La impresión que dan esos documentales es que se trata de un problema que ya no tiene retorno. Porque está todo impregnado. Coges un puñado de arena de la playa más remota y paradisíaca, lo analizas, y resulta que está trufado de micropartículas de plástico. Por no hablar de los peces que se lo tragan todo y mueren en masa de obstrucción intestinal. Bueno, ya se sabe lo que son capaces de cargar con tintes negros los documentales con tal de llevar el ascua a su sardina. Pero así y todo es evidente que estamos pasados de vueltas respecto de esa común filosofía de la vida que consiste en mantener que el que venga detrás que arree.
Porque es tremenda la contradicción que asola a los seres humanos. Veía estos días al Sr. Barden, que Dios le conserve la neurona, tumbado sobre la banquisa antártica para mejor observar a una pareja de pingüinos. Por lo visto ha ido hasta allí en funciones de misionero ecológico. ¡Por Dios bendito, que se conserve esto puro e inmaculado! Claro, la otra cuestión es que la gente que le ha visto contemplar tan arrobado a los pinguinos, también quiera participar de la fiesta. ¡Menudo spot publicitario, el Sr. Barden, anda que no! Miles y miles de files de su causa le imitarán y dejaran todas sus mierdas en aquellos paraísos.
De igual manera el otro día, Antonio, avezado espeleólogo donde les haya, me invitaba a la inauguración de una exposición fotográfica sobre las cavernas que explora. Es con la finalidad, me decía, de concienciar a la gente de que es necesario preservar esos espacios. Pues bien, es evidente que a la vista de la belleza epoustuflante de esas fotos mucha gente no parará hasta bajar a esas cuevas a dejar allí sus miasmas.
La necesidad de la buena conciencia, he ahí el mayor cáncer del mundo. Porque es un cáncer de la inteligencia. Por un lado no poder evitar la exhibición de mi disfrute y por el otro pedir a los demás que no hagan igual que yo porque entonces se va todo al carajo. Soy, pero no me quiero reconocer como semilla del diablo.
En fin, allá cada cual. Por mi parte voy a ver si me las ingenio para tener que bajar con menos frecuencia al contenedor de envases plásticos. Porque es un coñazo.
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