Hacer examen de conciencia es algo que a los viejos como yo les puede sonar a padre Astete, pero desengañemonos, sin ese previo ejercicio toda toma de posición acaba pareciéndose a una mamarrachada. Lo pensaba ayer, un día de lo más tonto, cuando navegando por el ordenador fui a caer en Sky News, ya saben, esa cadena de televisión que lo mismo le da pel devant que toma pel darrera con tal de ganar audiencia. El caso es que estaban retransmitiendo un documental sobre la matraca catalana que parecía un anuncio pagado por los independentistas. No me extrañó nada porque he visto unos cuantos así en todo tipo de cadenas extranjeras. Y entiendo que así sea, porque el proçes, visto por el lado de la espuma, exhibe los ingredientes épicos que exige la chusma para tragarse una historia. Maniqueísmo en definitiva. O la enfermedad infantil de la opulencia.
Pues sí, ya les he dicho muchas veces que vivo lo más retirado posible porque, repensada mi vida, me muero de vergüenza por lo que de ella hice. Así que no quiero encontrarme con gente que, aunque no me las pida, sentiría la necesidad de darles explicaciones e incluso pedirles excusas. La vejez, Dios mío, qué edad maldita cuando uno va por ahí con la cabeza alta del que nunca ha roto un plato.
Así, viendo el docupubli sobre la matraca no se me iban de la cabeza ni Suarez, ni González, ni Aznar y no digamos ya ni Zapatero porque ese como si no hubiese existido de anodino que era. ¿Cómo puede ser que esa gente siga por ahí dando lecciones a diestro y siniestro y no sean capaces del menor mea culpa? Porque todo lo que está pasando, y va a pasar, no lo olviden, es en gran parte culpa de su salir del paso y el que venga detrás que arree. Yo, no es por dármelas pero ya lo advertí en los primeros ochenta cuando pasaba una consulta de pulmón y corazón en un ambulatorio de San Adrián de Besos. Me convocaron a una reunión del staff y allí lo vi claro todo. Los que partían el bacalao solo tenían en la cabeza la matraca. Sin duda aquel hubiera sido el momento ideal para atacar el cáncer, pero a los malos médicos siempre se les cuelan los síntomas premonitorios y sólo se aperciben cuando ya hay poco qué hacer.
Esa es mi idea, que cualquier solución a lo de Cataluña, que no será probablemente pacífica, pasa por pedir cuentas a los malos médicos, o políticos, que no supieron detectar lo que era evidente. Y ahora, vete y mete a quirófano al paciente y ponte a cortar por lo sano si es que queda. El destrozo puede ser fenomenal. Sólo que viniese una crisis económica de las de verdad y tendríamos Balcanes para rato, porque todas las demás condiciones objetivas para que así sea ya campan por sus respetos.
En fin, no entiendo por qué ando todavía con estas cosas.
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