martes, 28 de febrero de 2017

Contrapunto

Me pregunto si no debiera empezar a preocuparme. Porque tengo la impresión de que cada día que pasa la violencia del lenguaje monte d´un cran. Así que hay veces que uno no sabe si está escuchando a estadistas o a navajeros. Es como si se estuviese abriendo la veda Cabaret, es decir el paso del odio a las hostias al diferente. Las estadísticas al respecto, vistas de un modo sincrónico, son francamente alarmantes. Necesitaría, ahora, los datos necesarios para una visión diacrónica que es la realmente importante: ¿han aumentado en los últimos tiempos las agresiones a los inmigrantes o han disminuido? Porque a veces la mercadotecnia mediática nos sume en la confusión. Se puede estar recalcando, por atraer lectores, algo que es habitual o, incluso, que va de retirada. 

El caso es que yo animé mucho a mis hijas para que se fuesen a Londres. Y llevan allí ya veintitantos años. Y han hecho su vida con esfuerzo y tesón y digamos que no les va mal. Pero, justo ahora, resulta que se les ha colocado encima una espada de Damocles. De entrada ya están en engorrosos papeleos para tratar de estabilizar una situación que hasta ahora estuvo estable de una forma natural. Resumiendo, es lo último en lo que hubiésemos pensado los que siempre tuvimos en Gran Bretaña un referente de sociedad abierta... quizá porque nos interesaba y no queríamos pensar. Porque las habas siempre se cocieron en todas partes y nunca faltan referencias para el que las quiere encontrar. Y, así, nunca se me fue de la cabeza aquel comienzo de la novela Contrapunto, de Aldous Huxley, en el se describe pormenorizadamente el rutilante desfile del Partido Nazi Británico por el Parque Sant James de Londres, justo el mismo día en el que se declaraba la guerra a Alemania. O sea, que el huevo de la serpiente siempre ha estado ahí. Como inevitablemente está en todas las partes donde hay humanos, para qué nos vamos a engañar. Y sólo se necesita que remonte un poco el miedo de los mierdicas para que eclosione.

Y esa es la cuestión, saber si estamos en eso o sólo es un espejismo. Porque, ya digo, sabido es que los periódicos necesitan alarmar para vender, pero, también, que de tanto anunciar que viene el lobo sin que acabe de venir, al final, cuando viene, nos pilla desprevenidos. Así que conviene estar atentos y más que nunca fiar sólo en los hechos. De las estadísticas. De la dirección de las gráficas en los charts. ¿Suben, bajan o qué? Porque nos están atufando a anécdotas estremecedoras. 

Anyway, lo que no podemos olvidar es lo que dijo ayer un alto funcionario americano que entrevistaban en Hard Talk de la BBC: que estamos en una plaque tournante de la historia. Y yo me acordé de inmediato de cuando de niños íbamos a la estación a ver como, cuando llegaba el tren, desenganchaban la máquina de vapor para que fuese a colocarse en la placa que unos forzudos cheminots hacían girar a motor de alubias. Luego, la máquina se iba resoplando por otra vía hasta pasar la caseta del guardagujas, paraba, daba marcha atrás y se colocaba al frente del convoy para volver a Santander. Bueno, pues me creo totalmente lo de que se está en el proceso de dar la vuelta a la marcha de la historia para que pueda volver a marchar en la dirección deseada. Y supongo que habrá algunos estropicios y que, en no pocas ocasiones, pagarán justos por pecadores. Porque lo que nunca va a pasar, como dijo ayer un chaval en Barcelona, es que la gente en general quiera volver a los viejos móviles Nokia. ¡Menudo coñazo la nostalgia! Cosa de mierdicas, ya digo. 

lunes, 27 de febrero de 2017

El menos malo?

Una de las cosas que más me entretienen estos días es mirar la CNN. No cabe duda de que está en guerra a muerte con el Presidente Trump. Pero no se crean que en plan burdo, no, es todo sibilino. Si, por ejemplo, hay un debate a cuatro, el que hace de ferviente trumpista estará tocado de peluquín con lo que, diga lo que diga, los espectadores sólo se quedarán con lo ridículo de su aspecto físico. Y es que, como decía Larra, todo desgraciado se encasqueta una ideología para intentar despistar al personal lo mismo que el calvo se encasqueta un peluquín. Y solo se engaña a sí mismo porque los demás le pillan de lejos. Bueno, en fin, truquillos, que en la guerra todo sirve. Por eso es que, cada media hora o así, cogen la ocasión al vuelo para que salga en pantalla el senador MacCain advirtiendo que todas las dictaduras empezaron así, con guerra abierta entre el poder y la prensa. 

Lo que no cabe duda es que es algo inédito de muchos años a esta parte. Y sólo se me ocurren dos posibles causas para que esto esté ocurriendo: una que un grupo de chalados se ha encaramado de carambola en la cima del poder mundial y sólo hay que esperar a que ellos mismos se autodestruyan; dos, que se esté produciendo en el mundo un cambio sustancial del que no somos conscientes. Porque el caso es que nunca se habían visto en los periódicos tantos artículos y entrevistas en los que se cuestiona de forma más o menos directa aquel famoso aserto que mantenía que la democracia es el menos malo de todos los sistemas políticos. Y razones no les faltan a los detractores, que el mismo Trump es una, al igual que todos esos frikis que amenazan con hacerse con el poder por diversos países europeos. ¿Como pararlos si se sigue con el mismo procedimiento de elecciones y libertad de expresión? La cuestión es peliaguda porque se sabe de sobra que la chusma es nihilista por definición. Lo destrozamos todo, como dijeron el otro día los estibadores. Así que sólo hay que ofrecerla el "no es no" de nuestro friky Sánchez para tenerla encandilada. ¿Y qué haces entonces? 

No sé en qué acabará todo esto, pero apostaría que a Trump le van a echar o se va a morir, que se le ve más cascado cada día que pasa. En cualquier caso, yo aconsejaría mirar hacia China. Allí callan y hacen. Los famosos puestos de trabajo manufactureros que Trump dice que va a repatriar serían todos para los robots y, los robots, ¡ay, hermano!, resulta que los fabrican mayormente los chinos. Los chinos, que no tienen cristales de colores para mirar la realidad. Y por eso no andan distraídos con que si con mi cristal se ve más bonito que con el tuyo y niñerías por el estilo. 

En fin, lo que tenga que ser será, pero a mí no me importaría nada que hubiese una instancia superior con potestad para fulminar a todo político que se le ocurriese traer a colación por lo que fuera las palabras derecha e izquierda. Porque de todas las falacias no creo que haya otra que se le pueda comparar a la hora de causar estragos. Y ya está bien de aguantar. Y, si no, que vuelva Franco aunque sea de cabo. 

domingo, 26 de febrero de 2017

Lo que dura dura


Me envía mi hermana este curioso interrogante. Así, a bote pronto, a uno se le ocurre que quizá fue el día en el que suprimieron la mili obligatoria. Pero no, lo cosa me temo que viene de mucho más atrás, de cuando se empezó a no saber diferenciar la necesidad del deseo. O, para decirlo de forma que mejor se entienda, de cuando nos convertimos todos en unos niños mimados.  

Claro que quizá esa antinomia que se pretende con los dos personajes de la foto no resulte muy lograda una vez que uno tiene cierta información sobre el que se pone como ejemplo de comme il faut. Porque por lo visto el tal Cary Grant era de los que le pegaban a todo con generosidad. Pel davant i pel darrera, sin perdonar orificio. 

Uno, como ha leído a Petronio, Juvenal, Apuleyo y demás sofistas del siglo segundo del Imperio, no ve nada de nuevo en estas cosas. Es la consecuencia lógica de las opulencias prolongadas. Todas acaban en lo mismo, en el cinismo del "largo me lo fiáis". Nunca hay que dar cuentas a nadie empezando por uno mismo. Como si eso fuese posible. 

Por cierto que en el colegio donde trabaja María llevan quince días con la mandanga ésta del carnaval. Nunca entenderé por qué en los templos de Apolo se tiene que dedicar tiempo a adorar a Dionisos. Como si el desgraciado no tuviese ya bastante con toda la industria hostelera a su servicio.

En fin, ya lo dice el chiste, dura lo que dura dura. 

sábado, 25 de febrero de 2017

Vivir es posible

Está llegando la primavera y lo único que me apetece es agarrar la bicicleta y tirarme a los caminos. Anteayer bajé por los caminos de sirga hasta Dueñas. Como cuando llegué era pronto para comer, me senté en un banco del paseo y me puse a leer lo de Casanova, que nunca se acaba y siempre sorprende, en este caso con lo de un tipo de la nobleza veneciana que al perder a su novio por cuestiones de moralidad pública se dedicó a sodomizar a sus dos hijos causándoles tales desgarros en salva sea la parte que hubo que recurrir a los servicios de un cirujano con lo que la cosa trascendió y ya se pueden imaginar la que se armó. Total, que yo leía y no pasaba por delante persona que no me saludase y dijese algo. Ya lo cuenta en sus memorias Don Jorgito, que pasó por Dueñas en el XIX vendiendo biblias, que la gente de ese pueblo era muy abierta. Total, que pasada la una me dirigí al kan a comer. Unas patatas con bacalao y un churrasco que me pusieron en el mundo. Y mientras tanto escuchaba el palique que daban los clientes a la tabernera. Había bastante consenso al parecer de que la mejor manera de tratar las hernias discales de las que nadie se libra es por el simple procedimiento de follar todo lo que dé de sí el organismo. Pensé que los efluvios de la primavera ya estaban afectando a aquella gente. Así que prescindí del postre, pedí un café y salí a la terraza a tomarlo. Un café increíblemte rico. Después, entre el solecillo, el runrún de una hormigonera que había por allí y demás, me estaba quedando frito, así que salí pitando para el Soto Alburez que tiene unas mesas en las que es una delicia estirarse y dormitar arrullado por fluir del agua por los intersticios de las esclusas. Ayer, sin embargo, como soplaba fuerte del norte, opté por ir en el tren hasta Frómista para volver después con el viento de cola. En Frómista, barrido por el viento gélido, ni siquiera un peregrino vi por la calle, lo que ya es decir. Pasé de largo por delante del Van Dos no sin cierta pesadumbre, porque allí siempre hay algo interesante que escuchar. Avanzaba como si llevase motor. Al pasar por Piña, paré a beber agua y unos viejos que se demoraban allí al socaire me hicieron unas cuantas preguntas a propósito de mi extraña, para ellos, cabalgada. Les dije que por matar el tiempo antes de que él me mate a mí. No creo que me entendiesen. Llegué en un plisplas al resort Generalísimo Franco de Amusco, que está en lo que fueron escuelas. Es curioso el éxito que ha tenido la reconversión de las antiguas escuelas en lugares de esparcimiento. Sin duda la calidad de las edificaciones algo tiene que ver en ello. Y los enclaves. El de Husillos, por ejemplo, es prodigioso. Pero, en fin, en el de Amusco, que llevan un padre y su hijo, hay una tortilla de patatas con chorizo, que las hace el hijo, por cierto, que merece la pena llegarse hasta allí solo por catarla. Además siempre hay allí algo de tertulia sobre las cosas del campo. Al respecto, parece ser que hay una cierta revolución con los herbicidas y todo eso. Porque es que el puto vallico trae a mal traer a esa gente. En dos años se acostumbra a cualquier herbicida y vuelve por sus fueros. Pero ahora parece que han dado con la pócima mágica. Total, que me zampé la tortilla, me enteré de las infraestructuras que esta llevando a cabo el Gobierno regional para mejorar la productividad del campo, y salí para continuar camino con el viento siempre favorable. Así que llegué fresco y pronto. Y me fui a comer al Maria Cristina. Un guiso de garbanzos con berza y un escalape que estaban a cada cual más ricos. Y mientras comía no podía dejar de escuchar a una pareja de jovenzuelos que habían llegado en bicicleta. Resultaron ser médicos y estuvieron hablando de esa mandanga que es lo de la apnea del sueño. Pero no les dio mucho de sí y pasaron a comentar las guerras entre Cesar y Pompeyo, lo cual que tuve que hacer verdaderos esfuerzos para no levantarme e ir a pedirles permiso para sentarme con ellos. En fin, no todo está perdido como dicen algunos, pensé. Y me levanté y me vine para casa a sestear un rato. 

viernes, 24 de febrero de 2017

La prueba del nueve






Si doy una vuelta por Oviedo es inevitable que no me pueda quitar de la cabeza La Regenta. Como no me la pude quitar los tres años que viví allí. Una sociedad constreñida por prejuicios y gastando más de lo que tienen en aparentar. En Santander, de donde soy y he pasado una buena parte de mi vida, podría decir más o menos lo mismo, pero con un toque a lo Peñas Arriba, o sea, feudal, donde el mal solo puede venir de los que se fueron y regresaron. En el País Vasco, donde también me asomé, me quedo con la zafiedad infantil del Abad de Labraz que de mayor quería ser cerdo para comerse las manos. Madrid, donde pasé temporadas, es entre la Verbena de la Paloma y El Árbol de la Ciencia. El casticismo de don Hilarión y el existencialismo de Andrés Hurtado. Y last but not lest, Barcelona, si no veinte años, casi, me demoré por sus calles. Veinte años de "Vidas Privadas", es decir, de gentuza simple y llanamente. Para bien y para mal. 

Como saben los que me tratan siempre he sostenido que todo eso del independentismo catalán nos es otra cosa que una artimaña de baja estofa para sacar los beneficios que los escasos méritos no proporcionan. Como un estado permanente de chantaje. Algo, en definitiva, sumamente desagradable, pero de muy escasos resultados. Por no decir nulos. Así, mientras en el resto de España se ha producido una transformación para bien que maravilla a propios y extraños, en Cataluña andan en las mismas que cuando la Semana Trágica, entre ocupas que todo lo destrozan y señoras que van al baile sin bragas. Por no hablar del desideratum de la industria porcina que todo lo apesta, incluida la política. Ahí les muestro a dos empresarios de la cosa que se han hecho con el poder y están discutiendo en el parlamento quién se queda con los purines. Porque no saben que hacer con tantos como producen. Es lo que tienen los negocios que no necesitan de los estudios para prosperar, que te matan a efectos secundarios. 

Sí, todo eso de Cataluña no es más que el triunfo de la baja estofa. La consecuencia nefasta de una cierta prosperidad económica sin la necesaria exigencia moral que ayude a canalizarla hacia un destino de grandeza. No, la impresión que saqué de aquello, es que demasiada gente ha leído dos libros a los que no tenía derecho y ha dado en creerse seres superiores. O sea, lo peor de lo peor. Idiotas sin remisión. Y gentuza por demás. Y si no me creen, miren esas fotos de carteles que les muestro. ¿Es que acaso con esa zafiedad se puede conseguir algo en algún sitio? Así es que llevan siglos dando la tabarra y no consiguen convencer ni a la mitad de los mismos catalanes. Por no hablar de los catalanes ilustrados  que, o se retiran a la soledad de una masía o se largan de la región. 

Así son las cosas y lo mejor del caso es que ya hasta los socialistas se están dando cuenta, lo cual, vistas sus luces, es de mucho agradecer. Porque, ¡dios mío!, qué cruz llevamos en este país con tanto docto de sacristía. En fin, paciencia con  los unos y los otros. Y barajar.  

jueves, 23 de febrero de 2017

Qué quieren que les diga

Ayer en el telediario de TV5 hicieron un minirreportaje sobre las bodegas que tiene Trump en California. Empezaron diciendo que fabrica vinos excelentes, pero no era de vinos de lo que se quería tratar, más bien era sobre la incongruencia de un personaje que empieza amenazando de expulsión a los indocumentados y termina contratándolos para que recojan las uvas de sus viñedos. Siempre es igual: todos sabemos que cuando alguien denosta mucho sobre algo es porque tiene algo que ocultar al respecto. Al final, claro, lo de hacer la valla y todo eso va a traer tantos problemas que mejor ir posponiéndolo hasta que se olvide. Y por el camino se mete ruido con asuntos que ni fu ni fa. Así, la única ley de la época Obama que se sepa que ha derogado Trump es la que hace referencia al derecho que tienen los niños, o niñas, transexuales de escoger baño en el colegio.

Muy interesante esto de los niños transexuales. ¿Alguno de ustedes conoce algún caso? No tengo ni idea de los porcentajes de niños afectados por semejante tendencia, pero apostaría a que son bastante irrelevantes. Así todo, si nos atenemos a su repercusión mediática pudiéramos pensar que se trata de uno de cada dos. Bueno, quizá es que se le quiera dar al asunto un carácter simbólico sobre el interés de las instituciones por luchar contra la discriminación de los diferentes. Y bien está que así sea, porque quién no recuerda la crueldad con la que se trataba en el colegio a cualquiera que cojease de cualquier cosa. Porque está en la esencia de los niños  machacar a quien se le representa como más débil. Y nunca nada que no sea una mutación de la especie va a cambiar eso. Así que, ya digo, bien está que se legisle sobre esas cosas para que los que vienen después puedan deslegislar y todos tengan la sensación de que han hecho cosas importantes.

En definitiva, como se está viendo ahora en EEUU, por no hablar de la UE, los que se llevan todos los gatos al agua son los funcionarios de carrera. Y gracias a Dios que así sea, porque de no ser así habría que suprimir de un plumazo esta ficción que llamamos democracia que tan útil está demostrando ser para controlar las pulsiones suicidas de las masas aborregadas. Porque es el sistema perfecto para la técnica del palo y la zanahoria. Acuérdense del ínclito Zapatero que un día pone a casarse a los homosexuales con lo que la turba delira y al siguiente ya no tiene fuerza para oponerse a que le bajen los salarios y le congelen las pensiones. Lo de los matrimonios homosexuales es irrelevante decisión de los políticos; lo de la bajada de los sueldos y pensiones es decisiva orden de los funcionarios. Lo que no importa y lo que importa. Las tareas están perfectamente diferenciadas y todo va como la seda. 

Ya lo dijo un día Shakespeare, much ado about nothing: donde hay mucho ruido no hay nada. Y donde no lo hay está todo.  

miércoles, 22 de febrero de 2017

A paso de tortuga




Bueno, el delfín del que les hablaba ayer, que le había costado tres horas de esfuerzos a un jardinero, por fin se murió. Claro, supongo que se había acercado a la playa para morir y el jardinero, todo corazón, no se había enterado. Así que lo único que nos queda ya por dilucidar sobre el caso es si esas tres horas estaban dentro del horario laboral, que bien pudiera ser. Por lo demás, puestos ya a rizar el rizo de la superlativa superioridad moral la de esta mujer de la que nos informa hoy ABC, que pisa un caracol y lo lleva al veterinario para que le arreglen el caparazón. Sin comentarios y otra cosa mariposa. 

En cualquier caso, ¡cómo es la gente, madre mía! Y, sobre todo, por qué demonios tiene que ser así. Andan circulando por ahí tres vídeos que cuentan la larga entrevista que Federico Jiménez Losantos le hace a Antonio Escohotado a propósito de la monumental obra que ha escrito este último sobre "Los enemigos del comercio". Pues bien, hasta el final del tercer capítulo es todo un despliegue de erudición apabullante que sólo confirma lo que ya sabemos casi todos, que entre los cristianos y los marxistas, tales para cuales, nos han estado haciendo la puñeta bien hecha a todo lo largo de esta era que, a pesar de ellos, nos ha traído a esta especie de paraíso en la tierra en el que vivimos. Sí, sí, digo paraíso y no me retracto, que sólo hay que tener un mínimo de salud mental y una cierta perspectiva histórica para atestiguarlo. Pero, a lo que iba, que hacia el final del tercer vídeo surge la gran pregunta: ¿por qué teniendo la constancia que tenemos de los espantosos desastres sociales que han provocado esas ideologías cristianomarxistas allí en donde se hicieron con el poder, sin embargo, siguen teniendo ese tremendo atractivo entre grandes capas de la sociedad? En España cinco o seis millones acaban de votar semejante dislate. ¿Por qué? ¿Cuáles pueden ser los motivos íntimos de una persona para dispararse a si mismo con semejante arma de destrucción masiva? Escohotado también tiene respuesta para eso y yo no puedo estar más de acuerdo con él. Incluso creo que es una idea que les vengo reiterando en este blog con enequética constancia. Dos palabras lo resumen: simplificación y rencor. 

Simplificación y rencor, lo uno muy probablemente por lo otro y viceversa. Y, sin embargo, algo no me encaja, porque cuando alguien simplifica tiene chupado encontrar la cuadratura del círculo, lo cual, se supone, debiera llevarle a una especie de nirvana espiritual que lo alejaría sin remisión del citado rencor. Desde luego que es un misterio. Gente que cree estar en posesión de la verdad y, sin embargo, parece que eso no le sirve para conseguir una cierta paz interior. Incluso, al revés, cuando más convencidos, más ganas parece que tienen de salir a la calle a matar infieles. Un enigma más difícil que el de la Esfinge de Tebas. 

Así es que no se puede negar que, si bien, todo lo que está por fuera del ser humano avanza a una velocidad escalofriante, lo que está por dentro va a paso de tortuga. Dado lo cual no es de extrañar que se produzcan estos desasosiegos que las mentes simples creen saber como restañar. Creando más desasosiego, por supuesto. Por eso creo yo, que como lo que va por fuera no se puede frenar, lo suyo sería dedicarle más atención a lo que va por dentro por ver si fuera posible acompasar un poco más su paso con lo de afuera. Quizá es que se necesita una mutación genética para imprimir un giro significativo a nuestra comprensión de nosotros mismos, pero en el entretanto supongo que algo se podría hacer. Enseñar la mitología clásica en las escuelas, por ejemplo, que es una de las palancas que utilizaron los que más lejos llegaron en el conocimiento de sí mismos. No sé, en fin, porque supongo que algo se podrá hacer para disminuir el número de imbéciles empeñados en demostrar su superioridad moral por medio de los más estrafalarios procedimientos, desde reparar el caparazón a un caracol que pasaba por allí y le pisaste hasta dispararse en lo más íntimo con ideologías de barra de bar. 

martes, 21 de febrero de 2017

El notición

"Un jardinero malagueño se mete en la playa casi tres horas y logra salvar la vida de un delfín."

Recuerdo que en una de esas tertulias de verano contaba mi sobrino, que es marino, algo así como la incongruencia que supone hablar del hambre que hay en el mundo y no utilizar la carne de delfín para alimentarse. Según él, que sabe de lo que habla, les hay a millones por todo lo largo y ancho del mar. Y ahora, ya ven, un jardinero malagueño se convierte en héroe por un día por haber salvado uno. 

En otro apartado del mismo periódico en el que dan semejante notición, nos recuerda Bahamontes que él se hizo ciclista porque estaba cansado de comer gatos. Yo también, pero por deporte, merendé alguno, convenientemente adobado y mantenido al sereno tres días, y lo volvería a hacer sin problemas siempre y cuando no fuese gata parida que dicen que su carne amarga.

El caso es que uno no sabe qué pensar de lo que puede haber detrás de toda esta insistencia por parte de los medios de comunicación tanto en alabar la excelencia moral de quienes igualan animales y humanos en derechos que no en obligaciones y, por otra parte, denostar a los que se obstinan en mantener las distancias bíblicas, es decir, que los animales están ahí, como las plantas o los minerales, para que nos sirvamos de ellos para lo que fuera menester que por lo general no es otra cosa que suministro de aminoácidos esenciales. 

Personalmente no es que no reconozca lo que tiene de desagradable el maltrato gratuito a los animales. Más o menos lo mismo que me desagrada cualquier tipo de maltrato a cualquier cosa que sea. Pero no me cuesta reconocer que lo mismo que un adolescente libera su rabia contenida destrozando una parada de autobús o cosa por el estilo, un adulto encabronado puede muy bien restaurar su espíritu pegando una pedrada al perro que no cesa de ladrar.

Sí, me gustaría mucho saber qué es lo que se esconde detrás de todo esto. Porque si me dejo llevar por las propias intuiciones el asunto me da muy mala espina. Veo en ello algo como de decadencia de la especie. Cada vez más gente, por no querer comer animales, está a falta de aminoácidos esenciales. Y de ahí ese pensamiento débil que ve en la agresividad un retroceso. Un verdadero disparate. 

Pero, en fin, viniesen malos tiempos y viéramos a todos esos santurrones corriendo detrás de lo que corre y vuela para echarlo a la cazuela. Porque es la falta de necesidad la que alimenta el deseo estúpido que es la moda. La moda de querer a los animales más que a los humanos. Más de fiar dicen. Sí, y además, si por lo que sea te fallan, los puedes liquidar y Santas Pascuas. Aunque de esto último nunca se habla... por falta de aminoácidos esenciales, bien sure.

domingo, 19 de febrero de 2017

La piedra y el huevo

Ando metido en líos inmobiliarios. Por enésima vez. Vendí un piso hace dos meses y compré otro hace uno. Ahora estoy en tratos con gente artesana para que lo adoben a mi gusto. Yo diría que ésta es mi piedra de Sisifo. La he subido cientos de veces a lo alto de la montaña y siempre pensando que era la definitiva. Pero la maldición seguía intacta en mi interior. Una vez arriba una fuerza irreprimible me impulsaba a empujarla hasta el borde del abismo para precipitarla en el vacío. Cada vez que he conseguido verla alejarse acelerada por la gravedad he sentido una satisfacción casi infinita. Como si se tratase del anuncio de un nuevo renacer de mis cenizas. Porque el huevo, el núcleo central de mi forma de afrontar la vida siempre ha permanecido intacto. 

Ese núcleo que es despertarse cada día antes del alba con la cabeza ya puesta en el tarea por hacer. Algo absolutamente insoslayable so pena de entrar en depresión. La lectura pospuesta, la idea a desarrollar sobre el papel, la partitura que se resiste. Tres, cuatro horas de sosegada intensidad. Después, el músculo. Agarrar la bicicleta y dedicarse a explorar el territorio circundante. 

Pues bien, me pregunto ciego de curiosidad si esta vez tendré fuerzas para volver a empujar la piedra hasta el precipicio. Porque la realidad es que ya empiezo a sentirme atenazado por los miedos de la vejez. Y, también, por su insoslayable escepticismo. El enigma a resolver en cualquier caso es el de si se mantendrá el huevo fértil si la piedra no se mueve. Porque todo se tiene que acabar algún día.  

La gran grieta

Dedicaba ayer la BBC su habitual reportaje de fin de semana a la Comunidad Europea y los peligros que la acechan. Se incluía una larga entrevista a Marine Le Pen. Dejó clarísimo la ilustre dama, al más puro estilo de los inhabilitados para la duda metódica, cuál es el núcleo de su filosofía política. El mundo se divide en dos: los patriotas y los globalistas. Ella es patriota. Quiere recuperar las antiguas fronteras y las viejas leyes. La globalización es el mal absoluto impuesto por aquellos famosos entes etéreos que Garcia Calvo denominaba "ellos" y que tanto juego le daban cuando se ponía a delirar delante de un auditorio de jovencitos bien alimentados, pero poco instruidos. 

Afortunadamente en Europa no son mayoría los que más ruido meten. Los Le Pen, Iglesias, Bepe Grillo, Geert Wilders y demás, tiene un plus de presencia mediática a causa de su innata habilidad para dramatizar lo estadísticamente insignificante. O sea, justo lo que cuadra las cuatro piezas del puzzle que tiene la chusma ignorante en la cabeza. El sueño de la autarquía. Me vuelvo al pueblo. 

No me atrevería yo a aventurar un pronóstico sobre el futuro de la Comunidad Europea. Su presente es sin la menor duda lo más brillante que nunca se pudo soñar. Seguramente no hay espacio en el mundo que se le pueda comparar. No hay más que ver lo que se juegan tantos millones de personas con tal de poder entrar. Pero la gran división está ahí y quizá tenga razón Le Pen aunque quizá convendría especificar mejor: donde dijo globalistas pongamos to know y donde patriotas, not to know. Esa es la gran grieta que amenaza la estabilidad del todo. Por un lado los que hacen Erasmus con todo lo que ello tiene de esfuerzo por comprender. Por el otro, los vagos mentales, los poco inteligentes, los que no pueden con los estudios, como lo quieran llamar, que se instalan en la ignorancia y desde allí claman por la destrucción de un mundo cuya complejidad se les escapa. 

Así que, muchachos, atentos al lenguaje, porque por su empobrecimiento y manipulación empiezan todas las derrotas. Cuando oigamos cantos de sirena llamémosle simplemente ignorancia. ¿Qué estudios tiene usted, señor? ¡Ah, sólo eso! Pues entonces tenga la bondad de cerrar el pico porque no tiene derecho a opinar! La libertad de expresión solo puede ser patrimonio de los que pasaron los preceptivos exámenes para poder tenerla. Y todos tenemos que ser policías al respecto, sin miedo a parecer malos. De no ser así, vamos de cráneo, ténganlo por seguro.  

sábado, 18 de febrero de 2017

To know or not to know

Primero fueron los metafísicos con su to be or not to be. La cuestión era tan peliaguda que necesitaban sostener una calavera en la palma de la mano y mirarla fijamente para ver si, así, por fin, encontraban una respuesta que mereciese la pena. Pero no la había. Después vino il sorpasso de los graciosos con su to have or not to have, eso sí, planteado al poder ser mientras se conducía un bugatti y se llevaba de copiloto una rubia peligrosa. Dio poco de sí, la verdad, excepto en lo que hace al trabajo de los jueces que se tuvieron que cansar de mandar gente al trullo. Hasta que por fin se dio con la fórmula correcta: to know or not to know. Imposible ir más allá. 

Saber o no saber lo engloba todo, porque solo se es si se sabe y solo se tiene si se sabe. Es muy sencillo de entender: si no sabes no te enteras, que es no ser, ni valoras, que es no tener. El que sabe, como apuntó el filósofo, vive en un perpetuo estado de deslumbramiento. Todo lo que ve está cargado de significados. Es capaz de ver la radical complejidad del mundo entero en la punta de un alfiler. Por eso siempre viaja sin necesitar moverse. Es como si fuese la imagen que nos hemos dado de Dios.

Y en esas está el mundo actual, en el trance de ser consciente de que, justo al revés de lo que siempre pensó la mayoría, no hay tener como el saber. Es un parto de lo más doloroso porque de pronto se comprende que hay barreras infinitamente más difíciles de saltar que las materiales. Unas barreras invisibles que sólo traspasa quien tiene pleno dominio de las tres potencias del alma: memoria, entendimiento y voluntad. O dicho de forma mas sencilla: quien se rompe los codos y quema las pestañas. 

Así que prepárense para épocas turbulentas porque a las famosas clases populares va a ser necesario descenderlas a los infiernos de la humillación so pena de sucumbir a su ignorancia. Y ténganlo por seguro, van a intentar romper unas cuantas cosas antes de pasar por el aro. O sea que, háganse a un lado y manténganse expectantes.   

jueves, 16 de febrero de 2017

Miró al soslayo

Como dice el estrambote de un soneto de Cervantes:

Y luego, incontinente,
caló el chapeo, requirió la espada
miró al soslayo, fuese y no hubo nada.

El mundo y sus carácteres están de sobra descritos y no por otra cosa es que la gente que sabe se aparta cuando oye ruido a esperar que pase sin que pase nada de particular. Es lo que se esta viendo en los EEUU de América, que todo sigue su curso menos los programas de humor que se han multiplicado por cien. Y la cosa no ha hecho más que empezar. Aunque no sé si al final no va a haber una parada en seco porque empiezan a menudear voces que cuestionan la salud mental del incontinente presidente. Y es que al periodismo le va mal cuando ganan terreno los cómicos. Con el humor se libera la angustia y la gente pasa de negras premoniciones y demás mandangas periodísticas. 

Así las cosas ya ha empezado el cambio de tercio, dejar de hablar de Trump y empezar la construcción de otro mito. Ahora va de Mark Zukerberg. Es muy probable que le veamos competir por la Casa Blanca en el 2020. De momento está en la fase de ni que sí ni que no. Tanteando que le dicen para que los medios le hagan medio trabajo. Y nosotros todos como tontos buscando entretenimiento en donde es imposible que le haya. Porque mande quien mande es inevitable que los acontecimientos lleven un ritmo cansino. Cualquier decisión, incluso la de invadir Irak que tanto pone a tanta gente, es fruto de decisiones que venían cociéndose en los cajones por decenios. Nadie a la postre tiene poder, se llame como se llame, excepción hecha, eso sí, del río que nos lleva. Su inercia es tan gigantesca que para desviar un ápice su curso se necesita de la complicidad de los dioses. Como cuando lo de Troya. 

En fin, lo mejor, mirar de soslayo. 

Excusi per il dishonore

En los bajos del Casino del Sardinero hay una pintada fresca que dice: excusi per il dishonore. Es que, ¿saben?, hace unos días quitaron de los jardincillos de enfrente un monolito irrelevante dedicado a la columna de militares italianos que liberaron Santander de las tropelías de las hordas rojas. Al menos eso es lo que se decía cuando yo era niño, que, por aquel entonces, y mucho después también, nadie que yo conociese se hubiera atrevido a cuestionar la veracidad de semejante historia. Porque los rojos mientras mandaron las hicieron pardas, qué duda cabe, y los italianos cuando entraron en la ciudad repartieron panes entre los mayores y caramelos entre los niños. ¿O no? Oye, que el que gana siempre es el bueno por definición. Porque, si no, buenas ganas de molestarse en ganar con todo lo que eso cuesta.

El caso es que la cosa va ya de ochenta años o así, o sea, que ni siquiera yo había nacido todavía. Aunque hace casi setenta que correteaba por esos mismos jardincillos y no recuerdo que hubiese por allí ningún mal rollo. Bueno, el Casino estaba cerrado, pero a mí me dejaban entrar para que jugase al escondite por sus inmensos corredores. Luego, pasó lo que pasó y el Casino volvió por sus fueros. Y ya no dejaron entrar a los niños a corretear por sus estancias. Claro que yo por entonces ya no era niño y por otra parte tampoco entraba porque los juegos de azar siempre me han parecido cosa de gente muy integrada. Como los chinos y así.

Lo que cuenta del asunto es que la retirada del monolito ha sido llevada a cabo bajo los auspicios de una ley que dicen de memoria histórica, o sea, un pleonasmo, memoria de la memoria. Pero, veamos, ¿que finalidad puede tener retirar todos los vestigios que recuerdan las insignes victorias del Caudillo que la de promover su olvido? De donde podemos deducir que la chusma, en lo que al lenguaje hace, no da una. Porque si hubiesen dicho: ley de olvido histórico, pues entonces sí. Aunque por otro lado también podemos considerar que si la merda seca fa pudor si la remenas, o sea, que si lo que estaba prácticamente olvidado lo traes a colación, pues eso, que lo rescatas del olvido y como que refrescas la condición de víctima del fascismo atroz. Incluso, con un poco de suerte y habilidad, hasta puede que te indemnicen por lo que hicieron a tu bisabuelo.

En definitiva, por todos estos alardes de la nada me parece apropiado traer a colación dos frases del maestro de Belmonte de Calatayud que creo sirven para dejar niquelado el trasunto del asunto:

1ª: dejadles, respondió a sus insultos, que tengan razón ya que no pueden tener otra cosa.

2ª: en ciertas ocasiones es necesario que los sabios se equivoquen para que los necios no revienten.

martes, 14 de febrero de 2017

La máquina

Como les iba diciendo, el que inventó la guitarra debía de ser tremendo. En cualquier caso a mi me salvó la vida. Porque es lo único de todo lo que me dediqué en la vida que sigue teniendo todo su misterio intacto. Ni hay, ni se vislumbra que en un futuro próximo haya, artilugio alguno con el que se pueda eludir su costoso aprendizaje. Insistes e insistes para avanzar un pasito y de inmediato vislumbras un inmenso territorio por delante para explorar. 

Todo lo demás que aprendí con más o menos esfuerzo y con lo que me gané la vida, ahora resulta que lo puede hacer de forma mucho más fiable una puñetera máquina. Lo advierten a diario los gurús del futuro: no envíen a sus hijos a estudiar medicina, ni derecho, ni prácticamente nada que no sea aprender a programar. Es tremendo, hasta las conversaciones de sobremesa van a estar fiscalizadas por las apps que llevamos en el bolsillo. Vas a decir algo y una voz de ultratumba va a salir por debajo de la mesa para advertir que acabas de decir una gilipollez.

Esta historia parece no tener fin. Hoy han trincado a un gigante de la pedagogía moral que por lo visto se extralimitó en sus funciones de director del Banco de España. La máquina otra vez haciendo de las suyas. Sin piedad. En el rastro que deja cualquier vida siempre hay materia para la ignominia. Y un kilo de ignominia pesa más que mil toneladas de santidad. Así, al final, todos al trullo. Ya estoy esperando a que vengan a por mi que a los palacios subí y a las cabañas bajé y en todas parte dejé... etc. 

 Lo dicho, tiempo de volverse al zenobio. A estudiar los misterios de la guitarra, reconstruir puzles, hacer sodokus, resolver integrales... cosas así con las que despistas al tiempo y no dejas rastro en la máquina.  

lunes, 13 de febrero de 2017

Fake News

 Yo de mayor quiero ser socialista. Lo digo por que nunca se me ocurre nada y a ellos todos les días les cae una especie de epifanía. Hoy, por ejemplo, se les ha ocurrido que sería bueno que todos los españoles tuviésemos en DNI y Pasaporte en español y catalán. No me digan que no es genial: un pequeño paso para el hombre y un gran paso para la humanidad, que dijo Nosequién. Mientras tanto, otro Nosequién, esta vez catalán, ha dicho que si guanyen el referéndum l´indepencencia l´endema. Y nadie ha sido capaz de preguntarle que qué faran l´endema si no n´i ha  referéndum.

De todas formas no todo es filfa. A veces la información viene con sustancia, es decir, con estadísticas. Porcentajes bastante abrumadores de europeos y americanos que no quieren que vengan más musulmanes a sus países. Trump, desde luego, sabe lo que se hace. Pero lo más interesante es la diferencia entre los porcentajes reales de población musulmana en esos países y los porcentajes que a ojo de buen cubero marca la población. Donde no llegan a un tres por ciento la gente jura que hay un treinta. 

Recuerdo que en mis años mozos teníamos en el trabajo una controversia  generacional que hacía que nos llevaran los demonios. Afirmábamos los de la mía que las cosas eran como marcaban las estadísticas, la evidencia decíamos, y los de la generación anterior siempre apelaban a su experiencia. Cuando les inquiríamos por el fundamento de su experiencia contestaban tautológicamente: pues mi experiencia, decían. En realidad querían decir mi impresión. O mi percepción. Así, no paraban de cometer barbaridades y nosotros al quite para evitar lo peor. Supongo que todos los saltos generacionales han sido y serán iguales. Un poco más de conocimiento y un poco menos de superstición.

Pues bien, escuchaba ayer a un payo que explicaba como funciona una cosa de esas que llaman App dedicada a desenmascarar las fake news. Noticias falsas. Demoledor, me dije, ¿cómo se las van a apañar en adelante los vendedores de quimeras? Y lo más difícil todavía, ¿cómo va a vivir la gente sin quimeras? Al fin y al cabo el mayor consuelo del ser humano en general ha sido siempre poder acompasar su opinión a su su situación vital. Ahora, que hasta se había inventado una palabra para dar a la mentira aires de dignidad. La postverdad, como que todo es del color del cristal con que se mira. Pues va a ser que no. Big data, deep learning, mediante, ya tenemos ahí el censor implacable. Las máquinas emitiendo sentencias inapelables. Supera a todo lo que hubiéramos podido imaginar. Un mundo sometido a la verdad, no sé si va a ser soportable.  

 

domingo, 12 de febrero de 2017

¡Cristianos a los leones!

Según me han contado, en unas reuniones que están teniendo este fin de semana los del partido conservador, su líder, dirigiéndose a los chavales les ha dicho que el conocimiento está hecho de libros, camino y vida y que, por lo demás, que procuren no depender de nadie que eso es lo mejor que le puede pasar a uno en la vida. Luego, ya, como apostilla, les ha pedido que no hablen mal de España que, para eso, ya hay por ahí demasiados chisgarabises. 

La verdad, me he quedado de piedra, porque más que el discurso de un político me han parecido las enseñanzas del Don Juan de Castañeda. La paciencia para encontrar tu sitio: libros, camino y vida. Y la independencia, eso que sólo desde la discapacidad mental se puede concebir como un hecho colectivo. No, amigos, uno es independiente sólo cuando está aquí en disposición de dar más de lo que va a recibir y, si ya no puede, mejor irse. La ley de dependencia, por dios, qué fracaso de la condición humana. ¡Cristianos a los leones!

Por lo demás, ¿quién pudiera hablar mal de España si la conociese? Sí, la profunda, que dicen algunos con desprecio. Esos pueblos renacentistas que llevan cuatrocientos años recitando las coplas a la muerte de mi padre y decoran las paredes de sus tabernas con grandes fotografías de la Brigitte Bardot de "Et Dieu créa la femme"  o inmensos murales de Manhatan. Sí, crúcenla paso a paso y no pararán de sorprenderse hasta qué punto está en el siglo. 

sábado, 11 de febrero de 2017

La razón del animal

Ahora resulta que vas a ir por cualquier calle de Madrid, le vas a pegar una patada al perro que te está ladrando y, como siempre hay algún talibán al acecho, te van a caer 45000 euros de multa. Pero es que, además, las autoridades, por llamarlas de algún modo, han decidido que en adelante habrá "sacrificio cero" en la comunidad. ¿Qué quiere decir eso?, pues muy sencillo, que las arcas públicas se tendrán que hacer cargo, así de entrada y como el que no quiere la cosa, de los veinte mil perros que los madrileños abandonan cada año. El consejero de la cosa, un tal González Taboada, ha sido contundente y claro al respecto: "que cualquier animal abandonado no pueda ser sacrificado sin ningún tipo de criterio. Sólo podrá hacerse en casos de animales que por una razón de salud pública o por una razón del animal, no puedan seguir viviendo". Bueno, lo de la razón del animal me parece que chirría un poco, pero en conjunto me he quedado con la copla. 

20000 abandonos al año sólo en Madrid. Lo cual me da a entender que lo de "animal de compañía" es algo así como un un oximorón o, mejor si quieren, un imposible metafísico. O, de lo contrario, debemos suponer que la comunidad de Madrid es un nido de desalmados. Porque no es tan fácil abandonar a lo que te hace compañía. Así que presumo que no la harán tanto y más si encima tienes que recogerle las caquitas tres veces al día. Por lo tanto, señores, una delicia saltar por el portillo del caer en la cuenta, que el que quiere puede y debe dar boleta a un amigo que solo quiere salir por ahí a husmear ojetes y caquitas. Y marcar territorio, una cosa odiosa a más no poder si bien se considera. Y asquerosa por demás, que solo hay que fijarse en cómo están todos los zócalos de las ciudades. 

Anyway, no descarto que haya gente que se sienta tan irremisiblemente desgraciada que hasta con esa compañía se conforma. Con una lealtad o fidelidad impostada de lameculos. ¡Por fin alguien me hace caso como a mí me gusta! Y, además, por si eso fuera poco, estoy cumpliendo con el rito de moda. Una moda que, por cierto lo es, como todas las modas, porque mueve millones a paletadas. Que no otra es la condición para que una moda sea incuestionable. 

En fin, me pregunto cuál será el significado profundo de todo esto en un mundo tan aficionado a mirar para otro lado cuando son personas las que sufren. Un mundo dedicado en cuerpo y alma a propagar la especie de que los animales son mucho más de fiar que las personas. Un mundo que cada vez más calibra la calidad de las personas en función de su simpatía por los animales. Y yo, desgraciado de mí, que sólo les veo interesantes cuando están en el plato debidamente condimentados. Ya digo, la razón del animal.    

viernes, 10 de febrero de 2017

Rizando el rizo.

 Cualquiera que se haya parado a pensar sabe que la política consiste fundamentalmente en redistribuir la riqueza que previamente se ha creado. Por decirlo con una frase hecha, vender la piel del oso después de haberlo cazado. Pues bien, sigue habiendo gente que insiste en que se puede vender antes de haberlo cazado, y no sólo eso, que dicen que lo de la caza esta feo y que lo suyo es ir a las casas de los que tienen pieles, quitárselas y venderlas. Así corre el mundo y nunca se podrá extirpar de la faz de la tierra la estulticia que tanto da de qué hablar. 

Pero es que los estultos nunca ven el fin de su ambición de llevar el rizado del rizo al nivel de lo sublime. Siempre idean un paso más allá. Ahora están en lo de superar a Edipo y toda la mandanga mitológica que nos había venido configurando la cultura con mayúsculas. Ahora dicen que lo de matar al padre ya es pecata minuta que no pone nada, que lo que da subidón es matar al abuelo que ese si que es, o fue, un hijo de la gran chingada.

Y nadie simboliza  mejor al abuelo para ellos que el Generalísimo Franco. Y digo Generalísimo porque si le apeas ese tratamiento el asunto pierde encanto. Como si al demonio le quitas los cuernos y el rabo. Y no le busquemos explicaciones, simplemente es el mal a abatir.  El dragón de San Jordi o la Hidra de Lerna. La cosa es grave, desde luego, y no deja de ser en cierto modo una esperanzadora búsqueda de valores en los que sustentarse. Porque hay que tener en cuenta que aquel valor que fue clave de bóveda de la exitosa cultura occidental se nos fue ya al carajo. Ahora los padres ya no sólo no les disputan la madre a sus hijos sino que de entrada les dicen ahí la tienes toda para ti e incluso te pago para que me la saques de encima. Matar a un padre así de progre sería de lo más insulso y sin apenas consecuencias a efectos de apuntalar la autoestima. Así que mejor lo dejamos y buscamos sustituto. 

Franco sí que era castrador. A su Doña Carmen la Collares no se la tocaba nadie. Y para colmo obligaba a comulgar por Pascua Florida. Insoportable. No se puede dejar que se le lleve el río del olvido. Por eso lo mejor será remover sus huesos para airear su fétido espíritu. Y ya de paso el de todos nuestros abuelos que son los que, en definitiva tienen la piel del oso bajo llave para que no la podamos vender.

 !Ay, qué tiempos aquellos cuando el abuelo fue picador, allí, en la mina!

jueves, 9 de febrero de 2017

Latin habemus

Leo que un profesor italiano ha propuesto el latín como lengua común de los europeos. De inmediato me apunto al proyecto. Solucionaría de una tacada mil problemas. Primero, es una lengua que no es de nadie, pero es de todos por mucho que los putos nacionalistas se pasasen medio siglo XIX borrando todos los indicios que de esa lengua había en la suya. No hay más que coger una novela inglesa del XVIII para ver hasta que punto está trufada de latinismos. Segundo, podría ser la lengua culta que se necesita para cohesionar un territorio. 

El otro día leía una tesis sobre la decadencia del Imperio Romano que me pareció de lo más interesante. Sostenía que al haberse extendido la lengua por el Imperio se había ido deteriorando su calidad. La gente de la Bética se podía entender para lo básico con la de la Germania, pero nunca lo suficiente para mantener una conversación inteligente. Y esa es la cuestión, si se puede mantener cohesionada a gente que sólo se entiende a nivel superficial. Sí se fijan es exactamente lo mismo que está pasando ahora con el inglés que la inmensa mayoría solo le controla en la medida que es necesario para hacer turismo. Mas allá de eso las barreras surgen de nuevo y cada uno vuelve a su dialecto. 

Me imagino que Jacobo, mi profesor en la materia por cierto, tendría mucho que decir sobre esto. Porque necesitamos cabezas sobradamente ilustradas que vengan a poner un poco de orden en este maremagnun de confrontaciones estériles que sólo buscan el regreso a la madriguera. En fin, como nunca hay mal que por bien no venga quizá con todo esto del Brexit, el trumpismo, y demás, se encienda la lamparita y podamos ver la idea liberadora. Siempre con esfuerzo, claro, pero bien dirigido.  

miércoles, 8 de febrero de 2017

Pelo de coño

Si uno se pone a considerar ahora, cuando ya prácticamente nada importa salvo tener dolores por el cuerpo, no duelen prendas en aceptar que si uno ha perdido el tiempo inútilmente y ha hecho el idiota a base de bien ha sido fundamentalmente por perseguir la quimera de la mujer diez. Ya me contarán ustedes si no hay que ser un completo desgraciado para andar en esas cosas. Historias del narcisismo para no dormir. En fin. 

Quizá haya sido por esa discapacidad afectiva, aunque quizá fuese más justo decir intelectual, el que siempre me hayan llamado mucho la atención las personas que dan la impresión de no tener el menor problema a ese respecto. Hombres que se relacionan con las mujeres bajo una perspectiva meramente práctica. A tal efecto, siempre recordaré aquel primer topetazo con tan candente realidad. Era en el Valladolid de los últimos cincuenta del siglo pasado y se trataba de un catedrático que gozaba de un gran prestigio intelectual. Aunque su materia académica era la anatomía la fama le venía sobre todo de mantener en su domicilio una especie de taller de filosofía al que sólo tenían acceso los alumnos más aventajados. Pues bien, la leyenda urbana achacaba en parte tal excelencia al hecho de que el susodicho para no perder tiempo ni comerse el tarro con cosas de menor sustancia se había casado nada más licenciarse con una tía suya que le doblaba la edad. No sé que habría de verdad en todo ello, pero no se paraba de comentar y no, precisamente, con especial admiración porque, de alguna manera, se consideraba una suerte de automutilación insoportable. Ya te digo, a esas edades en las que el pelo de coño suele tirar más que soga de marinero.

Bien, luego, andando los años, nunca faltaron noticias de casos similares Hasta que di con las memorias de Samuel Johnson. Lo de este señor es descarado al respecto. Una mujer culta, rica y que le doblaba la edad o casi. Ningún problema en lo sucesivo para poder dedicarse a lo que le apasionaba. La más difícil de las ecuaciones de la vida perfectamente resuelta. Así, cualquiera entrega al mundo después una obra como la suya. 

Pensaba en estas cosas hoy porque me he enterado que un político francés, un tal Macrón, al que las circunstancias parecen estar favoreciéndole para llegar a Presidente, por lo visto también se casó con una mujer que le doblaba la edad y que, además, era su profesora. Y no es por nada, pero hace un par de años que vengo siguiendo a este tipo y cada vez que le escuchaba más me convencía de la enorme distancia que para bien le separa de todos sus rivales. Sin duda es un tipo preparado y listo. 

No sé, en cualquier caso, cada uno según sus capacidades... que las posibilidades son casi infinitas. Aunque la más elegida sea ahorcarse con un pelo de coño.

martes, 7 de febrero de 2017

Wait and see

Entre el tiempo que hace y el catarro que he pillado me veo obligado a meter más horas de sillón de lo que la prudencia aconseja. Al final, estoy ya tan para el arrastre que, cojo, agarro, le doy al mando y me trago lo que sea que salga en la pantalla. Pues bien, no crean que todo es perder el tiempo. De repente sale Trump echando un discurso a los militares de un cuartel de Florida y te quedas enganchado, fascinado y lleno de interrogantes sobre el porqué de las cosas, valga la redundancia. Un tipo no llega a donde ha llegado éste a base de mentiras y dinero para pagar los servicios de Cambridge Analitics; tiene que haber algo más. La pieza oratoria me parece un prodigio de sencillez y emotividad. Como le corresponde a una clave de bóveda. La del Sistema en este caso. Sin seguridad todo lo demás huelga. Es la tarea del héroe. No cabe la menor palabrería en todo eso aunque se necesite madurez para entenderlo. 

Pues bien, mientras esperábamos a que el Presidente empezase su discurso la dirección de la emisora creyó conveniente insistir en unas recientes declaraciones del susodicho. Un entrevistador le inquiere sobre la condición asesina de Putin. No sé, contesta, hay muchos asesinos. También entre nosotros. ¿O es que usted cree que aquí no los hay? Y, claro, el entrevistador se queda mudo. Sin duda era la última respuesta que esperaba. Y también una verdad que no admite réplica. Hasta el más tonto sabe que es así por mucho que nunca se diga. Un tipo curioso este Trump, desde luego.

Luego, así, mirando por no sé donde, voy y me entero que ese "abominable" factotum, con pinta de darle al jarro, eso sí, que está detrás de todas las actuaciones, porque son verdaderas actuaciones, del Presidente, es el mismo que estuvo en su día detrás de la serie televisiva que después, por supuesto, de Northern Exposure, me parece la más inteligente de todos los tiempos, es decir, Seinfeld. Bueno, una coincidencia así tiene por fuerza que dar algunos dolores de cabeza a los que tienen ya apostadas todas sus cartas a la contra. 

En fin, como en todo lo que no nos es de una urgencia perentoria lo prudente es wait and see. Nos podemos llevar cualquier tipo de sorpresa porque de eso nunca estaremos libres, pero también puede que todo quede en otro Seinfeld, es decir en un vehículo de introspeción para las masas que puede ayudarles a reconocerse en lo que son, osea, primos hermanos de Putin los más. ¿O no?

domingo, 5 de febrero de 2017

Un lento avanzar

Me cansé ya. No sigo. Me he dado cuenta de que algo tan sublime es una perdida de tiempo para mi. He leído las primeras doscientas páginas y no he conseguido que me desmienta una sola vez. Sólo he encontrado confirmación. Es decir, aburrimiento. Me estoy refiriendo a La Rebelión de las Masas.

Por otra parte, me desayuno hoy con un vídeo que me recomienda Jacobo. Es una conversación entre Federico Jiménez Losantos y Antonio Escohotado a propósito del libro que ha escrito éste último sobre "Los enemigos del comercio". Aún reconociendo la valía del pensamiento de los dos interlocutores me pasa lo mismo que con La Rebelión, que me lo sé todo de memoria. Claro, queda poco que aprender al respecto después de haberse demorado bien demorado con Adam Smith.

La verdad es que uno, con el bagaje de conocimientos sobre la condición humana que tiene, ya se siente servido. Ya he comprendido de sobra que a los desfavorecidos por la fortuna la naturaleza les suministra envidia y rencor para que se mantengan erguidos. Y que, a partir de ahí, se pueden explicar todas las catástrofes que trufan la por otra parte tan exitosa evolución humana. Por mucho Lenin, Stalin, Ché, Castro, Chaves y demás espabilados que organicen berenjenales horripilantes, al final siempre acaban por llegar los Bill Gates y Elon Musk  a deshacer los desaguisados y poner el mundo en la senda del raciocinio. 

Así las cosas, nunca podremos esperar más que lo que ya hemos tenido: un lento avanzar salpicado de los sobresaltos inherentes al pasajero triunfo de los desfavorecidos. O de la envidia y el rencor si mejor quieren. 

Por lo demás bendita condición la del que nació dotado para el ensimismamiento en las cosas del espíritu. Porque sólo a ellos les es dado el gozar de un pedacito de cielo en la tierra.  

El rastro

"Hoy, de puro parecernos todo posible, presentimos que es posible también lo peor: el retroceso, la barbarie, la decadencia. Por sí mismo no sería esto un mal síntoma: significaría que volvemos a tomar contacto con la inseguridad esencial a todo vivir, con la inquietud, a un tiempo dolorosa y deliciosa, que va encerrada en cada minuto si sabemos vivirlo hasta su centro, hasta su pequeña víscera palpitante y cruenta. De ordinario, rehuimos palpar esa pulsación pavorosa que hace de cada instante sincero un menudo corazón transeúnte; nos esforzamos por cobrar seguridad e insensibilizarnos para el dramatismo radical de nuestro destino, vertiendo sobre él la costumbre, el uso, el tópico -todos los cloroformos-."

Cursi de cojones, por emplear el palabro que utiliza hoy Gregorio Morán para señalar hasta donde estamos los españoles de los nacionalistas catalanes. Pero ese es otro asunto. A lo que iba es a que Ortega se pasa de fumeque. Porque de otra forma uno no se puede explicar que sea tan alambicado para decir cosas tan sencillas y obvias. Por no hablar de necesarias a tener en cuenta porque de la interpretación que de ellas hagamos dependerá en gran medida nuestro estar en la tierra.

Pues bien, me envía Manel un vídeo del portal TED en el que una señora de muy buen ver se explaya a gusto sobre la maldad intrínseca al mundo digital. Nos tienen, otra vez aquellos "ellos" malvados que tanto juego le dieron a Agustín García Calvo, controlados hasta en el color de nuestras heces. Con nuestro uso de los diversos gadgets digitales vamos dejando un rastro en la nube que cualquier poderoso puede comprar con el fin de exprimir nuestros ahorros. Sí, de acuerdo, ese es el dramatismo radical de nuestro destino, y de nada sirve verter sobre él el cloroformo de la conspiranoia. 

Digamos que la mentada conferencia la escucho yo cada vez que el aburrimiento me pone delante de la pantalla a ver un capítulo de una serie policiaca contemporánea. En ellas todo el trabajo le hace la compañía telefónica de turno. Los polis lo único que tienen que hacer es consultarla. A eso se reduce todo. Ya, ni las células grises de Poirot ni las portentosas pituitarias de los perros, ahora todo es el algoritmo que organiza la información de los ordenadores centrales de la compañía. En eso va quedando el mundo y lo suyo es vivirlo así hasta sus "pequeñas vísceras palpitantes y cruentas". ¡Oye, como siempre, si vives como mandan los cánones nada tienes que temer! Dios mío, con el chollo que es ir por ahí con el móvil y saber en todo momento qué carretera tienes que elegir, en qué restaurante comer o en qué fonda pernoctar.  

En resumidas cuentas, cada vez que escucho un canto conspiranoico como el de marras lo primero que se me viene a la cabeza es la pregunta escueta y esencial de mis filósofos de cabecera Beavis y Butthead: y? Porque, así, a primera vista, parece que me estás proponiendo que me tire por un acantilado porque este mundo es una mierda. Y la verdad, yo no lo veo así. Sólo veo lo de siempre con otros ropajes, es decir, la inseguridad esencial a todo vivir, dolorosa, pero también deliciosa. 

sábado, 4 de febrero de 2017

Culitos prietos

De pronto las temperaturas nocturnas han subido siete u ocho grados, las horas de luz han aumentado, resmea durante todo el día, y, si a todo esto le añaden ustedes la impudicia adolescente que señorea las calles desde que cae la noche hasta que amanece y más, no nos quedará más remedio que aceptar que ya tenemos aquí la primavera. El mundo eterno que no cambia un ápice así se invente la máquina que se invente. Lo esencial, es decir, lo ligado a las hormonas, que nadie se lo toque a la humanidad so pena de hacer el más estruendoso ridículo. 

Iba ayer por la Calle Mayor y, cosa de hormonas también, me fijaba que en muchos escaparates había fotos de mujeres de las que quitan el hipo. Sobre todo en las perfumerías que van siendo el tipo de negocio que mejor resiste. Unas señoras bellísimas tapando lo necesario para sugerir el todo. Una pura incitación. Pero no te hagas ilusiones, majo, que esto que tengo aquí abajo sólo se lo doy a quien me da la gana. Es el juego más intenso de la vida que algunos no resisten y luego pasa lo que pasa: que se hacen leyes que no sirven para nada. 

No cabe duda de que estamos aquí ante uno de los mayores retos de la civilización. El control de las hormonas. Ya sea escondiendo la prenda dorada al estilo moro, ya sea cultivando la contradicción al modo feminista, siempre estaremos al borde de la histeria. Por no decir en la histeria misma que hay que ver el coñazo insoportable que dan los unos y las otras por no querer aceptar que al campo no se le pueden poner más puertas que las puramente virtuales: la madurez de los espíritus para que mejor nos comprendamos. 

En cualquier caso, no hay otra sal de la vida que le pueda llegar a los tobillos. Los inevitables juegos de seducción, posesión, repulsión, y demás, infinitamente menos peligrosos para la humanidad si se limitan a los ámbitos de la reproducción que si se subliman hacia sacerdocios diversos, que ya hemos visto demasiadas veces a lo que conduce eso que luego no hay lágrimas suficientes en el mundo con las que poder ahogarlo. 

En fin, señoras y señores, ya saben, se avecina el tiempo de los culitos prietos. Así que prepárense para jugar. 

viernes, 3 de febrero de 2017

Ingravidez

Reconozco que tengo adicción a las entrevistas. Es lo único que me interesa de la televisión. Llega la noche, enciendo el cacharro y me voy directo a Blomberg a ver si está allí Charlie Rose. No siempre me interesa lo que se trae entre manos, pero sí con frecuencia. Son entrevistas de rabiosa actualidad, aunque traten de temas históricos. La CNN, la BBC, CNBC, I24, incluso Al Yazeera, también. Es un momento del mundo en el que el principio de incertidumbre adquiere unas proporciones monstruosas, como nunca tuvo. Con las anteriores grandes innovaciones tecnológicas se produjeron conmociones sociológicas considerables, pero tenían un cierto carácter de previsibilidad. Ahora, nada de nada. El mundo corre a ciegas hacia no sabe dónde con la sola iluminación de las ocurrencias de los listillos. Ya saben, siempre hay un socialista para decir que pongan impuestos a los robots. 

El caso es que escuchando a esa gente uno se apercibe de cosas que tienen interés práctico. Imagínense que tienen ustedes un hijo, o hija faltaría más, que por lo que sea, acaso ha visto Anatomía de Grey, o leído Cuerpos y Almas, y quiere ser médico. Pues bien, quítenselo de la cabeza porque en cuatro días la inmensa mayoría de lo que hacen los médicos va a ser hecho con mayor fiabilidad por las máquinas. Hablando de temas jurídicos, ya, ni te digo. Imagínense, fuera médicos y abogados. Por no hablar de los enseñantes. Media clase media al carajo. ¿Y entonces qué? 

Yo no me preocupo por razones varias. La primera que no lo veré por meras razones biológicas. Pero es que, además, conozco algunos de los principios inexorables de la naturaleza. Así, todo espacio dejado libre por una especie es ocupado de inmediato por otra. Sólo es cuestión de vivir en tu tiempo. Y éste que ya está aquí, que nadie se lo tome a broma, es el de las matemáticas. Saber o no saber matemáticas, esa va a ser la cuestión definitiva para ser o no ser. Y por eso me llamó tanto la atención ayer la Reina cuando dijo en un colegio que no enseñasen sólo matemáticas a los niños. Pues sí, señora, lo siento por usted que seguramente no las sabe, que si las supiese nunca lo dijera, porque sabiendo de eso es muy probable que se sepa de todo lo demás. 

Resumiendo, de ser joven yo ahora lo tendría claro. Todos mis esfuerzos se dirigirían a poder sacar un billete para el desierto de Mojave. Porque allí es donde está la mayor concentración de pioneros que intentan diseñar el nuevo mundo. El dominio de la ingravidez y cosas por el estilo encaminadas todas a poder llegar más rápido a no se sabe donde... que eso es lo interesante, que se desconozca la meta. 

jueves, 2 de febrero de 2017

Puro delito

"Nada más. ¿Cabe hecho más simple, más notorio, más constante, en la vida actual? Vamos ahora a punzar el cuerpo trivial de esta observación, y nos sorprenderá ver como de él brota un surtidor inesperado, donde la blanca luz del día, de este día, del presente, se descompone en todo su rico cromatismo interior."

Pues bien, si no me falla la memoria, que bien pudiera, Ortega fue el que dijo que la claridad es la cortesía del escritor. Y no me cabe duda de que él es cortés, pero, también, de que lo cortés no quita lo cursi. ¿O no destila cursilería el párrafo anterior que esta sacado de su "Rebelión de las Masas"?

Sigo leyendo ese libro que ya me aporta poco de puro interiorizado que le tengo. De hecho es más que probable que este blog con el que les aburro esté atiborrado de ideas extraídas de sus páginas. Y es que, en su día, vibré con su lectura. Pensaba entonces que me estaba reconfigurando por dentro. Como dándome un sistema de pensamiento mucho más equilibrado del que tenía. Y seguramente era así porque en los años juveniles el cerebro es un torbellino donde todo esta confundido. Son años de acumular experiencias sin darse respiro para digerirlas. Y este libro resultó ser desde el mismo momento en que me senté a leerlo la medicina adecuada para esos males tan naturales. Los del hombre-masa que se siente incómodo consigo mismo si saber el porqué. Seguramente fue de esas páginas de donde extraje buena parte de mi convicción de que la única forma de escapar a esa nada que somos cuando somos masa es la continua exigencia consigo mismo. El vivir agónico para que nos entendamos. 

En fin, le sobran los elogios a ese libro que nunca paré de recomendar a mis allegados. Pero no es a eso a lo que iba. Lo que quería resaltar hoy es la diferencia de apreciación que se tiene sobre las cosas cuando el grueso de la atención se traslada del fondo a las formas. Así, una vez interiorizado el fondo, he dado en caer sobre las formas. Supongo que es inevitable. Y las formas, con más frecuencia de lo soportable, dan en una cursilería que sonroja. Como de vergüenza ajena. Claro que no se me escapa que algo tendrá que ver con el estilo de la época en la que fue escrito. Como esas casas del Eixample barcelonés tan admiradas hoy por la turbamasa turística. Llenas de adornos inecesarios. Puro delito. 

Resumiendo, que en todo en esta vida hay que saber diferenciar el grano de la paja. Pero tampoco conviene olvidar que por mucho y de mucha calidad que sea el grano, si la paja abunda el conjunto desmerece y se acaba condenando al olvido. Es el filtro del tiempo que premia sobre todo la armonía. He dicho.  

miércoles, 1 de febrero de 2017

Por peteneras

"Este año nos vamos a jugar el futuro de la UE, y con él, el de todos nosotros". Esta es la vulgaridad que escribe hoy en el periódico global, antiguo independiente de la mañana, por la tarde no, uno que fue político de cierta importancia. Claro que de matriz socialista, lo que en cierta medida le exime de la obligación de inteligencia... pero esa es otra cuestión. Lo que cuenta para el caso es esa vocación de pájaro de mal agüero que suelen tener los descendidos de donde subieron por las carambolas de la vida y no por sus méritos exiguos. 

La frase de marras se puede decir para este año, para el pasado, el que viene y así sucesivamente. ¿O no? ¿O es que acaso la vida no es un continuo jugarse el futuro con lo que haces en el presente? Pues no, mire, según el político en cuestión no nos lo jugamos si hacemos exactamente lo que él preconiza. Y esa es exactamente la mierda que tiene a tanta gente harta, la intromisión desproporcionada de lo colectivo, vía políticos, en lo individual. Es imposible que esa chusma política comprenda que para ser buen ciudadano primero hay que ser buen individuo. O sea, que estás dispuesto a jugarte el futuro al margen de lo que le pase a la colectividad. Es decir, si yo hinco codos, puedo ser de ayuda a mis conciudadanos, pero si mis conciudadanos prefieren irse por el desagüe yo tengo medios para encontrar a otros ciudadanos en otro lugar que prefieren vivir a flote. Así que no me venga usted metiendo miedo porque me parto de risa. 

Ese es a mi juicio el gran fracaso de política actual, que no es capaz de asumir, quizá por motivos de pura supervivencia, que cada vez más gente es consciente de su propia responsabilidad frente a su futuro. Y por eso no quieren que les pastoreen tanto. Si viene el lobo le enfrentarán con el rifle que guardan cuidadosamente en casa. Curiosamente, lo mismo que hoy he visto la frase ominosa que les vengo comentando, ayer vi otra de cariz pessoano precisamente en la camiseta que llevaba la señora que viene a limpiar la casa: cambia tu vida y cambiará el mundo, rezaba. Ya ven, individualismo de la mejor especie. Sentimiento aristocrático que es por donde comienza todo lo bueno. 

En fin, esa es la cuestión que se niega a aceptar la política actual, la corriente de aristocratismo que empieza a señorear el mundo. Ni cuna ni leches, afán de superación y libertad para decidir sobre mis cosas. Y échese usted a un lado y no me mate a impuestos. Y en eso consiste todo y de ahí el mal fario que hace a los políticos salir por peteneras a la primera de cambio.