martes, 5 de enero de 2021

Nihilismo en vena

Ayer estuvimos viendo Zorba el Griego. Seguramente influyó en ello el estado de ánimo propiciado por las circunstancias adversas que venimos atravesando, pero la verdad es que me pareció auténtica basura nihilista. Y esa es una de las grandes cuestiones que me gustaría dilucidar:¿por qué aquel gusto por tal basura cuando aquellos maravillosos años? Tan felices como aparentábamos ser y, sin embargo, nada que no delatase la insoslayable miseria de la condición humana podía suscitar nuestra complaciente aprobación. Digo yo que quizá fuese porque eso nos hacía sentirnos superiores por evolucionados. O, a lo mejor, sencillamente, servía de justificación para nuestras flaquezas, que eran unas cuantas aunque, por comparación, no las considerásemos como tales. Claro que, también podría ser ese alivio que experimenta el resentimiento en las constatación del caos, porque, a buen seguro, resentidos lo estábamos, y mucho, como es consustancial a una época de la vida en la que crees y no piensas porque careces de los elementos esenciales de la experiencia para poder hacerlo. No sé, pero pienso, esta vez sí, que podría estar hasta la noche elaborando teorías sobre las causas de aquella necedad y siempre estaría a la misma distancia del discernimiento. 

Pues sí, ya ven, como todo es paradójico, este año siniestro también lo ha sido el de la iluminación. Para empezar, ha sido mi primer año alejado de la influencia de los medios de comunicación. No he visto un solo informativo ni leído un solo periódico. Mi único contacto con la realidad ha sido YouTube, y las conversaciones telefónicas con los allegados. Los vídeos de matemáticas y tutoriales de música se han llevado la parte del león, aunque también le he dedicado un buen cacho al Instituto Juan de Mariana e instituciones afines. Me he enterado, más o menos, de lo que es todo eso que se conoce como Escuela Austriaca de Economía. Y en fin, que entre unas cosas y otras he tenido una especie de epifanía: he caído en el convencimiento de que he pasado la mayor parte de mi vida llenando la cabeza con basura ideológica. Todas aquellas películas, todas aquellas novelas...   toda aquella mierda tan del gusto de la clase de tropa, que diría el Padre Balaguer, fue lo que hizo de mí un asqueroso socialdemócrata, orgulloso por inconsciente de estar tirando la vida por el retrete. 

Sí, el cine de arte y ensayo que le decían, ¡qué cursilada!, y las novelas goitisolianas, ¡más cursilería!, por no hablar de aquel periódico tan de moda que si te atrevías a leer otro adquirías de inmediato la condición de apestado. Sí, ha sido este año de forzada introspección cuando he caído en la cuenta de hasta qué punto no he vivido por mí mismo. En fin, esto daría para contar y no acabar, pero lo que sí les digo es que tengan cuidado con lo que ven y leen porque es más que probable que so capa de entretenerles, o lo que es peor, cultivarles, les estén haciendo lo mismo que me hicieron a mí, es decir, joderme la vida. 

2 comentarios:

  1. Pues sí,Pedro.La cantidad de bazofia que nos metíamos!Si no,pregúntale a Santi,cuando íbamos al Cine Club CEA,a ver cosas indigeribles.Y salíamos convencidos de estar en poder de la verdad absoluta,como los Podemitas.O la morralla de literatura sudamericana,que me tragaba tal cual.Cuánta razón tienes

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    1. Ya, el todo sea por la moda. Es la única forma que tienen de no derrumbarse los adolescentes. Esa edad en la que cualquiera nos la mete doblada.

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