sábado, 11 de marzo de 2017

El fondo de la noche


Dice un tipo que se llama Assange y lleva años asomado al balcón de una embajada sudamericana en Londres que la CIA es un desastre. Ya ven, la famosa CIA que tantas paranoias alimentó en aquellos años de sueños totalitarios. ¿A ver qué persona que por aquel entonces mostrase un atisbo de sensatez no era tachado de inmediato por los detentadores de la buena nueva de agente de la CIA? CIA por aquí, CIA por allá, el caso para los idiotas, como siempre ha sido, era sentirse víctimas de un enemigo escurridizo. Porque está la CIA, que si no, mañana mismo el paraíso en la tierra. Como la niña de Viridiana que jugaba al diábolo: porque se me ha caído, que si no...

Recuerdo perfectamente la primera vez que tuve conciencia de la realidad insoslayable de los servicios de inteligencia e información. Están en todas partes porque cada uno de nosotros hacemos nuestra labor al respecto y, gracias a ello, y a la vida paralela que así se promueve, podemos tener la fiesta en paz. Estaba viviendo entonces en un ático de la calle Roger de Lauria de Barcelona. En la puerta de enfrente había un tabuco en el que vivían los porteros con un hijo que siempre estaba intentando meter mano a su hermana. No podía evitar enterarme. A su vez, yo, con mi vida poco ejemplar, estaba controlado al milímetro. Cada vez que entraba o salía, sólo o acompañado, tenía que pasar por taquilla. Y el portero, que no paraba de ver vídeos de toros en un pequeño televisor portátil, siempre me contaba algún pequeño direte referente a algún vecino. Filtrando información en definitiva para ir construyendo una red de apoquinadores de fin de mes. Al respecto, me había enterado de la propina que le daban los demás vecinos y no dudé un instante en que tenía que doblarla por si las moscas, porque es que yo estaba entonces en muy mala edad. 

Bueno, para no apuntarme el hallazgo, diré que fue por aquellos días cuando leí el rutilante " Viaje al fondo de la noche". Ahí, en esa novela, está perfectamente descrito el papel de los porteros como servicio de inteligencia e información de la comunidad de vecinos. Por supuesto que es una figura perturbadora y por eso, y no por lo que cuesta, se ha apresurado a sutituirla por otra cosa anodina esta sociedad infantil y decadente. Una gran equivocación sin duda. Pero éste es otro tema. 

Así que ya viejo, como los de la viñeta de arriba, y libre por tanto de toda paranoia que no traiga causa del desarreglo de algún órgano interno, no puedo tener sino todo tipo de simpatías por cualquiera que me escuche... aunque sea cobrando como los porteros o por deporte como la CIA, porque es que para todos los demás es como si ya no existiese.  

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