estado de ánimo enfermizamente susceptible que no dejaba títere con cabeza.  Eran los tiempos en que los socialistas estaban ya de retirada después de un largo saborear las mieles del poder y, por contra, los populares ya lo andaban acariciado con lo que a mí me parecía una falta de clase estremecedora. Paso páginas y páginas poniendo a parir a Aznar sin más elementos de juicio que los de la pura apariencia. Era sin duda porque su lenguaje cateto cargado de chulería me traía recuerdos de lo peor de los años de plomo. Así, muestro mi convicción, de la que todavía no me he apeado, de que fue ese estilo de mala sombra del que hacía gala sin recato el susodicho por lo que los populares no llegaron al poder cuatro años antes. Mucha gente para entonces estaba harta del lenguaje de vendedor de burros teñidos que se le había ido pegando con los años a Felipe González, pero viendo lo que venía se acogían a la sabiduría popular del más vale lo malo conocido. 

Por lo demás, ya muestro en mis diatribas el convencimiento que tanto da como da tanto que manden unos u otros porque en lo esencial se hace siempre lo que manda hacer la coyuntura. Los adornos son diferentes, desde luego, y a ellos se acogen para seducir a las masas intelectualmente depauperadas. Así que la lucha política es lucha de adornos y lo que a la postre dilucida es quién va a ser el que reparta todos esos puestazos soberbiamente remunerados. Lo pensaba entonces y lo pienso ahora. 

Los adornos, esa es la cuestión. Porque hay que estar muy al loro para saber por dónde van los tiros. Hoy día acogerse a ese estilo de gala hollywoodiana con sus superioridades morales y tal es la ruina. Lo que mola hoy es Silicon Valley. Uno, por supuesto, se distrae con las series de Netflix, pero con lo que realmente vibra es con el Falcon Heavy de Elon Musk. El mundo, me parece, ya se cansó de ficciones y apostolados y quiere realidad y eficacia. Que se casen entre si bolleras y mariquitas, como tantas otras chorradas, sólo le importa ya a los que se mueren de resentimiento porque se les dan mal las matemáticas. A quienes se les dan bien están en lo de ir a Marte, que eso es lo único que ya va quedando como reto con enjundia. 

Ficciones y apostolados contra realidad y eficacia. En eso va quedando la política, en el resentimiento de los unos contra la vanagloria de los otros. Izquierda y derecha para que nos entendamos. 

martes, 6 de febrero de 2018

Memorias

Releyendo estos días lo que escribí hace veintitantos años, una especie de memorias, me estoy dando cuenta de todo lo que he cambiado sin haber cambiado nada. Como si hubiese sido una hoja prematuramente desgajada del árbol que ha andado de aquí para allá a donde los vientos la llevaban. Y ahora, ya arrumbada en un rincón espera paciente su transformación en compost para cerrar el ciclo de la naturaleza. Y es que lo que se dice dueño de mis actos me parece que más bien poco. Más bien como si fuese un robot defectuoso que ha conseguido sobrevivir gracias a los fastuosos servicios de mantenimiento que son la marca de la época. Cien años antes que hubiese vivido y ya me hubiera muerto cien veces. 

Nada más ridículo que soñar en como hubiesen podido ser las cosas si las cosas hubiesen sido de otra manera. Fueron tal cual fueron y también fue mi seguramente distorsionada percepción de ellas la que intenté plasmar en esas memorias. Y ahora, releyéndolas, caigo en la cuenta de que la vida no ha sido más que un continuo sucederse las angustias y alegrías en función de si estabas atrapado o te habías conseguido liberar. Y por qué me digo, entonces, esa fatalidad para caer en una detrás de otra en todas las trampas. Y también para escapar, qué duda cabe. ¿Fue tiempo todo él tirado por la borda? ¿O es que acaso eso tiene importancia?

Quizá, a la postre, lo único que cuente es si aportaste algo positivo al común de los mortales. Y eso, ¡ay!, nos está vedado conocerlo. Para nuestra desgracia no hay vanidad que pueda aligerar el peso de la culpa. De recuerdos recurrentes que apesadumbran. Aunque, a D. G., también eso se va apagando con el tiempo para dejar que predomine el tenue resplandor de los rescoldos de aquellas lejanas alegrias. Es como si de fábrica viniésemos ya con un balance final positivo. 

En fin, voy a ver si dejándome de mandangas consigo que la guitarra me suene un poco antes de palmarla. Es la única esperanza que me queda de que la derrota no haya sido total. 

lunes, 5 de febrero de 2018

Coñazo

 En Skay News llevan unas semanas dando la tabarra con lo del plástico. Claro, la cosa es a todas luces seria. Personalmente lo constato a diario al comprobar la ansiedad que me produce ver la velocidad a la que se llena el cubo que tengo dedicado a los residuos no orgánicos. Cada dos días a lo sumo los tengo que bajar al contenedor. Y a saber qué hacen después con todo eso. Porque es que, además, al parecer China ya no los quiere. 

La impresión que dan esos documentales es que se trata de un problema que ya no tiene retorno. Porque está todo impregnado. Coges un puñado de arena de la playa más remota y paradisíaca, lo analizas, y resulta que está trufado de micropartículas de plástico. Por no hablar de los peces que se lo tragan todo y mueren en masa de obstrucción intestinal. Bueno, ya se sabe lo que son capaces de cargar con tintes negros los documentales con tal de llevar el ascua a su sardina. Pero así y todo es evidente que estamos pasados de vueltas respecto de esa común filosofía de la vida que consiste en mantener que el que venga detrás que arree. 

Porque es tremenda la contradicción que asola a los seres humanos. Veía estos días al Sr. Barden, que Dios le conserve la neurona, tumbado sobre la banquisa antártica para mejor observar a una pareja de pingüinos. Por lo visto ha ido hasta allí en funciones de misionero ecológico. ¡Por Dios bendito, que se conserve esto puro e inmaculado! Claro, la otra cuestión es que la gente que le ha visto contemplar tan arrobado a los pinguinos, también quiera participar de la fiesta. ¡Menudo spot publicitario, el Sr. Barden, anda que no! Miles y miles de files de su causa le imitarán y dejaran todas sus mierdas en aquellos paraísos. 

De igual manera el otro día, Antonio, avezado espeleólogo donde les haya, me invitaba a la inauguración de una exposición fotográfica sobre las cavernas que explora. Es con la finalidad, me decía, de concienciar a la gente de que es necesario preservar esos espacios. Pues bien, es evidente que a la vista de la belleza epoustuflante de esas fotos mucha gente no parará hasta bajar a esas cuevas a dejar allí sus miasmas. 

La necesidad de la buena conciencia, he ahí el mayor cáncer del mundo. Porque es un cáncer de la inteligencia. Por un lado no poder evitar la exhibición de mi disfrute y por el otro pedir a los demás que no hagan igual que yo porque entonces se va todo al carajo. Soy, pero no me quiero reconocer como semilla del diablo. 

En fin, allá cada cual. Por mi parte voy a ver si me las ingenio para tener que bajar con menos frecuencia al contenedor de envases plásticos. Porque es un coñazo. 

domingo, 4 de febrero de 2018

Chino chano

Uno pasea por el barrio a ciertas horas y aparte de ninis y gordas paseando al perro lo único que ves que tenga relación con la vida es el chino tirando del carretillo cargado hasta los topes de cajas de cartón. Poco a poco, excepción hecha de la hostelería, sus bazares siempre abiertos es lo único que va quedando en los bajos de las casas. Aunque a decir verdad, también cada vez más bares son regentados por ellos. Los más frecuentados por cierto. Son como una mancha de aceite que se va extendiendo por la ciudad silenciosa y eficazmente. ¿Y por qué es así? Pues muy sencillo, se lo voy a decir: porque siguen al pie de la letra aquel consejo que como último testamento dio Alberto Pico a los niños del Barrio Pesquero: "estar a lo que estáis". No hay más ciencia para tanto progreso. 

Bien seguros pueden estar de que nunca gastará un chino un segundo en sacar brillo a la matraca nacionalista ni a las épicas futboleras. Él, por supuesto, observa minuciosamente los movimientos de la masa con el fin de averiguar donde se encuentra el posible nicho de negocio. Así, al notar un repunte de patriotismo llena sus escaparates de banderas a un euro la unidad y la ciudad se pone en dos días que parece que acaba de ser liberada de un ejercito invasor. 

De ahí la expresión, creo que maña, chino-chano.  Poco a poco, sin meter ruido, se va haciendo camino. La última de la que tengo noticia es para amarrarse los machos y, sin embargo, como cosa suya, casi no ha tenido repercusión mediática. Los tertulianos occidentales han seguido como si nada con sus matracas, ya sean catalanas, trumpianas o brexiteras. Y en el entretanto hay tenemos a dos monos clonados. ¿Es que alguien puede ser tan ingenuo como para pensar que no hay laboratorios en China en los que se está intentando clonar a seres humanos? Monos, humanos, primates todos. Esa es la lógica confuciana, no buscar tres pies al gato y que los niños vayan al mejor colegio. 

Yo ya le dije a mi nieto este verano cuando estuvo aquí unos días: ¿Por qué no aprendes chino? Si yo tuviese tu edad sería lo primero que haría. Me contestó que en su pandilla había un chino y en eso quedó todo. Bueno, no sé, porque esto de la futurología es ciencia pantanosa, pero para mí que en cuatro patadas serán las coordenadas confucianas las que estructuren el mundo. Todo esto de la épica, la lírica, los Sagrados Corazones en general, va a quedar muy relegado frente a la realidad del arqueo de caja. El arqueo marca la pauta... que no es que no lo viniese haciendo desde siempre aquí y en todas las partes, pero es que a lo que vamos es a hacerlo sin las caretas heredadas del teatro griego. 

En fin. 

sábado, 3 de febrero de 2018

Lodos

Uno se mira hacia atrás y más que ira siente vergüenza y hasta ganas de trágame tierra. ¡Dios, hasta qué punto me apunté a los tópicos más absurdos! Y también más destructivos. Claro que alivia en cierta medida mi desconsuelo el convencimiento de haber recibido una educación nefasta, digase de sacristía, maniquea, acrítica, la cual, por cierto, la pongo toda ella, sin paliativos, en el haber de mis padres. Mis pobres padres de los que, supongo, el cáncer de la ignorancia lo traían en el linaje. 

Duele, sí, verse retratado en cantidad de los supuestos de la peor juventud de la actualidad. De esa que dispara a diestro y siniestro porque ve a su padre por todos los lados. Sobre todo en lo que va bien, porque eso es, precisamente, lo que le quita el sustento a su odio de sí mismo. Sí, de joven, por lo que sea, es natural que uno se odie a sí mismo y se autoengañe fabricando enemigos.  Así si algo va bien, sólo lo puede soportar si le encuentra un lado negro. La conspiranoia es la quintaesencia de la lucidez. Detrás de todo éxito hay un malvado sacrificando inocentes. 

Bueno, en mi descargo tengo que decir que nunca llegué a tanto como militar en el partido comunista. Pero sí que frecuente aquellos ambientes subnormales en los que se hacía honra del desprecio a lo propio. Señoritos que vivíamos a pedir de boca nos cagábamos en Franco y suspirábamos por todas aquellas majaderías que venían del lado donde la gente las pasaba canutas. Y menos mal que por fin cayó en nuestras manos, en las de algunos al menos, "la función del orgasmo" de Wilhelm Reich y empezamos a comprender por donde nos estaba apretando el zapato. 

En cualquier caso, qué terrible es madurar cuando apenas tienes raíces. Los clásicos, sí, para saber que vienes de un mundo de luces y sombras en el que nadie, en ninguna parte, tiene más de unas y menos de otras. Todos nos hemos construido a trompicones. Y lo de Franco, por cierto, ya va siendo hora de que se observe con perspectiva, porque, ¡madre mía!, qué necio maniqueísmo nos estamos gastando al respecto. Así, cuando el Rey, o cualquier autoridad moral, va y dice en sus discursos que todo lo que tenemos ahora se debe a estos cuarenta años de democracia lo que está haciendo en realidad es alimentar el cáncer maniqueo. Y de ahí estos lodos... 

viernes, 2 de febrero de 2018

Cebolleteo

Cuanto más observo al ser humano más me parece que su conducta se adapta como un guante a las leyes de la física. La entropía y todo eso. Lo venía pensando el otro día mientras pedaleaba por la nava al comprobar que los coches que iban a toda mecha por lo general iban conducidos por gente joven, sobre todo mujeres. Son esos mismos jóvenes que, luego, cuando llego al bar de turno a repostar, me los encuentro a la puerta -por lo del fumeque- de cháchara. Y allí continuan cuando ya me voy. Pues bien, la ley que regula semejante comportamiento nunca falla: a menos tener que hacer, más prisa se tiene. Y así todo por la irreprimible tendencia que tienen los espacios vacíos a llenarse con lo que sea. Y no digamos ya el vacío existencial que ese es una bomba de hidrógeno siempre a punto de estallar. 

El vacío existencial, efectivamente, es una circunstancia de la vida que propicia la reacción en cadena. Tontería tras tontería hasta dar en el desideratum. Es la mecánica cuántica de la vida. Sin ella nada sería posible. Si no fuese por ese desatarse la estulticia no se concebiría el mercado que nos ilusiona con sus promesas de plenitud. Promesas infinitas que se traducen en puestos de trabajo con su inevitable correlativo, el calentamiento global... si es que eso es algo. 

A mi todo esto, ya, me la trae al pairo. Nada, por otra parte de lo que deba estar orgulloso o pesaroso. Porque no es más que un plegarse una vez más a las leyes de la física. Es la falta de apetito tras la saciedad. La confortable sensación de haberlo experimentado todo, de haber estado en todas las partes, de haber comprendido de una vez por todas que hay tanta o más agonía en algunas de las cosas que puedo hacer en casa que en escalar el Everest. 

¡Uf! No saben de la que me he librado. Sí, desde luego, más vale tarde que nunca. Porque ahora, ya, me privo de muy buenas ganas de el andar por ahí cebolleteando que, no nos engañemos, es mayormente lo que hacen los viejos que andan todo el día por ahí. Porque esto del jubileo es, en definitiva, el cese de las únicas experiencias que sirven a efectos de maduración que son las ligadas a la responsabilidad. Y sin nuevas experiencias, pues ya saben, cebolleteo al canto. Contar una y otra vez lo de aquellos maravillosos años. ¡Por Dios, qué tostón!

En fin, no sé, porque quizá el problema es que hay demasiada gente que nace jubilada y no sabe por tanto lo que es una experiencia de verdad. Y de ahí este cebolleteo que nos asola. 

jueves, 1 de febrero de 2018

Seductora

Ya saben como era aquello del ruso Pavlov. Lo de los perros con un tubo en el estómago conectado al exterior por donde salían los jugos gástricos sin necesidad de ingerir los alimentos. Les bastaba a los perros su visión. Reflejos condicionados llamaron a aquello. Con aquel experimento Pavlov cogió fama universal y por eso cuando llegaron los comunistas al poder le convirtieron en un semidios con bula para experimentar no ya con perros sino con humanos... aunque hoy día señalar esa diferencia no creo que tenga mucho significado. Anyway, por lo visto, el tío las hizo pardas, pero como era con la pretensión de emancipar al proletariado se las pasaron por alto.  

Sea como sea el caso es que en eso de los reflejos condicionados es seguramente en lo que más nos parecemos a los perros y por extensión, supongo,  a todo lo que vive. Yo mismo, sin ir más lejos, escucho esa melodía que empieza por un toque de drums, sigue con cuatro compases de contrabajo que dan entrada a la armónica... ya saben, el Rosalyn´Cafe, un caribú despistado, cuatro pickups destartalados arrumbados en un descampado, un trailer con troncos que pasaba por allí... Northen Exposure para los entendidos, Dr. en Alaska para el común. Todo es escuchar esa melodía, les decía, y ya estoy segregando algo que me pone a deambular en espíritu por Cicely más contento que unas castañuelas.

La armónica, sí, tiene un poder de evocación perturbador. Profundamente melancólico, diría yo, y por eso le va tan bien a los blues. El otro día, los chicos de Chachi Guitar, que acaban de empezar una nueva etapa, Dios les bendiga, trajeron a un especialista en armónica que nos estuvo explicando en que consistía el acompañamiento de los blues con ese instrumento. Claro, para el que sabe todo parece fácil, pero yo me puse y como si soplase sobre una piedra. Porque es que, saben, tengo una Seductora desde hace más de cuarenta años olvidada en un cajón. En su día toqué aires regionales con ella, pero luego empecé con la guitarra y cometí la torpeza de desecharla. Pero eso se ha acabado, me dije el otro día tras ver lo de Chachi Guitar. 

Así que estoy en ello. Cojo, agarro la bicicleta y me tiro a los caminos. Y siempre con la Seductora en el bolsillo. Y allí donde veo un lugar apropiado, ya sea el borde de una acequia en medio de la Nava, los bancos a la puerta de un cementerio, una adecuación con vistas, cualquier sitio es bueno para explorar el instrumento e intentar sacarle armonías. Bueno, vamos a ver hasta donde llego. Porque ahora no es como cuando aquel entonces; ahora cada nota que suena sé cual es y con cual debe concordar. En fin, cosas de los años.