lunes, 12 de febrero de 2018

La brecha

Hablar o escribir sobre brechas da mucho de sí porque tiene asegurada la aquiescencia de, al menos, toda la resentida parte que queda del lado desfavorecido. Brecha salarial, brecha de género, brecha de la polla bendita por resumir. Pero de la que nadie suele decir ni mu, supongo que por las susceptibilidades en alto, es sobre la brecha de conocimiento, la única que a mi juicio tiene relevancia por aquello de ser la madre de todas las demás. 

Leo hoy en no sé dónde que en la población española nacida entre 1980 y 2000 hay más de un 50% de titulados universitarios. Y desde luego que se hace sentir porque vas por ahí y a poco que observes no paras de fliplar al ver en lo que se ha convertido este país. Aquí, en esta atrasada Palencia, sales a pasear y tienes la impresión de que más de la mitad del espacio está ocupado por escuelas, institutos, facultades y demás. A buen seguro que la enseñanza, privada y pública, es el mayor empleador de la ciudad. Así que sigue la racha y a poco que nos descuidemos los nacidos entre 2000 y 2020 pasarán del más de 50% al más de 60, e incluso 70, % de universitarios. 

Y en eso estriba la grieta, en que por mucho que se avance siempre quedará ese 30% que no es que se quede ignorantillo en matemáticas, no, es algo mucho peor, son las carencias estructurales que le dejan el no haberse podido someter al rodillo disciplinario que supone pasar cientos de pruebas evaluativas. Es toda esa gente que ves por ahí y no sabes si lo que necesitan es un cotolengo o un campo de trabajos forzados. Porque desde luego que se hacen notar con sus molestas extravagancias. 

Así que ya saben, brecha lo que se dice brecha es la que produce el haber pasado o no por el rodillo. Luego, lo de ganar más o menos me parece bastante irrelevante. Por no hablar de lo del género que eso ya va quedando en folklore para resentidos. Así, escuchamos con frecuencia el rasgar de vestiduras por las diferencias salariales entre los cuadros directivos y los obreros. ¿Y qué? Las necesidades básicas son las mismas para los dos y en ambos casos están cubiertas de sobra. Que el uno pueda ir a comer al Bulli y el otro sólo a Casa Manolo nada dice a efectos de buena vida. Es más, el tener que andar mirándolo es el mejor antídoto contra el horterismo del que, por cierto, no vacuna al cien por cien el rodillo. 

En fin, lo dicho, fijense en su alrededor y verán que no está la cosa para tanto quejarse sino para todo lo contrario. Y luego, brechas, desde luego que las hay y siempre las habrá. Pero miren para atrás y comparen. Las de hoy día, digamos que se tapan con un poco de aguaplast.  

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