Lo que más me fastidia ahora es que no llueve en condiciones. Ha habido unos cuantos amagos en los últimos días, pero ha quedado en nada. Y uno va por ahí, entre los campos, y sufre por ese verde que pugna por triunfar y no puede. Se ven como esas calvicies en las que se pueden contar cuatros pelos . Una verdadera pena, porque pocas cosas hay en la vida más estimulantes que ver la explosión de la naturaleza en los albores de la primavera. Una sinfonía de colores, olores y sonidos. Pero, en fin, así lo quieren por esta vez los dioses caprichosos, que Perséfone siga prisionera de Hades más allá de las cuentas que echamos los mortales.
Por lo demás, miro por la ventana y veo las evoluciones de la colonia de palomas que se alojan en la buhardilla de la casa de enfrente, una de tantas medio en ruinas que hay en la Calle Mayor. Pues bien, no sé si lo habrán hecho ellas, pero hay un agujero entre las tejas y la pared por el que no paran de entrar y salir. Son cientos, lo cual explica que no haya banco en la ciudad debajo de árbol en el que te puedas sentar. Pero como a la gente le gusta que haya cuantos más animales mejor pues punto en boca. En fin, el caso es que da para pensar en uno mismo el ver como matan el tiempo. La comida no sé como se la agenciarán, pero da la impresión de que lo tienen tan chupado al menos como nosotros los humanos. Así es que, aparte de pensar en las musarañas y cambiar de cornisa cada sí y cada no, lo demás es todo la cuestión del fornicio. El palomo que se acerca remolón e hinchando el buche. La paloma que se aparta. El palomo que insiste. La paloma opta por cambiar de cornisa o empieza a ceder terreno. Entonces, ya no hay más que hablar. Otro más y hoy van... todo sea por Narciso.
Es la naturaleza sin sentido. ¿Debiera tenerlo? No lo sé, pero nacer para aburrirse es lo más parecido a la venganza de los dioses. No sé, pero diría yo que ni siquiera el Dalai Lama con sus sofisticadas técnicas de meditación puede hacer frente a semejante peste. Le vi el otro día intentando convencer de que sí, pero no me convenció. Porque mi experiencia es que la mente vacía de objetivo irremisiblemente lleva al sentimiento de muerte. Mejor muerto que aburrido. Y de ahí, supongo, tanto instinto suicida como vemos por el mundo.
En fin, palomas, el símbolo de la paz. Se le tuvo que ocurrir a un comunista. Claro, el comunismo, la mayor pulsión suicida de la historia de la humanidad. Dejarlo todo niquelado en cuatro días para no tener que mover en lo sucesivo un dedo para satisfacer todas las necesidades. El estado vegetal. A esperar que la brisa te acaricie las hojas y eso es todo. Como los muertos vivientes de las playas.
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