martes, 16 de enero de 2018

¿Qué ye, oh?

¡Vaya por Dios, los socialistas ahora quieren que el bable sea lengua cooficial en Asturias! No salimos de una y ya estamos en otra. ¿Y saben de dónde viene toda esta mierda? Pues les parecerá que desvarío, pero nadie me va a quitar de la cabeza que todo se empezó a joder el día que Constantino decidió cargarse el paganismo e instaurar el cristianismo como la religión del Estado. Para que nos entendamos, aquello fue pasar de un sistema de incertidumbre que exigía pensar en cada caso a uno de certezas en el que sólo había que acatar y rezar. Fue un proceso de infantilización en toda regla que aún colea, ¡y de qué modo!, en lo que pudieramos considerar las franquicias de aquella desgraciada decisión. 

Desde aquel entonces, la historia de la humanidad, por lo menos de la occidental, no ha sido sino intentar sacudirse la losa de pereza mental que el cristianismo les echó encima. Ya por el renacimiento italiano se vieron al respecto los primeros logros significativos. Poco a poco las élites cultivadas fueron retomando los viejos mitos paganos para reinterpretarlos a la luz de la actualidad del momento. Las artes dieron buena cuenta de ello. Luego, por poner otro ejemplo de ese desperezamiento, vino Descartes con su procedimiento de la duda metódica: cogito, ergo sum. Y si quiero seguir adelante tengo que apoyarme en el sistema de coordenadas: x siempre es una función de y y viceversa. La cosa se complica a medida que se van cortando cabezas a la hidra porque le cortas una y le salen siete en forma de franquicias que te llevan al cielo por un camino trillado. 

En fin, la naturaleza es como es y por cada curioso fabrica mil perezosos. Y no por otra cosa es que haya tantos socialistas y, por tal, que antes de no mucho, ya verán, los asturianos tendrán que estudiar bable si quieren optar a una plaza de barrendero en Teverga. Y al final todos políglotas. 

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