viernes, 9 de febrero de 2018

Fecha de caducidad

Reza un proverbio de nuestro siglo de oro que "en ocasiones los sabios se tienen que equivocar para que los necios no revienten". También había otro de mucho predicamento que ironizaba: "dejadles que tengan razón, respondió a sus gritos, ya que no pueden tener otra cosa". Y otro para terminar: "no paraban entre ellos de armarse zancadillas, cayendo todos con más daño que escarmiento". 

No es por dármelas, pero podría estar citando de tal guisa un buen rato antes de agotar mis fuentes. Y es que la adicción que tuve cuando infante a la pesca fluvial pasó a ser luego, en la juventud tardía, a las sustancias alucinógenas para convertirse, después, en los comienzos de la madurez en pasión enfermiza por la lectura de nuestros clásicos. 

Y es de esa pasión que tuve que me queda este bagaje  que me permite resumir en una sentencia cualquier situación por mucho ruido que esté haciendo. Y ya saben, resumir es entender y entender, desdramatizar. Y por eso es uno capaz de mirar ya el mundo, mas que nada, como una comedia casi siempre mala. Porque, por lo general, lo que suena y resuena, LGBT, el metoo, el animalismo, el resentimiento identitario, etc, no es más que alboroto de necios que no revientan porque tienen el permiso de los sabios para seguir adelante con sus fantasías con fecha de caducidad. 

Esa es la cuestión insoslayable, que las fantasías como todas las mamarrachadas tienen fecha de caducidad, que es justo en el momento en el que los sabios se aperciben de que será menor el coste de que los necios revienten que el de seguir manteniendo la farsa. Hoy, por ejemplo, me entero de que en cierta isla del Caribe han decidido abolir el matrimonio entre homosexuales. ¡Pues, claro, hombre, si es una completa mamarrachada que no viene a ningún cuento! Ya el propio matrimonio entre personas heterosexuales va quedando en anacronismo, pero, en fin, se le puede dar una cierta justificación por lo de salvaguardar los intereses de la prole... aunque es muy discutible que eso no se pueda conseguir igual sin el dichoso papeleo. Pero, los homosexuales, ya me dirás tú qué pintan en todo esto si no es hacer la maricona por un día. 

Y así todo, porque mientras tire más pelo de coño que soga marinera, ni los hombres en general se van a reprimir ni las mujeres se van a dejar de aprovechar de esa debilidad masculina. O es que vamos a tener que dejar de creer en la berrea. O en la rueda del pavo. Y todas esas mandangas del animalismo, que se lo digan a los cubanos, que a los seis meses de haber caído el muro de Berlín, y con ello la ayuda soviética a la isla, ya no quedaba en La Habana ni perro, ni gato, ni, ni siquiera los gallos sagrados de sus religiones ancestrales. Todo se lo habían comido. 

En fin, lo dicho, que como todo tiene fecha de caducidad no merece la pena alarmarse por nada. Porque es que, además, los sabios siempre vigilan para dar el toque en el momento oportuno. No lo duden.

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