Hay por ahí una novela, "Patria", de un tal Aramburu, de la que todo lo que se dice y escribe son alabanzas. Al parecer trata del asunto ese tan repugnante que tuvo que padecer España por culpa de la miseria moral de la mayoría de los ciudadanos vascos y, no sé si en esto hará hincapié la novela, de una buena parte de los ciudadanos del resto de España. Por supuesto que ni se me pasa por la cabeza leerla porque, al respecto, ya tuve mi lote y quedé hasta el gorro y un poco más.
Pero ya digo, que la inmensa mayoría de los ciudadanos vascos son una pura mierda no es algo que venga de ayer. Como dijo el clásico, de largo le viene el garbanzo al pico. Quizá es que a los romanos no les mereció la pena adentrarse por aquellos valles sórdidos y de ahí estos lodos. Porque si no eran guerras de linaje lo eran carlistas, el caso siempre ha sido la resistencia numantina a constituirse como individuos libres y responsables. Bien, pues que con su pan se atiborren a chuletones y venga Freud a explicarles su anclaje en la fase sádico-anal del desarrollo libidinal. ¡Pobrecitos!
A mí lo que sobre todo me pudrió desde que tome conciencia del asunto, hacia el año 80 del siglo pasado que viví una temporada en San Sebastián, fue la actitud de no pocos españoles que utilizaron la tragedia a beneficio de inventario.
Ya se sabe los estragos que hace en la calidad moral de las personas el exceso de sacristía. Los editoriales de El PAIS por poner el ejemplo quizá más odioso. Su obstinado dar una de cal y otra de arena, el colmo de la ecuanimidad para la chusma. Pero, así todo, pienso que eso a penas fue nada comparado con el daño que hizo cierta derecha, por llamarla de algún modo, a la que muy bien representaba la antipática estulticia del Sr. Aznar. Aquella miserable utilización del asunto de los GAL para destruir al Sr. González fue letal para cualquier tipo de solución razonable. Dio tantos triunfos al enemigo que le hizo prácticamente indestructible. Supongo que algún día la Historia se encargará de ajustar esas cuentas, pero entretanto los necios se habrán ido de rositas.
En definitiva, que lo peor de todo para una sociedad son las componendas, ya sean de sacristía, ya de taberna de cinco estrellas. Los asuntos graves deben agarrarlos por los cuernos los señores del Estado Mayor, que para algo se llaman así. Eficacia y discreción. Pero, claro, la chusma prefiere "Senderos de Gloria", la anécdota de un traspiés elevada a categoría de indignidad generalizada. El País y Aznar, dos referentes de la estulticia a los que convendría novelar para que la chusmilla empezase a reconocerse en su pequeñez espiritual.
No hay comentarios:
Publicar un comentario