Lo recuerdo como uno de los momentos más reverenciales de mi vida, fue en Salamanca, en la iglesia de San Esteban, donde Cristobal Hafftler estrenaba una de sus obras. No recuerdo cual ni la fecha exacta, sólo la intensidad del momento.
Esos cinco señores de la foto, ¿cuánta gente de este país puede decir quienes son? ¿Un uno, un dos por ciento? Acaso ni eso. Es la prueba irrefutable del poco interés por la excelencia del público en general. Y, quizá, que mejor que así sea, porque los que abren los caminos bastante tienen con la satisfacción del descubrimiento y la fama para ellos no podría ser otra cosa que una excrecencia humillante que les podría restar inspiración.
En cualquier caso, qué mal lo tienen las sociedades que se resisten a transitar por los caminos que abrió la excelencia de las generaciones anteriores. ¡Con el esfuerzo hemos topado, amigo Sancho!

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