miércoles, 3 de enero de 2018

Susceptibilidad

Sostres dice que escribir es meterse en problemas. El Doctor Johnson confiaba en el valor terapéutico de escribir unas memorias personales, pero recomendaba entregarlas a un amigo de la máxima confianza para que las quemase nada más morir su autor. Torrente Ballester, creo recordar, decía que escribir sobre uno mismo y su entorno era miserable, pero, claro, se encontró con la horma de su zapato cuando su hijo Gonzalo sacó a relucir en "Mi Padre" todos los trapos limpios y sucios de la familia. Y, así, podría estar hasta mañana haciendo gala de erudición al respecto sin que ello fuera a servir para sacarme de dudas sobre el qué hacer con las memorias que tengo escritas. Porque es que ya no es como antaño que, una de dos, o un editor pensaba que le podía sacar rendimiento al invento o te gastabas una pasta gansa en editarlas por tu cuenta. Ahora, para gracia, o desgracia, de los aficionados está la autoedición en Amazón. Es cosa al alcance de cualquiera porque no cuesta un chavo, así que ya toda la incertidumbre se coloca sobre si las posibles consecuencias desagradables que pudieran acarrear ciertos aireamientos van a merecer la pena o no. 

Sí, se necesita valentía, que es lo que no sé si tengo. Ya, cuando publiqué aquella historia sobre mi pueblo tuve que soportar unas cuantas reconvenciones bastante desagradables. Y eso que sólo saqué a relucir lo más manido. ¿Qué hubiera sido, Dios mío, si hubiese contado todo lo que sabía? Porque de esas historias contadas en voz baja había unas cuantas circulando por allí cuando yo era niño y hacía muy poco que la gente había dejado de matarse entre sí. Pero es que, ya se sabe, todo pasa menos las susceptibilidades a flor de piel. 

La susceptibilidad, esa característica de la personalidad que mantiene una relación de inversa proporcionalidad con la autoestima. Hazle cualquier gracia, recuerdale cualquier viejo suceso, dile cualquier verdad a un acomplejado y prepárate para cualquier intemperancia por respuesta. Así son las cosas y conviene no perderlas de vista. Y por eso dudo, porque, si bien en mis memorias a quien he pretendido desmenuzar, hasta la exasperacion a veces, ha sido a mí mismo, también saco a relucir a las personas de mi entorno de las que digo lo que en el momento de escribirlo me parecía lo más ajustado a la realidad. Otra cosa es que lo fuera. Pero ahí ha quedado y quitarlo, o modificarlo, sería hacer trampa. 

En fin, y no es que ni por asomo diga nada de nadie que pudiera ir en menoscabo de su honra o dignidad, pero el personal aspira a que el pasado menos glorioso no le persiga y salga a luz cuando menos se le espera. Y así, uno nunca sabe como va a estar la autoestima del posible lector en el momento de verse retratado en lo que fue. Lo mismo que puedes hacerle un favor al ayudarle a reconocerse en lo que es, puedes, también, asestarle un golpe fatal que le deje por los suelos. Arriesgado en cualquier caso. 

Anyway, a mí, juraría, me sirvió escribirlas y también, pienso, podrían ser de entretenida lectura para más de uno me conozca o no. Al fin y al cabo es la descripción de una época. Historia en definitiva. Como todas las memorias.  

No hay comentarios:

Publicar un comentario