viernes, 12 de enero de 2018

Remena nena

Ven, lo que les decía. Todo eso de Cataluña ha quedado en la clásica patochada de paletos. Claro, que se puede esperar de gente que cría veinte millones de cerdos al año y luego se tiene que comer las ingentes cantidades de purines que tal industria genera. Es el eterno drama de los listillos que no ven más allá de lo inmediato: els diners fan la felicitat.

Y en esas estaba ayer en el super de la cooperativa agricola de Palencia que tengo aquí debajo de casa cuando, de pronto, escucho que alguien andaba protestando en catalán charnego. Me acerqué a ver de qué iba el asunto. Era una señora pequeñita, mona, atildada, que se quejaba de que la gente remenaba la fruta para escoger las piezas a su gusto. Como me miraba con insistencia a la vez que insistía en el remenar de los clientes me pareció oportuno recordarle aquello de: si remenes força estona, la barreja surt més bona i el client deixes content, remena, remena nena. Por supuesto que le hizo mucha gracia y se puso a hablarme en catalán a toda mecha de que aquí la gente no entiende de negocios. Yo la contesté en castellano, entre otras cosas porque hablar en catalán em fa fàstic, y la dije unas cuantas cosas de por aquí que ella parecía ignorar y que la dejaron al parecer bastante sorprendida. Al final resultó ser una enfermera recién jubilada que había trabajado toda su vida en Vallebron. Entre unas cosas y otras la conversación derivó, como no podía ser de otra manera, hacia lo del fornicio y lo último que la escuché antes de despedirme fue que ella era partidaria de que on tinguis l'òlla no fiquis la pólla. 

Me fastidia reconocerlo, pero realmente adoro a los catalanes. O mejor a las catalanas. Salvada la cosa de la matraca es raro que encuentres a gente con la que se pueda hablar con semejante libertad sin que ello dé a entender supuestos comprometedores. Son comerciantes por naturaleza con el beneficio por única ética, lo cual, claro está, tiende a producir desagradables contratiempos, pero sólo si te pillan con las manos en la masa. En este aspecto, nadie como ellos es tan descendiente de los atenienses de cuando Pericles. 

En fin, ya digo: si remenes força estona, la barreja surt més bona. Y por eso y no otra cosa es que insistan tanto con la matraca. Porque lo que es vivir sin nosotros, sus clientes naturales...

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