martes, 20 de febrero de 2018

Diversidades varias

 A veces, al echar el vistazo mañanero a los periódicos digitales, uno se topa con un artículo que le alegra el día. Es lo que me ha pasado hoy con uno de Arcadi Espada sobre las lenguas que viene en El Mundo. En realidad trata de un asunto supermanido y no aporta cosa nueva de interés, pero es como con las enfermedades crónicas, que si no estás siempre sobre ellas ganan terreno y acaban por matarte.  

El apestoso asunto de las lenguas que ya va siendo hora de que entre todos pongamos en su sitio. Y es que por lo mismo que las lenguas sirven para lo más grande que tenemos como especie los humanos que es, primero desentrañar las leyes que rigen el comportamiento de la naturaleza y segundo poder comunicar ese sofisticado conocimiento los unos a los otros, también, esas lenguas, diversas por una maldición de los dioses, son utilizadas por la peor gentuza del mundo para levantar barreras infranqueables que a la postre sólo se pueden salvar a sangre y fuego. 

Efectivamente, hay que gritar a los cuatro vientos que no se deriva la menor ventaja de esa tan interesadamente alabada diversidad lingüística. Sólo inconvenientes que vamos tratando de salvar con el esfuerzo intelectual de los mejores. Unir dos idiomas por medio de un diccionario es como unir dos riveras por medio de un puente. La gente, así, salta sin dificultad de un lado al otro y comercia, se mezcla y, con el paso del tiempo, crean una lengua común. Y cada uno seguirá siendo de su padre y de su madre, pero tendrán un instrumento para dirimir sus diferencias.

Así que ya saben, en esas tenemos que estar, en guerra permanente con la peor gentuza del mundo que, por lo que nos toca, no son otros que los nacionalistas vascos y catalanes. Ellos, acompañados en su maléfico viaje por los socialdemócratas de El País, han tratado de convencernos que las lenguas vernáculas son una riqueza porque crean diversidad. Lo que nunca nos han explicado es en qué consiste esa diversidad más allá de pegar tiros en la nuca los unos, robar a manos llenas los otros y extorsionar con maestría ambos dos. 

Sí, la milonga de la diversidad. Como si no tuviésemos bastante de ella ya con lo que nos diferencia de los vecinos de escalera. Nueve mil millones de individuos, nueve mil millones de diversidades varias, eso es lo que hay.  

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