Entre la purria informativa destacaría yo esa insistencia malsana con la que nos quieren convencer de que la actual generación va a vivir peor que la de sus padres. Verdaderamente hay que tener una visión corta de la realidad para sostener tal teoría. Quizá esa gente pequeñita se esté refiriendo a que los jóvenes de hoy no van a poder tener segunda vivienda ni coches 4x4 ni turisteos por el fin del mundo, lo cual, si fuesen capaces de pensar un poquito se darían cuenta de que eso es precisamente la prueba del nueve de todo lo que ha mejorado la especie. Los jóvenes de hoy lo que van a tener son cosas como las Lecturas de Feynman a un solo click y, sobre todo, poder entenderlas, lo cual, como que no hay tesoro en el mundo que se le pueda comparar. Cosas así van a tener que sus padres ni soñaban su existencia. Sin embargo la purria insiste porque el pesimismo vende por aquello de que opinión es sinónimo de situación y, actualmente, hay demasiada gente emputecida por no haber querido, o podido, hacer el esfuerzo necesario para enterarse de por dónde van los tiros de lo placentero.
Personalmente soy optimista. Y no porque no sepa de todo el mal que hay en el mundo, pero esa no es la cuestión. La cuestión es observar las gráficas que marcan las tendencias y, esas, son inequívocas. Todas las cosas que merecen la pena van en continuo aumento. La educación, los alimentos, el entendimiento entre diferentes, la igualdad ante la ley, todo mejora por más que mirando la realidad por el ojo de cualquier cerradura puedas dar sobre todas las injusticias que quieras. Pero que las anécdotas no son categorías cada vez lo sabe más gente.
Así, para los que se empeñan en magnificar las anécdotas también tenemos unas cuantas de actualidad con las que se puede teorizar hacia el optimismo. El reciente varapalo sufrido por el Presidente Trump a propósito de la supresión de las prestaciones sanitarias en curso nos muestra a las claras una cosa que parece querer ignorarse por razones que desconozco, y es que, aquí, el que dicen que manda, a D. G., manda muy poquito. El poder, sí, que lo sepan los ambiciosos, está muy repartido y cada vez lo estará más. Y ni siquiera para la encarnación del mal, Putin, los ayatolas y demás gentuza, corren aires muy favorables. Necesitan matar tanto para sostenerse que ya les llega la sangre por más arriba del cuello. Pronto se asfixiarán, ya lo verán. Corre como la pólvora estos días por Rusia un vídeo en el que se ven las mansiones que acumula por los lugares más guays del mundo el vicepresidente Dmitri Medvédev. Ríete tú de los jeques árabes. Bueno, la gente lo aguanta todo menos la envidia. Los oligarcas rusos cada vez lo van a tener más difícil porque la tecnología hace los muros trasparentes. Incluso los del Kremlin. Y eso por no hablar del esperpento que tienen montado los ayatolás que cada día que pasa monte d´un cran los indices de alcoholismo en su muy abstemio país. Y ya saben de lo que es capaz la gente cuando le da al jarro, que no hay quien la pare porque desconoce el miedo.
En fin, por mucho que nos insistan con lo de Le Pen, Geert Wilders, "los catalanes" y demás forofos de "me vuelvo al pueblo", lo cierto es que se intuye una corriente de aires de libertad por todo el mundo que tiene a los tiranos con el culito prieto. Y, sí, no les quepa la menor duda, las próximas generaciones, de no sobrevenir una catástrofe natural, vivirán cada vez mejor porque al saber más serán más personas y sabrán disfrutar con las cosas del espíritu... como siempre hicieron los sabios por otra parte.
No hay comentarios:
Publicar un comentario