domingo, 31 de diciembre de 2017

El agujero existencial

Me dijo Fede con esa forma de persuasión vehemente que le caracteriza que siguiese escribiendo mis crónicas del desasosiego. Por su parte, Santi, desde el lejano Tokay, me dice como con melancolía que, desde que dejé de escribir aquí, apenas sabe ya de mí, porque es que la desidia hace a veces que nuestra correspondencia se demore más de la cuenta. Y, luego, yo, que he devenido en yonky de esta actividad cotidiana sin la cual, he podido darme cuenta estos días, el agujero existencial adquiere proporciones francamente desagradables. Así que voy a desdecirme y de paso retomar la adicción con la que, pienso, mejor relleno ese maldito agujero del que nadie escapa y yo el primero. 

Porque esa y no otra es la gran cuesta que tenemos que subir cada día para poder llegar a la cima en armonía con Morfeo. Porque si el agujero sigue vacío cuando el día se agota no hay manera de conciliar el sueño de los justos, es decir, el que repara. 

Y es que ese es, a mi nada modesto juicio, el gran engaño de la vida, pensar que se puede llenar el agujero yendo cuesta abajo y, además, de culo y sin frenos. Confundiendo siempre la justificada necesidad con el despreciable deseo. El complaciente eufemismo con la dolorosa realidad. 

Y así sigue la vida, pensando que vamos acertados y sintiendo que el águila sigue escavando cada día en nuestros hígados. Y ese es todo el misterio de nuestra prometéica condición, que sólo la sabiduría de Atenea puede convertir en diamante la roca del Caucaso a la que estamos encadenados por habernos creído más listos que los dioses. En fin, feliz cotillón y próspero Merimé. 

domingo, 17 de diciembre de 2017

La inmensa laguna

Un día de hace ya diez años, así porque sí me dio por ponerme a este negocio de los blogs para, así, vanitas, vanitatis, hacer públicos mis devaneos intelectuales. Siempre, toda la vida, anduve con este tipo de mandangas. Y en aquella primera entrada les contaba de donde viene, más o menos, esta propensión a buscar explicaciones para todo para después cantarlas. Y utilizaba para ello un parrafito de uno de los artículos de Larra en donde me había visto meridianamente retratado. Decía así: "... pues nunca está el hombre más filósofo que en sus malos ratos: el que no tiene fortuna se encasqueta su filosofía, como el falto de pelo su bisoñé; la filosofía es, efectivamente, para el desdichado lo que la peluca para el calvo; de ambas maneras se les figura a entrambos, que ocultan a los ojos de los demás la inmensa laguna que dejó en ellos por llenar la naturaleza madrastra."

Pasado ya el tiempo y ordeñada la vaca hasta la extenuación pienso que ya va siendo hora de pasar a otros menesteres. En fin. 

viernes, 15 de diciembre de 2017

La propina

En estas etapas de la vida que mi padre llamaba la propina he dado en vivir atormentado por ese precepto que algunos creen puritano pero que en realidad es judío: el que la hace la paga. Y no sólo eso sino que colea la deuda hasta siete generaciones tras él. Así, nunca como ahora he tenido una conciencia tan pesarosa por todas las tonterías que hice a lo largo de la vida. Y no encuentro resquicios para algún tipo de justificación. No, simplemente actué estúpidamente a impulsos de una autoestima estragada por un amor propio sin fondo. Poca inteligencia, mala educación, no pueden ser excusas porque, entonces, apaga y vamos. ¿Para qué entonces la justicia si nadie es realmente responsable de sus actos? No, olvidémonos del pensamiento socialdemócrata y volvamos a los orígenes de la realidad: recogiste tempestades porque sembraste vientos. Lo demás cuentos de la mona. 

Viendo el otro día esa a mi juicio obra de arte que es Boyhood vi que en un lugar destacado del colegio al que van los niños había un cartelón con la siguiente leyenda: cada cual es responsable de sus actos. Bien yo diría que ese debería ser el artículo primero de cualquiera de los decálogos que los profetas bajan del monte. Así, con algo tan meridiano bien interiorizado, todo lo demás viene por añadidura, empezando por la inoperancia de ampararse en la aprobación de la tribu. 

En fin, la propina, tiempo para purgar. Si es que eso es posible. 


Mi penitencia deba a mi deseo,
         pues me deben la vida mis engaños,
              y espero el mal que paso, y no le creo. 

                                                                                       Hasta por el culo me conocen

jueves, 14 de diciembre de 2017

La seva identitat

No sé qué es lo que pretende el gobierno con ese venga y dale de que no boicoteemos los productos catalanes. Nos quieren convencer de que nos traguemos nuestra antipatía porque nos está perjudicando económicamente. Muy bien, sí, pero y qué me dicen de la satisfacción interior que se tiene cuando estando en la sección de charcutería de Mercadona escoges un chorizo de Guijuelo en vez de uno de Tarradellas. Primero porque sabes que te llevas un producto infinitamente mejor y segundo por el regodeo sentimental de darle una patada en culo al enemigo. Porque para mí los catalanes se han convertido en enemigos y decirlo de otra manera sería un eufemismo. Y que quede claro que no fui yo el que empezó todo esto con algo similar al estúpido y odioso som y serem

Y, sí, ya sin tapujos, estoy radicalmente a favor de la independencia de Cataluña. He estado echando cuentas y he llegado a la conclusión de que, en conjunto, saldría beneficiado. Y ellos, ni te digo.  Con longanizas no iban a atar a los perros que lo harían con butifarras para no dañar su identitat. La identitat de esos, pongamos, dos millones de personas que por estar cerrilmente cohesionados pesan infinitamente más que los otros seis que andan desperdigados en lo que hace a sus sentimientos. Porque, esa es la cuestión perfectamente constatable, que de esos seis millones de desperdigados, por lo menos a cinco, se la sopla el que sea pel davant o pel darrera. Y luego, no olviden el dato definitivo, el de que entre esos dos millones de cerrilmente convencidos están casi todos los propietarios de las pequeñas y medianas empresas, por no hablar de las grandes, que sueñan con hacer de Cataluña un paraíso fiscal. Y no digamos jurídico, porque eso va de soi. Sí, convénzanse, las cartas están echadas y "ellos" tienen todos los triunfos. 

Por lo demás, ese milloncejo de hermanos del alma que están allí sufriendo por no ser de la seva saldrían ganando, y mucho, trasladando su residencia al otro lado de la frontera. Porque por aquí, hay sitio de sobra, montones de oportunidades y no huele a mierda. Y además, y sobre todo, aquí hay generosidad. Aquí, de esta parte de la frontera, salvo raras excepciones, primero son los amigos y después la pela. Aquí nos matamos por pagar. Y no por tontos sino porque nos viene de lejos saber que "soy un fue, y un será, y un es cansado" y que "en el hoy y mañana y ayer, junto pañales y mortaja, y he quedado presentes sucesiones de difunto". ¡Es la cultura, tío! Esa es la real diferencia. 

Así que ya les digo, siempre que pueda escoger prescindiré de lo que venga de Cataluña. Y si me preguntaren por mis preferencias votaría porque sean independientes de facto, ya que de todo lo demás ya lo son. Al fin y al cabo yo me siento miembro de una comunidad de varios cientos de millones a la que una sangría de seis millones de fanáticos le iba a venir de perlas para regenerar la comunidad de afectos que le dicen. En fin, a veces, parece que la razón choca con los sentimientos y viceversa. En está ocasión estoy casi convencido de que la una y los otros van al alimón. ¡Que se vayan de una vez, por Dios!

miércoles, 13 de diciembre de 2017

Por bulerías

Todo depende de la perspectiva. Si uno se interesa por eso de los blockchain, el ethereum y demás puntas punteras de la tecnología casi se echa a temblar al enterarse de lo que se nos viene encima. Como cuando se pasó del burro al coche más o menos. Pero luego, por la noche, en el silencio del salón en penumbra, agarra el laptop para demandarle a youtube un vídeo de Fernanda de Utrera y Diego del Gastor por bulerías, y es entonces cuando caes en la cuenta de que el mundo es inamovible: donde hay genio hay Olimpo y lo demás es el Hades. A partir de ahí sólo cabe el obrar en consecuencia. 

Es decir, cultivar ese embrión de genio que todos llevamos dentro para poder dar salida de forma ordenada, o armónica, a todos esos demonios que la naturaleza colocó en nuestro inconsciente. Aprender a expresarse por aquel procedimiento para el que cada uno esté más dotado. En la medida que lo consigues, te liberas y dejas de dar el coñazo. Incluso, si exceles, puedes pasar a formar parte de la sal de la tierra. O sea, a añadir sabor a los alimentos del espíritu. Los que nos hacen humanos. 

Claro, yo comprendo que a la inmensa mayoría le deje frío ver un vídeo de Diego del Gastor. Lo mismo que leer una entrada del Libro del Desasosiego o pedalear por Campos entre trigales en sazón. Y es que no se hizo la miel para la boca del asno. No sólo para crearla, también hay que escalar peldaños para captar la belleza. 

 Y sí, desde luego, está muy bien el coche y el youtube y el blockchain e, incluso, el ethereum, y nos aprovecharemos de lo que su uso nos proporciona, pero no nos confundamos, porque en lo esencial, en el genio para concretar, estamos en donde estábamos en la noche de los tiempos. Ni se llega más lejos por ir en coche en vez de pedaleando ni se genera más confianza con el blockchain que con el apretón de manos. Así que menos lobos con el progreso y más Diego del Gastor para progresar. 

lunes, 11 de diciembre de 2017

Compliance

 Cuando empecé a ejercer la medicina se hablaba como de cosa de marcianos que en los hospitales americanos siempre había abogados en la puerta alentando a los pacientes que salían a poner querellas a los médicos. Una sistemática infalible ya que por la propia naturaleza de las cosas es inevitable que un determinado porcentaje de tratamientos no funcionen con la consiguiente frustración y mala disposición hacia el médico del paciente. Pocos años después, estábamos aquí en las mismas y, salvo dejados como yo, todos los médicos contrataban un seguro en previsión de sentencias condenatorias. Porque, qué duda cabe que hay malas prácticas, pero no suele ser sencillo determinar si son por negligencia o por error involuntario y ahí es en donde suele ser definitivo la presión mediática sobre el juez que lleva el caso. En resumidas cuentas, que la justicia ciega puede amargar la vida a un justo a nada que tenga el día un poco sentimental. Y así fue que, para curarse en salud, los médicos acabaron por hacer firmar papeles autoinculpatorios a los pacientes para cualquier prueba de tres al cuarto. El otro día la dermatóloga me hizo firmar antes de aplicarme el nitrógeno líquido en una queratosis seborréica. ¡Cómico! 

Y así la Justicia ha ido expandiendo sus tentáculos como una mancha de aceite. Pocas actividades humanas se salvan de su ojo escrutador. Ni siquiera en lo que hasta anteayer se consideraba el territorio sagrado de la intimidad. Ahora es como si sobre cada tálamo estuviese Temis vigilando a ver si se hacen las cosas como es debido. Y amárrate los machos como no la satisfagas. Porque no deja pasar una. Así que no es de extrañar que los vampiros salgan ahora por la noche con el formulario en el bolsillo para hacérselo firmar a la víctima antes de cualquier clavada de colmillos. Como lo de la queratosis seborréica en definitiva. Una salvaguarda contra las arbitrariedades de Temis. 

Ayer mismo estuvieron todo el día las televisiones británicas relatando a modo de recordatorio conminativo que un poderoso caballero que había salido de caza nocturna sin los preceptivos formularios en el bolsillo había muerto en la trena cansado de esperar la redención. Así que ya ven, de un plumazo se han cargado el principal incentivo para acumular poder: si ya no se va a poder agarrar a las mujeres por el coño, como dice Trump, mejor tirarse a la bartola que matarse a trabajar para fundar un imperio. ¡Por Dios bendito, qué vida más triste nos espera!

Ayer, mi hija, que como trabaja en la City se entera de muchas cosas, me informaba sobre la palabra de moda en el mundillo de los negocios: compliance. Nada que ver con aquella compliance -distensibilidad pulmonar- que yo medía colocando un balón en el esófago conectado a un transductor de presión. La compliance de ahora es conformidad con la ley. O sea, que si tú montas una empresa y no quieres acabar de mala manera lo primero que tienes que hacer es implementar un departamento de compliance que te asegure que hasta la más mínima decisión que tomas se ajusta como un guante a la ley vigente. Imagínense lo que va a ser un mundo sin chanchullos. Ni clientelismos, ni nepotismos, ni sobornos, ni na de na. Ya me dirán, así, para qué vamos a querer una Junta en Andalucía o una Generalidad en Cataluña. La política ajustada a la ley no necesita políticos para nada. Necesita simplemente un potente ordenador. 

Resumiendo: hágase la Ley y abúrrase el mundo. 

domingo, 10 de diciembre de 2017

Descojone universal

¡Madre de Dios! No se si vieron ayer lo del Johnny Hallyday por la tele, supongo que sí porque hasta en la sopa, pero es que, ¡leches!, yo no he visto nunca algo tan parecido al descojone universal. La mayor concentración nunca vista desde la toma de la Bastilla de horteras, macarras, camellos y demás crème de la créme del subdesarrollo ciudadano. Y lo mejor de todo, el Presidente y dos expresidentes, de maestros de ceremonias de la vacarme. Desde luego hay que ver lo que es capaz de digerir el cuajo patriótico. Porque es que el tipo era un puro trampantojo que en lo único que sobresalía era en su habilidad para evadir impuestos. Claro que por otra parte fue maestro inigualable en la incitación a consumir cuero, drogas, motos, tatuajes, pierçings, lacas y supongo que perros de presa. De música, mejor no hablar. 

El caso es que hoy a primera hora de la mañana he leído en algún periódico un artículo pasado de erudición de un tal Siruela sobre la actualidad de los decadentes del siglo XIX. Lo he querido releer luego, pero no lo he encontrado por ningún lado. ¡Misterios del marketing! En fin, sea como sea, aquellos señores estaban horrorizados por los estragos que producía en el medio ambiente la revolución industrial y, a falta de mejor consuelo, se pusieron a experimentar con drogas por tal de ver que se podía extraer de los perturbados estados de conciencia que con ellas se consigen. Algo parecido, a qué engañarse, a lo que hice yo, y tantos de mis amigos, en esa época de la vida en la que lo tienes todo pero quieres tener más. Y, sí, se consigue tener más, aunque sea a un alto precio: la experiencia de la decadencia, cosa, por supuesto, nada despreciable a efectos de tomar conciencia de la insufrible levedad del ser. Sea como sea, uno consiguió sobrevivir a la ordalía con una cierta habilidad para la comprensión exhaustiva de los textos nacidos al calor de las experiencias vividas por aquellos mentados decadentes del XIX.

Pongamos por caso, "Les Paradis artificiels" de Baudelaire. Su lectura me puso negro sobre blanco todo lo que había sentido en mis experimentaciones sin poder ponerle palabras. Efectivamente, comprar un poco de euforia para mejor poder comulgar con los santos es una bendición que nos han concedido los cielos. Pero, ojo, porque de ahí a comprar supremacismo sólo hay un paso que en dos días te puede dejar fuera de onda y más solo que la una. Zombi, en definitiva, como todos aquellos que asistían ayer a la ceremonia de nueva toma de la Bastilla oficiada por el asshole de Macrón. En fin, ya digo, el descojone universal. 

sábado, 9 de diciembre de 2017

Un mundo mejor

Leo un artículo de Juan Abreu. Dos ideas que comparto al cien por cien. Una: llamar cultura al folklore es una exageración. Dos: civilizarse es distanciarse de la tribu. Con sólo esas dos ideas ya podemos construir un mundo infinitamente mejor.

A Juan Abreu le vengo siguiendo desde aquel intento fallido que fue FACTUAL. Fallido por demasiado ambicioso para el momento. Quizá ahora, ocho o diez años después, hubiera conseguido tirar adelante, aunque, por otra parte, puede que su espíritu esté ya impregnando a la prensa en general. Porque, no lo duden, está cambiando y sin duda para mejor. Incluso en catecismos tan reaccionarios como El País o La Vanguardia se nota ya la mejoría. Y esto, no lo duden tampoco, ha de traer cierta sanación a esa parte del cuerpo social que tiende a acogerse a ideologías destructivas para mejor sobrellevar su incapacidad de distanciarse de la tribu. Muchos se van a sentir huérfanos y van a tener que buscarse la vida, lo cual, ya saben, es la mejor manera de madurar. 

Pero, lo que les quería decir es que, si quieren pasar un buen rato, lean al Juan Abreu que escribe sobre erotismo. Lo borda. Personalmente no creo que haya un tema literario más  ameno y también más difícil de tratar. Porque a nada que te pasas un pelín ya estas cayendo en el porno, que tampoco es que pase nada, pero no queda fino... aunque lo fino en estos temas, para que nos vamos a engañar, esta a cuatro centímetros de lo cursi que es lo peor de todo en asuntos literarios. 

En cualquier caso Abreu no es Anais Nin saliendo del cuarto de su padre chorreando semen por entre las piernas, ni el Bruno de Houellebecq con su psicosexopatía discapacitante, ni tampoco la obsesión adolescente de My Secret Life. Para mí Abreu es sobre todo el sexo como manifestación suprema de la inteligencia. Es el disfrute sano de la vida. Eros venciendo a Tánatos, para que nos entendamos. 

¡Ay, Dios, cuánto mejor sería el mundo si la gente leyese estas cosas en vez de tanta tontería! 

viernes, 8 de diciembre de 2017

¡Anda qué no!

Como la gente sabe que todo lo relacionado con los perros me chifla, un gracioso me mandó el otro día un vídeo en el que se ve a una señora toda embutida en pieles menos sus partes sacrosantas convenientemente depiladas, un koyak que le dicen, y que obliga a su marido a disfrazarse de perro si quiere tener sexo. Pero es que además el cuitado no puede meter lo suyo sino que tiene que contentarse con acoplar en los diversos orificios de la susodicha animalista un juguete que remeda a un pene de perro que por cierto es una cosa bastante asquerosa. Y así anda el patio y supongo que por tal es que nuestros políticos parlamentarios vayan a dedicar sendas sesiones a debatir sobre la naturaleza de las mascotas, cabra de la legión incluida, supongo. Bueno, digo debatir por decir algo porque en que no son cosas están todos de acuerdo, incluidos los nacionalistas, lo que ya es decir. Por eso el misterio ahora consiste en saber qué condición les van a dar. Y yo me temo lo peor por aquello de que para esa gente tira más un voto que soga de marinero o pelo de coño. 

Uno más de la familia dice la gente orgullosa señalando a su perro. Y le llevan al peluquero y consideran que son los cuarenta o sesenta euros mejor gastados de su vida. Y van con ellos por la calle llenándolo todo de lo que sin duda consideran que son imundicias divinas. Y yo, que soy un desgraciado sin perro que me quiera, me debería alegrar cada vez que piso una de ellas porque sabido es que da suerte. Bueno, en realidad nada nuevo bajo el sol que ya los egipcios de cuando Tutankamón consideraban sagrados a los escarabajos y te podían matar por pisar uno, aunque fuese por descuido.

Y ya, si quieren rizar el rizo, acuérdense de aquella película que quería ser una especie de hagiografía de his Holiness the 14th Dalai Lama. Pues bien, a His Holiness se le ocurió que sería bueno que sus seminaristas viesen cine americano. Y a tal efecto mandó construir una nave a guisa de cine. Pero, ¡ay hijo!, había para ello que remover la tierra y con ello provocar la muerte potencial de unos cuantos gusanitos. ¡Intolerable contradicción, hermano! Y así fue que cientos de monjes estuvieron meses removiendo la tierra con sus manos para evitar la menor posibilidad de gusanicidio. Claro, que a cien metros de allí hubiese miles de tibetanos muriéndose de hambre, pelillos a la mar. A His Holines se la bufaba. Y al occidente ahíto también y por eso odiaban a los chinos que querían hacer comer a los tibetanos a la fuerza. Ya saben, los budistas, esa gente tan santa que tanto tiene que enseñar sobre una única identidad para todo lo que vive. Y si no lo creen pregúntenselo a los rohingyas de Birmania que están estos días disfrutando del amor infinito hacia lo vivo de sus compatriotas budistas. 

Y hoy, portada de todos los periódicos, que un adolescente tira al gato por la ventana, lo filma y lo sube a la red. A Dios gracias ya está detenido y puesto a disposición de la justicia. ¡Anda qué no!

jueves, 7 de diciembre de 2017

Crecepelos

Hay cosas en el mundo que, por así decirlo y valga la redundancia, ni Dios va a cambiar nunca, entre otras causas porque no le sale a cuenta. La creencia en los crecepelos, por ejemplo, que proporciona un cálido refugio a los acomplejados por la calvicie. La creencia en definitiva. 

Tirando de comedia en youtube uno se da cuenta de que, en resumidas cuentas, el humor no es otra cosa que ridiculizar las creencias. Al respecto, claro, las religiones se llevan la palma. Porque mira que hay que tener ganas, o necesidad, de consuelo para creer semejantes patochadas. Pero, luego, hay multitud de actitudes cotidianas de los mortales cuya justificación sólo se sustenta en que "se llevan". O sea, puro ponérselo a huevo a la conciencia crítica para hacer chistes. 

Así, uno se pone a ver vídeos de religious jokes y es el cuento de nunca acabar. Empiezas por Dave Allen y ya la aplicación se encarga de seguir por George Carlin y luego otro y otro hasta que cuando ya empiezas a estar harto va y aparece una entrevista a Daniel Dennet, un tipo que, por si no lo saben, es uno de entre los más reputados azote de idiotas que existen en este momento. Pero no desde el humor sino desde el estudio científico de la conciencia. Y claro, el hombre se expresa y poco puede decir que no digamos todos los que tenemos dos dedos de frente: que los que razonan partiendo de premisas basadas en la fe son el cáncer del mundo. A partir de ahí y sabiendo lo que son las terapias del cáncer y sus pobres resultados ya nos podemos imaginar lo que nos espera. 

Pero bueno, tampoco hay que desesperar. Porque dicen los entendidos en la materia que ya hemos conseguido convertir determinados cánceres en enfermedad crónica. La gente que los padece vive con su angustia secreta pero, por lo demás, parece normal. Como esos cristianos que van por ahí sin que se les note a primera vista que creen en la transustanciación del Padre en el Hijo. Si no les tocas el tema, ni se acuerdan. Aunque, tampoco es que la cosa vaya a ser inocua, que el que propende a tragar pasa, un suponer, de Cristo a Walt Disney como del vino a la mariguana. El caso es que le coloquen. Una realidad alternativa que le dicen. 

En fin, ¡qué mundo éste de compradores de crecepelos!   

miércoles, 6 de diciembre de 2017

Crujiente

Una de las cosas más alucinantes de estos últimos años es la disponibilidad inmediata de maestros para cualquier cosa que se quiera aprender. Un suponer, esa falseta por bulerías de Diego del Gastor con sabor a ida y vuelta. Pues bien, sólo tienes que pedírselo a youtube y tienes un montón de posibilidades que, además, los internautas se han encargado de filtrar de mejor a peor para que no te canses rebuscando. Porque esa es otra, que con esto hemos descubierto lo que nunca hubiésemos supuesto ateniéndonos a los discursos triunfantes en los medios, que no es otra cosa que la ingente cantidad de conocimiento que acumula la sociedad en general. Y ésta es la realidad más crujiente, como diría LoremariluGT, que el conocimiento ha salido del reducto de las élites para expandirse por el mundo como si fuese una mancha de aceite que lo va impregnando todo alrededor. 

Y ahí precisamente está la madre del cordero, que ya no hay escusa. El que no mejora en lo suyo es simple y llanamente porque es un bandarra y como tal será considerado por cualquiera que esté vivo. Entonces, ya, sólo le quedará una opción para no derrumbarse: afiliarse a uno de esos partidos políticos que exaltan la pereza mental y preconizan la destrucción del individuo pensante. Un triste consuelo, en cualquier caso, porque como estamos viendo en el mundo en general y por estos lares en particular, no es más que ilusión para hoy y frustración para mañana. Y sus Iglesias, un mausoleo en ruinas por mucho que se hagan notar.

La crujiente realidad: a mayor conocimiento más individualidad y menos manadas sanfermineras. El mundo se va a hacer irremisiblemente aburrido. ¡A Dios gracias!  

martes, 5 de diciembre de 2017

Shakesperiano

Si me preguntase uno de esos entrevistadores medio tontos que tanto abundan cual es el autor que más me ha impactado en la vida tendría que contestarle sin lugar a dudas que era autora y se llamaba Richmal Crompton. Escribió la saga de Guillermo, desde el Conquistador al Proscrito, y sin su lectura mi infancia seguramente habría sido una mierda y el resto de mi vida seguramente también... aunque no estoy muy seguro de que no lo haya sido. Luego, en la adolescencia leí bastantes novelas de aventuras, pero  las que me han quedado indelebles en la memoria han sido sobre todo las inglesas: La Isla del Tesoro y Robinsón Crusoe son casi religión para mí y nunca pasan muchos años antes de les vuelva a pegar un repaso. En definitiva, cuando en el año 67 del siglo pasado aterricé en Londres no fue por casualidad. Venia arrastrando de lejos una querencia por la forma de ser anglosajona y, al final, puse manos a la obra. Y fíjense si habré tenido éxito en mi empeño que toda mi descendencia vive allí. 

Bastantes años después, cuando empecé a dar muestras de cierta capacidad de raciocinio las circunstancias me situaron en un ambiente en donde todo el debatir giraba alrededor de las obras de Shakespeare. De aquella casi me vuelvo loco. Era como quedarse en carne viva. Sin la menor piedad. Luego vino el Leviatan de Hobbes y más de lo mismo. En fin, y de allí a los cómicos de ahora que, a mi juicio, no tienen parangón en lo de despellejarse a sí mismo. 

Resumiendo, que mi opinión de aquella sociedad es que todo se confabula allí para que las personas sean individuos constituidos como tales antes de ser cualquier otra cosa. Y, a la vista están los resultados que tal táctica, digamos que cultural, les ha procurado a lo largo de los últimos siglos. Por así decirlo, en todo esto de la modernidad todos hemos ido a rebufo de ellos. Incluidos los narcisistas franceses, bien sure.

Y por eso es que me extrañe tanto todo lo que está pasando por aquellos pagos ahora. El asunto del Brexit y todo eso. Sin duda ha sido un error de cálculo garrafal del que es probable que vayan a sacar grandes enseñanzas. De hecho, si miras las televisiones inglesas, parece como si tuviesen montado un drama shakesperiano ininterrumpido. Se arrojan argumentos unos a los otros con la típica precisión cortante que les caracteriza, pero la realidad es que no se pueden mover un milímetro. Me recuerda mucho a aquella gloriosa frase de Franco de que todo está atado y bien atado. Y seguramente, por las buenas nadie lo va a desatar. Tendría que correr la sangre y a nadie le va a interesar, por lo menos mientras la mayoría viva tan bien. Ayer, por ejemplo, parecía que habían dado un pasito hacia delante y todas las cabeceras lo celebraban, pero a la media hora, alguien, los unionistas del Ulster en este caso, pusieron sus remilgos y todo a tomar por el saco otra vez.

En fin, seguiremos atentos a la pantalla. 

lunes, 4 de diciembre de 2017

Vitoriano


Siempre que voy por un camino en medio de la nada me acuerdo de Vitoriano. Todos sus cuadros eran eso, un camino perdiéndose en el horizonte. Su hermano, que también pintaba, y con bastante renombre por cierto, era parecido, solo que más ambicioso: algo así como meteoritos proyectados en el universo infinito. El más allá siempre; quizá la muerte que les tenía obsesionados. Desgraciadamente les llegó temprano a los dos.

Anduvimos ayer caminando por esas inmensidades vacías. Sólo los ocasionales graznidos de cuervos y urracas perturbaban el silencio abrumador. Y en el cielo, siempre, el vuelo majestuoso de la pareja de milanos reales de guardia. Por lo demás, el yo consigo mismo frente a la nada. Terreno abonado a la melancolía. ¡Y qué le vamos a hacer! 

domingo, 3 de diciembre de 2017

La Hidra de Lerna

Dice Ferlosio que lo de Cataluña es un coñazo. Por mi parte no puedo estar más de acuerdo y procuro por todos los medios, bien que con poco éxito, que me afecte lo menos posible. Porque la realidad es que es tanto el bombardeo desde todos los ángulos que ni que te metas bajo tierra vas a estar a salvo. Algo está fallando, desde luego, y no parece que seamos capaces de dar con el qué. Así, quizá la solución que más me mola es la que apuntaba la historiadora Roca Barea: cortar por lo sano y que sean independientes las regiones que así lo deseen y que cada cual se organice luego por su cuenta. No creo yo que de esa manera fuese a ser mayor que la que estamos padeciendo al presente la hemorragia de energía vital. 

Para mí, aventajado discípulo de Pessoa, nada hay más insoportable, e intolerable, en esta vida que la gente que te quiere cambiar la vida porque se siente incapaz de cambiar la suya. Y mira que está el mundo lleno de esa chusma. Es por así decirlo como la Hidra de Lerna, que le cortas una de sus siete cabezas y le salen otras siete. Y no hay Hércules que valga para acabar con ella. 

Anoche estuve viendo por enésima vez Boyhood, ya saben, esa película que ve crecer a sus protagonistas en tiempo real.  Pues bien, de entre todos los personajes sólo hay uno que se interesa por la política. ¿Adivinan quién? Pues muy fácil, el padre cantamañanas. El fracasado que apoya a Obama frente a McCain porque su mente adolescente intuye que el uno representa el esfuerzo colectivo frente al esfuerzo individual del otro. Es una simplificación ridícula, claro, pero absolutamente poderosa por sus ingentes adeptos. Al final, gano Obama. ¿Y qué pasó que no hubiese pasado si hubiera ganado McCain? Se lo diré: sólo y exclusivamente que los fracasados dejaron de dar el coñazo por unos días. A los cuatro, volvieron a las andadas porque en ello les va la vida. 

Y en eso consiste todo el mal de este mundo, que los fracasados para resarcirse de su absoluta incapacidad de ocuparse de sí mismos tratan por todos los medios de implicar a los demás en sus delirios. Será genético, será mala educación, lo que sea, pero ¡madre mía, qué coñazo! Sí, la verdad, convendría ir pensando en remedios quirúrgicos porque con pastillas ya hemos visto que no se consigue nada.  

sábado, 2 de diciembre de 2017

Getting older

Le preguntan a un andaluz ante los micrófonos y las cámaras de la televisión estatal que qué le parece esto de la ola de frío en curso y, con ese desparpajo que caracteriza a los de la región, ha contestado: ¡Que dure, que dure, que así se van los microbios y la gente!

¿La gente? ¿A qué gente se está refiriendo? A los turistas no creo porque entonces apaga y vámonos. Sí, no cabe duda, tiene que haberse referido a los viejos. Los viejos duracell que ya van siendo una carga insoportable. Para la familia y para el Estado. Que a la familia ya tiene uno experiencia de lo que son estas cosas y al Estado no hay más que leer hoy los periódicos: para la última paga de las pensiones ha habido que pedir un préstamo a los bancos.  

Bueno, si están aburridos y quieren hacerse una idea de estas cosas pasando de paso un buen rato les recomiendo que vayan a youtube y pongan DAVE ALLEN-GETTING OLDER. Tiene subtítulos en español que aunque no es lo mismo, menos da una piedra. Sí, el verdadero problema, como bien apunta el cómico, es que al perder la memoria ya no nos acordamos de a quién queríamos matar cuando ya no se sirviese por sí mismo. Nadie quiere ser una carga para los demás, pero como cuando lo es no se entera pues que siga la fiesta. Es tremendo, pero así es en la inmensa mayoría de los casos. 

En fin, de todo hay que hablar. Pero, sobre todo, de todo hay que reírse. 

viernes, 1 de diciembre de 2017

Patria querida

Recuerdo que era una tarde de invierno, próxima la Navidad ya, cuando paseando por una calle adyacente a la catedral de Barcelona tuve una de esas percepciones de la perfección que dejan en el espíritu una huella indeleble. Y fue que un ciego estaba tocando al acordeón Asturias de Albéniz. Esa pieza sin aparentes dificultades técnicas tiene sin embargo algo que la hace endemoniadamente difícil de interpretar. Por lo menos para mí. Haga lo que haga, e insista lo que insista, me sale de una monotonía astragante. Y lo mismo siento la mayoría de las veces que se la escucho a los más variados interpretes. 

En realidad hace ya mucho que caí en la cuenta de que lo aparentemente fácil es lo más difícil. Y, además, de que es precisamente ahí en donde reside una de las grandes trampas de la vida. Porque con lo difícil, si se le aplica tesón, no se requieren grandes dotes para alcanzar la excelencia. Pero, con lo fácil, ¡ay!, olvídate del tesón: ahí la excelencia sólo puede venir de la mano del genio... cosa, que por otra parte, la naturaleza prodiga con cuentagotas. 

Así y todo, sin que la ilusión me ciegue, y por una especie de tozudez congénita más que nada, me puse otra vez con lo de Asturias por ver si con todos los tutoriales que me acabo de tragar en youtube consigo desentrañarle los intringulis a ese desaforado subir y bajar -por eso se llamará Asturias, supongo-. Porque hay que reconocer que, si no otra cosa, es por lo menos un ejercicio de lo más estimulante. 

En fin, miro por la ventana y veo que nieva. ¡Ya era hora!        

jueves, 30 de noviembre de 2017

Tutoriales a dojo

Perdida en la memoria, lejana en el recuerdo, como cantó el Gato Pérez, tengo aquella noche de vino y rosas en San Sebastián en la que estuvimos escuchando al trío virtuoso formado por Al Di Meola, John Mclaughlin y Paco de Lucia. Fue en un recinto enorme y estábamos sentados, o tirados, en el suelo y con el correspondiente colocón de mariguana. Cosas de la juventud, en fin, que si no para otra cosa sirvieron al menos para tener una historia común que sacar a colación en las veladas de nostalgia colectiva. Pero no es a eso a lo que quería ir hoy.

Lo de hoy tiene que ver con ese trío y una secuencia del documental "La Busqueda" en la que Paco de Lucia cuenta la sorpresa que se llevó Mclaughlin cuando le preguntó cómo se improvisaba a la guitarra. Claro, McLaughlin le estaba viendo improvisar todas las noches en la gira que ambos estaban llevando a cabo por todo el mundo. Lo que no sabía era que Paco no conocía los intríngulis de lo que estaba haciendo cuando improvisaba. Es decir, en aquellos maravillosos solos había mucha técnica pero ninguna teoría. Era todo instintivo. De oído, como se suele decir. 

La anécdota, reconocerán conmigo, tiene su miga. Porque demuestra hasta qué punto el ser humano por mucho poder que tenga está acomplejado frente al saber. Y ahí, en el momento de esa pregunta, y la confesión de haberla hecho, está la mayor grandeza de Paco: reconocer la causa de sus limitaciones y querer resolverlas.Porque se había dado cuenta de que saber teoría pone alas al instinto.  

Pensaba en estas cosas porque en los últimos tiempos toda mi actividad intelectual se concentra en el visionado de  tutoriales musicales. Y la verdad es que doy muchas gracias a los dioses omnipotentes por haberme instigado a iniciarme en este mundo sin limitaciones. Y sofisticado por demás, porque por alguna razón biológica que desconocemos determinadas combinaciones de sonidos y ritmos tienen la propiedad de suscitar emociones reconocibles. Dado lo cual, no sabe el profano hasta qué punto y con qué facilidad puede estar sometido a manipulaciones sentimentales por medio de la música que suele acompañarle durante las más diversas actividades, desde ver cine, viajar en tren o hacer la compra en el super. 

En resumidas cuentas, que internet mediante, uno tiene la oportunidad de desasnarse un poco al respecto. Y uno puede comprender el porqué de que Paco hiciera esa pregunta a Mclaughlin. Y es que los tutoriales dedicados a la música flamenca se concentran en la técnica y cuatro detalles armónicos, dejando lo demás a la intuición del ejecutante, mientras que el jazz y el pop dan la técnica por dominada y se enredan en un sin fin de retorcimientos de la armonía tradicional. Porque es que la música, como todo lo que coloca, gasta pronto su efecto y se necesitan nuevas sustancias para reactivarlo. Ciencia combinatoria en definitiva. El cuento de nunca acabar. En fin.  

miércoles, 29 de noviembre de 2017

Por su nombre

Los de youtube, de los que soy fiel admirador, me envían todos los días dos o tres vídeos de lo que ellos consideran candente actualidad. Bueno, en realidad no sé quién me los envía, pero el caso es que me llegan. Ayer, por ejemplo, llegó uno en el que una periodista de prosodia catalana por los cuatro costados echaba pestes de la situación que se vive en aquella región de España. Lo peor, claro está, la convivencia, que se ha convertido en un infierno. Tres cuartos de lo mismo de lo que pasaba hace cuatro días en todo el territorio de las Provincias Vascongadas y sigue pasando hoy en todo lo que no sean las capitales. Exactamente, para que nos entendamos, lo que hemos visto hasta la saciedad en las películas con tema de alemán malo. Unas cuantas, por cierto. 

Vengo diciendo hace tiempo que los dos sitios más atrasados de España son Cataluña y el País Vasco y, por supuesto, la gente que me oye me mira como diciendo este tío está majara. Pero hablo con conocimiento de causa porque he vivido en los dos sitios. Y sí, les puedo asegurar que son sociedades cien o doscientos años por detrás de la que puede haber, por poner otro ejemplo de lo que conozco, en Castilla la Vieja. La misma Barcelona, cuando uno comprueba la relación de la abrumadora mayoría de sus habitantes con el principal club de fútbol de la ciudad no puede sino pensar que las aldeas no son cuestión de tamaño. La unanimidad es el signo por antonomasia del sometimiento. No en vano fue un partido político catalán, el primero que se formó allí, el que ostenta el título de "últimos de Filipinas" en la defensa a ultranza del esclavismo. 

Ahora, por aquello tan lustroso de resumir los problemas con el uso de una palabra culta llaman a lo que pasa en las provincias desleales supremacismo. Se quiere decir con ello que se consideran superiores al resto. Puede ser, no lo voy a discutir. Pero eso, como médico que soy, sé que sólo es un síntoma más de los que denuncian el profundo trastorno orgánico que está en el origen de la enfermedad. Y ahí es a donde debemos llegar si no queremos hacer como los malos médicos que pretender curar enmascarando los síntomas.

El trastorno orgánico, ese es el asunto. ¿Cómo desenmascararlo? Habrá que extraer una muestra y analizarla, digo yo. El informe PISA, un suponer, es un buen indicador. En cualquier caso, infinitamente más fiable que la renta per capita. Porque esa es la primera contradicción, el no tener nada que ver la cuantía de la una con los resultados del otro. Habrá que preguntarse por el porqué de las cosas. 

No sé, digo yo que el que se tenga esa unanimidad enfermiza por sostener que el Barça es más que un club unido a unos resultados bastante mediocres en las pruebas PISA a lo mejor es indicación de que algo no funciona muy bien allí arriba por donde se razona. Quizá falta de inteligencia por el simple hecho de haber nacido catalán... no creo en esas cosas, la verdad. Quizá la mala educación propiciada por la falta de cuestionamiento de unas tradiciones arcaicas... me inclino por este lado. 

Ya en el siglo XIX los empresarios del lugar, los mismos que tenían esclavos en sus ingenios de Cuba o negociaban con ellos desde sus bases en el Maresme, decidieron, cuando los obreros empezaron a reclamar su parte del pastel, regresar al feudalismo por medio de la construcción de colonias fabriles alejadas de las ciudades. Auténticas distopias, como se dice ahora, en las que el sometimiento al patrón era absoluto. Y de aquellos polvos...

Resumiendo, la experiencia me dice que las patologías se enmascaran tras síntomas que dan el pego y de ahí que cueste tanto diagnosticarlas. Por eso son tan importantes los buenos médicos. Maria Elvira Roca Barea, en el caso que nos ocupa. Pues bien, sostiene Maria Elvira que lo de Cataluña no es otra cosa que un rebrote del feudalismo del que nunca se curaron del todo en aquella comunidad. Las oligarquías locales no consiguen concebir una sociedad sin pastoreos. Y de ahí, de esa tara mental, todo lo demás por añadidura. Así que ya sabemos de qué  va aquello: tú eres superior -te sientes seguro- a condición de que te acoples al rebaño. Y eso es todo, atraso de siglos.    

martes, 28 de noviembre de 2017

Hemorroides

Para saber que el ser humano lo pasa más mal que bien en la vida no es necesario leer a Shopenhauer. En el momento en que te haces consciente de los peligros sin fin que te acechan ya es imposible no vivir con el culo prieto y, de ahí, que no de otra causa, la ingente prevalencia de esa enfermedad inconfesable: las hemorroides. Digamos que es el indigno tributo que nos vemos obligados a pagar los humanos por el privilegio de la razón que nos concedió la naturaleza.  

Sí, ahí está, la razón, ese instrumento que nos permite pensar y que cada cual usa en función de sus habilidades, innatas o adquiridas, que nunca se sabrá cuantas de una u otra clase habrá en cada uno de nosotros, aunque las sensateces prematuras nos hagan sospechar del predominio de las innatas que, a la postre, son las que más molan. Nacer inteligente que le dicen, no nos engañemos, es el verdadero chollo. Y no le demos más vueltas, porque la más auténtica injusticia de este mundo nos viene de fábrica y tiene poca solución: que un listo se malogre es fácil, pero que un tonto espabile, imposible. 

Y en esas estamos, con la injusticia a cuestas e inventando siempre artilugios para que nos pese menos. La dichosa política para que nos entendamos. Creamos varias opciones y el personal se apunta a ellas en función de su cacumen. Todo depende de a quién achacas la culpa de las almorranas que te salieron: a ti mismo o a los otros. Ese es el meollo de la política: te autoinculpas y te quedas en casa a estudiar o culpas a los otros y sales a la calle a dar gritos. Individuos y masa. Conciencia e inconsciencia. Inteligentes y lerdos. 

En fin, sí, ya sé, las cuestiones morales. Nietzsche dixit:

"La moral... Dónde creéis que tiene sus más peligrosos, más rencorosos defensores?... He aquí un fracasado que no posee suficiente espíritu para sentirse satisfecho de lo que tiene, y que no obstante ha recibido suficiente cultura como para saberlo; se aburre, siente hastío de sí mismo, se desprecia; para colmo, desposeído por una pequeña herencia del consuelo supremo, de la "bendición del trabajo", del olvido de sí mismo en la "tarea cotidiana", es un ser que, en el fondo, siente vergüenza de su existencia -tal vez, bajo su más profunda cara, alberga algún pequeño vicio en lo más recóndito de su alma; por otra parte no puede impedir corromperse cada vez más, volverse siempre más vanidoso e irritable debido a lecturas a las que no tiene derecho, o a frecuentar personas demasiado intelectuales para su capacidad digestiva: envenenado hasta la médula-, ya que para un fracasado de esta estirpe el espíritu es veneno, y veneno también la cultura, la soledad y la propiedad; se hunde finalmente en un estado de rencor, en un deseo crónico de vengarse... ¿De qué crees que tiene necesidad, absoluta necesidad, para conservar frente a sí mismo una apariencia de superioridad sobre espíritus más fuertes que el suyo, para darse, por lo menos en la imaginación, la voluptuosidad de la venganza lograda? De la moralidad, siempre de ella, sin duda alguna, tiene necesidad de los preceptos de la moral, de la gran arca de la justicia, de la sabiduría, de la santidad, de la virtud; tiene necesidad de la actitud estoica (¿ah, estoicismo, que bien ocultas lo que no se tiene!...), tiene necesidad de la capa del silencio superior, y de otros idealistas encubrimientos bajo cuyos ropajes vemos a los incurables que se desprecian a sí mismos y que son también los incurables vanidosos." 

lunes, 27 de noviembre de 2017

De muerte

Ayer era un día de esos para pasarlo en el mirador. Soleado y con un viento del nordeste de los que traspasan varias capas textiles. Así y todo, y debido más que nada a la insistencia de María, nos echamos a la carretera. Y, la verdad, metido uno ya en harina, caes en la cuenta de que la cosa no era para tanto. Convenientemente pertrechados pusimos cara al viento y tiramos hacia Fuentes de Valdepero. De allí a Monzón, que como todo es bajada, está chupado. Y en Monzón nos metimos en lo de Josefina. Curiosamente, no había bullicio. Y no es que hubiese poca gente. No sé a qué sería debido tan extraño acontecimiento. Pedí un verdejo y un pincho de morro. El morro estaba de muerte. Se lo dije al marido de Josefina y el hombre lo agradeció tanto que hasta me dio una palmada en la espalda. Sí, nos queda muy bien, dijo. 

Son curiosos los derroteros de la vida. Uno se ha esforzado lo indecible por ascender por los más variados vericuetos del saber y al final en lo único que me he convertido en experto es en la corona de bares y restaurantes que adornan a la ciudad de Palencia. En un radio de veinte kilómetros o así me los conozco a todos los que tienen algo que ofrecer. Y luego, como cuando sales de ellos aparece rapídamente en el movil una demanda de opinión, pues voy y escribo la mía que siempre va acompañada del anagrama que me caracteriza que es una foto de mi ortler meran. Con lo cual, los dueños  me identifican y, aunque hacen como que no saben, todo son atenciones cada vez que vuelvo. Y los de google no dejan de recordarme que tengo batido un nuevo record. El otro día ya iban por tres mil las visitas a una foto que colgué del interior del restaurante La Concordia, también en Monzón -las mejores manitas de cordero que recuerdo, por cierto-. 

Y así paso la vida, a mis cosas, mientras los assholes del mundo mundial gastan sus esfuerzos en pretender que la cambie. Por Dios bendito, que ya va siendo hora de que dejen de dar la lata. Y a eso se reduce todo, a lo que siempre nos decía el obispo Eguino y Trecu en sus visitas pastorales: zapatero a tus zapatos. Tu te dedicas a lo tuyo, que en mi caso es catalogar la calidad de los pinchos de la corona palentina, y dejas a los assholes con dos palmos de narices. ¿Que quieren instaurar el reino de Dios en la tierra? Pues nada, que sigan adelante con su empeño, que ya se cansarán. 

domingo, 26 de noviembre de 2017

La cuestión candente

Se sabe desde la más remota antigüedad que la tarea más ingente que puede, y debe, acometer un ser humano es la de conocerse a sí mismo. En ese esfuerzo se le va la vida con resultados inciertos de los que depende el ser o no ser. Porque no nos engañemos, las personas son personas en la medida que se conocen o, dicho de otro modo, según la capacidad que generan para reírse de sí mismos, porque a la postre, convénzanse, todos somos de chiste. Y esto es, más o menos, todo lo que hay que saber para conseguir un cierto buen pasar por el mundo. Pero, en fin, como he dicho de entrada que la tarea es ingente, ya podemos suponer que los mortales, en su inmensa mayoría, nacen, viven y mueren, en la más total inopia respecto a lo que son, lo cual que viene a ser causa más que suficiente para tanto desafuero y malestar como el que estamos acostumbrados a ver en las primeras planas de todos los medios.

Y, esta inopia de los individuos, me parece, se podría extrapolar a los países. La historia que nos solemos contar los unos a los otros suele ser una adaptación burda de la realidad que cada cual hace en función de intereses desencadenados en lo más profundo del inconsciente. Así, para saber de alguien, pocas cosas hay más útiles que dejarle que te cuente quienes somos y de dónde venimos. Y suele dar igual lo que uno haya tratado de instruirse porque, como demuestra la experiencia de los amigos Sánchez Albornoz y Américo Castro, una erudición exquisita puede llevar a interpretaciones totalmente dispares. En realidad, lo más divertido de los libros de estos señores son los insultos que se lanzan el uno al otro que ni las pescateras de Puertochico se atrevieron nunca a llegar a tales cotas de vulgaridad. 

Sea como sea, el caso es que hace unos meses, con ocasión de un evento familiar, tuve un tête à tête con un sobrino por lo demás encantador y con motivos más que de sobra para ser persona ilustrada. Comentando entonces sobre la manía que les había entrado a algunos munícipes de cambiar los nombres de las calles, me dijo que no entendía ese ensañamiento con personajes de tres al cuarto cuando, después, no les importa que las calles principales lleven el nombre de los que cometieron genocidios en América, Pizarro, Cortés y así. Me quedé de piedra, la verdad, y sólo le pregunté si había leído la obra de Bernal Díaz del Castillo, que por supuesto que no. Bueno, lo que cuenta es que así corre el mundo, y, además, considerando que siendo él de la región levantina, y de simpatías sociatas por demás, la cosa tenía poco misterio. Pero esa es otra historia. 

Y sí, así corre el mundo, pero no todo. También está María Elvira Roca Barea que con la autoridad que le dan sus estudios en los más prestigiosos centros del mundo trata de poner las cosas en su sitio. O mi admirada Cayetana que es que es como si hubiese venido de Oxford para sacudir las telarañas de los ojos de la crème de la intelectualidad. Porque, sí, nuestra crème ya nos tiene aburridos con sus tópicos y monsergas. Y la juventud se les escapa hacia pastizales más jugosos y no siempre saludables. Así, les comentaba ayer a mis amigos en la tertulia mañanera de La Cañía el caso de mi querido Savater, la persona que seguramente más me ha enseñado en esta vida. Pero ahí sigue el hombre cultivando la cizaña en medio de las flores. Que el franquismo le metiese en la cárcel una semana o lo que fuere no puede ser para un intelectual como él el color del cristal a través del cual ve toda aquella época. Necesitamos que se sacuda la mugre y nos cuente porque hay una diferencia tan grande de percepción entre, un suponer, Ataturk y Franco. Uno un héroe y el otro un villano, cuando en términos históricos podríamos decir que se parecen casi como dos gotas de agua. Savater, y otros como él, nos deben una explicación al respecto. Porque, seguramente, ni uno fue tan héroe ni el otro tan villano y, lo que sí, es que con instrumentos muy similares sacaron a sus países de la edad media y los pusieron en la modernidad. Y ese sí que es un hecho objetivo. 

En fin, lo dicho, conocerse y conocernos para vivir mejor: esa es la cuestión candente.  

jueves, 23 de noviembre de 2017

La autentica manada



 Ahí tienen ustedes a la autentica manada. Y no es que yo quiera exculpar al grupo de descerebrados que se creyeron que los sanfermines eran barra libre para todo. Que paguen por lo que hayan hecho mal y que después vuelvan a la cadena de producción para la que fueron preparados. Pero todas estas viragos, y algún clérigo camuflado entre ellas, ¿qué les lleva a adoptar esa actitud? ¿El afán de justicia? ¡Anda ya, a otro perro con ese hueso!

Toda esa es gente frustrada que se apunta a cualquier "causa justa" para arrojar al cielo los dardos fabricados con el rencor que amenaza reventarles el corazón. Seguro que son todas, y todos, socialistas o peor si cabe. Achacando siempre su fracaso a la maldad de los otros. Los ricos, los que se divierten, da igual, el caso es quitarles la sonrisa de la cara para que sepan lo que se siente siendo un puto desgraciado como yo. 

¡Qué mala educación, por Dios! Por qué no enseñarán a la gente que la primera regla para una vida normal es ocuparse de lo propio y, la segunda, que todo lo que me pasa, para bien y para mal, es el producto de mi interacción con los dioses. Y no hay más tu tía. 

¡Santo cielo, qué hartazgo de reaccionarismo! Entre unos y otros nos están haciendo añorar a Franco. Por aquel entonces cuando podías hacer chistes sin miedo a que viniese la autentica manada a matarte civilmente.    

miércoles, 22 de noviembre de 2017

Cuestionando

Ayer, creo que fue en El Mundo, me topé con un artículo que, dando muchos rodeos como para despistar, ponía en cuestión la salud mental de los propietarios de perros. Al cabo de un rato quise leerlo otra vez para cerciorarme de que había leído bien, pero no conseguí dar con él. Pensé que algún censor había ordenado su inmediata retirada. Con la religión no se juega, pensé. 

Hoy veo una foto estremecedora de Madrid, con su boina más negra que el sobaco de un grillo, como decían los proscritos. Da igual, porque del coche no nos vamos a bajar porque sería un sacrilegio. Hay muchas otras cosas que contaminan dicen los fieles indignados. Que empiecen por ellas y luego ya veremos. ¡Oye, total por unas toses de más! La cosa tampoco es para tanto. 

Luego voy y me entero de que un nacionalista vasco le ha dicho a uno de ciudadanos que es un ignorante y no sabe de qué está hablando porque, éste, ha cuestionado el "cupo" de aquel. Otra religión, los vascos tienen derecho al cupo por gracia divina y sanseacabó. No hay más que hablar. 

Lo del monotema, ya, para qué seguir. Cojan, agarren La Vanguardia y verán de qué poco ha servido todo lo que ha pasado. La verdad revelada no se borra de los espíritus tan así como así. Se necesitarían, como siempre ha sido a lo largo de la historia, ríos de sangre para sólo desvaírla porque, desengáñense, hacerla desaparecer ni con la bomba de neutrones. 

Lo de los asaltos sexuales, de traca. No hay tía buena que en su temprana decadencia no denuncie a algún famoso. Ayer le toco a Charlie Rose. ¡Vaya por Dios! Se podían acordar las muy golfas de cuando estaban venga a sacar prebendas a costa de su buenez. 

El asunto es peliagudo, sí. Porque se ha instalado en el mundo una lógica perruna. Lo que quería Hitler más o menos. Es decir, que el respetable no sepa distinguir los matices que separan la lealtad de la sumisión. Es una cuestión de cuestionamientos, valga la redundancia. Lo nuestro no se cuestiona porque ese es nuestro concepto de la lealtad dicen los muy necios camino del despeñadero. El acatamiento ciego de lo que parece que me beneficia, la religión de los perros. La sumisión grabada a fuego en el ADN. 

En fin, cuestionen por favor, a ver si así acabamos de una vez con toda esa inmundicia que dejan los perros por las esquinas y farolas de la ciudad.  

martes, 21 de noviembre de 2017

Ángel



El ser humano por naturaleza es xenófobo si por tal entendemos sentirse superior a otros y hacer que se te note. Yo, de hecho, no creo que haya conocido a nadie que en mayor o menor medida no albergue ese sentimiento. Da igual lo mierda que se sea porque siempre hay alguien cercano al que considerar inferior. Recuerdo cuando, allá en Alar, triscaba por el monte con los Proscritos. Todos ellos habían tenido oficios menestrales por esos mundos de Dios, menos uno que había sido pastor en el pueblo, Ángel, al que no dejaban pasar ocasión para humillarle.

Ángel aguantaba estoicamente aquellos ataques porque seguramente estaba convencido de que lo que le tenían era envidia por no haber tenido que pasar las miserias que ellos habían padecido allí a donde emigraron en busca de sustento. Así que cuando se cansaba de aguantar impertinencias decía: "cambiando de tema" y se ponía a contar cualquier historia intrascendente de sus sobrinos o cosa por el estilo. Él era un hombre de refranes y chascarrillos y sabía perfectamente cual traer a colación en el momento oportuno. "La misa y el pimiento, cosa de poco alimento", solía decir. Y cuando se quería explayar, recitaba: A las seis de la mañana,/cuando apunta el sol en la cumbre,/ hay más pollas en los chochos/ que pucheros en la lumbre. El bueno de Ángel, que siempre que iba a la compra, al regresar, tocaba al timbre para enseñarme lo que había comprado y lo que le había importado. Importar, un verbo que me traía recuerdos de la remota infancia en la escuela del pueblo. Un kilo de peras me ha importado tantas pesetas...

Así todo, cuando a Ángel se le murió la centenaria madre y sus hermanos se le llevaron a vivir a Burgos la cohesión de los Proscritos se desbarató. Fue como si un disolvente se hubiese llevado el pegamento que los mantenía unidos. El inferior que servía de punto de apoyo para el necio sentimiento de superioridad. Al faltar, se perdió pie. Una tragedia. Ya quedaba poco que hacer por allí, así que organicé la retirada. 

Supongo que todo el mundo funciona igual, manteniéndose erguido gracias a ese sentimiento estúpido que autoafirma del Rey abajo a la práctica totalidad. Y que, por supuesto, se manifiesta con virulencia inversamente proporcional a la distancia objetiva entre los supuestos iguales ante la ley. Así, cuando no hay motivos, el necio se esfuerza por inventarlos y ahí empiezan los problemas. 

En fin, que somos muy limitados y lo único que podemos hacer es cultivar un jardín cualquiera que es la mejor forma de tomar conciencia de esa limitación y de paso bajar los humos xenófobos. Me voy a lo de LoremaryluGT a seguir cavando.  

lunes, 20 de noviembre de 2017

La Santa Misa

La Behetría era ayer al mediodía un hormiguero. La gente se había quedado aterida atendiendo a la Santa Misa -imposible, claro, calefactar el mamotreto de Santa Eugenia- y trataba de calentarse al solecillo del atrio mientras hacían comunidad. Después, por pequeños grupos cruzaban la plaza y se metían en La Behetría a continuar el jolgorio. Yo, mientras tanto, zampaba un pincho de tortilla y un café con leche en la terraza sombreada. El calor que traía del camino apenas resistió unos minutos, así que despaché rápido y salí zumbando al banco soleado del otro lado de la plaza para seguir observando sin el inconveniente del tirititeo que diría Camarón. 

La escena de la salida de Misa Mayor. Tantos recuerdos de la infancia. Los niños, los jóvenes matrimonios, los viejos. Las autoridades que se demoraban a la espera de que el cura se despojase de sus sofisticadas vestimentas para acompañarle de regreso a casa. Todo ese mundo que ya no se sostiene. Los niños no existen, los jóvenes matrimonios duermen la mona del sábado noche, las autoridades, quizá socialistas, ni de coña se dejan caer por allí, el cura, sin sotana, como uno más. Sólo viejos más doblados que una uve, quizá acompañados de sus hijos sesentones que aprovechan ese instante para dar cumplida cuenta del cuarto mandamiento.

Me preguntaba, entonces, si estaremos haciendo bien al abandonar ese rito semanal de contacto con lo trascendente. Al fin y al cabo no dejaba de ser una terapia para el espíritu de lo más reconfortante. Renovar la conciencia de nuestra insignificancia. Porque, si bien se mira, toda esa chusma que va por ahí a toda mecha en sus superferolíticos cacharros no son más que ángeles caídos que no se cansan de desafiar a Dios. O a las leyes de la naturaleza por decirlo de otra manera. Y por tal es que no dejan de sufrir y cargarse de odios y rencores. 

No es que esté diciendo que si la gente cultivase el sentido de lo trascendente dejaría de votar a Podemos, pero casi. La idea de Dios es la conciencia de lo inasible. A los humanos todo se nos escapa de las manos y, si no tienes cabeza para reconocerlo por ti mismo, quizá pudiera servir que un cura te lo recordase una vez a la semana antes de ir a tomar el aperitivo en el bar de la Plaza Mayor que hay en frente de la Iglesia Parroquial. 

Bueno, sólo era una somera reflexión sobre un mundo que se va porque, seguramente, otro está venido sin que todavía sepamos muy bien en qué consiste. 

domingo, 19 de noviembre de 2017

Pour se battre

El otro día estaba escuchando un debate en una televisión francesa en el que unos "buenos" -¡qué útiles las comillas!- se indignaban por no recuerdo qué masacre en cualquier sitio del planeta. Entonces, Kouchner, el fundador de Médicos sin Fronteras y exministro de Asuntos Exteriores, que estaba allí con la tensa templanza que le caracteriza, se limitó a recordar a los indignados que el ser humano viene a este mundo pour se battre. En realidad, pensé, poca más filosofía hay que saber para encontrar un acomodo razonable en esta vida.  

Todo lo que vive está en las mismas. No hay más que ver esos documentales rodados en el Serengueti o similares en los que todo el rato los animales están ingeniándoselas, ya sea para escapar de otros, ya sea para comérselos. Siempre es igual y, sin embargo, parecen no cansar a la gente. La misma gente que luego parece no comprender, e incluso se indigna, cuando el ser humano saca la fuerza a pasear por tal de prevalecer sobre sus congéneres. Porque de eso es precisamente de lo que se trata, de prevalecer por los medios que sean: si naces dotado, en solitario, pero, si no, recurriendo a la manada. En la práctica totalidad, un mix de las dos posibilidades.

Se battre por prevalecer. Cada uno a su manera en función de lo que natura le proveyó al nacer. Músculos o cabeza, belleza o fealdad, no es lo mismo, desde luego, cómo te ponen las cosas de fáciles o difíciles unas cosas u otras. Aunque, como todos sabemos, al final, la suerte de la fea la guapa la desea. 

Porque si prevaleces eres alguien. Justo lo que da sentido a la vida. Lo demás mandangas. Así que nada de lo que extrañarse por lo que vemos en el mundo y, tampoco, por las propias tonterías que son los atajos que creemos haber encontrado para llegar al ansiado fin del reconocimiento. 

En fin, hay lo que hay y, si en vez de tanto confiar en las letras, hubiese confiado un poco más en la espada, quizá otro gallo me cantara. Pero es que nací con poco músculo, es decir, predispuesto a sucumbir al complejo de justificación. Toda la vida tratando de camuflar las carencias para, no ya prevalecer, si no para por lo menos pasar desapercibido a los depredadores. En eso consiste el se battre de los cobardes. Casi toda la humanidad por cierto. 

sábado, 18 de noviembre de 2017

Cavando

Como uno se deje llevar por la melancolía y luego vaya y se ponga a leer los periódicos o ver las televisiones... entonces, apaga y vamos a ver donde esta la Roca Tarpeya más cercana para tirarse al vacío. Porque la sensación es que todo esto está completamente ido de las manos de Dios y caído en las de los imbéciles.

Dice el gran titular que si vives con un perro tienes muchas menos probabilidades de morir de cualquier cosa. Así, como suena. Por si no tenían ya suficientes razones tanta gente para ir por la calle recogiendo caquitas. Que es que hay que ver de lo que sirve que alguien por fin te haga puto caso. 

Dice otro que "la manada femenina" corta la Gran Vía en protesta por los "abusos patriarcales". Todo entre comillas, por si las moscas. Porque "cuando decimos no es que no" aunque sea en los sanfermines y estemos hasta el culo de mariguana o lo que sea. Ya ven, por fin el triunfo total de la razón sobre las pasiones desatadas. ¡Quién lo iba a decir, Apolo doblegando a Dionisos en medio de la Fiesta!

En fin, pelillos a la mar y volvamos a la vida. Porque la verdad es que si uno se fija un poco hay por ahí mucho de lo que regocijarse. Basta con que te dediques a cultivar un jardín. Entonces, cavas un poco y no paras de encontrar pepitas de oro. Personalmente hace días encontré un filón que me tiene conmocionado. Se llama LoremaryluGT y es una chilena afincada en Buenos Aires que da unas clases de guitarra tan buenas que sus alumnos ya no se cortan a la hora de las gracias y le piden directamente hacer el amor con ella. Desde luego que es que los hay que no controlan las hormonas cuando confunden a Diana con Venus. La vieran luego desnuda y se quedarían de piedra. Pero, en fin, esa es otra historia. 

En resumidas cuentas, menos "actualidad" y más Loremarylu. Y a vivir que son dos días. O quizá uno.   

viernes, 17 de noviembre de 2017

Llegando a ti

Recuerdo que había por entonces un cantante mejicano de nombre Javier Solís que me fascinaba. Sus cadencias me parecían perfectas. Y luego que tenía asociadas las rancheras a la felicidad de la infancia, cuando triscando con los amigos por los campos nos llegaban los sones desde los altavoces del Hotel Cantábrico. Rancheras, cumbeas, boleros y cosas así, porque el dueño había andado por aquellas tierras y se había traído para casa el regusto pegadizo de los requintos. 

Poco a poco, me voy acercando a ti.
Poco a poco, la distancia se va haciendo menos. 

Siempre me pareció un estribillo genial. Porque es que, además, casi todo en la vida es así, poco a poco se van fraguando las nuevas realidades y cuando tomas conciencia de ellas difícilmente hay marcha atrás, sobre todo cuando te has metido en un mal sueño. 

Poco a poco. Petit a petit. Y no será porque no suele haber voces que advierten de lo que se avecina. Voces sensatas que quedan desdibujadas en la inmensa maraña de voces agoreras. Y luego, claro, cuando llega lo irremediable, se alza el guirigay del ¡ya lo decía yo!

En fin, no sé, pero esto de que no llueva me está produciendo una melancolía como de película de Lars von Trier. Como de fin del mundo para que nos entendamos. Ahora sí que, si eres creyente, lo mejor que puedes hacer es comprarte una parcelita en el Valle de Josafat. 

jueves, 16 de noviembre de 2017

Eleusino

Lo bueno del caso a estas alturas de la vida es que con un par de copas de tintorro ya tienes de sobra para celebrar un encuentro eleusino. Quien quiera saber a fondo lo que es eso que recurra a Las memorias de Adriano de Marguerite Youcenar. Pero así, para andar por casa, básteles saber que es una especie de comunión de los santos, pero a lo bestia. Es estar reunido unas horas con los amigos en un lugar amable para que no sustraiga atención de lo que realmente importa, que no es otra cosa que hablar sin tapujos de lo más íntimo de cada cual. En fin, tampoco hay que exagerar. Quedamos en Aguilar, dimos un paseo por los alrededores, fuimos a comer a la posada del monasterio, dimos otro paseo y nos despedimos con la sensación, en mi caso, de que, realmente, merece la pena seguir vivo porque, todavía, de vez en cuando, se puede disfrutar como un chon en un patatal, que decíamos de niños y, encima, con una cierta pretensión de haber salido del trance enriquecido espiritualmente.  

El caso es que vine por la autopista acompañado todo el rato por una puesta de sol a mi derecha, sobre la tierra de Campos, que me hizo recordar a aquel centro para mayores que había en Casares de las Hurdes que lo llamaban El Alegre Atardecer. Siempre con la metáfora a cuestas, cuando no con el eufemismo. Porque la verdad es que de alegre nada. Más bien, diría yo, esforzado: me costaba mantener la atención necesaria para conducir. Esa es la realidad, que ya se va el santo al cielo a nada que te descuides. Y no hay nada, pienso, que defina mejor la vejez: capacidad de concentración averiada. Pereza mental, dicho de otro modo. 

Así que ya digo, no queda más remedio que esforzarse para seguir sur la brèche. De lo contrario, mejor irse al Alegre Atardecer de Casares de las Hurdes. Porque, además, tampoco es para tanto: todo lo nuevo es elemental. Lo he comprobado esta mañana que he instalado en mi móvil un sistema para intercambiar dinero al instante con cualquiera. ¡Sorprendente! Y ya ven, venía hace unos días pensando que ya estaba bien con lo que tenía, que ya pasaba de más innovaciones, etc.. Me estaba entregando a la fatalidad tiñendo la decisión de sabiduría estoica. Hay que tener mucho cuidado, sí, porque esa es otra de las trampas de la vejez: la imparable tendencia a confundir la pereza con la sabiduría.  En definitiva, que qué bien está eso de los encuentros eleusinos y cuanta energía dan para saber distinguir.   

miércoles, 15 de noviembre de 2017

il mondo cane

Cuando ella dice que no, es que no, ha dicho con toda la razón del mundo un juez. Lo que no sé si se habrá apresurado a añadir es que toda la razón del mundo no basta en este mundo para andar seguro por el mundo. Es como esa pareja de ciclistas que van charlando por la carretera, uno en el arcén y otro, pegado a él, pero por la calzada. Les asiste todo el derecho, pero de vez en cuando viene un coche y se lleva por delante al que va por la calzada. ¿De qué le sirvió entonces tener toda la razón o derecho? Así que, señoras y señores, tan importante como tener razón, o derecho, es saber que la bestia que anda suelta no reconoce tales sutilezas. Por eso un servidor cuando va en bicicleta por la carretera no sólo se limita al arcén sino a la parte del arcén más pegada a la cuneta. Porque sé que hay por esas carreteras de Dios mucho jubilado suelto con el automático puesto. En fin. 

El caso es que el personal se desgañita cuando le pisan los derechos. Seguro que en ello tiene que ver que nadie les enseñó nada. Mi padre, que en gloria esté, siempre nos advirtió contra esa forma de estupidez. Si vas en coche y te chocas con alguien, la culpa siempre es tuya, nos decía. Porque para ser buen conductor, añadía, tan importante como no tener fallos es saber evitar los del que te viene de frente. Una buena metáfora en cualquier caso para todas las cosas de la vida. 

Y bueno, por la vida vamos cometiendo todo tipo de fallos y también sufriendo los de los vecinos que no hemos sabido evitar. Los unos y los otros por la propia pura tontería, que no otra cosa es la que tenemos que aprender a reconocer para que no se nos lleven los diablos. Por así decirlo, madurar que no es otra cosa que saber reírse de uno mismo. Y eso es todo que no es poco por cierto, porque parece que estamos volviendo a tiempos en los que se creía que a Dionisos se le podía meter en la cárcel y a la lujuria se la podía combatir rezando padrenuestros y avemarías. 

El mundo es el mundo y la carne la carne, y tener razón está muy bien -sostenella y no enmendalla que se decía por aquel entonces-, pero si pierdes el pellejo, o acaso la honra, de poco consuelo sirve que los tribunales después te indemnicen. Así que, sí, un respeto por lo que dice el juez, pero, sobre todo, saber resguardarse de la bestia que anda suelta. 

lunes, 13 de noviembre de 2017

Sin piedad

Hace años aposente por un tiempo mis reales en la Serralada Central, que así llaman en Cataluña a la sierra que, perpendicular a los Pirineos, baja hasta casi la desembocadura del Ebro, dividiendo el territorio en dos partes perfectamente diferenciadas sobre todo en lo que hace el clima. La parte interior, la Plana de Lérida, tiene un clima maldito, con un calor sofocante en verano y nieblas persistentes en invierno. La parte marítima, ya saben, veranos pestilentes y resto del año una maravilla. Pues bien, allí en la Serralada, tuve la oportunidad de saber lo que vale un peine. Ves las fotos de los sitios paradisíacos y no hueles los purines que acaban de echar en los campos ni sientes el desprecio de los xenófobos que los habitan. Y otras muchas cosas que les pudiera contar, pero sería ya matraca. 

El caso es que había allí una costumbre de la que apenas se ha hablado y que sin embargo ya por entonces presagiaba lo peor. Ibas a un supermercado de la zona y podías observar que había dos tipos de estanterías perfectamente diferenciadas respecto al trato que recibían por parte de los clientes. En unas, las más accesibles, sólo había productos fabricados a casa nostra, en las otras, al fondo, lo de afuera, o sea, lo español. Ya se pueden imaginar en cuales se suministraba la chusma xenófoba. Los mismos tenderos ya se encargaban de facilitar el triaje. Una cosa, como ven, la mar de simpática. 

Pues así, tacita a tacita, como decía Carmen Maura en aquel famoso anuncio, las cosas han llegado a donde han llegado y no habrá sido porque algunos no lo hubiésemos advertido, eso sí, encontrándonos casi siempre con una pared de escepticismo cuando no de franco rechazo. ¡Cataluña, por Dios, con la clase que tiene aquella gente! El desing y todo eso. Barcelona, cuna de la modernidad, etc.. Y así, con la inopia bobalicona de los unos, los otros, a la chita callando, hacían su labor de zapa. Y al final, consiguieron llegar a donde querían: a una vida mejor, pero entre rejas, que es lo que tiene no saber distinguirlas de las rajas. ¡Perdón, no me denuncien! 

El caso es que yo ahora me regodeo sin el menor atisbo de piedad viendo como mean sangre, por emplear su propia expresión. Todo lo malo que les pase será poco en comparación con el daño causado. Pero, sin embargo, nunca la alegría puede ser plena en casa del pobre. Hay cosas que veo en la segunda parte de la parte contratante que no me gustan un pelo. Anoche, pasaba junto al parque infantil que hay en el Salón y pude ver como los niños que allí estaban columpiándose cantaban a coro ¡Soy español, español, español! Pensé que los imbéciles del otro lado están aprovechando la coyuntura para promover un patriotismo folklórico, madre, sin duda, de futuras desgracias. A la chusma, pensé, no hay quien la saque del nauseabundo juego de acción y reacción. ¡Pues yo más que tú! Y ahí se estanca su cerebro. En España estamos muy bien con este patriotismo aburrido que encarna la Constitución. Y tan enemigos, o nacionalistas, como ciertos catalanes y vascos, son los que quieren combatir ese aburrimiento desvirtuando su aquilatada mesura. Como escuche una vez decir a un hombre sabio, a tu país le debes amar en la medida que él te ama a ti.  Cuando como un buen padre te garantiza derechos y te exige deberes. En fin, como cuando la Sra. Esperanza se plantaba desafiante delante de un Sr. Manolo inesperadamente verborreico y, tras un rato de tenso silencio, exclamaba: ¡Eso!