Me pregunto si no debiera empezar a preocuparme. Porque tengo la impresión de que cada día que pasa la violencia del lenguaje monte d´un cran. Así que hay veces que uno no sabe si está escuchando a estadistas o a navajeros. Es como si se estuviese abriendo la veda Cabaret, es decir el paso del odio a las hostias al diferente. Las estadísticas al respecto, vistas de un modo sincrónico, son francamente alarmantes. Necesitaría, ahora, los datos necesarios para una visión diacrónica que es la realmente importante: ¿han aumentado en los últimos tiempos las agresiones a los inmigrantes o han disminuido? Porque a veces la mercadotecnia mediática nos sume en la confusión. Se puede estar recalcando, por atraer lectores, algo que es habitual o, incluso, que va de retirada.
El caso es que yo animé mucho a mis hijas para que se fuesen a Londres. Y llevan allí ya veintitantos años. Y han hecho su vida con esfuerzo y tesón y digamos que no les va mal. Pero, justo ahora, resulta que se les ha colocado encima una espada de Damocles. De entrada ya están en engorrosos papeleos para tratar de estabilizar una situación que hasta ahora estuvo estable de una forma natural. Resumiendo, es lo último en lo que hubiésemos pensado los que siempre tuvimos en Gran Bretaña un referente de sociedad abierta... quizá porque nos interesaba y no queríamos pensar. Porque las habas siempre se cocieron en todas partes y nunca faltan referencias para el que las quiere encontrar. Y, así, nunca se me fue de la cabeza aquel comienzo de la novela Contrapunto, de Aldous Huxley, en el se describe pormenorizadamente el rutilante desfile del Partido Nazi Británico por el Parque Sant James de Londres, justo el mismo día en el que se declaraba la guerra a Alemania. O sea, que el huevo de la serpiente siempre ha estado ahí. Como inevitablemente está en todas las partes donde hay humanos, para qué nos vamos a engañar. Y sólo se necesita que remonte un poco el miedo de los mierdicas para que eclosione.
Y esa es la cuestión, saber si estamos en eso o sólo es un espejismo. Porque, ya digo, sabido es que los periódicos necesitan alarmar para vender, pero, también, que de tanto anunciar que viene el lobo sin que acabe de venir, al final, cuando viene, nos pilla desprevenidos. Así que conviene estar atentos y más que nunca fiar sólo en los hechos. De las estadísticas. De la dirección de las gráficas en los charts. ¿Suben, bajan o qué? Porque nos están atufando a anécdotas estremecedoras.
Anyway, lo que no podemos olvidar es lo que dijo ayer un alto funcionario americano que entrevistaban en Hard Talk de la BBC: que estamos en una plaque tournante de la historia. Y yo me acordé de inmediato de cuando de niños íbamos a la estación a ver como, cuando llegaba el tren, desenganchaban la máquina de vapor para que fuese a colocarse en la placa que unos forzudos cheminots hacían girar a motor de alubias. Luego, la máquina se iba resoplando por otra vía hasta pasar la caseta del guardagujas, paraba, daba marcha atrás y se colocaba al frente del convoy para volver a Santander. Bueno, pues me creo totalmente lo de que se está en el proceso de dar la vuelta a la marcha de la historia para que pueda volver a marchar en la dirección deseada. Y supongo que habrá algunos estropicios y que, en no pocas ocasiones, pagarán justos por pecadores. Porque lo que nunca va a pasar, como dijo ayer un chaval en Barcelona, es que la gente en general quiera volver a los viejos móviles Nokia. ¡Menudo coñazo la nostalgia! Cosa de mierdicas, ya digo.
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