Según leí ayer mientras me zampaba el preceptivo pincho de tortilla en el bar La Behetría de Becerril, la fábrica de Renault de Valladolid va a multiplicar por tres su producción de motores. Con cárter de aluminio, por cierto, que no sé si es algo innovador o más o menos lo que hacen todos. Pero eso es lo de menos, porque lo demás es que yo me pregunto a quién demonios piensan vender esa superproducción de coches porque mire uno para donde mire, la primera impresión que se tiene es que ya no cabe uno más. Las más de las familias tienen, cuando menos, uno por miembro adulto. A veces dos porque les da pena vender el viejo por las dos perras que les van a dar. Ya saben lo sentimental que es la gente con todo lo que no sean personas, o sea, los otros, el infierno que dijo Noséquién.
También leí que España está al ochenta por ciento de su capacidad de producción industrial lo que supongo que quiere decir que vamos a toda mecha. Y yo pienso que también eso se nota en el ambiente a pesar de que vivo en un lugar que seguramente es de los más tranquilos del planeta. Nada nuevo, en todo caso, que de estas ya he visto unas cuantas en la vida que luego se vinieron abajo con más o menos estrépito.
Mientras tanto, por la tele, retransmitían en directo el derrumbe de uno de nuestros grandes mitos nacionales. Yo le veía la cara al pobre chaval y me decía, ¿pero qué necesidad tendrá de someterse a tales torturas? Se me hace a mí que su masa muscular sobrepasa con mucho el aguante de sus articulaciones. Es, por así decirlo, una disfuncionalidad que provoca el envejecimiento prematuro del sistema. No pudo más y se retiró con todos los honores, pero vencido. El chico Nadal.
Luego, de vuelta, mientras pedaleaba por la campiña desierta, pensaba en la inevitabilidad del comportamiento bipolar de todos los organismos, sean biológicos, sean sociales o sean del tipo que sean. Todo lo que sube baja se dice con picardía. A una fase expansiva, ya sea de las personas o de la economía mundial, siempre le sigue, a D. G. una retractiva. Porque imagínense de no ser así lo que sería de nosotros viviendo en la estratosfera.
Y ese es el caso que me digo que si eso de multiplicar por tres la producción de motores con cárter de aluminio en Valladolid no será más que un signo premonitorio del batacazo que se aproxima. Son las leyes de la economía que solo engañan al que le ciega la euforia. Producir es facilísimo desde que se descubrieron las cadenas -en sentido literal y metafórico-. Otra cosa es qué hacer luego con lo producido ahora que ya no se pueden expandir los mercados con políticas imperiales.
En definitiva, que tanta es la euforia, tan grande es el pepinazo que le sigue como el trueno al relámpago. La única incertidumbre, diría yo, es si va a ser para mañana o para el año que viene. Y ya van...
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