jueves, 1 de febrero de 2018

Seductora

Ya saben como era aquello del ruso Pavlov. Lo de los perros con un tubo en el estómago conectado al exterior por donde salían los jugos gástricos sin necesidad de ingerir los alimentos. Les bastaba a los perros su visión. Reflejos condicionados llamaron a aquello. Con aquel experimento Pavlov cogió fama universal y por eso cuando llegaron los comunistas al poder le convirtieron en un semidios con bula para experimentar no ya con perros sino con humanos... aunque hoy día señalar esa diferencia no creo que tenga mucho significado. Anyway, por lo visto, el tío las hizo pardas, pero como era con la pretensión de emancipar al proletariado se las pasaron por alto.  

Sea como sea el caso es que en eso de los reflejos condicionados es seguramente en lo que más nos parecemos a los perros y por extensión, supongo,  a todo lo que vive. Yo mismo, sin ir más lejos, escucho esa melodía que empieza por un toque de drums, sigue con cuatro compases de contrabajo que dan entrada a la armónica... ya saben, el Rosalyn´Cafe, un caribú despistado, cuatro pickups destartalados arrumbados en un descampado, un trailer con troncos que pasaba por allí... Northen Exposure para los entendidos, Dr. en Alaska para el común. Todo es escuchar esa melodía, les decía, y ya estoy segregando algo que me pone a deambular en espíritu por Cicely más contento que unas castañuelas.

La armónica, sí, tiene un poder de evocación perturbador. Profundamente melancólico, diría yo, y por eso le va tan bien a los blues. El otro día, los chicos de Chachi Guitar, que acaban de empezar una nueva etapa, Dios les bendiga, trajeron a un especialista en armónica que nos estuvo explicando en que consistía el acompañamiento de los blues con ese instrumento. Claro, para el que sabe todo parece fácil, pero yo me puse y como si soplase sobre una piedra. Porque es que, saben, tengo una Seductora desde hace más de cuarenta años olvidada en un cajón. En su día toqué aires regionales con ella, pero luego empecé con la guitarra y cometí la torpeza de desecharla. Pero eso se ha acabado, me dije el otro día tras ver lo de Chachi Guitar. 

Así que estoy en ello. Cojo, agarro la bicicleta y me tiro a los caminos. Y siempre con la Seductora en el bolsillo. Y allí donde veo un lugar apropiado, ya sea el borde de una acequia en medio de la Nava, los bancos a la puerta de un cementerio, una adecuación con vistas, cualquier sitio es bueno para explorar el instrumento e intentar sacarle armonías. Bueno, vamos a ver hasta donde llego. Porque ahora no es como cuando aquel entonces; ahora cada nota que suena sé cual es y con cual debe concordar. En fin, cosas de los años.   

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