miércoles, 1 de marzo de 2017

Fatiga de materiales

Una cosa curiosa que está pasando y de la que se habla poco es la retirada de varias ciudades en su lucha por conseguir los Juegos Olímpicos. En algunas han hecho sondeos en la población y se ha visto claramente que la gente está en contra. En otras ha sido simplemente el cálculo de los munícipes el que ha propiciado la retirada. Claro, es pronto para hacerse una idea clara de los porqués de semejante cambio de intereses, pero a mí me da la espina de que tiene que ser algo relacionado con la mejora sustancial del nivel cognitivo de las masas. 

Recuerdo perfectamente el día que le concedieron los JJOO a Barcelona. Vivía allí por aquel entonces. Había una alegría impostada en las calles que recordaba a esa que se ve cada año el 22 de diciembre en los barrios en los que ha caído el gordo. Así, un palurdo al que llamé la atención porque estaba tocando sin cesar el claxon justo a mi lado, me contestó de mala manera, tachándome de antipatriota porque no exhibía alegría por la lotería que le acababa de tocar a la ciudad.

En realidad, vistas las cosas con perspectiva, el Comité Olímpico Internacional no es otra cosa que una agencia de publicidad. Cuando concede los juegos a una ciudad lo que esta haciendo es poner a esa ciudad en el mundo por medio de un gigantesco spot publicitario. Durante quince o veinte días se ven panorámicas rutilantes de la ciudad por todas las televisiones del mundo mundial. Luego, lo de los muchachos y muchachas que corren, saltan y demás florituras, como unos verdaderos mataos, es la coreografía que toda gran representación necesita para adquirir verosimilitud. 

Pues bien, la lotería que tanto alegraba a aquel imbécil de Barcelona, al final fue eso, un spot con el que se consiguió hacer de Barcelona una ciudad asfixiada por el turismo. O sea, camarera, camarera, de mi amor. Y los muchachos de aquella coreografía sufriendo las consecuencias de, como dice Arcadio, mucha cancha y poca aula: juguetes rotos los más. 

Así es que del original a la copia, de Olimpia a Barcelona, es lo que va de la limpia competición entre aficionados a la guerra a muerte entre mercenarios. Esos pobres muchachos y muchachas que les tienen durante diez años, diez horas diarias metidos en el agua para que rebañen un segundo a su marca. Y luego dicen que la esclavitud es cosa del pasado. Tarde o temprano la gente tenía que acabar por darse cuenta del feo asunto que es todo esto. Y por eso quizá es que no quieren juegos en su ciudad. Porque el mundo avanza y lo mismo que un día lejano hasta la chusma comprendió que lo del circo romano les degradaba, cualquier día de estos hasta el fútbol espectáculo pasará a ser un peñazo para la mayoría. Porque qué misterio puede haber en que un tipo haga malabarismos con el balón si dedica diez horas al día a tan sandia actividad. No, desde luego, si no fuese por la insistencia mediática todo eso sería agua pasada. 

En fin, sea por lo que sea, mucha gente prefiere que los Juegos los hagan lejos de su ciudad. Esa parece ser la realidad actual. Y yo que me alegro. 

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