sábado, 4 de marzo de 2017

Periodismo a la violeta

Leo un titular: <<Con este panorama es difícil que una pareja se anime a tener hijos.>>

Otro: <<Es necesario devolver a la gente las ganas de tener hijos.>>

Así es todo, o casi todo, el periodismo que escriben nuestros intelectuales. Porque se supone que los que escriben en los periódicos lo hacen porque saben pensar mejor que los que no escriben. Y por eso digo yo que se les puede tachar en cierta medida de intelectuales. De mierda, pero intelectuales, que lo primero que hacen siempre es echar mano de un tópico que no quiere decir nada y después construir toda su teoría sobre ese tópico. Porque, vamos a ver, ¿cuál es ese panorama desincentivador? Parece ser, según la articulista de marras, que la horripilante y persistente crisis económica que nos asola. Bien, pues otro tópico. De mi ya larga permanencia en este mundo nunca conocí época como ésta en la que tanta gente viva tan bien y con tanta seguridad. Y no creo que ni siquiera hagan falta gráficas para demostrarlo de puro evidente que es. Luego el panorama, por seguir llamándolo del mismo modo, tiene que ser otra cosa. Y vaya usted a saber en qué consiste. Pudiera ser, por decir algo, que de tanto ver películas de Walt Disney demasiada gente haya llegado a la conclusión de que es más simpático, comódo y mucho menos comprometido transferir afectos a un perro que a un niño. Y para el caso, ya hasta cochecitos para pasearlos por el Retiro se venden. Por lo demás, por seguir lucubrando a la violeta, ¿qué sería de nuestra más próspera industria si nuestra juventud se tuviese que dedicar a cuidar niños en casa? ¿Quién se iba a comer entonces los pinchos y las tapas? Y las raciones y cazuelitas. Por no hablar del montón de eventos prometedores de emociones fuertes que a diario escarban en el bolsillo de la gente en edad de procrear. Para mí, en definitiva, que el panorama tiene más que ver con el culto desaforado a Dionisos que, por así decirlo, es la esencia de nuestro momento histórico, como por otra parte lo ha sido de todas las épocas de prolongada opulencia. La vida chachi, y que dure. Y, además, como si no existiese la sabia percepción de que con nueve mil millones de personas en el planeta ya tenemos suficientes emisiones de metano como para derretir los polos y yo qué sé cuantas cosas más.

Respecto al segundo enunciado, veo un voluntarismo de tipo exotérico. Como de varita mágica o cosa por el estilo. Bueno, siempre hay gente que cree que un decreto ley lo mismo puede servir para un roto que para un descosido. Tu haces una ley y las mujeres dejan de calentar los cascos a los tíos y los tíos dejan de calentarles el culo a las mujeres. Oye, que la gente obedece. Así, si emites una pragmática prohibiendo a todas las personas entre 25 y 35 años dilapidar su tiempo nocturno en bares, dicotecas, romerías varias, etc, obligándoles a recluirse en la intimadad de los hogares, yo qué sé, a lo mejor por aburrimiento acaban hasta de olvidarse de ir a la farmacia a por anticonceptivos. Pero es complicado en cualquier caso. 

En cuanto al mantenimiento de las pensiones, que no otro es el fantasma al que se recurre para animar a procrear, ¡menudo bluf! Las pensiones, esa trampa saducea en la que caemos todos los imbéciles. Si no hubiese pensiones, o no hubiésemos caído en su trampa, seguiríamos vivos hasta el último día de nuestras vidas. Así, con este sistema, lo único que hacemos es empezar a arrastrarnos a la edad de plenitud como auténticos muertos vivientes por consultorios, balnearios, aeropuertos y demás instalaciones para apestados. No, no creo que esa dejación total de responsabilidades que es vivir de una pension sea una buena idea en absoluto. Pero, en fin, éste es otro tema.  

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