domingo, 5 de febrero de 2017

Un lento avanzar

Me cansé ya. No sigo. Me he dado cuenta de que algo tan sublime es una perdida de tiempo para mi. He leído las primeras doscientas páginas y no he conseguido que me desmienta una sola vez. Sólo he encontrado confirmación. Es decir, aburrimiento. Me estoy refiriendo a La Rebelión de las Masas.

Por otra parte, me desayuno hoy con un vídeo que me recomienda Jacobo. Es una conversación entre Federico Jiménez Losantos y Antonio Escohotado a propósito del libro que ha escrito éste último sobre "Los enemigos del comercio". Aún reconociendo la valía del pensamiento de los dos interlocutores me pasa lo mismo que con La Rebelión, que me lo sé todo de memoria. Claro, queda poco que aprender al respecto después de haberse demorado bien demorado con Adam Smith.

La verdad es que uno, con el bagaje de conocimientos sobre la condición humana que tiene, ya se siente servido. Ya he comprendido de sobra que a los desfavorecidos por la fortuna la naturaleza les suministra envidia y rencor para que se mantengan erguidos. Y que, a partir de ahí, se pueden explicar todas las catástrofes que trufan la por otra parte tan exitosa evolución humana. Por mucho Lenin, Stalin, Ché, Castro, Chaves y demás espabilados que organicen berenjenales horripilantes, al final siempre acaban por llegar los Bill Gates y Elon Musk  a deshacer los desaguisados y poner el mundo en la senda del raciocinio. 

Así las cosas, nunca podremos esperar más que lo que ya hemos tenido: un lento avanzar salpicado de los sobresaltos inherentes al pasajero triunfo de los desfavorecidos. O de la envidia y el rencor si mejor quieren. 

Por lo demás bendita condición la del que nació dotado para el ensimismamiento en las cosas del espíritu. Porque sólo a ellos les es dado el gozar de un pedacito de cielo en la tierra.  

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