Tengo oído que la Premier británica ha creado un nuevo ministerio para apechugar con los sinsabores de la soledad. Como dijo una vez un presidente argentino: estamos mal, pero vamos bien. Espero que, ya puestos, y por lo que me toca, el próximo alifafe a combatir institucionalmente sea la fobia social. Estoy muy esperanzado, la verdad, porque la política haya pegado este salto cualitativo de lo objetivo a lo subjetivo que es, en definitiva, con lo que más se sufre.
Lo que sí me ha sorprendido es que hayan sido los ingleses los primeros en dar este paso porque yo les tenía por el paradigma de la dureza. Uno lee el Leviatan o a Shakespeare y no ve por ningún lado al Sagrado Corazón de Jesús echando una mano. Allí, quejarse y no actuar engendraba hasta ahora pestilencia. Pero se ve que han cambiado. Quizá sea debido a tanto venir al sur a dormitar al sol.
Personalmente, y me van a perdonar ustedes, lo que creo que pasa es que en esta sociedad a la que hemos venido a dar por el querer de los dioses todo el mundo está en mayor o menor medida mordido por Drácula. La luz nos adormece y la oscuridad nos levanta apetitos canibalescos. Y nada nos va a curar de esto hasta que la cosa se ponga lo suficientemente difícil como para tener que matar para sobrevivir. Como las fieras del Serengueti.
Así que vamos a ver en qué consiste el invento porque el que está mordido nunca se sacia de morder. Que es lo que tienen los sentimientos, que por mucha poesía que le eches siempre acaban en lo mismo, en buscar víctimas que se dejen morder y morder y morder hasta que ya no se puede sacar más. Quizá, digo yo, en vez de ministerio de la soledad hubiese sido más acertado llamarle del vampirismo. Pero vete a saber.
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