Hay un chico colombiano de nombre Miguel Martínez que me tiene fascinado. Se dedica a la pedagogía musical y tiene colgados numerosos vídeos sobre los intríngulis de la guitarra en youtube. Desde luego que a efectos pedagógicos me parecen tan buenos, e incluso mejores, que los de LoremaryluGT, pero lo que me resulta realmente excepcional en él es el dominio del lenguaje. Es una verdadera delicia escucharle: la precisión sintáctica, la prosodia, esos chéveres que intercala como notas de paso. Me pongo a escucharle y se me van las horas. Y supongo que algo aprendo con ello, pero, si no, por lo menos me relajo antes de ir a dormir.
Claro, en el mundo pasan cosas de lo más desagradables, e incluso existen los catalanes para más inri y, si me apuran, tambien feministas, animalistas, socialistas y demás "istas" intentando dar por el saco a todas las horas, pero no nos hagamos los estrechos porque todo eso son pelillos a la mar comparado con la magnitud de las oportunidades de cultivar nuestros espíritus que ofrece la contemporaneidad. Y ya no digo, si encima, has tenido la suerte, que no el mérito como se achacan los tontos, de compartir con unos quinientos millones de personas un idioma con el que se vienen dando al mundo desde hace quinientos años no pocas muestras de los más altos grados de excelencia a los que puede llegar el intelecto humano. O sea, un presente esplendoroso aupado sobre un pasado -un background que le dicen ahora-que no lo fue menos. No olviden que veinticinco años después del descubrimiento de América ya se habían fundado allí las primeras universidades.
Así que, ¡chévere! Y déjense de mandangas porque cualquier cosa que quieran conseguir de las que realmente merecen la pena la tienen, poquito de voluntad mediante, al alcance de la mano.
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