Presumir de lo que sea, en cualquier caso, no es muy inteligente, pero sobre todo, para mí, es un indicio de que aquello de lo que presumes se ha empezado a desmoronar. Ya lo dije hace poco más de un año a propósito de la superhortera pareja del cantante y la "influencer" cuando vi la pose que hicieron pública por un aniversario cualquiera: estos no duran. Y así ha sido. Por ahí andan dando el cante cada uno por su sitio.
Pensaba en esto estos días con toda esa brasa que nos están dando con la familia real. Que a mí no es que me caigan mal ni mucho menos. Más bien todo lo contrario, pero es que desde que el rey hizo su aparición televisiva para poner coto a la matraca catalina, parece como si todo lo que funciona fuese gracias a él. La matraca ahora es la que nos están dando los medios de comunicación con la finalidad de elevarle a los altares en vida. Y luego, ayer, con motivo de haberle impuesto a su hija, que seguro que no se entera de nada, el vellocino de oro, ya es que casi de vomitar. Fíjense, el vellocino, qué sabrán ellos. A Medea se lo tendrían que preguntar. Y a Jasón también.
Eso es lo que me parece, que cuando cualquier tipo de poder pierde la discreción lo que en realidad está perdiendo es el propio poder. Y el exhibicionismo no es más que la búsqueda exterior de la aquiescencia que uno no se puede proporcionar a sí mismo. En definitiva, es siempre la falta de seguridad que genera la baja autoestima la que nos lanza al ridículo.
Sí, es bien conocido que la aristocracia tiene como principal misión en esta vida la pedagogía de costumbres. Pero ya, no sé si entrará en ese apartado mostrarse ante el respetable comiendo sopa de acelgas. Me encantan las acelgas, por cierto, pero ese es otro asunto. Porque es que esa sopa, en ellos, tiene unos aires de falsa modestia que apesta. Nosotros como los pobres, o mucho peor incluso, dando lecciones de vida saludable, como si en vez de reyes hubiesen pasado a formar parte del staff de la multinacional de la hipocondria. No, mira, en vez del toisón, que es la rapiña que llevaron a cabo los argonautas, yo hubiese empezado por la jarretera, que esa si que se ajusta al propósito aristocrático de la pedagogía de costumbres. "Honi soit quy mal y pense": aquella pobre chica que se le vinieron abajo las ligas mientras bailaba y el rey salió al quite para que nadie se riese de ella.
En fin, ya verán, a la que pasen cuatro días, o cinco quizá, esta gente empezará a dar espectáculo del bueno. Porque todo parece estar anunciándolo.
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