domingo, 5 de marzo de 2017

Televidencia

El otro día les decía aquí que coincidía con Polansky en que la cadena de televisión Arte es para pijos. El caso es que como ando un poco aburrido me he puesto a verla y quisiera puntualizar mi opinión. Si ves programas como el que dirige la monísima lumia Elisabeth Quin, "28 minutes", en el que un grupo de intelectuales analizan cualquier situación de actualidad, entonces, diría que no sólo pijos sino pijos al cuadrado. O sea, todos los tópicos de la pijería, empezando por el de la gente guapa y terminando por el del crecimiento sostenible. Es decir, de todo lo que se descojona Houellebecq que, por supuesto, nunca va a ese tipo de debates por más que es de los pocos franceses que tiene algo interesante que decir estos días que corren. Resumiendo, mucha apariencia y poca sustancia, la esencia de la pijería. 

Pero luego vas y ves un documental rutilante y te quitas el sombrero. Ayer por la tarde vimos a Bernard Henri Levy con su eterno terno azul marino tipo Armani metido en harina por las refriegas de la conquista de Mosul. Ahí se veía bien cuando el periodista es a la vez un intelectual como dios manda. Porque las guerras, como las desgracias que nos suceden a cualquiera, no son la consecuencia de un mal exterior que cae sobre nosotros para convertirnos en victimas, no, en ningún caso, son más bien el efecto inevitable de la conjunción de una serie de cualidades negativas de los seres humanos. Pongamos que ignorancia y estupidez para resumir. ¿O es que acaso todas las desgracias, no graves por suerte, que me han sucedido en esta vida no han sido a causa de esas dos cualidades que nunca he sabido corregir lo suficiente? Bueno, pues eso es lo que nos trasmite Henri Levy, que lo que pasa en Irak tiene maternidad y paternidad. Gente carcomida por los sentimientos. Al respecto nos enseña el reencuentro de una madre con su hijo y lo que vemos es una escena práctimente pornográfica. Como se pueden querer una madre y un hijo de esa forma si no hay por medio una atracción fatal, de cariz sexual bien sure. De los padres con las hijas, mejor no hablar. Babean. Te la vendo en un millón de dolares, dice uno a otro que se la está alabando. Lo tiene claro, es mío para lo que yo quiera. Ignorancia y estulticia. La ausencia absoluta de método. Ver la evacuación de los heridos es un poema. Todos a la vez obstruyéndose el camino los unos a los otros mientras el herido muere. Luego se ponen a llorar. De disciplina, mejor no hablar. Parece todo cosa de niños jugando a la guerra. El coronel disculpándose con el capitán por lo mal que funciona la cadena de mando. Pero no te preocupes que ya lo vamos a solucionar. Todo es despropósito. Como de gente que nunca ha tenido que esforzarse por nada y de pronto se ve metida en un lío descomunal. En fin, una lección de vida para desengaño de compasivos: cada cual tiene lo que se labra. 

Luego por la noche, Enrique VIII e Isabel I. De Inglaterra. El poder absoluto para bien y para mal. Sobre estas cosas debieran reflexionar un poco todos esos niñatos que andan por ahí buscando indicios franquistas para destruirlos. ¡Tiene gracia la cosa! Tanto Enrique como Isabel mataron oponentes como quien mata moscas, pero entre los dos pusieron a Inglaterra a la cabeza del mundo en modernidad. Paradojas de la vida, que para avanzar hay que sufrir y de nada sirve eliminar los indicios del sufrimiento porque la realidad de los avances avasallan la memoria. 

En resumidas cuentas, para pijos, sí, pero también para nuevos reaccionarios. O nuevos libertadores si mejor quieren. 


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