miércoles, 7 de febrero de 2018

Memorias I

Sigo con lo de las memorias. Ando ahora por un trance personal de lo más delicado por lo difícil que me estaba resultando escapar de la trampa que por aquel entonces me aprisionaba. Así, mantenía un estado de ánimo enfermizamente susceptible que no dejaba títere con cabeza.  Eran los tiempos en que los socialistas estaban ya de retirada después de un largo saborear las mieles del poder y, por contra, los populares ya lo andaban acariciado con lo que a mí me parecía una falta de clase estremecedora. Paso páginas y páginas poniendo a parir a Aznar sin más elementos de juicio que los de la pura apariencia. Era sin duda porque su lenguaje cateto cargado de chulería me traía recuerdos de lo peor de los años de plomo. Así, muestro mi convicción, de la que todavía no me he apeado, de que fue ese estilo de mala sombra del que hacía gala sin recato el susodicho por lo que los populares no llegaron al poder cuatro años antes. Mucha gente para entonces estaba harta del lenguaje de vendedor de burros teñidos que se le había ido pegando con los años a Felipe González, pero viendo lo que venía se acogían a la sabiduría popular del más vale lo malo conocido. 

Por lo demás, ya muestro en mis diatribas el convencimiento que tanto da como da tanto que manden unos u otros porque en lo esencial se hace siempre lo que manda hacer la coyuntura. Los adornos son diferentes, desde luego, y a ellos se acogen para seducir a las masas intelectualmente depauperadas. Así que la lucha política es lucha de adornos y lo que a la postre dilucida es quién va a ser el que reparta todos esos puestazos soberbiamente remunerados. Lo pensaba entonces y lo pienso ahora. 

Los adornos, esa es la cuestión. Porque hay que estar muy al loro para saber por dónde van los tiros. Hoy día acogerse a ese estilo de gala hollywoodiana con sus superioridades morales y tal es la ruina. Lo que mola hoy es Silicon Valley. Uno, por supuesto, se distrae con las series de Netflix, pero con lo que realmente vibra es con el Falcon Heavy de Elon Musk. El mundo, me parece, ya se cansó de ficciones y apostolados y quiere realidad y eficacia. Que se casen entre si bolleras y mariquitas, como tantas otras chorradas, sólo le importa ya a los que se mueren de resentimiento porque se les dan mal las matemáticas. A quienes se les dan bien están en lo de ir a Marte, que eso es lo único que ya va quedando como reto con enjundia. 

Ficciones y apostolados contra realidad y eficacia. En eso va quedando la política, en el resentimiento de los unos contra la vanagloria de los otros. Izquierda y derecha para que nos entendamos. 

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