domingo, 26 de marzo de 2017

Cuando llegará

Hay una página en internet que se llama watchallchanels.com que es una pasada como vulgarmente se dice. Ahí puedes ver multitud de canales de televisión, sobre todo en inglés y algunos en francés, o sea, los dos idiomas, a parte del español, en los que puedo enterarme de algo. Así es que ya no necesito parabólica al ASTRA para nada. Estoy muy contento, la verdad, porque siempre he sido muy aficionado al invento televisivo, incluso cuando en los ambientes en los que me desevolvía estaba considerado como cosa de poca sustancia adecuada a las necesidades de manipulación del poder en curso. Si eras guay por aquel entonces, lo suyo no podía ser otra cosa que pasar las veladas en los bares de copas... y de ahí, en gran parte, estos lodos sobre los que no me voy a explayar aunque bien podría porque ¡madre mía!

Desde luego, lo que es una vida. Por lo menos la mía. Tendría once años o así cuando leí la redacción de un compañero de pupitre que había venido desde México a hacer el bachillerato en España. El mismo tipo que muchos años después se me presentó un día en casa a darme un sablazo. No sé quién habría informado al pobre. Pues bien contaba en su escrito que las antenas sobre los tejados relucían al sol. Aquello era chino para mí. Me lo estuvo explicando y yo avancé de golpe unos cuantos años en la comprensión de la contemporaniedad. Unos años después, en Valladolid, a donde me habían llevado los estudios, solía ver en la calle a grupos de personas pegadas a un escaparate. Miraban asombrados las primeras televisiones que por lo general solo emitían rayas, aunque de vez en cuando se escapaba una imagen. Después, en pocos meses, ya había un aparato en todas las cafeterías funcionando perfectamente. Y entonces fue cuando se pasó de la acción de la tertulia a la pasividad de la observación televisiva, lo cual, ni que decir tiene, fue criticadísimo por la carcundia progresista, ¡cómo no!, que hacía poco había aprendido la palabra alienación y le gustaba mucho emplearla. Sin embargo, los que mirábamos sin complejos nos enterábamos de multitud de cosas que ni sospechábamos que pudieran existir. 

El caso es que ayer, domingo desapacible, no me costó adaptarme a la moda en curso de quedarse en casa, aunque, bien es verdad, sin calcetines expandeorgasmos. Bueno, en realidad bajé a comer al María Cristina que lo tengo a dos minutos y es como si estuviera en casa. Después sesteé un buen rato y a continuación me puse a zanganear. Al final caí sobre un programa de la BBC 4 sobre la historia de la bicicleta. O sea, una de mis teclas favoritas. Me enteré de cosas curiosas, como, por ejemplo, que hubo un cuerpo de paracaidistas que se lanzaba con una bicicleta plegable a la espalda. Ya en el suelo, la armaban y salían pitando para la linea de fuego. Ganaban mucho tiempo y cogían al enemigo desprevenido. Al menos esa era la teoría. Pero con ella se hizo progresar una barbaridad la calidad de las bicicletas plegables. Hasta llegar a la brompton, una de las niñas de mis ojos, cuyo invento, desarrollo y fabricación nos explicaron detalladamente. Y luego, ya, si quieres que la perfección sea casi pecaminosa, le adaptas a la brompton un sillín brooks cuyo invento, desarrollo y fabricación también nos mostraron con todo lujo de detalles. Por lo visto fue idea de un vivo que vio en la bicicleta la salvación de su viejo negocio de arreos para los caballos. Ya ven que siempre hay y hubo quien en vez de llorar por lo que viene se adapta a ello y coge nuevo impulso. Total, que ayer no saqué la bicicleta, pero tuve mi lote. 

A continuación, en el mismo canal, un programa sobre historia de la música presentado por Suzy Klein que ya con solo verla expresarse como que te erotizas. La evoución de la música en el siglo XIX, lo que va de Beethoven a Debussy. Lo que va de Waterloo a la Exposición Universal de París. De Europa como ombligo del mundo a la fascinación por los gamelanes balineses. Hay que entender un poco de armonía para darse cuenta de lo que supuso el Preludio a la Siesta de un Fauno. En fin, yo me conformo con el Claro de Luna que tampoco está mal. 

Y ahora me voy al nuevo piso que me van a traer un armario. Menuda semaníta tengo por delante con los persianeros, pintores, carpinteros, albañiles, rematando todavía y los de la mudanza contratados para el viernes. Espero sobrevivir a la ordalía. 

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