martes, 30 de enero de 2018

Las Meninas


Ayer, cuando pasaba por delante del Museo de la Ciencia de Becerril, vi la bola reluciente aquella y me dije: aquí puedo emular al Velázquez de las Meninas. La cosa, la verdad, no es que quedase muy para tirar cohetes, pero la idea, como pueden ver si se fijan con atención, quedó plasmada. En el centro de la bola, yo con mi ortler meran y, detrás de mí, la iglesia convertida en museo. Qué tiempos estos que nos ha tocado vivir. En un pueblo en mitad de lo que la chusma urbana llama despectivamente La Estepa, con menos de ochocientos habitantes, han acondicionado una de sus cinco megaiglesias para museo de la ciencia, fundamentalmente en lo que toca a la astrofísica. Viene gente de todos los confines a visitarlo previa petición de hora porque las visitas tienen que ser guiadas so pena de quedarte a uvas en lo que hace a lo científico porque en lo referente a lo, digamos, artístico, sus cúpulas son infinitamente más bellas que las que hizo pintar Luis II en sus palacios de Baviera. 

Aquí en Castilla la Vieja te tienes que andar con mucho cuidado porque a nada que te descuides te pilla el síndrome de Stendal. Vayas por donde vayas, por todas las partes te persigue la belleza, ya sea de sus desmesurados paisajes, de sus monumentos, de sus ruinas, por no hablar de sus plazas. Y, luego, los museos, que a la que hablas dos palabras con cualquiera ya te está queriendo llevar a uno, que no es de esos étnicos, ni mucho menos, no, son museos con cuadros como los del Prado o esculturas como las de San Gregorio. Al fin y al cabo, el que tuvo, retuvo, y esto alguna vez fue el centro del mundo. 

Y, luego, lo mejor de todo, ni un puto turista a la vista. Sólo los niños de las escuelas, los jubilados de los pueblos, todos encuadrados en un orden para que no den la lata. Imagínense, casi cien mil kilómetros cuadrados para menos de dos millones y medio de habitantes. La última Jauja del mundo. Y, en cualquier caso, lo confirma mi experiencia, el paraíso del fóbico social. Aquí das cuatro pedaladas y ya estás en medio de ninguna parte. Eres Jeremiah Johnson perdido en las Rocosas. O si tiras más a socildemócrata, Dersu Uzala en medio de la taiga siberiana. 

En fin, sólo es cuestión de echarle un poco de imaginación.   

No hay comentarios:

Publicar un comentario