jueves, 11 de enero de 2018

Por el coño

En los medios en que me desenvolvía en los años de mi juventud pseudorrevolucioaria era lugar común decir que a las mujeres les entraba la ideología por el coño. Chica mona de buena familia se enamoraba de líder rojo y en cuatro días era experta en soflamas incendiarias y en cinco miembro del comité ejecutivo del partido liderado por su chorbo. No era nada denigrante; solamente que las hormonas femeninas hacían su trabajo. Lo mismo que las masculinas hacían el suyo apuntalando el liderazgo con un ligue de postín. 

Tiene gracia la cosa porque ahora se ha desatado una oleada de furia en el mundo que ha escogido como lema de su lucha el ambiguo "MeToo", o sea, "a mi también me lo hicieron", pero también "yo también quiero". Personalmente no puedo estar más de acuerdo con esa lucha, porque si hay una injusticia sangrante en el mundo es la que comete la naturaleza al repartir sus gracias entre los mortales. Así, una mujer que nace fea y de baja extracción social, lo mismo que cuando una guapa se hace vieja, necesitaría un coeficiente intelectual de doscientos o más puntos para rascar pelota. Es, en definitiva una ley de vida que está urgida de revisión... si es que eso es posible. 

Total que como todas las mareas ideológicas reivindicativas, en sus orígenes suelen ser tan llamativas que parece que se lo van a llevar todo por delante. En este caso concreto es fácil de entender que el invento tenga tirón porque las feas de baja extracción, o guapas en trance de envejecer, ganan por goleada a las monas, jóvenes y de buena familia. Hay ahí, en esa desproporción galopante un manantial inagotable de rencor y resentimiento. La cosa, por otra parte, más humana que se puede concebir. Pero también, estúpidamente destructiva. 

Afortunadamente, también, todas esas mareas alcanzan su pleamar y regresan. Que es lo que parece que está pasando ya. Porque se están alzando voces muy poderosas que piden calma y raciocinio. La naturaleza es lo que es y aunque la civilización consista en ir doblegándola a nuestro beneficio de inventario, no por ello vamos a dejar de constatar que en algunos de sus aspectos es rebelde sin causa, lo cual que es muy difícil, por no decir imposible, hincarle el diente. Los tíos, por mucho que se eduquen, seguirán siendo tíos. Y las mujeres igual.  Y ambos dos géneros seguirán aprovechándose o lamentandose de las gracias que les cayeron en el reparto. Se podrá aliviar un poco la tensión, no digo que no, pero no conviene hacerse muchas ilusiones porque todo ello, seguramente, tiene que ver con los sabios mecanismos que la naturaleza implementa con vistas a la perpetuación de la especie. Así que... 

No hay comentarios:

Publicar un comentario