martes, 21 de marzo de 2017

Ecolochusmilla

Venía ya cansado de vuelta de Astudillo y paré a echar una cabezada en la bancada de la parada de autobús de Villajimena. Me llamó la atención un cartel pegado en los cristales que anunciaba un fertilizante para cereales, maíz, colza, patatas y adormidera. En un lateral había fotografías de las cinco especies. Y sí, no cabía la menor duda, la adormidera era los bulbos de los que se extrae el opio. No sabía, la verdad, que existiesen esos cultivos en pie de igualdad con los demás, tan omnipresentes allí por donde vayas. Nunca vi un campo de adormidera. Seguro que la cultivan en terrenos acotados, muy vigilados y lejos de la vista del que pasaba por allí. Pero de que se cultiva en abundancia da fe el anuncio. 

Cambiando de tema, veo que hoy todos los medios se hacen eco de una manifestación en defensa del lobo que ha tenido lugar en el centro de Madrid. Varios miles, dicen. O sea, quinientos o seiscientos. Que ya son para semejante patochada. Señoritos de la ciudad transidos de amor platónico por un campo que solo existe en su imaginación: el de nuestros primeros padres. No les cabe en la cabeza que ese territorio es de donde se saca el sustento de cada día para los quince o veinte mil millones de tirapedos que hay en el mundo, lo cual que, como que se necesita una gestión y provisión tecnológica tan sofisticada como la que puede haber en Silicon Valley, la NASA o cosa por el estilo. Sí, esa chusmilla señoritil de la capital no tiene ni zorra idea de con quién se cruza cuando entra en cualquier restaurante de cualquier pueblo de nuestra geografía. La gente que hay allí suele ser en cuanto a conocimientos científicos tanto o más competente que la que puede haber en los sitios más sofisticados de la capital. Y sin embargo, la ecolochusmilla se siente capacitada para marcarles el camino de perfección. 

A mí lo del lobo me trae sin cuidado. Lo único que no quisiera es toparme cuando voy por el campo con una manada hambrienta como le pasó a Robinsón Crusoe cuando cruzó los Pirineos ya de retirada hacia su Inglaterra natal. O sea, que dejaría de muy buen grado que fuese la gente del campo quien gestionase a su mejor criterio el asunto de su presencia en el medio. Que consideran que está de más, pues que le liquiden y aquí paz y después gloria. Personalmente no tendría conciencia de haber perdido nada. Pero claro, también comprendo la posición de la ecolochusmilla. Han hecho bandera de la defensa del lobo con la misma finalidad que los otros quieren mantener o quitar la santa misa de los católicos de la televisión pública. Algo en definitiva con lo que se intenta dar sentido a la vida sin tener para ello que quemarse las pestañas estudiando. Un sentimiento al que se añade palabrería seudocientífica y ya está: superioridad moral asegurada. 

En fin, seguramente me equivoco, pero que alguien me convenza de lo contrario: toda esta ecolochusmilla no son otra cosa que los verdaderos herederos del pensamiento hitleriano. Su concepción del campo está perfectamente plasmada en los cuadros relamidos que pintaba aquel monstruo tan aficionado, por otra parte, a atribuir a sus perros virtudes morales infinitamente superiores a las de los humanos que le rodeaban. En fin, ya digo, ojo al parche porque con el calor se puede despegar y te joroba el día. 

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