Siempre están pasando cosas que crean inquietud. Entonces, lo natural es pensar en ellas para tratar de encontrarles una explicación. Así, reúnes toda la información de que dispones al respecto y procuras ponerla en orden, relacionando unos hechos con otros y, en definitiva, buscando atar la mayor cantidad de cabos sueltos en la medida de lo posible. Al final tienes una hipótesis más o menos atinada con la que te tranquilizas, y no por que con ella resuelvas nada sino porque, simplemente, crees que comprendes. Que no en vano comprender es la más alta manifestación de nuestra humanidad.
Pongamos por caso al Presidente del país más poderoso y democrático del mundo gritando como un poseso que los medios de comunicación son los enemigos del pueblo. Bien, podríamos acogernos a la teoría más difundida, la de que ese señor es un friky que tiene medio perdida la chaveta. Aceptado el hecho ya solo queda pensar en cuándo le destituimos. Así, no son pocos los artículos que se escriben en tal sentido. Todos, por supuesto, pura conjetura. Entonces, uno, que algo sabe porque escucha y lee con atención, piensa que esa insistencia en atacar a los medios no puede ser algo improvisado o capricho de un iluminado: tiene que formar parte de un guión minuciosamente pergeñado por el equipo de asesores que siempre rodea al Presidente, hasta cuando va al baño.
En toda lucha por el poder hay unos intereses que echan el resto para que su candidato lo conquiste. Después, culminado con éxito el empeño, son esos intereses los que suministran el equipo de asesores al triunfador. El caso actual no es una excepción al respecto, con su matiz diferenciador, por supuesto, que todos lo tienen. Y, ahí, en ese matiz, es donde está la madre del cordero de la actual situación, esa madre que parece desesperar a tantos que no quieren tener en cuenta que a otros tantos encanta. Pues bien, por lo que he podido enterarme, uno de los principales donantes de la campaña de Trump es un ingeniero informático de postín que en su día montó empresas que le produjeron pingues beneficios. Así, hoy día es un multimillonario que disfruta empleando su tiempo, dinero y mucha inteligencia, en intentar cambiar esa tendencia innegable que tienen la mayoría de los medios de comunicación a mostrar simpatía por los parias de la tierra por el simple hecho de que son parias sin pararse nunca a considerar por qué lo son más allá de su condición de víctimas de "la derecha" para que nos entendamos.
Pues bien, creo que en buena medida comparto esa teoría. Recuerdo el hartazgo que me llego a producir la cadena ARTE con su incansable insistencia en querer dar la imagen de estar siempre del lado de los buenos que, por supuesto, son los débiles. Nunca los vagos, por Dios. Ya me confirmó esa impresión Polansky cuando en una de sus películas se mofa varias veces como de pasada de esa cadena para pijos. Pero es que miren Le Monde, The Guardian, New York Times, y un largo etc de cabeceras con nuestro El País y su catalanes de guardia en vanguardia, valga la redundancia. Todos esos periódicos, como tantas cadenas de televisión, la única verdad que buscan es la de dar gusto a su extensa clientela de gente aburrida. Porque, desde luego, el que no se aburre es porque tiene algo de sustancia que hacer en el mundo y no gasta mucho tiempo contemplando y leyendo esos catecismos para catecúmenos. Por lo general un rallado sermón de las bienaventuranzas. O sea, sois unos pringaos, pero sois buenos y estaréis los primeros en el reino de los cielos.
Al respecto de tal insania convendría fijarse en la cruzada que tiene montada el periodista Arcadio Espada en defensa del que fuera presidente de la comunidad autónoma valenciana Francisco Camps. El tal Camps es de derechas y al parecer un poco meapilas, lo cual, añadido a que no paraba de ganar elecciones, era motivo más que suficiente para que un periódico como El País se pusiese a la cabeza de una campaña de desprestigio sin precedentes. Dedicó como cien cabeceras a informar de lo corrupto que era el susodicho. Acabó por definirlo como un compendio de prácticas delictivas. Bien, no pudo demostrar con hechos una sola de sus acusaciones y, cuando la justicia le absolvió de todo cargo, el periódico se llamó Andana y se puso a buscar por otra parte: esta vez es que había fusilado su tesis doctoral. También desmentido por la propia universidad que le dio el doctorado. Pues ya ven, como si nada. ¿Alguien ha pedido responsabilidades a El País o resarcimientos por el mal causado? Que yo sepa no. Es evidente que está por encima del bien y del mal... como corresponde, por otro lado, a cualquier enemigo de la cosa pública.
Sí, seguramente, lo que ha llegado con Trump no ha sido por casualidad. Los medios de comunicación tienen que acabar ya de una vez de dar la tabarra con la antinomia rico, malo, derecha/pobre, bueno, izquierda. Porque es una mentira con la que se gana dinero, a buen seguro, pero, también, la peor de las degradaciones morales o, mejor si quieren, el camino más directo a la pérdida de la libertad.
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